viernes, 31 de mayo de 2013

Fiebre:

La fiebre que tengo es fuego en el fondo del ojo que muerde como un tiburón tras la cifra que va allá como si nada pudiera detenerla, ni la pócima secreta de los druidas en los bosques de cedros centenarios. Me arden las rodillas, por debajo, en llamas que toman mi cintura y la abrazan. No siento el alma: se ha quemado en el hálito que respiro y sale por mi boca volcánica. Los huesos se disuelven como vidrio y los delgados músculos quedan volando como pájaros tontos que perdieron el rumbo. Las sienes se rellenan de arena y caen descebrándome en dolores y lajas. Los oídos son caracoles que gritan en el fondo de mi océano sin hallar a la sirena que canta en una piedra. Mi cuerpo pequeñito ha dicho basta. Hay que arroparlo y dejarlo que diga sus palabras.

Regreso nocturno

Esta noche, después de trabajar, pondré la llave en la cerradura y entraré. Los perros saltarán a mi costado y casi me caeré. García maullará desde algún tejado cercano porque sabrá que ha llegado el momento de la silla compartida. La casa estará en silencio. Dejaré mis cosas en el cuarto, cuya luz habrás dejado prendida, y encenderé mi computadora color naranja. Vos estarás en otro sitio y esperaré que vuelvas. Aprovecharé para escribir las páginas del libro en la tibieza de la estufa que habrás dejado encendida y comeré cualquier cosa, de preferencia dulce de guindas. Pensaré en los meses compartidos, en el invierno y en las vacaciones que llegarán. Los ríos de las palabras confirman los pájaros dorados del amor.

Manual

La intensidad
La duración
Las sílabas contadas
Los hiatos sorpresivos
Sáficos, heroicos o dactílicos
La metonimia interna
La espada que produce la cesura: ahí, a escasos dos fonemas
La tiranía del cuerpo consonante
La sordidez del que asonanta
El quiasmo falso que esconde paralelos
La lengua que estalla explota se concentra
Los trastornos insomnes de la línea.
La muerte metafórica que aguarda
La verdadera sinécdoque asesina
Y al fin la hoja
Rica en caballos y magnolias sin agua.

jueves, 30 de mayo de 2013

Teléfono

Hablamos. Todos los días. A cierta hora u otra. Y tu voz te trae cerca de mí donde me ovillo y me rodean tus vocales entibiándome. El deseo abre la puerta de los juegos para que entre el amor y se haga beso y se haga nido y se haga voz de vos. Para cruzar del otro lado de la noche, tu mano ciñe mi cuerpo y se duerme en mi brazo. En los sueños que tenemos sobre la misma almohada hay dos pájaros que vuelan hacia el sur, allí donde no hay nadie más que nosotros contándonos secretos que nos hacen reir.

Esperpentos

La casa que gira entre mis manos y no me deja entrar en su vértigo de luces que taladra mi carne. Y digo hasta hartarme del verbo que fue ausencia y desgarró mi alma, cobre verdoso contra el barro impiadoso. Tengo un miedo de cristales impávidos que se golpean y hablan con insomnes alimañas. Le temo a la locura de hilos rojos azotando a la luna y a los manotazos que no dan los ahogados hundiéndose en el agua fría de su silencio. Le temo a las palabras que supone la sangre y el vientre que supo fecundar tanta tristeza. Querría que se abran las ventanas y golpeo los vidrios, pero nadie me oye.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Cumpleaños

Hoy cumplirías 62. Ya te habrías levantado para hacer café y ponerles migas a los pajaritos. La muerte es eso que hace que los vivos nos quedemos sin fiesta de cumpleaños.

