domingo, 10 de julio de 2016

Vencer la muerte

Como para que se queme la tristeza y el vivo amor circule entre las pieles nos vamos con los huesos a otra parte para que nuestros animales se estiren bajo el sol y abracen la textura de sus carnes, salvajes en la sopa de sus risas donde te miro y me mirás y se escribe en la boca que hay un camino allí, al centro, que tira la tristeza adonde arde el fuego y crepita sin dejarnos dormir. Otra vez has prendido la belleza con tu mano en el canto delgado de mi vientre y crecen las semillas que guardábamos para las noches de invierno en que crecieran mariposas, noches de estrellas sobre los húmedos corazones que se encienden y la laten. En el frío nocturno una pequeña golondrina trae un pico de besos y estira su dulce cabellera en tu boca de sombras. Vivir nos cubre de frescas maravillas y amamos cambiar el día y comenzar. Lavamos las tristezas con los ojos: te miro, me mirás y los pájaros de la alegría revolotean y quiero que me acabes para empezar de nuevo y decir que la tristeza se va y se sacude el tiempo y otra vez estamos adentro de la vida que es un huevo donde te pienso y me pensás y nos brillan los párpados para calentar el mundo en que pasamos una noche y otra más. De lo que somos hacemos un ramo de ternura y nos amamos  nosotros al borde de la vida, en medio del amor. Hay que vencer la muerte con el cuerpo escrito en el deseo y cantar. 

1 comentario:

Mg. Prof. Delia Beatriz González dijo...

Bello, Julieta. Sos inspiradora. Te quiero.

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