domingo, 28 de abril de 2013

Entre muros

De tu muro a mi muro hay hilos tendidos que nos buscan.
Allí colgamos  los juegos, los regalos, las palabras sedosas y los ásperos verbos.
Se ventilan las risas en el aire salino, 
los bailes que se mezclan con el cielo,
los animales que se estremecen cada madrugada, 
los abrazos en donde no cabe ni una hoja de tilo,
los jardines mojados de cada atardecer.
De mi muro a tu muro hay silencios profundos repletos de miradas.
Quedan exentas las cosas que nos decimos a imprudencial distancia,
lo que es tan solo nuestro y todos desconocen.
El sol pasa entre todo y lo moja con su luz amarilla
y en mis cabellos despeinado ya se instala la noche para tejer mensajes de boca a boca y escribir con sus hebras de viento lo mucho que te quiero.

Desnudez

Una palabra me desnuda y no soy más que carne que tirita en la espera de que tu cuerpo venga a inaugurarme otra vez.

Toda corazón

Con los ojos cerrados escucho burbujas en mi carne, burbujas de colores y sonidos a cristal, entre mis huesos, adentro de mis músculos, debajo de mi piel. Mi corazón estalla y sus  pedazos se distribuyen por mi cuerpo a través de mi sangre. 
El amor me ha teñido de rojo, de rojo bermellón. Me paso las manos por el rostro, el cuello, el vientre y encuentro navegando los pedazos encendidos de mi corazón.  Navega feliz mi roto corazón que desea abarcar todo, apropiarse de todo, ser todo, todo corazón. Rojo eléctrico como los rayos de una tormenta venturosa y la lluvia me moja con su ruido de corazones estapándose en el hueco de mis rodillas por donde pasan todas las venas que van y vienen como campanas de bronce. 
Canta mi corazón en el borde de mis párpados, deslizándose por mis clavículas, anidándose en mis caderas. Pedazos rotos por donde debe ser, felizmente fragmentada de los pies a la cabeza que late como una flor de corazón en flor. 
Me dejo aturdir por el ruido con los ojos cerrados: no puedo oír otra cosa que mi corazón debajo de las yemas, en el filo de los dientes, en la humedad de mi sexo, en mi espalda descendente, en mis piernas de cáñamo. Ruido y pequeños suspiros y llantos y risas prudentes y carcajadas feroces. 
La unicidad es una historia repetida que no sé. Mis pedazos se aplauden, se mezclan, se rozan en su ser corazón abierto y voraz. Un batifondo de corazón que no se aquieta, que no cesa, que no amansa, desbocado, intempestivo. Hasta que cada fragmento despliega sus alas y me lleva volando hasta el hueco suavísimo de tu abrazo donde todo se vuelve a unir y logro ser toda un solo corazón. 

sábado, 27 de abril de 2013

Las chicas de Letras 4: adolescencia

Las chicas de Letras -cuando todavía no sabían que lo serían, aunque podían intuirlo- no conocieron chicos que les apretaran la cintura cuando las sacaban a bailar. Mientras otras se estremecían con boleros, ellas copiaban poemas de Neruda y esperaban que alguien les dijera que querían hacer con ellas lo que la primavera hacía con los cerezos. Las chicas de Letras -cuando despuntaban sus pezones en flor- lloraban desconsoladas, debajo de las mantas, en invierno, porque creían que ellas jamás serían amadas al punto de decirles "menos tu vientre todo es oscuro". A escondidas pensaban que "La violación de Lucrecia" era lo más pecaminoso que se podía leer. A veces se enamoraban de chicos imposibles que jamás estudiarían Letras, solo porque les gustaba sufrir. Desde que su corazón empezaba a practicar ya sabían que, para escribir, es necesaria una cuota de dolor; y en aquellos lejanos días, las chicas de Letras suponían que cuanto peor, mejor: la vida, luego, les enseñó que no. Las chicas de Letras jamás habrían dado un beso si no hubieran sentido que se les iba la vida en la boca. Por eso tal vez besaban poco a los catorce y más a los dieciséis. A ellas, los enamorados les encendían los ojos y les coloreaban las mejillas. La primera vez que un hombre les rozó la piel sintieron que fue papel incendiándose a Farenheit 451 y sus cuerpos se abrieron como margaritas al sol. Algunos podrán sostener que las chicas de Letras jamás fueron adolescentes. Yo sé que ellas nunca dejarán de adolescer.