domingo, 26 de mayo de 2013

Des/hojarnos


Voy a deshojarnos en vos y en mí/ en mi espalda y tus manos/ en tu boca apoyada apenas en mi cuello/ en tus manos y mi vientre/ en el azul de tu mirada y en mis ojos de párpados entornados/ en mi cuerpo plegado como una pajarita de papel que vuela por el cielo/ en tus silencios anegados de palabras. A deshojarnos por beber en un único vaso y saber los secretos/ por  la confianza que se sature de risas y entres al baño y yo te vea con la copa en la mano caminando por la cornisa de una calle imprecisa mientras zurzo la cena y la imaginación se llena de patos salvajes en la orilla de un lago al sur. A deshojarnos/ para volver a enhojarnos y florecernos y volvernos a deshojar/ enhojar/ florecer. Voy a proponerte un sueño hecho de instantes como cuentas de collares: hojas/ más hojas/ más hojas/ más hojas. Despleguemos un vuelo y que nos lleve el viento más allá.

Trama

Algo tramo para el océano de los días, si tramar se trata de pensar en lo que vendrá. Ha sido corto el fin de semana y ya estoy empezando a extrañar. Me hace falta el sol de tu boca en mi boca y una mañana de cara a la vida que es esta honda y tranquila profundidad.

2003- 25 de mayo- 2013/ Carta para Julián

Julián: En tu memoria todavía debe estar aquel otro 25 de mayo cuarenta años atrás. ¿Te acordás? Éramos tan jovencitos: vos tenías 15 y yo apenas 13. Te dije ese día que me faltaban dos meses para los catorce. ¿Recordás que había mucha gente? Mucha. Era como una enorme ola de personas que se movía como si fuera un gran corazón, de un lado a otro de la Plaza. Una Plaza que todavía no era de las Madres. Una plaza que tu mamá, Amanda, aún no había tenido que conocer.  Ayer fue 25 otra vez. Como todos los años, dirás. Claro, como todos los años. Pero ayer estuvimos otra  vez allí. Éramos cientos, miles. Éramos miles de cientos. No cabía un alfiler. Había adultos, de la misma edad que yo y más grandes también. Había jóvenes y muchos pibes. Muchos, Julián, y los pibes bailaban y cantaban. Y sabés qué: ahí, entre ellos, que zarandeaban sus banderas y se reían; yo te vi, enterito, como eras antes del 76, con tus ojos azules y tu polera negra. Te vi bailar y reír entre ellos, te vi gritar que se iba a armar quilombo si la tocaban, te vi darle al bombo con furia y con entrega. Habías vuelto y estabas entre ellos porque eras un pibe cuando te llevaron, así que ¿dónde ibas  a estar si no entre los miles de adolescentes de La Cámpora, de Unidos y Organizados, del Evita...? Yo estaba  caminando por avenida de Mayo hacia una Plaza a la que no pudimos llegar porque entre cuerpo y cuerpo era imposible abrir una brecha.  Entonces me paré en medio de la calle y me quedé a mirarte. Estabas tan lindo que te hubiera dado un beso. Pero, ¿qué ibas a pensar de esta señora grande abrazando, de pronto, a un pibe de 18?  Los muy salvajes creyeron que secuestrándote, torturándote y tirándote al mar te desaparecían. Y vos ahí, lo más campante, con las mismas banderas, con las mismas ideas, con la misma carcajada, con los mismos abrazos a los compañeros. Entonces, los ojos se me llenaron de lágrimas. Y Claudio, como si intuyera lo que pasaba por mi cabeza y mi corazón, se acercó y me dijo: "Si lo viera Julián!" Sonreí y seguí caminando junto a él mientras pensaba que, esta vez, no pasarán.

viernes, 24 de mayo de 2013

jueves, 23 de mayo de 2013

Sos

Sos
un soplo en medio de la mano quemada
un cristal que soñaba día a día
el deseo en el corazón del amor
el amor en el corazón del deseo
el centro luminoso del párpado entreabierto
el trabajo desnudo de dibujar un pájaro azul
el orden de la lluvia mansamente
el claroscuro que parió el silencio
la belleza de un animal dormido
un chorro de fuego repentino
la pura piel.
Sos. 

