martes, 28 de enero de 2014

El amor/

a Claudio
Es el amor.
La fuerza pura huérfana de penas.
El tiempo abierto.
La hermosura del beso que se abre en el herbario de los días.
La chispa azul de las lluvias que caen.
Las flautas que suenan en la intimidad acristalada de las puertas.
El crepúsculo que se desdice y se viste de noche.
La verdad de lo real y sus potentes fantasías.
El vino de la fiesta cuando quedamos solos para arreglar la casa.
El borde de las hojas que caen de leídas.
Tus pupilas que abren lo que no se dirá, pero se tiene.
Es el amor.
Y cabe en ese espacio pequeño.
¿Para qué más si ocupa todo el mundo?


lunes, 27 de enero de 2014

Inscripciones/ De cómo se escribe con el cuerpo

Paisajes. Sin la inscripción del hombre. Así como estuvieron antes, desde siempre. La tierra plegada muestra sus suturas, sus dobleces. Un caballo relincha y los pájaros cruzan a medio metro de mi cabeza, mientras yo escribo, como antes. sobre papel y con tinta. Y ese acto se me revela como la inscripción primera de la humanidad, lo que no le era dado, lo que fue necesario fabricar para contar: las mieses, las cabezas de ganado, los toneles de aceite: uno, dos, tres, miles. Y, luego, cómo creemos que llegamos,  de qué forma organizamos nuestra vida, cómo nos sojuzgamos los unos a los otros, la exlusión y el manto subterráneo de la mano que asiste cuando otra oprime. Y mi mano, entera, parte de un brazo, que se mueve, aterida y dura, sobre esta hoja y con esta lapicera, recuerda el dolor de escribir y se pregunta cómo olvidó esta marca que no está en el paisaje sino en la hoja, cómo cambió la costumbre del esfuerzo corporal  de escribir por una leve presión en una tecla que hace surgir la letra que ahora dibujo con cansancio, con vueltas que mi mente había olvidado y la página blanca se llena de curvas diminutas y negras que significan siglos de inscripciones, como ahora, en este instante, en que el paisaje se ha llenado de voces y, lejano, del ronroneo de un motor que no arranca; mientras los pájaros cruzan a medio metro de mi cabeza gacha.

domingo, 26 de enero de 2014

Pájaro Juan

Porque ni sabés, Gelman, lo que te estoy llorando.
Como un río fresco se enarroyó en sí mismo, y cuando dio, al cabo, con el fin de sus aguas, fue pájaro con plumas, cientos -zurcidas, pegadas con saliva, con besos adheridas, con piedras tristes, con pespuntes bellísimos, con las flores monstruosas del exilio, con gusto de madre en Villa Crespo, con Mara hecha de niebla, con huesos de Marcelo y memoria de Claudia, con una Macarena perseverante y suya- , y voló hacia el abismo con ruiditos de muerte. Arriba había otro pájaro  que lo ahijó en sus alas de muchacho esperado, como si fuera el padre que no dejaron ser, pero que era.  Pronto treinta mil pájaros con sus ojos de fuego y de palabras lo rodearon. "Llegaste, Juan"- cantaban.

sábado, 11 de enero de 2014

La pavorosa fragilidad de la vida

El auto da varios  vuelcos en ese tramo recto que une en medio del desierto General Acha con 25 de mayo.  Un chico sale despedido por el vidrio y ni tiempo tiene de darse cuenta de que ha muerto. La madre queda herida, mientras el padre y la hermana intentan socorrerla, a la vez que procesan lo que les ha pasado que es, nada menos, que la pavorosa fragilidad de la vida. Y una, entera y a salvo, piensa en el esfuerzo que ponemos en estar vivos, en dotar a nuestros actos de sentido y coherencia, en ser honestos y verdaderos, en transitar un camino con claridad ideológica y entereza emocional y la vida es un soplo, es eso que salta por el aire y se suspende. Y bajamos a amparar, a hilar el hilo que sostenga y ayude, a correr a un sitio con señal para que vengan médicos y anuden ese latido tembloroso que, pese a todo, debe seguir andando.

