lunes, 15 de agosto de 2016

Soy un animal

No hay que dejarse ir más allá del borde de donde una pueda sostenerse 
porque caer es un vuelo irremontable hacia abajo 
donde habitan las fieras de zarpas taciturnas y oscurísimas. 
Tengo el cuerpo a pedazos perdidos y lejanos, 
y el alma volando sin que sepa su rumbo. 
Tengo las piernas quebradas 
y las manos dormidas e impuras en su suerte. 
Y pienso con lo poco que queda en mi cabeza 
que soy un animal que avanza entre las sombras, 
espantando con llanto 
los miedos humillantes, 
los mordiscos de vidrio, 
el horror del recuerdo, 
las escenas temidas. 
Animal de costumbres erradas que golpea las puertas 
y el destino contesta que siga y siga y siga
aunque ya no me quede carne ni peso ni sueño ni apetito 
aunque me sumerja en el agua 
y grite hasta que se deshagan las burbujas 
y algún viento me lleve, 
lejana como un pájaro en vuelo visto desde los suelos. 
Me queda tan solo la escritura 
a la que entro desnuda como un pez en el agua 
para salir rasgada 
con la piel supurante y hecha trizas 
cada día hecha trizas 
y sangro 
porque el mundo se ha vuelto hostil y opaco como un manto. 
Ayer hubo jilgueros que cantaban con su oro en los cables: no era para mí su vuelo de raíces. 
He perdido mis alas 
y no puedo saber en dónde las dejé 
cuando el frío vuelve a golpear sin tregua mis rodillas. 
Soy un animal 
y avanzo 
aunque a veces eso quiera decir que permanezco inmóvil y apenas respirando bajo tierra. 

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