jueves, 29 de enero de 2015

Un viaje/Día 31: En casa

Sale el sol. La nieve se derrite mientras se hace el café y los pájaros sacuden sus plumas de verano. He vuelto a casa. Ya estoy aquí, entre las sábanas azules y los ladridos apretados sobre la línea del horizonte verde. Si callo, oigo a la gata que no está, volver bajo la sombra. Solo falta ella para que sea mediodía en la ventana y todo eche a andar. Atrás quedaron las ciudades, las camas impersonales de los viajeros, los pasos bordados de la historia: ya estoy acá. El adverbio se cobija y se expande entre mis dedos con el sol. La tarde se despereza y las consonantes dicen que he regresado al doméstico recoveco de la alegría donde todo se dice con palabras conocidas, con vocablos amigos, con una clara sintaxis que permite entender.  Vacío las maletas mientras despliego tenderetes y una tristeza dulce barre lo que quedó. He vuelto, me digo y sé que todo -pese a esa ausencia desusada que ha quedado en el sol del jardín- está como antes de partir. Ahora las horas enredarán su rito y volveré a dormir. De una vez y por fin.

viernes, 23 de enero de 2015

Un viaje/Día 24: A Madrid y el regreso

Kavafis lo dijo mucho mejor que yo: el viaje es el ir yendo, de aquel calor a este frío, de este frío a aquel calor. Y entonces algunas tempranas conclusiones antes de que se acabe este camino:
*las iglesias son todas más o menos iguales: debes alzar la vista para mirar a Dios -o los grabados que lo reemplazan- lo cual, no casualmente, resalta tu pequeñez.
*las ciudades son bellas: a su manera cada una tiene un secreto para ofrecer.
*salvando las distancias, costumbres, y particularidades todos los seres humanos somos más o menos iguales: comemos, respiramos, gritamos...
*el mundo es de una belleza inefable y una sarta de vivos se adueñaron de él y nos cobran por disfrutarlo.
*en las viejas ciudades no se ven perros ni niños sueltos.
*las torres de las catedrales son dedos que sobresalen en la distancia apuntando a Dios.
*la lengua es una patria cuando una está lejos.
*los seres humanos somos solidarios por definición: a algunos -muy pocos- se les ha emponzoñado el alma -generalmente pertenecen a la sarta de vivos nombrados más arriba por eso estamos así.
*los niños del mundo son iguales solo cambia el contexto que permite o impide una infancia feliz. Mientras no cambie eso, la sarta de vivos seguirá arruinándonos la esperanza.
*siempre se trata de mirar con alegría, demorándose en los detalles: una cerradura, una pestaña en un mármol, un pájaro volando, la vuelta de una columna.
*el tiempo es una condición del conocimiento: en cada lugar que he estado, el espacio me regala las imágenes superpuestas de lo que ya no está: Paula me sonreía en el Güel, Claudio caminaba en Montpellier, hallé a mi hijo en la plaza del Louvre, los marineros anclaban en el Port Vieux, Atenea sacudía sus peplos azafranados en aquella callejuela de Delfos, Fray Luis me cruzó en Salamanca y vi partir a Rodrigo de Santa Gadea de Burgos con los trescientos fijosdalgo.
*cada peso que he ganado trabajando y gastado viajando es el peso más aprovechado de la vida.
*los museos son sitios en los que la taxonomía y la historia alumbran nuestra felicidad.
*las redes permiten compartir lo que una tiene la suerte de vivir: la vida tiene sentido cuando se puede transmitir.
*por una u otra razón los seres humanos de bien nos sentimos orgullosos del sitio donde nacimos.
*la familia dispersa se acerca en el periplo y se agregan personas como Anna de una luminosidad cristalina.
*se comprueba -otra vez- que en la dificultad todos tienden a la mano: gracias a quienes me ofrecieron teléfonos en Atenas o me pusieron en contacto con familiares y amigos catalanes. Llevaré siempre sus gestos en mi corazón.
*el viaje -este- llega a su fin en cinco días: deseo regresar a mi casa, a mis afectos, a mi trabajo. El otro viaje  espero dure muchos  años más.