Lectus

Voy a leerte:
pasando mis dedos por tus letras.
Litera(lmente).
Hasta que se agoten de estremecimiento los sentidos y los sonidos reclamen una pausa.
En voz que roce las alturas o baje hasta los barros donde el significado se mezcla con la sangre, se encharca, se hace vida.
Entrelineado.
Buscando recovecos donde se oculta el verbo, la voz que el vos no dice, pero sugiere intermitentemente.
Extrapolado.
En otro territorio que sea mío para que sea otro y las palabras corran veloces por la frase hasta el segundo exacto de la coma.
Con/nota/tivamente.
Para que seas otro y la serie que domina la lengua estalle de sentidos ya sin cadenas ni economía: una explosión un río un volcán una ola un alud de ígneos sustantivos, aquellos que sostienen lo que ha sido infable pero ahora se dice.
Voy a leer: lectus in lectus.
Una y otra vez.
Hasta que tus páginas se vuelvan transparentes.
Y haya que escribirlas nuevamente:
Círculo del lenguaje que acaba y recomienza.
Again.

viernes, 26 de abril de 2013

Pendientes

En el listado de los pendientes tengo:
el deseo inacabable de mi cuerpo,
la escritura que siempre sigue,
un mantel blanco un domingo a la tarde,
la lluvia sobre las horas verdes,
trenes sin fin por la orilla del agua,
la biblioteca infinita del maestro,
el diálogo que es dos bocas y un alma ensimismada,
lo que me falta siempre para llegar al día,
mi venturosa suerte,
mi aventada desgracia,
calmar el odio de aquellos que me odian,
multiplicar el amor y los panes,
y preguntarme cada día por qué no.

Llegar a ser

No sé si con el tiempo lograré ser aquella que deseo: liviana, voladora, frágilmente corpórea.
Sé, sin embargo, que no he dejado de ser quien siempre he sido: Rebelde, ingobernable, desatada entre el agua y el fuego que me habita, puro mar, pura tierra, con corazón de pájaro que late, de cuerpo plegadizo, intempestiva, con huesos de cristal y sangre a raudales, como un río desbocado hacia mi cabellera.
No tengo otro recuerdo que no sea este cuerpo que pongo día a día en la batalla.
Y sobrevivo, pese a todas las feroces dentelladas con las que me desgarro hasta llegar al corazón en carne viva y devorarlo con las fauces chorreantes de saliva y de miedo.

miércoles, 24 de abril de 2013

No es nada

Nada traje para el amor.
Solo un manojo de albahaca, una cazuela de barro, el murmullo de una lluvia de verano, mis relatos, el olor de la tierra mojada, un cuerpo pequeño como un pájaro, mi risa y mis manos.
Es casi nada, dije.
Otras podrían aportar sábanas de hilo, suntuosas propiedades o vajillas doradas.
Yo no.
No tengo nada más que mis palabras.
Es casi nada, dije.
Pero te lo ofrezco si es que quisieras aceptarme.