miércoles, 8 de enero de 2014

Ana, caracoles y videos

La vida está llena. Nosotros la completamos hasta el borde para que no queden huecos donde pudiera alojarse el aleteo de una angustia. Y cual si fuera poco, encima, además y por las dudas, le damos un significado al entramado compacto. Hace días que la observo: se levanta temprano, cuando el calor está larvándose y la mañana despunta de silencios, sale, cierra con llave su casa con dos ventanas a la calle que no conozco y comienza a caminar. Tras la fachada de un andar distraído, vislumbro una cazadora de circunstancias y de interpretaciones. Va como sin mirar, pero se agacha a recoger cosas del suelo y las introduce en su bolsillo o en su bolso casi sin detenerse, casi sin ver que yo la estoy mirando desde hace meses mientras compro ciruelas, o baldeo la vereda, o espero el 113 que no me llevará ya a ninguna otra parte. La he visto cargar con sus brazos desguarnecidos una vieja Singer que le dejé e imagino que en su terraza (porque debe tener una terraza pintada de color ladrillo y con muchos limoneros en flor) ha de tener un cuarto pequeño y con techo de chapas donde guarda, prolijo y clasificado, todo lo que va juntando en sus diarias caminatas. Sé que, en los estantes blancos de su terraza, ella oculta la memoria perdida de un Agronochás al que ya no pertenezco. También sé, porque lo imagino, que cada cosa está unida a otra por lazos de relatos que ella teje cuando ordena su cosecha. La semana pasada la vi urgar en el umbral de la casa abandonada de Quirós; preguntándose, con seguridad, quién había dejado apoyados esos tres VHS que yo había colocado. La semana próxima le dejaré tres más y la otra arrastraré, justo antes de su puntual salida, la antigua videocasetera que yo guardo en  mi terraza, desde que la levanté en Hamburgo y Andonaegui, allá por el año 2001. Sé que la arrastrará, a su vez,  y se instalará en su terraza a ver las horas de video que, en años anteriores, he grabado en unas viejas cintas que alguien había abandonado en la plaza de Moscú y Belgrado. Lo que yo ahora, me pregunto, es quién, en un momento de descuido, me está llenando mi umbral de caracoles veraniegos, con lo que yo  aborrezco  esos animales.
(Para Ana López, vecina de Parque Chas, barrio que insiste en no soltarme, pese a todo)

martes, 7 de enero de 2014

2014: Día 7

En el día de hoy, siete de enero, supe que la realidad se acomoda para que la escribamos.

El Parque de la Memoria


La memoria no tiene lugar. Es una capacidad humana que se ejerce y permite conectar el presente con otros hechos que pudieron ser su causa. Está anclada -siempre- en circunstancias;  y, si de memoria colectiva se trata, sumerge sus raíces en el pasado histórico, político, social y económico de un conjunto de individuos que, de una u otra manera, atravesaron juntos ese tramo. Y es misión -con lo que de entrega y sacerdocio tiene la palabra- legar esa memoria a los que no vivieron ese tiempo. Y entonces sí, los lugares ayudan porque son más que palabras -esa materia étera que es carne del lenguaje-; son anclajes concretos para decirles a los jóvenes: "Ves, acá, tu tío, tu abuelo, tu padre..." 
El Parque de la Memoria se impone por varias razones. Porque la sucesión de los cientos de nombres, uno junto a otro, habla de la magnitud de la matanza por simple acumulación. Porque, cuando se comprende que, detrás de cada nombre, hay una historia, un otro grupo de personas que esperaron a aquel que lo portaba, que guardaron sus cosas, sus fotos, sus palabras escritas; y que, cuando se dieron cuenta de que jamás regresaría, se percataron de que tampoco tenían un cuerpo para practicar el ritual de la muerte, necesario para comenzar a elaborar un duelo. Porque está junto al río que fue tumba siniestra de tantos torturados. Y tantas otras...
Ahora, el gobierno del señor Mauricio Macri se propone cerrarlo. Pero no lo hace de frente, porque sabe que sería imposible poner el rostro a semejante acto. Planea un camino hipócrita y sinuoso: no dar ningún aumento salarial a los trabajadores del Parque y otorgarles la facultad de renunciar si no les parece correcto. 
Pues bien, el Parque perdurará aunque se quede solo, aunque crezcan plantitas en medio de los nombres, aunque los mojen las tormentas y los llenen de tierra, aunque se opaquen vocales y consonantes con los días. Porque la memoria no tiene lugar: arde en nuestros corazones, une nuestras manos cuando marchamos por las calles. Porque la memoria en la República Argentina es una bandera que jamás ha caído, porque fue el fuego que nos reunió cuando pegaban duro, porque está en nuestras bocas y en las palabras, que étereas como son, pueden tener la dureza de una piedra.