La mar

Mi cuerpo es una barca que se mece en tu ferocidad. A dentelladas vas atrapando los peces que derramo y arde la sal como una blanca ola de espuma que me llena. Medusas de colores imposibles atan tu boca al pliegue en que me dejo llegar, doblada en mí como una oculta corriente subamarina. Los pulpos de tu mano bajan vértebra a vértebra y clavan sus tentáculos en arrecifes de coral temblorosos. No hay navegación que fuera tan perfecta y, Odiseo, emergés de las islas que fueron rocas sembradas por los dioses en el mar de la historia para llegar al palacio donde soy Circe, la encantadora; Calipso, la inmortal, y la fiel tejedora en el lecho de Olivo. Mi cuerpo es una tierra que quedó sumergida y hay frescas manzanas que crecen, doradas, bajo el mar. En las redes tendidas de tu sombra, me hablás para que aprenda a amar.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Un chocolate al sol

Me hablás. Y tus palabras son cunas donde me mece la noche para que duerma. La distancia es real pero se disuelve como una tableta de chocolate al sol. Pienso en mis cajones ordenados -que es mi mundo en otro lugar-, pienso en mi bata que cuelga, pienso en mí. Por una vez en la vida quiero pensar en mí y en mi felicidad.

martes, 21 de mayo de 2013

Una casa

La casa se deshace, gira como una trompa y va chupando todo. Desaparecen los recuerdos, los vestidos, los lápices, las cajas. Quedo desguarnecidas y miro la distancia. No vivo acá. Una puerta se cierra y yo no vivo acá. Aunque duerma en mi cama. Tengo infinitas tazas, cubiertos, alguna que otra olla que se muere de pena. Enloquezco de entrañable nostalgia. Debo tomar un barco y llegar hasta el mar. Que el aire salado me atormente. Yo ya no tengo casa, ni hogar, ni nada que me asista. He perdido mi sombra en alguna bisagra de este patio. Mis vidrios no reflejan las palabras que digo. No consigo escucharme. Se trata de otra cosa. Se trata de partir.

Así

Voy de mi corazón a mis asuntos
Los infinitos pasos.
El silencio.
La tristeza del día.
La ausencia.
La muerte como un hilo.
La duda.
El exilio.
La hora insuficiente.
El miedo.
La cabeza que ataca.
La mirada que cede.
Lo que está acá.
Lo que está allá.
El amor que rescata.
Pese a nada.

domingo, 19 de mayo de 2013

Las gallinas con cuernos

Era la 1:22. Lo sé porque miré el reloj. Vos dijiste que, cuando eras chico, había gallinas con cuernos. Te miré y me reí a carcajadas. Se llaman rinocerontes, dije entre lágrimas. Es verdad, me aclaraste. Ay, mirá si las gallinas van a tener cuernos. En mi vida supe de otra cosa que crestas y picos, pero cuernos. La voy a encontrar y vas a tener que pedirme perdón. Me estiré y tomé mi teléfono. Entre risas te dije, Cuando éramos chicos, la vida era un entredicho. Por suerte ahora podemos buscar la imagen que dirima este asunto. La describiste, Era grande, alargada y con pintitas blancas. Tecleé "gallina con cuerno" y efectivamente obtuve una serie de imágenes de batarazas y algún que otro rinoceronte. Poné "aves de granja", exclamaste. Y proliferaron gansos, patos, pavos, gallos, y más gallinas. Ninguna tenía cuernos. Voy a probar con "ave de corral". Y ahí apareció, entre los mismos pájaros comestibles, un ser extraño de cuerpo parecido a una pera, crestas rojísimas... Y sí, un cuerno. Pido perdón a vos y a las gallinas de Guinea, que, efectivamente, tienen cuerno.


