domingo, 29 de diciembre de 2013

Mi madre: De Angela Davis a la psiquiatría bolchevique

Allá por los finales de la década del 60, mi madre estuvo presa en el Asilo Correccional de Mujeres del "Buen Pastor". Le había dado un palazo a un policía en medio de la cabeza durante una manifestación de repudio a la guerra de Vietnam. Para esos años, e incluso durante mucho tiempo después, se había comprado todos los LP de Joan Baez y los ponía uno tras otro de ambas caras. Yo odiaba su música, pero me gustaba Sacco y Vanzetti. Mi madre admiraba a Angela Davis y me hablaba de ella y de los Blacks Panters sin parar. En el cuarto que compartía con mi padre -que, paradójicamente, era gerente general de una empresa norteamericana- había pegado unos afiches con su Ángela y llevaba unos prendedores en sus carteras para mostrar su adhesión al Black Power. Como le había tocado nacer de este lado del mundo, mi madre era marxista leninista y militaba en una villa que estaba detrás de Molinos SA. Allí se pasaba todo el día y, a veces, me obligaba a acompañarla, cosa que yo detestaba con ferocidad. No recuerdo bien la primera detención de mi madre, como sí la de finales de 1975, en la que estuvo casi dos meses en la cárcel de Devoto por participar en una manifestación prohibida por el gobierno de Isabel. Guardo las cartas que me enviaba desde allí, con su letra despareja y muchas figuritas recortadas de diarios.  La niña que yo fui sigue sin entender su dureza stalinista a la hora de madrarme. Ella soloconsideró las necesidades de mi niñez cuando estuvo presa o internada en alguna institución psiquiátricaque contenía los desbordes recurrentes de sus crisis . Cada vez que ella no estuvo, desde pequeña, a mí me tocó cuidar de mis dos hermanos menores, y ser la madre que no podían tener. Mi padre se lamentaba  por su ausencia, porque extrañaba el maltrato al que ella lo sometía en pago de una deuda por abandono que mantenían entre sí. Yo, mientras tanto, pensaba en la orfandad porque no se me ocurría ningún otro nombre posible para la felicidad. Pero el deseo, con su violencia manifiesta, solo me engendraba desasosiego al comprobar que las fantasías no tenían la menor posibilidad. Sé que, en ese momento, decidí que escribiría literatura porque en mis palabras yo acabaría con  Joan Baez, la villa de Colegiales, y con Angela Davis antes de que todas ellas acabaran conmigo en aquella década de 1970.

2013: balance y despedida

Se termina 2013.
Un año lleno de cosas buenas en cualquiera de los planos en el que lo piense.
He crecido profesionalmente y eso me produce una gran seguridad en lo que hago, que es, básicamente lo que soy.
Dejé atrás mi casa de Parque Chas donde viví quince años, y me mudé a la zona sur del suburbano bonaerense.
Conocí al hombre con el que hoy comparto mis días: me río y siento mucho con él, y esa es una de las mejores sensaciones que debería agradecerle al año que se va.
Perdí algunas amistades, gané otras y conservé las más, lo cual también es algo bueno.
Me siento en paz y alegre.
Ojalá el 2014 sea tan o más completo que este.
Ojalá todo lo que he aprendido sea un aprendizaje significativo, de esos que entran en red con lo que una sabe desde el ayer e imagina para el mañana.
Ojalá que mi hijo encuentre su lugar y su modo feliz de estar en el mundo.
Ojalá mis sobrinos -los que ya están (Maïa, Luca y Miranda) y el nuevo que nacerá en mayo en Marsella- tengan un año lleno de luces de colores y risas.
Ojalá el amor me complete la mirada cada día.
Ojalá todo siga igual para mí, pero un poco mejor.
Soy una persona afortunada.
No pido más para mí.
Que todos ustedes encuentren sus sueños al despertar cada uno de los 365 días que tenemos para estrenar.
Feliz 2014!

