lunes, 25 de julio de 2016

Esa fragilidad

Esa fragilidad:
La cicatriz amarga de la puerta cerrada.
El mundo murmurado de la pena.
El dedo que señala.
Esta isla de fuego que no logro apagar.
Los espantos que llevo adonde fuera.
Los pájaros que cantan en mi boca.
Los álamos a la orilla de un río que está seco.
La madera del tiempo que se pudre.
Esa fragilidad.

domingo, 24 de julio de 2016

Bonjour, Oliverio (V)

Estimado Oliverio:
Mucho hace que no le escribía. Meses, años o siglos, según nos pasa el tiempo. A esta altura, la medida para dimensionar el silencio es estéril y frívola. Ya sabe usted que a mí los segundos se me pasan siendo otra mujer y otra y otra más. El amor también muta con la misma rapidez: a veces es distancia inconmensurable y otras, un espacio tan ínfimo que apenas cabe una hoja de papel entre piel y piel. Ya sabe usted que suelo poner losas sobra mi corazón, pero la sangre caliente late y se escapa para formar ríos donde los pájaros cantan para nutrir el sol de mi exilio interior. De mis múltiples yos que vuelan por allí cada mañana cuando todos duermen he aprendido varias cosas: que mi vida es víspera de usted que brilla en el regreso de la tarde cuando viajo por el cielo gris del invierno hacia casa y empujo la puerta con la furia de mi día, dispuesta a deshacerla entre las alas que me asoman debajo del abrigo. Ya sabe usted que, a veces, voy por su amor tomada de la mano y que, en otras, los pobres corazones de la infancia me asaltan y me quiebran los tobillos para que ni siquiera pueda acercarme al fuego que deseamos contra el frío. Es que en estos días afuera rugen las panteras y tiran tarascones desde el lado derecho con sus ojos de espantos amarillos y eso asusta, Oliverio, a usted, a mí y a cualquier otro, incluso a aquellos que eligieron que las jaulas estuvieran abiertas y esto fuera una selva. Mucho hace que no le escribía, pero quiero que sepa que, en mi silencio, yo sigo yendo por su amor, por su mano abierta, que le ordeno a mis nubes que se alejen y mis alas inunden su corazón de estrellas y cristales de colores. Ya sabe usted que los jabalíes comen de mis manos y veo pastar las liebres a mi costado porque en sus brazos, cuando logro posarme, conozco mi oscuridad y el abrigo de su sol, la bondad y la belleza que son los únicos juicios posibles para entender la realidad y si, a veces, desestoy es solo para regresar volando a protegreme en el nido que me ofrecen sus brazos. Nada está más cerca de mis huesos que usted, Oliverio. Y lo sabe. Las golondrinas del mar volverán esta primavera y le haremos un nido con palabras, números y argamasa que se fundirán en el temblor preciso del calor.
Con ternura, que es la seda con que se cubre el amor
Marie Luise

sábado, 23 de julio de 2016

Aniversario

Con la carne hecha carne
y la noche al ras de las rodillas, 
con las perlas de los recuerdos
y el soberano antojo de la luna en los árboles
reclamo un nuevo año para mi vida ida. 
Un año. 
Que los peces naveguen por mis ojos en pos de mis mejillas, 
que mi piel sea voz de mi espejo
y me olvide de todas las heridas que me hice
y vea el mar como un agua que me crezca salada y de repente
y peine mis cabellos con mis dedos
y  salga entre breteles y presillas
a desnudar de encajes mis delicadas manos,
 A ver esos puntos de luz que llevo entre los ojos.
Un año
en que me sepa mía
y  aleje torbellinos de palabras idiotas, de imbéciles historias que no terminan nunca
(No hay un buen relato si el final no apabulla).
Un año
donde se curen el tiempo, los pliegues, las hendijas
y que se venga todo abajo,
se estrelle contra el suelo para siempre. 
Yo, con mis trozos, ya sé cómo nacer en otra lengua
y  nombrarme de nuevo renacida
en la pila bautismal de mis rezos. 

jueves, 21 de julio de 2016

A la vuelta de la esquina

A la vuelta de la esquina puede haber:
un pájaro que enfrentó la tempestad y está volando,
un sol de invierno para dorar la noche,
un pez que nada entre los dedos fríos,
unos ojos mojados de tristeza,
letras negras incrustadas en mi rojo corazón,
un amor inapagable como la vela que arde sin cesar desde las diez,
la dulce oscuridad de una noche dormida,
el olor de la comida que se hace lenta como la lluvia,
un animal indómito en medio de los ojos,
la vereda de enfrente,
el óxido de hierro y su dulzor a beso mordido entre los labios,
mi alma que se ha ido en un vuelo,
la luz que tiene adentro mi ternura,
la belleza del mundo que se hace en nuestras manos, pese a todo,
las cartas que los temblores jamás terminarán,
los hilos que yo tiendo para crecer al sol,
los brillos de tiniebla en que me escondo,
la niña en que me pierdo,
los azules dulzores que me esperan...
Todo a la vuelta de la esquina.
Solo hay que abrir la piel y ver.