domingo, 5 de enero de 2014

Del otro lado

La cuestión -qué duda cabe- fue zambullirse. 
Siempre. 
De cabeza. 
Sin pensarlo demasiado. 
Conteniendo apenas la respiración. 
Única condición fundamental e ineludible: 
que los ojos estén abiertos. 
Muy abiertos. 
¡Hay tanto para ver del otro lado!
La intemperie de los objetos, por ejemplo.
O la libertad que hace por las tardes.
O los reflejos del lenguaje en el agua.
O las hojas absueltas por la savia.
O el borde recortado de la locura.
O el resplandor de las manos en el bosque del alma.
O la foto que se mijó y canta tiritando.
O las ciuerdas del piano cuando arden.
O los ritos de la hospitalidad y las teteras.
O el mundo suspendido entre paréntesis.
O las palabras con sus mares adentro.
O las fieras que danzan en su quietud salvaje y al acecho.
¡Hay tanto para ver del otro lado!

sábado, 4 de enero de 2014

viernes, 3 de enero de 2014

2014: Día 3

En el día de hoy, tres de enero, aprendí que el corazón es un músculo con recuerdos.

Enero tres/ Un vestido y un amor

Yo tenía un vestido.
Ni hubo las mesas que quería porque los sueños para ser reales tienen que tener una falta. 
Porque la falta sostiene el deseo y lo prolonga, llevándolo de una rienda hasta el día siguiente como si fuera Sherezada y su cuento de nunca acabar.
Yo tenía un vestido y vos trajiste tu lengua superpuesta, tus infinitos recursos para hacerme reír. Vos no escuchaste mis palabras marchitas ni mis miedos y me sacaste a bailar sobre la tierra prometida a la que nadie deseaba regresar porque, en la asunción perfecta del abrazo siempre hubo huecos que atravesar. Y nos mojamos con la lluvia, y dormimos sedientos, y despertamos satisfechos. Siempre viajando en el agua clara de nuestros mutuos nombres.
Yo tenía un vestido y tengo, ahora, además, un amor.

Mudar de piel

Lo que amanece en mi alma. 
Lo cerrado que se ha abierto.
Lo que se sueña bien soñado.
Lo que el amor cambia en amor.
Lo que abriga en la desprotecciones del pasado.
Lo que tienen de mágicas las cifras.
Lo que de luz alumbra una sonrisa.
Lo que arde en la vida.
Lo que dice el cuerpo en su ternura.
Lo que dice el cuerpo en su razón.
Lo que gira y se cambia.
Lo que me diste cada día.
Lo que me das.

He mudado de piel: por los agujeros del pasado miro la que yo fui y doy las gracias a la noche por la intensa cabellera de la felicidad.

jueves, 2 de enero de 2014

El mundo según Lou (III): Palabras

Hoy aprendí que a veces me acarician con los dedos, otras lo hacen pasando sus labios por mi frente. Pero esta mañana conocí que hay otra clase de caricia: las palabras. En voz baja, ella leyó de su libro para mí. Y yo sentí cómo el aire se llenaba con su voz que me bordeaba y me mecía tocándome apenas el pelaje. Después, o mientras tanto, ronroneé y me quedé dormida. Afuera llovía y el mundo parecía hecho nuevamente. Me gustó.

2014: día 2

En el día de hoy, dos de enero, llovió mucho y el oxígeno se hizo azul.

Un 2 de enero de hace 365 días

Hace 365 días, el corazón saltaba los charcos de la ansiedad con sus dos patas chuecas, con sus dos patas bastante lastimadas, con sus dos patas temerosas y pensaba. Y en el pensar se le iba la vida que pasaba entre una idea y otra retorciéndose. Y entonces respiró y se puso a cantar, a voz en cuello para calmar las ansias, y dijo (se dijo) que había que salir del capullo invernal que se había tejido. No era una mariposa. No lo sería nunca: era tan solo un trémulo corazón que quería saber el peso indefinible del amor: de tu mano en mi mano ahí sobre esa mesa en que las palabras eran pájaros libres, al fin y otra vez.

miércoles, 1 de enero de 2014

2014: Día 1

En el día de hoy, primero de enero, he sido la lluvia que mojó las dichondras. Ellas se sacudieron de húmeda felicidad.
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