sábado, 28 de diciembre de 2013

Calor/Alerta rojo

El calor gotea con sus manchas pegajosas y se adhiere como un gránulo de sal húmeda e inaprensible en el borde del cuerpo. Entreabro los párpados y el sol ya pega con sus brazos en una lucha en la que pierdo siempre. Por suerte hay luz, pero para que pasaran los cables como fogonazos talamos hace años los bosques y la lluvia limpió las capas de la tierra. Nada crece. Excepto el calor con su lengua rasposa que pide siempre más. No hay ni una gota de agua. Ni aquí ni en nigún otro sitio. El cuerpo es un fastidio y no hay líquido que pueda consolarlo. El muy cretino se empecina en encerrarse y no dejar bailar al alma. Los abanicos revolotean como moscas inertes contra el cristal. Dicen que durará eterna y tristemente. Solo queda el acto profuso del amor para abrir las compuertas y que el aire se cuele entre los interticios y los pliegues. Solo queda el susurro y la risa que se nos filtran en el ronroneo del aire que zumba como una cigarra para anunciar que mañana será mucho peor.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

domingo, 22 de diciembre de 2013

Bordar

Voy a bordar un dibujo en los días sucesivos del calor. Tendrá tierno pasto verde y pájaros y un día que parezca colgado de la soga y por secar. Tendrá vasos altos con líquidos fríos, una casa en la que viviremos en la sombra y tus palabras revoloteando como flores en mis carcajadas nocturnas. Voy a bordar un dibujo todo el tiempo que tenga este verano: cuando durmamos al pie de la montaña y naveguemos en el lago azul. Dejaré que los días conduzcan mis hilos de colores según su voluntad y pasearemos en el trazado del verano otra vez. En el telar gozoso de la vida dibujaré el amor y te lo voy a regalar.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Estar en casa

Hay que dejarse andar entre las cosas que migran de allá a aquí: sillas de colores, juguetes de madera, ángeles dormidos, sábanas, tinteros. Hay que dejarse andar y cada objeto hallará su lugar y dejará de flotar. No es que no tienen rumbo: ellos saben con perfección de sabio cuál es la hora en los pule el sol. Así amanso los lados trémulos de mis caricias y sereno las plumas de mis desolaciones anteriores que se han ido y ya no están. Vuelo en el agua calma de la alegría y me mojan los ángeles nocturnos con su canto de grillos entre las hojas oscuras. Caen estrellas en el abrazo que nos acuna en esta noche y en cientos de miles más.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Partir de Parque Chas

Me dormí pensando en mi casa de años incontables, en sus paredes con mariposas y flores pintadas con pinceles, en su terraza con olivos y ciruelos. Me dormí y soñé con mi hijo pequeño, sentado en mi falda, mientras mi voz le tejía un cuento de animales salvajes que se dulcificaban en sus manos y deseé para él la tibia felicidad de los que han pasado por la furia y llegan al remanso de un arroyo para calmar su áspera sed. Me dormí y pensé en mi barrio de calles circulares donde jugué a perderme por el placer de hallar alguna vez quién era yo. Me dormí y recordé a los hombres que me amaron y quedaban acá. Me dormí y fui acunada por los ojos azules de mi padre, que me empujaba para que no dejara yo de caminar. Al despertarme el día era de transparencia veraniega y el silencio era de mundo recién hecho con algunas plumitas que quedaron de los pequeños pajaritos que yo fui. En mi sueño, mi hijo volvía a decirme que comiera bien, y era, nuevamente, como decirme que me llevaba en los brazos de su amor para que yo pudiera acunarlo en mi cintura XS cada vez que lo necesitásemos los dos. Me dormí y al despertarme ardía mi memoria como si fuera fuego de olivo azul.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Lengua y literatura (II): Nene, andá y corregí tu texto

