jueves, 31 de julio de 2014

Maïa y un enero juntas en París

Querida Maïa mía:
No falta mucho para que nos vayamos juntas a París. Cuando se acabe este año, estaré tocando la puerta de tu casa en Marsella y prepararemos tu maleta para ir a pasear. Un día, frío y ventoso, con toda seguridad, arribaremos a la Gare de Lyon y, después de dejar el equipaje en algún hotel, iremos a Clunny para ver "La Dame et la licorne". Ella me espera siempre que yo viajo y esta vez te conocerá. Te mostraré cómo se sube en puntas de pie, entre peines, espejos y cofres medievales, para entrar en la penumbra de su perfume que invita a conocer y desear. Otro día, tomaremos un RER y jugaremos a ser Marie Antoinette en la Orangerie. Llevo para vos palabras y relatos de otra infancia en el sur, más allá del océano que siempre nos separa y no me deja ser tu tía cada uno de los días que nos tocan vivir. Hablaremos en tu lengua materna y en tu español lleno de erres guturales y deliciosos neologismos que me asaltan el corazón.
Ahora, en este invierno, te digo que me esperes. Pronto salgo para allá.

miércoles, 30 de julio de 2014

De viaje (I)

¿Ir hacia dónde?, dijo.
Y pensó en el gato que sonreía diluido en el aire.
No importa demasiado.
Los aqueos, los francos, los íberos...
Los que habían llegado antes que el imperio hiciera tabla rasa
La cuestión, dijo Humpty, es quien tiene el poder y listo.
Salve, Populi et Senatus Romani.
Más atrás aún: en el tiempo -o en el espacio, que es lo único que aún permanece-
¿Una maleta?
Y como siempre la sangre,  la que está más allá de la mar océana: en el sur.
Ese otro recorrido que son las palabras acumuladas como piedras brillantes en el revés de la memoria.
(Hablaremos en español, Maïa, mientras La dame et la licorne nos mira desde las sombreadas paredes de Clunny. Te contaré cómo se conoce con la percepción y el deseo y comeremos helados en la rivera del Sena aunque haga frío y nieve una y otra vez)
Los mercados, las viejas estaciones, los museos, las calles con sus casas de enfrente, el sol.
Después entre los párpados quedarán flotando las imágenes como una dulce alondra titilante.
No importa demasiado.
Hay dulce agua tibia y verbos que se escurren, disfrazados de trenes.
Oh, sí, claro que sí. En medio de la noche los vagones son cajas de cristal y de luces que parten la hora en dos. Bordean el Mare Nostrum como si fueran agujas para pespuntear.
Háblame del viaje, dijo el gato antes de desaparecer.
Eso hago.
No importa dónde vayas, maulló.
Aunque no lo creas, yo ya partí.
Y cerré la maleta una vez más.

martes, 22 de julio de 2014

Entonces

Cuando me quede sola en medio de la nada y
no haya sol
ni lluvia
y se hayan agotado de una vez las palabras
y no haya relatos
ni tan siquiera una fuente de agua:
entonces, vos estarás conmigo.

sábado, 19 de julio de 2014

Excepto un robo

Por un instante, entre tu mano extendida hacia mi cuerpo y mis pasos hacia atrás para ocultarme, estuvo la mirada; después grité, muy fuerte, tan fuerte como me fue dado, grité que no; pero antes, como si hubiera mediado un siglo en el lapso apretado de unos segundos, estuvo la mirada: nos miramos: vos, que me querías asaltar, y yo, que iba a decir que no; y no puedo evitar volver a esa mirada que hizo humano algo que se adentraba en el camino de la cosificación; porque después no grité no al robo, te lo grité a vos que me habías mirado, que le habías dicho damedamedame a los ojos que iban a mirarte en los tuyos y ya había sido un hecho personal, fuera de una estadística -un caso más-, la mirada nos había individualizado en esa esquina, yo de pie con mi Diccionario de mitología griega y romana de Pierre Grimal en la mano izquierda -que es como decir que en la lotería social estuve del lado de los afortunados- y vos, sobre la moto, delgadito y rubio, con la mano derecha extendida y entonces yo dije no como digo siempre cuando se trata de resistir, y lo debo haber dicho muy fuerte porque recuerdo que me atravesó el cuerpo y me salió por los ojos, tanto que le dijiste al otro que vamos y yo caminé dos pasos hacia atrás y me eché a correr por la calle de tierra, bajo la luz potente de los faroles hasta la esquina y los perros me saltaron en la puerta sin que pudiera embocar la llave en la cerradura hasta que al fin por fin logré entrar y cerrar todo con llave y estaba todavía la mirada, esa marca humana que me dice aún lo que no logro interpretar pero que sé que habla de lo mal que hemos hecho las cosas para que vos me mires así y yo te diga no mirándote a los ojos como si no hubieramos podido hablar de otra manera, como si este mundo nos hubiera descarnado los gestos y nos dejara los ojos como piedras y las manos como garras, vos hacia mi cuerpo con su mochilita atrás y yo hacia mi no a tus ganas y, en el medio, como palabras ininteligibles, la mirada... carajo qué mal que lo hemos hecho qué mal.

