miércoles, 10 de agosto de 2016

El acto justiciero/


Otra potencia el alma se suaviza.
El corazón se acuna en su espiral de pieles.
Crece la vida en el círculo perfecto de dos brazos
mientras los pájaros conversan.
Cae la lluvia en su versión de luna:
moja los pliegues donde hace su tarea;
y el amor dice que no es en la cabeza
sino en la piel donde sucede el acto justiciero.
Sabe callar la boca haciendo su camino,
y se detiene el aire en el último grito apenas arrancado.
Soy alumna del mar,
del agua que se rompe,
del río derramado,
del cuerpo que se entrega,
del corazón cuajado en una copa,
de los túneles en sábanas implícitas.
Un roce no es una palabra: espera que lo viaje llevándolo hacia el borde
y lo llevo:
yo llevo los suspiros que te escribo en el dorso de tu único nombre.
Es de pura justicia;
porque el amor es eso: un tiempo de tormentos y otro de luz enceguecida y terca y sostenida.
Nadie puede decirme cómo se nada en medio de la lluvia.
Que no acabe el sin fin de la belleza y dure para siempre: imperfecto y rengo -que así suele ser todo- pero bello atravesar la noche con pájaros cantando.

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