Quiero escribirte un poema de amor

  Para  Claudio

Quiero escribirte un poema de amor. Unas palabras que hablen, en definitiva, del puchero preciso e intuitivo, de las gallinas con cuernos y de la leche en cartón piramidal de las Tres Niñas. Du chocolat Banania, y'a bon. Un poema que diga tantas cosas, empezando por los mosquitos de calendarios errados y los cazamosquitos que acaban con su furia. Un poema que nombre las montañas y los lagos, las islas, los ríos que desbordan y sumergen los árboles. Un poema que sea una ola de risas, de platos que se lavan, de perros que paseamos, de un gato que juega y se aquerencia en mi regazo. Quiero escribirte un poema que diga las cosas que te digo en secreto, los vidrios de una casa suburbana y el tren de zona sur. Quiero escribirte: a vos, a tu abrazo, a los besos que se ciñen mi cuerpo, los que suben por mi espalda traídos por tus labios. Quiero escribirte un poema de amor con tu nombre y tus ojos, con tu música de domingo, con tus relatos y tus silencios.  Pero no sé decirlo y busco en mi cabeza las palabras que digan que  cómo es esta suerte de haber mirado, que me miraras y fueras vos. Quiero escribirte un poema de amor que diga que, en el azar infinito del mundo, en su larga distancia, en su tiempo curvado, en sus miles de sitios, en su horda de reinos y repúblicas, en lo posible de que hubieras estado allá, donde el mar era otro, vos estuviste allí, en esa mesa y lo primero que hiciste fue tomarme la mano y nunca la soltaste porque, en el día, hay dedos transparentes que acarician mi pelo, que me arropan las veces que me duermo en mi casa. Y no puedo concebir ya la idea de que pudiera haber otro ser en la tierra al que esperar cuando se hace de noche para que me cobije en su abrazo y dormirme riendo. Quiero escribirte un poema de amor que diga que te quiero como no quise antes -aunque yo sí que quise, intensa y verdadera-; pero las palabras se hacen gotas y llueven sobre la pantalla donde voy y vengo en medio del huevo de luz en que te digo. 

(Dibujo de Leandro Lamas, dibujante gallego)




sábado, 18 de mayo de 2013

Amanecer de un sábado de mayo

El silencio tiene gránulos de sonidos lejanos: una burbuja en la que se dora  de amanecer la hora. Oigo mi voz como una cinta de raso amarilla enlazándose en mi garganta. He bebido café mientras un gallo lejano canta y recuerdo la canción que le cantaba a mi hijo cuando era pequeño: "El gallo pinto no pinta. El que pinta es el pintor, que, al gallo pinto, las pintas, pinta por pinta, pintó." Las casas son secretas en la madrugada. A esa hora insólita en que los seres de una ciudad duermen: solos, abrazados, peleados o amigados con su propia existencia; ese momento en que aún se está en otro sitio y hay tanto de cuerpo indefenso y entregado; esa hora en que la guardia se baja y el corazón está desguarnecido y trémulo. Hasta los vidrios se empañan como si fueran ojos que vuelven de algún sueño. Es casi invierno ya. No puedo recordar el otro mes de mayo, ni todos los que fueron pasando hace tiempo. En esta madrugada solo existe el presente que se ha significado con sus ritos de sábado. Debajo de la ducha he pensado en mis muertos y la hora que crece como una enredadera entre mis piernas: todo el milagro que encierra tu mano en mi cintura cuando cierro los ojos y caigo, mecida por tu abrazo, en la ola perfecta de mis sueños. Ahora escribo. En un rato volverás de tu dormir profundo, haré café, oíremos la radio y empezará el sábado de mayo. En un rincón del mundo, mis muertos, abrazados, se sonríen. Están contentos con el invierno presente, con mis ojos de fuego, con mi alma de pájaro.

viernes, 17 de mayo de 2013

El general Videla en su laberinto

Dicen que pretendía que lo dejaran entrar al paraíso, que amenazó a  a la Sagrada familia con sacarle al  niño y entregárselo a unos mercaderes del templo. Dicen tuvo que salir san Pedro y sacarlo a patadas. Entonces bajó hacia los infiernos, pero el mismo Lucifer le informó que lo suyo...vea, mi general, ha sido demasiado. Y ahí anda yirando por la nada para siempre, sin nadie, ni un perro miserable que le ladre.