miércoles, 21 de enero de 2015

Un viaje/ Día 22: Cae la nieve en Burgos


Cae la nieve en Burgos
y veo por la ventana los copos movidos por el viento:
son plumas de pájaros helados,
granos de sal que se disuelven en el aire,
luna que va perdiendo el cielo,
lágrimas viejas que han quedado perdidas,
pequeñas hadas frías que danzan y navegan,
suspiros que se escapan en la niebla,
azúcar diluída en la tormenta,
pasos de duendes perdidos en la noche.
Cae la nieve en Burgos
y la madre de César Vallejo sube el cuello del hijo
solo para que caiga,
liviana,
transparente,
efímera,
poética,
frágil como una novia nueva.
Temo pisarla:
para que no se rompa,
para que no se vaya,
para que quede blanca,
allí, sobre las calles, los árboles, la vida.
Cae la nieve en Burgos
y mi corazón es incapaz de resistir tanta belleza.


lunes, 19 de enero de 2015

El silencio de los muertos

Es cierto que los muertos ya no pueden hablar.
Pero el lenguaje se cuela en su silencio, que es para ahora y siempre y nunca.
Los muertos tienen gestos que se quedan detenidos en el instante frío.
Pero se proliferan los significados como pandemia.
Porque el lenguaje es un virus
Y no hay vacuna, ni protección que impida su contagio.
Cada cual tironea el sentido: solo porque los muertos ya no pueden hablar.
El lenguaje -ya lo dije anteayer- es puente o zanja.
Ahora digo trinchera: el lenguaje es trinchera y tira a matar.
Pero los muertos, de ellos es el silencio.
Y el miedo que queda acá, como una estaca en medio de la sangre.
Otra vez.
Otra vez, mi país, otra vez.
No están solos los muertos.
Callados para ahora y siempre y nunca.
Son los vivos los que tiran para matar.

Un viaje/ Día 20: La Patria desde enfrente

He sufrido a la Argentina. Me ha clavado sus dientes hasta hacerme sangrar y en cada dentellada se ha llevado una parte. He vivido de zozobra en zozobra. De mis andares por otros sitios, solo guardo una idea: si me fuera dado elegir, volvería a nacer en mi ciudad leonada, en sus calles simétricas, entre jacarandás y aromos, en tanto sitios sucios en donde apenas intenté ser real. Pero no hay descanso, no hay instante en que el remanso sea gozo y dure un poco más. He visto cuerpos lanzados desde el río, chicos con hambre, y un par de hijos de puta con la vaca atada y sin querer soltar. Yo no soy peronista, pero sé quiénes son los que -siempre- han puesto el cuerpo y han salido golpeados, torturados, diezmados, olvidados. Mis ojos ya son viejos y por eso algunas cosas saben. En todas partes hay personas que forman el barro de la historia, pero del barro se levantan las casas, los monumentos, los árboles, las frondas. No importa tanto quiénes estén sentados en tronos o sillones. Lo único real es el tipo que acá, con este frío atroz, hoy se ha levantado para amasar mi pan. Ayer, mi tren cruzaba el Ebro y recordaba yo. Esa es la historia, hecha de barro, de notas al pie, de ignorados infinitos, de fracasos que se tornan victorias. Esa historia nadie la escribe, pero millares dejan su sangre para que el mundo, que es bellamente perfecto, alguna vez sea un sitio mejor. 