lunes, 22 de abril de 2013

Confesión de cocina

 para vos, C.
Entre platos, cucharas y botellas de aceite,
entre ajos, cilantro y tomillo;
hay un secreto que querría contarte:
de todos los corazones que yo tuve, 
de los que deshice entre mis dedos 
y luego me habitaron como un hueco;
de la sangre que se me fue cayendo, 
viniste vos con tu trasluz, con tu risa que da saltos sobre mi piel despierta, con tus ramos de fuegos, con tu casa de vidrios temblorosos 
y me dijiste algo al pasar mientras entrabas al lugar en que yo me atareaba con delantal y manos.
Y no me importó ni la cabeza, ni el alma ni tan siquiera el trémulo aletear de tu cuerpo en mi cuerpo.
Me atraparon manteles, harinas amasadas y levadas, azúcares y pasas, chocolates y frutos: la cocina que huele la alquimia de la cena, las copas brillantes en la mesa, las cuchillas que cortan, que rebanan; el perfume preciso de pasteles y carnes. 
Si yo perdiera de pronto la escritura, si me fueran negados los colores, las palabras... que no me fuera quitado el don de la cocina para regalártelo cada día en que la luz cayera y yo hiciera tu cena.

Enredados en el amor


En la sustancia ferrosa de mi alma creció una llama, gota de fuego espesa entre las aguas de la fiesta. 
Doble el deseo que bordea la lengua en su sendero libre y lo moja la lluvia con el oleaje movido de los ojos. Digo que sí y la fiebre del instante magnífico fue dando tumbos hasta mi pecho abierto en el que te asomaste. Entre tus dedos tomaste las orillas de mi sangre y las corriste hasta acercártelas como un abrigo en las noches de otoño. El árbol me crecía y me rodeaba de los multiplicados telares de tu amor que era una manta suave sobre mi cuerpo tibio, plegado y desplegado con sus huesos de nieve. Me cantaste al oído para encantarme con la danza de una noche acostada en la medianera de los jardines, y los rastrillos peinaban la tibieza. Si entorno mis pupilas, te veo bailar en la puerta de la cocina e hilo el tiempo con agujas de risa que supieron volar. Tocamos el amor con nuestras bocas y nos enredamos para dormir entre caricias.

domingo, 21 de abril de 2013

Domingo a la noche

Plumas satinadas.
Piedras traslúcidas de agua.
Pupilas esmeriladas donde quedan los sueños.
Pozos de agua umbríamente verde en que hemos bajado a bebernos.
Puentes de mármoles azules para alcanzarnos.
El día que se enrosca en su nocturna boca.
La luna como una luz neblinosa en el viento.
Golondrinas pequeñas en los dedos;
y rocío de besos en los labios.

Partida de dados

No te hagas la serpiente.
Hace rato que vengo escuchándote.
Silente y reptante entre las piedras pulidas del verano.
Tengo la vista aguda y observo el cambio de luz cuando pasás.
No hubo ni un momento de sigilo que me pasara desapercibido.
Decime las palabras que han dejado líneas negras en el borde de tus labios
y terminemos esto de una vez.
Son frágiles los rebaños de desdichas y deberías sentarte a ver caer el sol.
Conversemos: tal vez entiendas que no hubo nada malo en lo que ya tenía fin.
Sabés donde duermo, con quién como, de qué cosas se atraviesan mis sueños.
Te toca tirar: con los dados pasarás a la siguiente casilla.
Te deseo -pese a todo- la felicidad. 

sábado, 20 de abril de 2013

De cómo es el amor

El sábado se curva
y,
a saber,
salimos indemnes de:
las preguntas inocentes que abren huracanes,
las palabras vehementes que son lanzadas al aire y explotan,
los embotellamientos fatales de ida y de vuelta,
las conversaciones que no son casuales y desencadenan causas,
los textos trágicos que se aligeran,
el reconocimiento de la soledad ontológica y su trasmutación en fértil compañía,
el abrazo que todo lo cobija y lo protege,
el pasaje del enamoramiento al amor que es como decir un mar profundo que no tiene fin.

miércoles, 17 de abril de 2013

Palabras de madrugada buscan lugar para vivir

A las 5:50 me senté en sus rodillas. Y le dije algunas cosas en el oído. Eran palabras suaves y delgadas como brillantes gusanitos hechos de sílabas de luz y lentejuelas, de letras oxigenadas con alas de colibríes, de pausas como pasos pequeños en la tierra mojada. Y las palabras que yo dije entraron por su oreja, se asomaron por sus ojos y bajaron nadando hasta su corazón donde vivirán hasta el viernes en que otras nuevas les pidan lugar para vivir.