Las cosas como son (segun los pajaritos)

Quiero contar las cosas como son: un día me gorjeó un pájaro en el borde del cuello y se posó a beber agua en el hueco de mi clavícula. Desprevenida, lo dejé que anidara, que hiciera una casita y me esperara cada día con su canto de lluvia, con sus plumas de espuma, y sus ojos de mar. Cuando me di cuenta, ya era tarde: yo  iba cantando por la vida, comprando semillitas para que fuera feliz entre mis manos, para que me cantara sus historias de vuelo, sus relatos de pajaritos felices y de aleros. Y un día, de pronto, el viento del verano entreabrió la ventana y él, volando desde el cielo, me dijo que intentara; y yo, temorosa primero, pero lanzada luego, abrí los brazos y me di al aire. Vi las casas arriba de los techos, las plazas, las montañas. Él, mientras tanto,había aprendido a hablar y me contaba que el amor es un milagro que crece y se hace vuelo.

jueves, 16 de mayo de 2013

Entre tus cosas

Hace tres horas que él se ha ido. Yo me he quedado acá: he ido al mercado, he cortado verduras y las he echado en la olla. Lenta, la casa se ha llenado de aroma a mediodía como un tren repleto de sol. He leído Barthes y con él ha muerto el autor. Borges me ha contado de la poesía de la palabra luna y la felicidad de la literatura. He armado las páginas del libro y estuve un rato al sol otoñal. Él  volverá en un rato. Pondré la mesa al sol y lo escucharé hablarme en su lengua que siempre es esta, pero trae los ecos de otra que habló durante tantos años. Las horas solitarias han estado cargadas de su presencia y la luz que entra por su casa de cristal en el sur de Buenos Aires. Hace tres horas que trabajo con la alegría de que hay esa misma luminosidad en el vínculo que nos une y abraza. Voy y vengo entre sus cosas y es como si hubiera estado con él desde que se fue, tres horas atrás.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Alas

El amor es una olla luminosa donde se unen los fragmentos de una que andaban dispersos por ahí. Tengo un alas de golondrina en medio de la espalda que oculto día a día. Cuando tus dedos rozan suavemente mi plumaje azulado vuelo hacia el sol.

martes, 14 de mayo de 2013

Secretos

Cuando pases tu brazo por mi cintura y la ola de la noche nos devore en el sueño, te contaré uno por uno los secretos que yo tenía y que te pertenecen. Los peces se mueven en el silencio nocturno y duermen entre mis piernas. Voy a cosechar estrellas para que iluminen suavemente nuestros sueños.

Sueño

Mi sueño es que vos y yo durmamos en el rincón azul de mi escritura.

lunes, 13 de mayo de 2013

Entonces

Hay un instante del día en que te pienso con añoranza y me consuelo imaginando que, en ese exacto momento, vos estarás añorándome también.

domingo, 12 de mayo de 2013

La chanson du dimanche

Es sol entrando por la ventana.
Es un gato dormido en una silla.
Es una mesa.
Es tu brazo enlazando mi cintura.
Es un dulce de frambuesas.
Es un pájaro que canta en algún sitio.
Es una perra que mordisquea un cordón de zapatilla.
Es tu boca hablándome en la espalda.
Es una taza de café.
Es el agua que corre. 
Es un día de gloria.
Es un domingo más.
Y mejor.