domingo, 18 de enero de 2015

Un viaje/ Día 19: A Burgos

El tren sube con esfuerzo por campos verdes y amarillentos. El cielo está gris y atrás va cayendo la tarde. Los arroyos bajan curvándose sobre sí para pasar bajo el tren. Hay poblados pequeños desparramados en la sierra que tienen una antigua tonalidad sepias. En todos, un racimo de casas, un laberinto de callejuelas y la iglesia. Al borde de la vía -como en todas partes- hay chozas de una miseria infinita. El espacio guarda cautivo al tiempo y en cada recodo pretendo que se desate un nudo y me sea dado entrever el pasado al que he tenido acceso en los libros. Ahora, yo soy Manuel Antolínez, el burgalés de pro, que acude al encuentro de quien será su señor. Me veo salir por las laderas en un exilio que han impuesto las intrigas de la corte y un rey que no supo estar a la altura de sus vasallos una y otra vez. Ha comenzado a caer aguanieve y no se puede estar más melancólico que estando aquí. Las huestes del campeador cabalgan todavía, Machado, pero se les ha olvidado el ciego sol. La niña rubia ya no tiene oro pálido sino carámbanos de tanto llorar junto a las vías en estos campos estragados de sal.

sábado, 17 de enero de 2015

Un viaje/ Día 18: Silencio

Hago silencio y duermo levemente.
Muchas horas de levedad dormida.
Las capas de mi sueño se llenan de maullidos.
Pero no hay nadie aquí.
Excepto yo.
Y mi tristeza que tiene ojos azules.
Hago silencio y las horas se pasan en dormir.
Las escaleras, los vidrios, las paredes sinuosas: todo se pasa raudamente.
Barcelona ha entrado en mi vida:
será ahora la ciudad donde supe que había muerto Margaux.
Poca oportunidad de que tu mar me alivie.
de que tus bellas calles produzcan mi alegría,
de que quiera volver.
Hago silencio y duermo: es una forma de curar.

viernes, 16 de enero de 2015

Un viaje/ Día 16: El otro

Viajo en el tren que me lleva de Marsella a Barcelona. A mí lado se sienta un hombre joven que reza con los ojos cerrados cuando el tren sale. Cada tanto pliega el torso y baja la cabeza como si le agradeciera a Dios. Pienso que no tiene más de treinta o treinta y cinco años como mucho. En Aix sube una chica rubia, a cara descubierta. Se miran. Me pregunto cómo hace este hombre para vivir en esta sociedad que se da de bruces con sus preceptos religiosos. Europa ha hecho (y hace) mucho daño concreto y, en algún punto, pensamos que debe pagar por lo que hizo, por lo que hace y aceptar, integrar, incorporar, devolver lo que robó detallada y concienzudamente; pero, ¿y el otro? ¿Cómo integrarse a una comunidad en la que las convenciones y costumbres son otras siempre? Y no solo otras, la mayoría de las veces son radicalmente antagónicas. La integración se torna complicada: no se trata de rezar o no rezar, sino de compatibilizar dos cosmovisiones opuestas. ¿Cómo se lleva la vida en lo cotidiano cuando las ideologías existenciales son incompatibles? Hay un espectro en que lo privado es privado y otro en el que anda rozándose como ahora mi brazo desnudo con el pullóver de este hombre. Y, a esto, además, se le suman cuestiones económicas, geopolíticas, de peso incalculable. Europa también olvida sus propios fanatismos, los pasados y los actuales. la mezcla se torna de difícil estabilidad. Como broche, en Figueras, suben al tren tres policías españoles que han de tener la misma edad. En el vagón repleto solo le piden pasaporte el rezador. 

domingo, 11 de enero de 2015

Nostos/ El mundo

Esa luz que a las once de la mañana cae sobre las sábanas deshechas.
El olor del café un poco más tarde de las seis.
El verano saturado de verdes.
La parra y su enrejado luminoso de uvas.
Oír los perros ladrar junto a la puerta.
Las ranas que saltan como antílopes desnudos en la noche.
La fragancia del tilo y sus hojas caídas.
Las fuentes, los sabores, los sonidos de la loza a las diez.
Tu mano en mi cintura para llegar al día.
La casa -nuestra casa- llena de papelitos pegados en el botiquín.
Los libros, mis dibujos, tus canciones.
Mi gata y la tuya a la hora de ver televisión.
El amor que encierra la palabra extrañar.
Antes o después se regresa y todo tiene el sonido de tu voz.

