viernes, 9 de septiembre de 2016

No te condenaré al silencio

Porque las palabras son colibríes que flotan sobre el perdón y arrastran los fragmentos de la inquietud entre vacío y vacío, no te condenaré al silencio. No sé aún el color exacto de lo que se percibe y nos acerca y nos aleja; pero hablamos y las letras brillan en la pantalla con su canto de sombras. Los restos quedan vagando en lo inefable, lo que no nos decimos y el punto agudo en que la belleza nos debilita y nos hace llorar. Transito por vestíbulos que desconozco y me queman mientras la luz muta en la naturaleza de un nuevo conocimiento hacia el cual no sé si deseo avanzar. Pequeñas partículas de brisa fresca, piedras amanecidas y pegoteadas de preguntas  no me dejan dormir. Antes o después iré caminando hacia los grillos de la noche y ellos me hablarán con esa voz densa que existe en otra realidad. Una parte me desconoce y otra me acepta como cree que soy. Hay una boca que me nombra y me toman el alma los fantasmas antiguos del temor. Lo demás transcurre solo en el ámbito cerrado del corazón. 
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