Miércoles

Estar aquí,
en la cocina caliente de este miércoles.
Reír sobre el mantel de la mañana.
Cruzar de sur a norte la ciudad,
de noche a luz,
de vos a tu voz en mi boca.
Llevar en mis brazos tu último beso de avenida
y criar el deseo para que crezca
y me invada la sangre.
En el silencio de la semana crecen hadas
y vuelan sobre las aguas,
encienden las fogatas
y danzan por las montañas del verano que vendrá. 

martes, 16 de abril de 2013

Extrañeza

Los últimos campanazos y se cerró la puerta.
Nadie quedaba afuera, solo los intrépidos navegantes de la noche, esos que se mueren de frío bajo la lluvia pero no dejan de caminar.
Revolvió el café.
Y dijo: "Menos mal que mañana será otro día. A este le sobraron minutos por todas partes."
Se le saturó la cabeza con los recuerdos anegados de su vida.
De toda su vida.
Así que fue al lavabo, abrió la canilla y dejó que el agua se llevara todo por el sumidero.
Cuando se sacudió, las gotas pegaron contra el espejo y lo reflejaron: mojado, vacío, desligado.
Se vio en los vidrios múltiples y lloró: su piel estaba muerta.
Nadie sería capaz de resucitarla.
Y la extrañó.

lunes, 15 de abril de 2013

Insomnios

Había hecho atún a la plancha con un hilo de oliva y ajo, y un gratín de berenjenas. Comimos mientras espérabamos los resultados que no llegaron y nos dormimos. A las tres y media, inquieta, me desperté. La cabeza me rodaba como un carrousel. No quería despertarte así que me levanté. Pensé en hacerme un té, pero me puse a escribir en mi libreta. Maldita sensación de desarraigo que me atraviesa y me parte. Fragmentos que se dividen en dos y termino no sabiendo bien de dónde soy. Un vacío de madrugada que debo atravesar para salir hacia la superficie del sol. De pronto me he quedado sin espacio y soy pasajera en tránsito del frío al calor. Soy un alma de raíces dadas vueltas que busca inconsolable una razón. Cuando vuelva a dormir encontraré las respuestas que conjuguen el aquí y el allá. O quizá no. Como fuera hay días que son nudo y pasadizo. Y yo que no sé hacia dónde volar.

domingo, 14 de abril de 2013

Verdes

Fue sangre y un río de agua y viento en medio de los huesos mientras yo te escuchaba y vos hablabas. Después la piel se llenó de líquenes que nos creían en las yemas y lloré lágrimas de jade porque nos íbamos poniendo verdes: nilo, hoja, aguamarina...esperanzadamente verdes como brotes de lluvia que se llenaban de sol en el domingo espléndido. Mi corazón bailaba en el hueco de tu palma y le soplabas aire para que se encendiera en tus sueños. Y danzara como una bailarina de esmeraldas y plumas. Me desnudé las pieles sucesivas hasta quedar en carne viva, pero no me importó porque, en tu abrazo, la luna no podía lastimarme con su luz poderosa. Al final, cuando los perros callaron sus aullidos, me miré en tus ojos y seguíamos verdes: hierba, árbol, pozo umbrío. Entonces supe que te amaría para siempre mientras tuviera vida.