Y un buen día, después de leerles infinitos relatos, sacamos un conejo de nuestra galera, nos disfrazamos de mago y decimos con voz seductora: "Y ahora...¿qué les parece si ustedes escriben un cuento?" Y para que ninguno se avive de la trampa reforzamos: "¡WOW! ¡Un cuento escrito por ustedes mismos! ¡Qué bueno!". Como si fuera poco y para que nadie  huya, prometemos: "Y podemos hacer nosotros mismos un libro. ¿Se imaginan entrar en la biblioteca y encontrar un libro que ustedes hayan escrito? ¡Qué emocionante! ¡Ser escritores!"
Y los chicos son chicos, nos tienen confianza y creen en cada cosa que les hemos dicho, así que, con ojos ilusionados, se aventuran y empiezan creyendo que escribir es soplar y hacer botellas. Pero más que pánico a la hoja en blanco, la escritura escolar puede ser el túnel del terror. Descontemos la creatividad que, muchas veces, los profesores nos ocupamos de matar a garrotazos: "Escribí un cuento en el que haya una botella, una escalera mecánica y una paloma salvaje. En tercera persona con focalización interna. Y el mundo representado, fantástico; por favor. Recordando que lo fantástico es ese momento de duda." Ni yo podría... ¡Dios de la literatura, asísteme!
Y el pibe, a los tropezones, escribe. Claro que escribe; pero en su cabeza, desde la primera línea, tiene un solo mandato: "Guarda que esta turra solo va a ver mis errores." Entonces plantea la escritura como una carrera de resistencia entre el error y él. No importa qué diga, si el narrador, lo fantástico o la paloma salvaje; el fantasma es el error a "no-cometer". Y está claro que el error siempre gana porque todos, absolutamente todos, hasta los más expertos, cometemos errores al escribir. Si no fuera así, ¿para qué existiría esa profesión llamada editor?
Y después de haber defendido en cuanto conciliábulo pedagógico que se precie, la necesidad de sacarles a los chicos esa idea de que los textos se escriben y ya está, hablamos de los borradores. Es más, hasta nos aplicamos y bajamos -para que vean- borradores de Borges, de Cortázar y de Homero si nos fuera esto último posible. Nos llenamos la boca diciendo que el texto es escritura y reescritura y recontrahiperescritura. Y cuando el pibe nos da su hojita arrugada, llena de tachones, nosotros se la devolvemos con unas marcas y un código abrochado para que las descifre. ¿Descifrar qué? Las piedras de ochenta y cinco toneladas con las que sepultamos su texto para que, definitivamente, no vuele más: la rayita para acá quiere decir coherencia, la que va para allá cohesión, el doble subrayado es sintaxis...Pero mirá qué edificante: ahora además de haberle hecho percha la creatividad lo dejamos más perdido que Alicia cuando se cruza con la sonrisa del gato. Y el chico piensa qué le quisimos decir con "sintaxis": ¿Qué corrija la concordancia? ¿O la correlación temporal? ¿O será que no la pegó con el pronombre relativo? Eso si tuvo suerte de haber visto en su vida algo de gramática; caso contrario, pensará que "sintaxis" indica, simplemente, que debe viajar en remise.
Cada día me convenzo más de un par de cosas:
1. Hay que enseñar a corregir los textos. Los contenidos de corrección deben estar incluidos en la curricula escolar.
2. Hay que marcar, como mucho, dos o tres errores en el texto; pero errores de armado, de macroestructura, de género, de coherencia.
3. Hay que desterrar los códigos y cambiarlos por instrucciones amables de qué es lo que esperamos que miren en su texto.
4. Hay que conservar el código para asuntos como la ortografía o la puntuación.
5. Hay que permitir que los chicos se corrijan entre sí, que sean permeables  a las sugerencias de sus pares. (¿O pensamosestar toda su vida al lado para señalarles el error?).
6. Es cierto que creemos ser fuente de toda razón y justicia, pero nos mandamos cada mocos con los chicos, así que recordemos que el texto es de ellos... y seamos respetuosos con el autor.
Escribir puede terminar siendo una batalla como la del Quijote con el odre de vino (para dejar de una buena vez a los molinos en paz), así que la próxima vez antes que decir "Nene, andá y corregí tu texto" alivianémosle la pelea dándoles herramientas para que puedan encararla. En cualquier caso, si somos inteligentes y respetuosos escribir puede ser una aventura a través de la selva del lenguaje cuyo dominio nos permitirá enfrentar y vencer a fieras de variados tamaños y pelajes con alegría y seguridad.