Un viaje/Día 12: un cadeaux

El amor tiene forma de libro. En mi cabeza se juntan dos mujeres -más jóvenes que yo- y dos libros. Una me entrega en Buenos Aires un libro de poema con ilustraciones azules; la otra, en Marseille un colorido cuento con calados papeles. Ambos libros son para niños. Ambos libros son para mí. Ambos libros son presentes de amor. Porque en el gesto de buscarlos y entregármelos hay un pensamiento puesto en quién soy yo y en mi felicidad. A ambas las abrazo y en las páginas abiertas las encontraré cada vez.

sábado, 10 de enero de 2015

Un viaje/ Día 11: Irse de Atenas

Irse de Atenas.
Y el cielo azul.
Y las vasijas amarillas.
Irse de Atenas.
Y el aire frío.
Y los restos en pie que aún perduran.
Irse de Atenas.
Y el borde del Egeo.
Y Delfos enclavada en la montaña.
Irse de Atenas y sus piedras y adivinas.
Y estar como estuvimos siempre: aorísticamente perfectibles.
Envueltas/ en vueltas
Y los perfumes.
Y los colores.
Y el cielo azul.
E Ifigenia en cierva.
Y Medea.
Irse de Atenas.
Y tejer una lista de palabras: solo para volver.

lunes, 5 de enero de 2015

Un viaje/ Día 6: la casa de una

Una va por todas partes. Una quiere estar aquí. Una está contenta de estar donde está
Y sin embargo
hay un momento en que el mejor lugar del mundo es la casa de una, donde el sol a tal hora cae en ese exacto lugar que una ya conoce de memoria.
Una piensa entonces que la alegría tiene su parte de falta y que nada puede ser completo para ser.
En otras palabras: una extraña su casa/ una quiere estar ahora con vos.
Una es así.

sábado, 3 de enero de 2015

Un viaje/Día 5: las lenguas

Me resulta imposible no pensar en las lenguas, en cómo cada una comprende el mundo y lo organiza. Eso me da miedo, decimos. Y el miedo es una sensación que algo produce en el individuo marcado en el objeto indirecto: a mí me da por lo que la sensación es absolutamente subjetivo. Maïa dice "Ça fait peur" (Eso hace miedo.) Ha desaparecido el objeto indirecto y el miedo parece más objetivo: un producto de un claro agente, ninguna especulación  mental de un sujeto particular. Eso no me produce miedo solo a mí; eso fabrica el miedo, allí, patente, para todos.
Esas cosas se me da por pensar mientras Maïa y yo hablamos con un sándwich en la mano.

viernes, 2 de enero de 2015

Un viaje/Día 4: mi sobrina

Qué simple es el amor.
Qué liviano y qué fresco.
Qué mucha cosa suave.
Qué cuánta alegría que canta.
Qué risa es.
Qué silencio poblado de miradas.
Qué bello y suave de ternuras.
Qué ojos que se prenden.
Qué miedos que se apagan.
Qué luz azul.
Qué cuándo cómo crece.
Qué fácil el amor.
Qué fácilmente fácil es.

jueves, 1 de enero de 2015

Un viaje/ Día 2: Bonne Année

Y empezó el 2015. Vea que es impar y, a mí, los impares, me resultan bastante favorables. A veces es cuestión de entregarse al pensamiento mágico para mantener la esperanza porque la realidad, ya lo sabe, no deja de golpear. Así que mejor me digo muchas veces que los impares son buenos y lo remonto, que la vida se hace con la cabeza, el corazón y un par de bastones llamados supersticiones personales.
Así que le digo, entre pecho y espalda, que espero mucha alegría para este 2015. ¿Felicidad? No, mejor alegría que es más sabia y profunda. Hay que estar a la altura de las circunstancias. Igual le digo que me gustaría que cada 30 o 31 renovásemos el brindis. ¿Qué? ¿Que yo no bebo? ¿Y? La cuestión es que cada fin de mes podríamos hacer un balance y desearnos alegría para los siguientes treinta días por vivir. Sería bueno, ¿no?
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