Las dos ancianas y el hombre de la rue Mouffetard

Hace unos cuantos años, yo estaba en París. Era diciembre y caminaba sola por el Jardin des Tuileries. Era un domingo por la tarde, en el mes de enero. Hacía mucho frío y había escasa gente: algunos niños flotaban unos anacrónicos veleros de madera en una fuente circular, parisinos con cara de hastío paseaban sus incontables perros y un par de turistas soportaban el frío con el estoicismo de los escasos días que tenían en la ciudad. Yo estaba estudiando, así que salía, de vez en cuando, a despejarme y dar vueltas por la ciudad, desde mi pequeña habitación de rue Mouffetard, cerca de la Place Saint-Médard, donde estuve casi un mes. En mi paseo distraido, mientras pensaba en Benveniste y las teorías de la enunciación, las vi. Tomaban el té en una de las confiterías del parque, un perro -que recuerdo color canela, aunque tal vez fuera negro- dormía sus pies. Tendrían aproximadamente setenta años, estaban maquilladas como si en eso se les fuera la vida, muy abrigadas. Lo que más me llamó la atención -eso sí lo recuerdo con precisión- era que las dos tenían unos sombreros muy adornados con flores de paño y plumas. Y hablaban mientras tomaban el té sin haberse quitado los guantes. Me senté cerca, con un café y las miré un largo rato: en realidad eran dos niñas jugando a ser ancianas. Sus gestos pertenecían a un pasado que ya no era. Recuerdo que, en ese viaje, yo había descubierto la tumba de Marcel Proust en Père Lachaise y caminaba por París, como en un trance, quizá en busca de mi propio tiempo perdido. Las dos viejitas tomando el té me parecían la señora de Villeparisis y la duquesa de Guermantes,  sumadas y multiplicadas. Finalmente, tiraron del perro y se marcharon caminando bajo el cielo grisáceo de París. Yo me quedé un rato más, antes de regresar a mi habitacioncita, desde cuya ventana, yo veía al hombre de enfrente, de camisa azul,  que tomaba una copa de vino al atardecer junto a su lámpara verde. Me apuré porque no quería perderme aquel momento de intimidad que él -sin saberlo- mantenía cada anochecer conmigo.

sábado, 13 de abril de 2013

Cómo hacer un rollo

Alga
(¿me estará mirando?)
Arroz apretado
(yo creo que sí)
Queso Finlandia
(¿y si no me está mirando?)
Salmón
(¿le hablo?)
Palta
(no, ¿cómo lo tomaría?)
Mango
(pensaría que estoy...pero si no le hablo, soy una tarada)
Se enrolla
(siempre la misma idiota. no cambio más)
Hasta que queda el roll
pegadito
pegadito
con toda la historia adentro.
Y el tipo afila el cuchillo
lo pone en la tabla
y lo corta
(me voy... para qué sigo acá)
Lo sirve en un plato
(nunca consigo comer)
Y la mesa está puesta

Por qué te quiero

Te quiero porque hay sol o lluvia, porque los choclos se volvieron repentinos y amarillos, porque la risa es infantil y abunda. Te quiero por los besos, los abrazos, por la distancia exacta, por el ovillo nocturno y las caricias. Te quiero porque barro las hojas y parece que llegará un zapallo convertido en carroza, por el oso que baila con el anillo en la nariz cuando me hacés oír esta canción. Te quiero por la pescadería y pensar en cocinar cada día, porque amaso y me regocija la harina, porque meto las manos en el agua y está fría como en una montaña. Te quiero porque cantás boleros, porque traés historias y me mirás si rallo zanahorias; porque algo pasó y nunca tuve miedo, porque sos algo así como mi casa -ese lugar en que soplan los vientos del invierno, pero se está caliente y segura y contenta-, porque miramos películas de lágrimas y nos abrazamos para que pasen pronto, porque aceptaste mis dolores y yo misma he dejado de pensarlos, porque es siempre un juego estar con vos, treparme como un mono a tu cuello y enlazar mis piernas en tu cintura cuando llego, porque mi cuerpo es un pájaro liviano y cabe sólo en el hueco de tu sueño. Te quiero por todo eso; y porque te quiero.