sábado, 12 de julio de 2014

La cama de mi madre

Estoy de pie junto a su cama. La he retado porque debe hacer reposo y se levanta. Me habla, como siempre, de mi hermano. Me muerdo los labios y juro que no voy a llorar. Esa tarea de no oír lo que busca lastimarme me permite salir del borde de la cama y mirar el paso arrasador de la vejez, que descarna, que destroza, que parte los lazos y desarticula el discurso.  Desde afuera le pregunto a mi corazón, pero él también se ha ido. Pienso qué sentiré el día que ella, que habla ahora de los hijos de mi hermano, se muera. ¿Será la ausencia capaz de limar el abandono y el dolor? Le prometo qué día volveré y pregunto qué desea que le traiga. Veo cómo mis gestos tienen la eficacia de una enfermera profesional y reconozco la estrategia que me permite resistir.

domingo, 6 de julio de 2014

Y la nave va...

Digo las palabras capaces de buscarte cuando el día suelta su último aliento gris. Entre las sílabas se filtra el vapor blanco que corta el aire helado de la tarde. En un rincón de la hora ha dejado de llover y mis letras se sacuden la humedad desprotegida para alcanzarte, secas y perfumadas, en el suave declinar de las estrellas. Dejo las otras que yo soy a la puerta del noche para llegar tan solo con el aroma de los azahares nevados de este invierno. Hay algo de nave transparente en este amor.

viernes, 4 de julio de 2014

Margaux: ha pasado un mes

Margaux es diminuta como un suspiro. Hace un mes me cabía en la palma de una mano; ahora, en dos. Yo le cuento historias cuando estamos solas. A ella le gusta la de una gata pequeña que se desovilla en la puerta de un laberinto hasta que aprende a volar. Ella me explica que los gatos no vuelan y yo le recomiendo una novela en la que uno le enseña a una gaviota.  El problema es que  Margaux aún no sabe leer. A la noche, cuando me baño, ella espera en el borde de  la bañera mientras conversamos sobre lenguas ásperas y gotas de agua. Duerme ovillada en mis rodillas, todavía teme a los pájaros del jardín, aunque es amiga de los perros de la casa. En sus ojos el cielo es un espejo azul. La quiero como si hubiera estado bordada en mi alma desde siempre. Margaux es una dulce flor sobre mi corazón. A las dos nos olvidó nuestra mamá: será por eso que cobijamos ovilladas nuestra orfandad.

jueves, 3 de julio de 2014

Turderaville-Olivos: ida y vuelta

Cada mañana,
pasito a paso,
ando un camino:
con niebla, con lluvia, con frío,
con viento, con sol, con nubes,
con las hojas que caen,
con las hojas que crecen,
salgo de casa.
Tres veces bajo y subo.
Tres veces en 46 kilómetros.
Turderaville/ Olivos.
Todos los días.
En casa duermen hasta las hormigas en sus hormigueros.
Y yo me voy,
silbando bajo para no despertar
ni a los humanos,
ni a los felinos,
ni a los perros que sueñan con su sueño canino,
ni a los pájaros que quedan en sus nidos de plumas,
ni a las moscas azules.
En el camino converso con mi sombra por la calle de tierra.
Saludo:
Buenos días, señor chófer
(porque él espera que yo llegue a la esquina)
Y voy,
con mi mochila repleta de cuadernos y libros.
46 kilómetros la ida.
En invierno es de noche,
en verano de día.
Y cuando el sol comienza a deslizarse por el borde del rojo,
hago 46 kilómetros idénticos:
con la misma mochila,
de Olivos a mi casa,
por el mismo camino,
con los mismos transportes,
con los mismos abrigos,
los mismos pajaritos,
las mismas moscas azules.
Solo yo soy distinta:
He vivido. 
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