Fotografía: Sebastián Miquel

miércoles, 20 de julio de 2016

Decir no

Cada cual a su tiempo podrá decir que no.
Buscará el hilo pequeño del que tirar
y saldrán
las palomas que estuvieron dormidas,
los ríos amarillos,
los roperos y el agua,
la luz de los pasados,
los sobres con las cartas que no fueron,
los vestidos bordados,
las sillas arruinadas,
las estaciones donde quedaron sin dueño las maletas,
las ollas carcomidas de los días con hambre,
los libros olvidados debajo de la lluvia,
los lápices sin punta,
los faroles brillantes en medio de las noches del frío,
la soledad y el miedo,
las lágrimas y el grito,
los pesados postigos,
las vigas del silencio.
Y entonces sí se podrá andar: es increíble el espacio que ocupan las cosas tan dejadas.
Decir que no.
Y el camino -como fuera- continuará.
Porque todo en la vida continúa, sigue su rumbo
y otra vez vuelve a salir el sol para caer.
Solo hay que hallar el hilo.
Y tirar.
Con la seguridad de quien desea una vida prolongada de amor debajo de ese sol.

lunes, 18 de julio de 2016

Desaparecidos

Todo este puto día pensé en tu polera negra y mi desconsuelo, en la soledad raída de mis manos aquellas madrugadas en el campo en las que no podía volver a dormir y pensaba la furia que se comía de a pedazos mi pobre corazón inexplicable. Pensé en la fuente de huevos fritos de la tía Elaine y mi estómago cerrado en un puño, en el terrible dolor de no entender qué era lo que había sucedido, qué hacía yo -de solo dieciséis- en ese pueblo de cuatro calles que no tenía cura los trescientos sesenta y cinco días más ingratos de mi vida. Pensé en la palabra que me habitaba como una morada por donde todavía podía desplazarme mientras mi cuerpo se hacía más liviano y se fijaba en la noche como vientre de piedra. pensé en mi destierro como una paria, sin amigos, sin familia, apartada de todo y de todos. La vida siempre es el recuerdo de esa víspera, de ese territorio en que nos hirieron y fuimos fuertes para penar la herida. Y yo entonces no podía y lo pensé todo este puto día en que me parecía que había salido sin apagar la hornalla y la casa explotaba en una furia de canarios encendidos. Yo entonces no podía y también en ese campo interminablemente oscuro yo estaba desaparecida de mi misma. Y solo había mis palabras, la lluvia que me llaga los tobillos y tu polera negra que del 76 a esta parte está sucia y algo desteñida. escribo cartas que nadie recibirá y que dicen que en este puto día me fui como el viento cuando golpearon tu rostro, cuando la vida -esa de entonces- terminó.

sábado, 16 de julio de 2016

Que me alcancen los perros

Voy a abrirme el vientre a dentelladas
Para poder hurgarlo con mis dedos
Y hallar el sitio de tanta podredumbre. 
Voy a quebrarme de a uno los tobillos
Para quedar inmóvil
Y que me alcancen de una vez para siempre
Los perros y que rieguen mi sangre por el suelo
Para que nada crezca en la tierra que piso
Para que nada quede del aire que respiro
Y que venga la muerte que ya no tenga ojos
Y esté muda y dormida
Y se lleve consigo la noche de mis tiempos. 


domingo, 10 de julio de 2016

Vencer la muerte

Como para que se queme la tristeza y el vivo amor circule entre las pieles nos vamos con los huesos a otra parte para que nuestros animales se estiren bajo el sol y abracen la textura de sus carnes, salvajes en la sopa de sus risas donde te miro y me mirás y se escribe en la boca que hay un camino allí, al centro, que tira la tristeza adonde arde el fuego y crepita sin dejarnos dormir. Otra vez has prendido la belleza con tu mano en el canto delgado de mi vientre y crecen las semillas que guardábamos para las noches de invierno en que crecieran mariposas, noches de estrellas sobre los húmedos corazones que se encienden y la laten. En el frío nocturno una pequeña golondrina trae un pico de besos y estira su dulce cabellera en tu boca de sombras. Vivir nos cubre de frescas maravillas y amamos cambiar el día y comenzar. Lavamos las tristezas con los ojos: te miro, me mirás y los pájaros de la alegría revolotean y quiero que me acabes para empezar de nuevo y decir que la tristeza se va y se sacude el tiempo y otra vez estamos adentro de la vida que es un huevo donde te pienso y me pensás y nos brillan los párpados para calentar el mundo en que pasamos una noche y otra más. De lo que somos hacemos un ramo de ternura y nos amamos  nosotros al borde de la vida, en medio del amor. Hay que vencer la muerte con el cuerpo escrito en el deseo y cantar. 