Es la baba, Oliverio, su baba, la esfervescente baba...

La baba que bordea, sinuosa, transparente 
La baba salivosa que empapa, que bordea, que cae. 
La baba que sabe a caramelo, a sol, a lluvia sobre la hierba verde.
La baba que crea caminitos, senderos en la piedra, burbujas en el aire.
La baba regocijada, feliz y medio atropellada.
La baba masticable de frambuesa, melón o mandarina.
La baba de la siesta, de la almohada mojada, del edredón con frío.
La baba de los dientes que salen, que muerden, que patinan.
La baba de la lengua que paladea, gira, rodea.
La baba que canta gorgoritos, que limpia la garganta, que resbala en el pecho.
La baba de colores.
La baba de perfumes.
La baba de sabores.
La baba del hambre y la mesa tendida.  
A ver, che, Oliverio.
Sí, vos, chabón.
¿Qué cosa no entendiste de la baba?

http://laberintodesombras-albe.blogspot.com.ar/2008/10/es-la-baba-oliverio-girondo.html
 

viernes, 12 de abril de 2013

La otra

Repaso los inequívocos gestos y sé de qué lado caerá la moneda que me tires.
Es previsible todo.
Hasta el teléfono que no suena.
Tus ademanes los leo como si fueran libros.
Creerás que te estoy escribiendo.
Lo hago.
Pero entendé lo que encierra el pronombre.
No sos destinataria del discurso, sino el acto enunciativo que produzco.
Te escribo.
Nacés como enunciado solo porque te evocan mis palabras.
Fuera de ellas, no tenés existencia.
Podés desearme muchas cosas, pero si no te digo no estás viva en mi conciencia.
Así que ahora 
Hago silencio y te asesino.
Morirás, lenta y desangradamente, aunque sigas viviendo.
Tan simple como esto.

El microcosmos según Julieta

Dijeron los griegos que en el principio era el caos. Dijeron que fue necesario ordenar un poco la casa: eso de andar tropezando con un inefable revoltijo no venía nada bien. Así que Urano y Gea puestos a poner una cosa sobre otra alumbraron el cosmos, que orden y no otra cosa quiere decir para los aqueos, hacedores de todo, el vocablo. Y yo, que he trajinado la versión antigua de la lengua de Eurípides, sin quererla, ordeno los diminutos fragmentos de mi caos, les busco presocrático sentido, practico la catarsis como norma purificadora para liberarme a mí misma del castigo de mi clitemnéstrica Gorgona y me duermo en el pequeño cosmos que me enlaza a tu abrazo.
Y esto es una pura declaración de amor. A mi argiva manera.

Heterónimo/Pessoa hace escuela

Si Pessoa hizo de su esquizoide personalidad literatura y cultivó diversísimos estilos amparado en aquel Álvaro de Campo y sus disímiles amigos, yo podría bien ser esa que se hace llamar "la otra" y despacharme, con impunidad y alevosía de hiena o de carancho, sobre los restos mortales de mí misma.

miércoles, 10 de abril de 2013

Desaparecidos

Cuando se llevaron a Julián, yo tenía 16 para 17. Un año después me subía a trayectos interminables de colectivo porque pensaba que en alguna parada, él iba a aparecer para abrazarme como lo había hecho durante todo el tiempo en que estuvimos juntos y nos quisimos. Con esa incredulidad que trae la ausencia  de un cuerpo que velar, algún día debo haber aceptado que su desaparición era lo más parecido a la muerte que yo conocía por entonces. Los días siempre siguen para los vivos y yo soy una especialista en pelearle a la alegría para que me invada.
Pero la vida, a veces, me pone zancadillas y en la historia de un gato fugado trae los impalpables recuerdos del terror.

