martes, 21 de junio de 2016

El Roca/ Por la tarde

Los pájaros bajan en picada al borde de los vidrios del tren detenido en la estación. El sol llueve sobre los recodos donde la sombra se guarece y busca darle sentido a lo que aún queda escondido en las raíces de los árboles como si fuera un pequeño tesoro, tan diminuto que cabe en un pañuelo plegado. A través del viento envío una palabra porque, a ciencia cierta, creo que no conozco ninguna otra cosa. Todo se resume en esa verdad: cristalina como la gota de oro que el sol sacude ahora que el tren se ha puesto en marcha. Después estiraré la hebra para zurcir la vida con aguja de plata y mis dedales de madera pintada cantarán la melodía que he sabido enseñarles. El tren cruza los bordes mientras cae la tarde, mojada de luz detrás de las ventanas. Se carga de agua el andén de la estación: llueven rayos solares otra vez. 
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