martes, 17 de diciembre de 2013

Las doradas manzanas del sol/ Les pommes d'or du soleil

El niño trepaba al altillo como quien sube al cielo por una escalerita. Se quedaba unos segundos inmóvil, allá arriba, aspirando el perfume, y, luego, entraba. Pasaba primero una pierna por la abertura, después la otra, el cuerpo, la cabeza y ya estaba en medio del altillo. Aún ciegos los ojos, antes de acostumbrarse a la penumbra, se dejaba invadir por el aroma a manzanas. Cientos de manzanas amarillas y rojas, levemente dulzonas, perfectamente ácidas, colocadas con delicadeza en mesas de madera, una al lado de otra, esperando mientras perdían su tersura y firmeza y se iban esponjando concentradas en su dulzor de fruta disecada. Cientos de manzanas secándose con sus cabos arriba y sumando sus moléculas de azúcar mientras su piel arrugaba el territorio suave de su vida de fruta. Entonces paseaba entre las mesas, jugaba a armar ejércitos, batallas, historias con manzanas, y se iban las horas hasta que afuera, en la azul tarde de aquel pueblo sonaba la voz francesa de su abuela llamándolo a la mesa y él corría con el olvido infantil de los milagros. Y allí quedaban los cientos de manzanas en las mesas.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Lengua y literatura (I): De cómo obligar a leer y que se den cuenta

Pienso -a veces- en el cruce entre la obligatoriedad y el placer. Pienso en las páginas leídas sobre cómo acercar los chicos a los libros. Pienso en el tan nombrado "contagio" y en el mito de "nada de lo que leí en el colegio me emocionó" y su otra versión "todo lo que de verdad fue significativo lo leí fuera de las aulas", dichos con un percing en la memoria y postura del chico de la moto en Rumble fish. Y pienso en una cultura que lima la memoria del esfuerzo como camino de construcción y allana el advenimiento del hedonismo más puro.  Entonces me recuerdo a través de todos mis años escolares, en materias que amé y otras que odié, pero fui obligada a transitar. Y tan mal no me ha ido.
No está mal "obligar" a leer. Claro que no. La lectura, por más simple que sea, es un camino cuesta arriba para nuestros chicos. Hay que seguir un sendero, paso a paso, para construir eso que llamamos significado; y vivimos en una época en la que las lecturas propuestas siguen caminos zigzagueantes, cortados abruptamente, disparados hacia otro sitio; una época que fragmenta, estalla, distrae con fuegos de artificio; una época en la que no es necesario profundizar demasiado en esto porque ya te estamos ofreciendo eso o aquello; para qué te vas a esforzar por entender, mejor gozá. Carpe diem de a cachitos y que nadie se ocupe de integrar ninguna figura final con los retazos. 
Y entonces llegamos nosotros con los libros y el mantra de "continuá hasta el final". Proponemos un sendero en el que, a lo Hansel y Gretel, hay que ir levantando piedritas para volver quién sabe adónde, pero, con seguridad, al interior de nosotros mismos. No creo que la gente sea mejor o peor porque lea. Más bien creo que el lenguaje es lo que nos hace humanos, por lo cual tenemos, los maestros, la obligación de formar esa herramienta en nuestros chicos. No podemos elegir y tampoco podemos dejar que la época imponga la norma a su manera. Hay que leer (así como hay que escribir), y hay que leer literatura, porque es el discurso en el que la lengua se dobla, se desdobla, se viste de ropajes de reina para fingir ser mendiga, se disfraza de Alina y espera en Budapest. Quien aprende a leer una novela, un poema, una obra dramática; quien puede desentrañar los artficios del lenguaje literario tendrá armas para enfrentarse a esos otros usos sociales de la lengua que no "mienten" gratuitamente como la literatura.
Y sí hay que obligar a leer, hay que obligar a agarrar el pico y la pala para llegar al fondo de la mina y comprender. Y si en el camino, sudorosos y sucios, hallamos el placer será una añadidura que dependerá de muchas variables: que el maestro esté apasionado por la búsqueda, que los chicos valoren y admiren su pasión, que él los respete y los quiera, que sienta y haga sentir que está entregándoles lo mejor que tiene de sí y que les muestre el esfuerzo que él, también, hace por entender y porque ellos entiendan. Pensar en un chico que está solo frente a un libro y que, al abrirlo, no puede comprender lo que está allí es una de las imágenes que más pena y rabia me producen.
Así como los obligamos a tomar una medicina si tienen fiebre, hay que obligarlos a leer. Sin temor. Por caminos amigables. Llevándolos de la mano con afecto y confianza en que podrán andar. Equivocándonos y corrigiendo el error. En la obligación del esfuerzo estamos construyendo un mundo con mayores posibilidades de elección.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Sexo