García

Arrastra su historia de gato desplazado, del que nunca fue querido y entonces elige no querer: solo para soportar con estoicismo el abandono. Pero la vida es sabia y compensa. Siempre. A mí me quitó a Gómez que era el gato más querido y querible, el que se dejaba acariciar y lo pedía, el que conversaba a toda hora y se metía en el baño para seguir hablando sin parar. Nunca otro ocupará su lugar. Sin embargo, he aprendido, con mi historia de pérdidas y dolores, que el corazón es un músculo que crece a fuerza de querer, que alguna moradas se clausuran y en ellas guardamos recuerdos que, de vez en cuando, entramos a mirar; pero, cuando entornamos una puerta, sopla un viento que abre de par en par otro lugar. Y aquí está García. En esta casa, donde todos están durmiendo ahora, él y yo compartimos la silla. A lo largo de todos estos meses, los dos hemos aprendido a comunicarnos. Mi intención -como siempre- ha sido reparar. He puesto mi mano para que él buscara la caricia, he esperado cuando era solo un roce, le he dado leche y no me he enojado cuando dijo que no. Ayer, como quien no quiere que nadie se dé cuenta, García pasó de mi silla a mi regazo, apoyó sus patas en mi pecho y se quedó allí. Lo acaricié un largo rato entre sus orejas, en el borde de su cuello, por su lomo. Entrecerró los ojos y se dejó estar todo el tiempo que su personaje de gato arisco se lo permitió. Luego pasó detrás de mí y se durmió entre mi cuerpo y el respaldo de la silla, como está ahora. He conquistado una morada en su corazón y lentamente despego de su historia la capa del desamor.Que es como decir que el amor también me está reparando a mí.

jueves, 9 de mayo de 2013

Tu nombre y el mío

Dije la espesura de tu nombre. Pesé el color de sus sílabas y el perfume de todas sus vocales. Lo miré a contraluz. Corrió tu nombre en el tiempo haciéndose profunda marca de fuego en mi cintura. Durmió a la noche apoyado en mi nuca como si fuera un nido. Me acompañó, arropándome, a hacer café en la madrugada. Lo guardé entre las sábanas para que no sintiera frío y le conté secretos que solo yo sabía. Luego lo puse junto al mío y caminaron un largo trecho hablando. Al llegar a la esquina los dos se abrazaron, dieron la vuelta y desaparecieron. Entonces nos miramos, desnombrados y todo, y nacimos de nuevo. El mundo estaba tan lejos que latía en la sangre que teníamos. En los ojos nos veíamos como si fuera el primer día de todos los días que vendrían: vos, yo y la vida que crecía como una enredadera verdísima y oscura. Entonces dije tu nombre como si antes no te hubiera nombrado; y vos dijiste el mío. Y en nuestras bocas los nombres eran nuevos: tenían la altura de una montaña lejana y espejada, de peces que danzaban en el agua, de un verano cercano: de la vida.

miércoles, 8 de mayo de 2013

El día que ya fue

A lo largo del día me reiré con los chicos, viajaremos juntos con Marco Polo, veremos morir a Enkidu otra vez con Gilgamesh, pensaremos en esa ida a Venecia de la Gringa y nos deslizaremos por los sustantivos hasta llegar a los verbos en el punto final. A lo largo del día me subiré a trenes y colectivos, entraré en subterráneos y caminaré por las calles frías de Palermo al atardecer. A lo largo del día conversaré, escribiré cientos de palabras, pintaré algunas cosas,  imprimiré archivos, beberé café, comeré ensaladas, querré dormir un rato más. Me diré que los días de trabajo son largos, que falta mucho para que regrese a casa, que tendría comprar algunas cosas, que debía pasar por el banco, ir al médico, llamar a los amigos y siempre falta tiempo. Leeré en los viajes, escucharé la radio. A lo largo del día, entre tarea y tarea, te pensaré. Y tu memoria me envolverá con el hermoso peligro de su risa, con la paciencia de sus abrazos hasta que al fin, de noche, apoye mi cabeza entre tus brazos y te cuente la historia del día que ya fue.

martes, 7 de mayo de 2013

Celebración

Los organismos de tu ternura se multiplican y ruedan con sus patas infinitas en mi vientre. Del corazón sale otro corazón que explota como una luz fosforescente entre mis dedos.  A ver si los límites se ahogan en el fuego y me disuelvo una vez más como si fuera roca hirviente. En la llanura de tu lengua galopan los caballos de mis besos y tu mano dibuja pájaros azules en mis rodillas. El tibio olor del cuarto, la sed intempestiva de la sombra, el hueco del calor y la confianza que nos crece como un gorjeo interminable y cantarino: ese es el fulgor en que el amor se hace un orden necesario y anochece. Después de tantos meses llega mayo con su hermosura corpórea a llenarnos de otoño: la ligereza de la gracia.