Debe y haber

He perdido veces incontables.
Llevo una larga cuenta y tengo el cuerpo marcado con viejas cicatrices.
No creo en la fatalidad, sino en las circunstancias;
y, cada cual, hace con ellas lo que puede, l
o que está a su alcance,
lo que le dicta su inteligencia y sensibilidad.
Si el valor de las personas lo marca la superación de sus dolores, yo debo cotizarme alto porque he quedado tan delgada de tanto lamerme heridas muy profundas.
Pero sigo creyendo
-a ciegas,
empecinada,-
en la alegría como bandera,
en la bondad última de todos,
en las ideas y las emociones.
en la entrega generosa y sin manipulación,
en las almas creativas,
en la posibilidad que todos tenemos de mejorar,
en tu risa,
en tus ojos como mares,
en tu abrazo nocturno que me aleja del mal que pudiera tocarme.
Y cuando cierro la cuenta,
-pese al desamor infantil, las desapariciones, las muertes sorpresivas y los extravíos-
el haber me empuja a seguir con una luz intensa en el mirar.
Siempre del lado de una esperanzada intensidad.

martes, 9 de abril de 2013

Pienso en vos

Vuelvo de noche. La luz es invernal y plateada. Pienso en vos mientras me llega el murmullo de las conversaciones telefónicas que mantienen los pasajeros del 113. Una señora, a mi lado, se anuda su pañuelo al cuello. El día ha sido largo y todavía no ha comenzado a terminar. Pienso en vos mientras los autos parpadean con sus luces reflejadas en el asfalto rojo. Todavía recuerdo las voces de los chicos leyéndome su mirada maravillada ante el lenguaje y mi sonrisa al escuchar. Pienso en vos y en la posibilidad de construir un mundo de tierra por el que el aire circule, el fuego caliente y el agua moje sin inundar. Me pregunto a menudo qué pensarán los chicos cuando leen, cómo se poblará su cabeza de color, de qué forma despertarán sus emociones con el roce de las palabras. Las voces de los pasajeros se han acallado y pienso en vos que vivís tan lejos de mí y en mí que vivo tan lejos de vos. Es una tarde en que deseo soñar.

lunes, 8 de abril de 2013

Gómez

¿Dónde se van los gatos que se pierden? ¿De qué azotea son deudores para siempre? ¿En qué hilo de leche queda suspendida su alma?¿En qué rincón de niebla se quedan acunados  y anudan la garganta para que no los oigamos?  ¿Dónde se alejan del regazo que les hizo de cuna? ¿Qué teja los deja resbalando en el recuerdo? ¿De qué cordón de besos y bigotes quedan pendiendo hasta el fin de los días? ¿Dónde nos están esperando para que hagamos un mortal equilibrio de sombra junto a ellos, de panza al sol? ¿Qué será de nosotros cuando sepamos que ya no los tenemos y la extrañeza sea un moño apretado que nos corta el cuello? Quiero pensar que volverás en medio de la noche, entrarás a mi cuarto y te harás un ovillo mientras sigo durmiendo.

Las memorias

Las memorias son cuentas que enhebramos en el hilo de nuestra identidad. A veces pasamos horas poniendo una tras otra. O las tocamos para cambiarle la textura a una que otra rispidez. Algunos días miramos la sarta con desasosiego y nada nos conforma: hay aromas que desentonan, gustos demasiado vagos, temperaturas que adolecen de exactitud. En otras oportunidades, las cuentas brillan y derraman tempestuosas su luz. Como fuera, nada de esas memorias podrìa ser cambiado, y, sin embargo, su secreto reside en su absoluta mutabilidad. Basta con que una nueva sensación reclame su lugar en el hilo para que el enhebrado requiera ser interpretado nuevamente una vez más. De aprender a leer los palimpsestos es que vamos tejiendo la historia que nos da la justa medida de carne y alma que dice "Esta soy yo".