Quiero hablar de sexo.
De la mañana que se abre como una grieta roja y transparente.
De la mano volcada junto al cuello donde duerme.
Del resto de un naufragio a oscuras y en medio de la noche.
De la tierra mojada y su supremo aroma a menta.
De las palabras verdes como metales.
Del consuelo de ese fuego encendido.
Del sueño que es un árbol abrigado.
De la lluvia que cae y sube y vuelve a caer.
De la risa que remonta quebradas y tierne su fragancia.
Del corazón que tiembla con temblores de viento.
De los efectos dulces de toda incertidumbre.
Del gran libro donde se inscriben los gemidos y las confianzas.
Del cuerpo a cuerpo de la conversación mientras pasa otra hora.
Del granizo caliente de los dedos que hacen el café.
Del interior de los objetos suaves como burbujas de oxígeno celeste.
De los cristales de oro que reflejan tan solo los suspiros.
De la pulpa serena de las bocas.
Del agua en la pileta corriendo como un río.
Del comienzo y el final encadenado de los actos.
De la ropa colgada como una flor al sol.
De sexo.
Nada de amor. 




viernes, 6 de diciembre de 2013

Parque Chas: game over

Cuando me estoy abrochando las sandalias me doy cuenta de que ya no estoy aquí. Me quedo suspendida en la presilla y miro las paredes pintadas con flores, los libros amontonados en fila. Una pequeñísima lagartija entró por el jardín de al lado y ayer maté una araña sobre el freezer. Hay polvo sobre las cosas desarmadas y la luz es macilenta y helada. Cuando suena el teléfono la casa está vacía y el timbre rebota en las paredes. Yo ya no estoy acá y las paredes dejan de ser las mías. Una casa es la gente que la habita y yo me fui de aquí.

La frontera

Una frontera. Los pasajeros y su deseo. Las bocas entreabiertas bajo la lluvia. Después la oscuridad cayendo a pico sobre el borde. Una mano crispada y luego mansamente relajada. Las palabras y sus nudos de letras luminosas. La risa. Y el sueño que disuelve los antes y ahora y analgama la dicha.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Oscuridad

"Acá", dice él. Y su voz se hace un camino en la oscuridad hasta llegar a mi oído. Nos movemos entre sombras, mientras afuera suenan unas sirenas sobre los restos de la tormenta. Sigo su eco perfumado por la casa mientras él va encendiendo las velas y la costura que zurce el día con la noche ya ni se nota. Me quedo en silencio, sentada junto al vidrio, mientras la gata descubre profundidades que mis ojos ignoran. A veces me dan miedo las sombras y la luz repentina me sorprende con una fragilidad que ya conozco. Pero no ahora , porque seguimos a oscuras y nos acostamos con la sola luminosidad del abrazo que tenemos. Él habla con su lengua de dos voces y yo me pierdo en sus verbos que "sideran" los espacios que quedan en penumbra. Finalmente dormimos y la luna acuna por la ventana abierta después del viento y de la lluvia.
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