Resplandor

Hoy -en la distancia semanal- sentí tu mano acariciar mi corazón de pájaro y me estremecí.

Velocidad

Me falta tiempo.
Me suenan las entrañas de los segundos que me trago sin poder masticar.
Las palabras no tienen círculos y me revolean como aspas alrededor.
Estoy despojada de sustancia a la que asirme y los faros se alejan como kilómetros presurosos a gran velocidad.
Después olvidaré el lugar donde dejé los soles.
Y gritaré de ira hasta volverme azul.
Estoy enferma del momento que no logro alcanzar.

lunes, 6 de mayo de 2013

Una casa

Quiero una casa con puertas.
Una casa de cristal por donde el sol penetre y se moje de lluvia.
Una casa que, por las noches, se perfume con olor a olla y a sartenes.
Una casa donde estés y me hables suavísimo hasta que yo me duerma en tus brazos.
Quiero una casa con puertas.
Abiertas puertas hacia un cielo azul.

domingo, 5 de mayo de 2013

La mesa

Solo vos sabés por qué yo escribo esto. 
Solo yo sé por qué vos dijiste eso.
La mesa tuya. 
Tu mesa. 
La mesa en la que vos ponés tus planos, tus estructuras en papel y blanco y negro, tus casas. 
La mesa en que ahora dibujo, escribo, pinto, dejo mi cámara, mi teléfono, mis lápices.
La mesa que te invado, te robo, te ocupo.
La mesa que me alberga, me protege, me alegra.
La mesa tuya.
Tu mesa.

Debajo de la lluvia

Cuando yo era pequeña, el miedo tenía el rostro de mi madre. No lograba entender qué artes conjuraba para que los platos volaran cerca suyo o se despeñara escaleras abajo tras el empujón de un violento fantasma que nunca yo lograba vislumbrar. Después me fui de esa casa. Era temprano en mi vida y nunca logré ser la hija que la locura de mi madre hubiera querido. Hubo un día en que abandoné la empresa porque ni los diplomas ni las dulzuras calmaban la Erinia que ella era. Siempre creí que el mundo vería en mí eso que no era, que no lograba ser: siempre la falta, el hilo sin nudo, el ruedo desflecado, la hilacha inconducente. A fuerza de desear que ella me amara, me fui reconcentrando en mi propia cabeza: mirar de frente los vuelcos que me daba, sobreponerme al hilo rojo que me ataba a la herencia del sexo (la única mujer después de ella), intentar caminos diversos para ser madre y ahogar de amor (igual de inútil e inconducente). Quise ser otra siempre y cuando me miro tengo una intensidad de signo diferente, pero tan hiperbólica como es la de ella que no media, que no se detiene, que arrasa mi piel con su alarido y escarba, escarba hasta encontrar la piedra negra y alzarla ensangrentada. A veces intento ignorarla, hago de cuenta que se ha muerto en algún recoveco de la historia, pero tiembla en mí su palabra como un dardo y me deja desnuda y solitaria, como a los cuatro, debajo de la lluvia.