sábado, 9 de julio de 2016

Hay una patria que cose

Oscura y desasida hay una patria que cose tres palabras para hacerlas volar.
Dicen que el 9 sale un sol como limón prendido del celeste.
Y ella cose con la barriga llena de recuerdos:
Castelli y su lengua de trapo.
Moreno nadando en el océano helado del amor.
Belgrano como una turquesa junto al río.
Juana que es tigre y mariposa.
José, el de las altas cumbres.
Martín Miguel en montonera.
Rodolfo y su carta de fiebre.
Eva en el tren de Los Toldos.
Julián que hirió la vida y cayó de un avión.
Tosco reventando los tímpanos del mundo.
Estela con su espuma de peces.
Y la rabia que siempre fue de todos y de nadie.
Y la vida que hicimos cuando pudimos juntar las manos en la calle.
La patria cose con dedos afiebrados tres palabras.
Y el hilo es largo y zurce los pedazos que tenemos colgando por ahí.
Tres palabras.
El futuro es un poco de sombra en estos años, pero los pibes miran y se ríen.
¿Por qué será que los niños pueden reír contra la furia del mundo y nosotros ya no?
Nosotros no vinimos de los barcos: ya estábamos aquí, desafiando los vientos y las lluvias, por sostener el fuego para que ella cosa, limpiándole la muerte a cada hora, para que sea buena, para que sea nuestra, para que sea patria y nos acune alguna vez.
Independencia cose.
Justicia cose.
Y libertad.
Y se le caen temblando las palabras contra el cielo del sur.
Y nosotros cantamos para cuidar su belleza de patria
bajo un cielo en que el sol estalla de limones.
Hay que cuidar la patria, dice uno.
Y nos apretamos para que el viento no lastime con balazos, con pedradas, con horrores lo que supimos conseguir.
Con sus hilos zurcimos los cielos para volver a remontar poniéndole pañales a la alegría y ser puros y buenos para que nadie muera más.

martes, 5 de julio de 2016

Tercer semestre/ Hubo un país

Entre respirar y respirar he perdido la esperanza en que el año se termine de una buena vez.
Hace frío en la casa y contamos los metros cúbicos del gas que no vemos mientras la piel se eriza y también es de frío.
Algunos llorar su padecer con lágrimas de hambre.
A nosotros todavía nos faltan unos semestres más para llegar ahí: al hueso del espanto, al vacío de los ojos que llevan semanas sin comer.
Soñamos sueños que se han muerto y por suerte tenemos nuestro amor que es una isla de resistencia donde vivir.
Los monstruos de la noche comenzaron sus recorridos de golpe y hacha, y no se van
Yo amo con furia y con dulzura y me río con la sonrisa triste que recuerda el impacto de aquellos cuerpos cayendo por las aguas, de aquellos niños que no supieron nunca escribir el nombre de mamá.
Ahora contamos gas y agua,
y nos miramos sin entender qué sucedió.
Hubo un país: el amor encendía su fogata de viento en cada esquina.
Ahora rondan las hordas destrozando las cenizas de lo que ya no es.
Yo solo quiero lavar el mundo
para que esta furia vuelva a ser alegría
y remontar la calle de tierra tomada de tu mano
hacia el futuro que alguna vez creí que estaba aquí.

domingo, 3 de julio de 2016

Ese nido de luz

Celebraré el instante en que las sombras se mojaron y fue la víspera del beso/
la estrella que se fija en mis palabras/
resplandeciente vientre en que pudimos decir qué fue/
la piedra viva de la vida que se dijo será así/
yo quiero que me tejas con tus dedos/
otra vez en el filo desafilado de la hora/
amanecer/
ese amor puro cargado de silencio que se embellece de ojo a ojo/
y digo/
que había tanta fiebre acumulada/
ruiseñores abrazados de frío debajo de la lluvia/
los hicimos entrar y su boca de música cantó/
como si fuera sangre en medio de los cuerpos/
tu piel/
mi piel/
el temblor de las bocas que dicen al azar/
unos verbos tan claros como agua/
una turquesa honda/
el mundo de este amor/
tengo el brillo del tigre que se durmió en mis piernas/
inapagable pliegue y escribo en las luces de esta tarde/
que sí/
que quiero/
que el animal de rabia se deja acariciar adentro de mi alma/
y va por mí/
te beso las hormigas de la espalda/
y digo otra vez/
empieza la dulzura/
a veces olvidamos/
pero está/
la palabra amorosa se acomodó en la almohada/
y me pude dormir/
en ese nido de luz que me encendés//
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