sábado, 4 de mayo de 2013

Intimidad: él duerme

Vislumbro el día gris deseándose azul. Y un silencio de campo poblándose de pájaros. La perrita lloraba de soledad y se calló ovillada en el calor dormido de sus adultos. Yo leo -esa forma de saber que el otro existe y me dice lo que yo necesito saber-; la #Palabra me traspasa y me inunda de menudas revelaciones que son goterones de luz en mi cabeza que aún no sale de las mantas. Él -liberado de mi rutina de madrugadora laboral- duerme y su respiración roza mi cuello de lectora. Amo los amaneceres de invierno cuando vienen seguidos de permanecer bajo las mantas. Él exhala e inhala con ritmo lento y profundo, y mis piernas se enredan en las suyas ahora que escribo que estamos anudados en el gesto de confianza que es dormir con otro que no nos hará mal. Siento su brazo atravesar mi cintura y su mano que descansa en el brazo con que sostengo el teléfono en el que escribo, letra a letra, sobre la entrega que es el sueño: ese peso que se va liberando en el otro que lo sostiene y, a la vez, él también, se libera al ser sostenido. De todas mis emociones, ninguna es tan pura como este momento en que él duerme y yo escribo su dormir.  Después él se dará vuelta, yo dejaré la letra a letra de este celular y apoyaré mi mejilla derecha en su espalda y en esa almohada tal vez me dormiré.

jueves, 2 de mayo de 2013

La hora de irnos a dormir

El amor abre colibríes en bandadas verdes sobre las flores amarillas y unas hierbas crecen en espiral en el borde suavísimo de las olas. A contraluz se ven las nervaduras de los besos que nos quedaron pegados en el doblez del aire. El amor hace cuerpos de lo que fueron ilusiones y se desnuda en una risa sin fin que da la vuelta y anuda los brazos como cintas que gorjean sobre los árboles en los que colgamos la ropa que nos sobra a la hora de irnos a dormir. 

miércoles, 1 de mayo de 2013

Una frágil sensación

Acepto mis límites. Tengo una frágil sensación que me atraviesa. A veces no sé cómo jugar y me equivoco. Se me velan los ojos y no puedo comprender con claridad. Nunca dije cómo me duelen ciertas cosas porque el tiempo me ha enseñado a pasar por lo anecdótico y nadar en lo esencial. Por supuesto que me gusta ser la que todo lo puede; pero-cada vez más- me canso y me siento a pensar en el cordón. No deseo tener los vestidos planchados a la espera de que me llegue la hora de vivir. Es tan complejo todo: hay vínculos que son como telas de araña que no logramos empezar a cortar. Tengo un corazón sedoso como la lluvia y unos zapatos de charol para bailar. A veces me demoro de este lado de mi corazón y no hay más que un dedal que zurció una y otra vez las rendijas por donde las hadas de lo siniestro querían ingresar. No es cierto que ese amor sea incondicional: todos los amores se construyen sobre las leyes de la causalidad: incluso la maternidad. Sé lo que nunca podré hacer: o lo que, al menos hoy, supongo que no alcanzaré a realizar. Lo cierto, lo único verdaderamente cierto, es que algún día -no tan lejano- llegará la muerte y no deseo que me quede nada por vivir. Las ideas se me amontonan en la cabeza, pero no llegan al corazón. Voy y vengo con una frágil sensación que me atraviesa. Yo quiero ser feliz.

Es primero y él duerme

La mañana se introduce por las rendijas y estalla como hna burbuja de luz sobre mis párpados. Es primero, me digo. Él duerme. No voy a "hacerte" atención, me dijo. Como a una niña molesta que pretende que todos se despierten con ella. Pero yo hago mundos en el silencio. Lo dejo dormir mientras preparo café. Cuando regreso, él respira pausada y profundamente. Bebo de mi taza mientras mis dedos libres juegan en la pelusa de su nuca. Es primero y yo pienso en Homero, en el examen que prepararé de Saussure y de Pierce y en tragedia clásica. Los pájaros quiebran el silencio. Dicen que va a llover. A veces pienso que no hay otra casa que una misma y me consuelo con las cajas de lápices que tengo allá y no me decido a traer. A veces me desespera necesitar cosas que siempre quedaron en otro lugar. Es desquiciante no poder ser "biubicua" y acceder a todo desde cualquier lugar. También se me da por pensar que ninguna solución me termina de conformar. Él emerge -momentáneo- del sueño y pregunta cómo va el mundo. No lo sé, digo. Debo acomodar mi desear a los parámetros que me ofrece la realidad. Es primero, me digo. Deberías dormir. ¡Qué estúpidamente fácil que tengo  el despertar!

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