Despertares

El aire cristalino de la madrugada se deshace en puntadas. Alguien ha abierto la puerta dorada del otoño y trajo consigo su extenso cuello de hojas secas. En la oscuridad de las estrellas matinales desayuno en la cocina infantil de mis recuerdos, cuando los pies no tocaban aún el suelo. En ese despertar tibio y semidormido te siento andar a mi costado y las palabras guardan su suavidad de edredón invernal. En apenas un rato me llevarás de la mano a la avenida y yo me dejaré conducir por el temprano camino del sueño.
Estar con vos es regresar.

sábado, 6 de abril de 2013

Kublai Kahn

Voy hacia Catay por la ruta de la seda. He dejado Venecia muy atrás. Como a aquel otro, mi ciudad solo me ha dado la oportunidad de viajar. Una larga travesía por las tierras extrañas del gran Kahn, los mercados del jade y el marfil y las montañas de la pimienta y el clavo de olor.Pero ya tengo la piel gastada y los labios partidos de tanto desear. Solo una cosa me sostiene en el camino hacia lo desconocido: el cielo que vislumbraré en tus ojos al llegar.

viernes, 5 de abril de 2013

Corte y confección

Los pedazos insignificantes de ayeres quedan pendiendo del borde. La aguja del presente los sujeta en el dobladillo del mañana.

jueves, 4 de abril de 2013

El agua

La lluvia es eso que te moja. Con liviandad, una piensa en el asfalto resbaladizo, en la piel temblorosa, en los ojos cerrados. Pero entonces se multiplica, cae con furia en los cuerpos de los mismos de siempre, los que pagan y pagan cada vez que les cobran que es todas las veces porque, pareciera, que vinieron al mundo a ser cobrados, azotados; y los barrios se anegan, forma elegante de decir que el agua los tapó, los ahogó, los mató como mata el agua: de podredumbre, de hastío de miseria; inundándolo todo con su paso de furia, desbordando los sueños que se hinchan de podredumbre y se dejan estar, a la deriva. Siempre es lo mismo. El mundo cambia poco. Algunos se llenan la garganta de palabras y cuando dicen les salen unos verbos desinflados que no amparan, no secan, no calman. A mí, que duermo calentita, que tengo mi plato de comida, que solo saqué unos pocos baldes y tuve luz y gas y teléfono, me resulta obscena la máscara con que algunos se adornan al salir a la calle. Y no es cierto que sea la hora de dejar la ideología fuera: esto sucede porque hubo un tiempo en que murió la ideología: que es lo mismo que decir que triunfó la ley del más fuerte, ese que no se inunda y mea a los que tiene abajo. Eso es política pura. La lluvia también cae injusta. Siempre. Es hora de cambiar: no la lluvia; sino la condición de los que viven de agua en agua.

De ahora en más

Yo nunca tuve patria, ese pequeño lugar en el que se extienden manteles y las horas pasan, mansas y cálidas, hasta el atardecer. Tampoco supe el color caluroso de la infancia y los abrazos que mecen los temores. No me quedó otra opción que lamerme las heridas que tuve, adoptarme desde pequeña y pensar que vivir era algo parecido a la casualidad. Eso es todo; el resto, más o menos lo de todo el mundo y la soledad elegida para sobrevivir. Entonces alguien teje con gestos y palabras un horizonte donde los pájaros se acunan y aprenden a volar. Todo se vuelve confiado color y una se despierta y se duerme pensando por qué no. Al fin y al cabo, se dice, así se está bien y la vida puede ser algo más que una arista o un filo que abra en dos la carne temblorosa. Esta noche he dormido tratando de pensarte junto a mí.

miércoles, 3 de abril de 2013

Una casa

Son paredes.
Por fuera,
que moja la lluvia;
que rozan los vientos;
que entibia el sol en invierno
y refresca la luna en verano.
Por dentro,
que perfuma la comida en la mesa;
que encienden las manos en las manos, la boca en la boca;
que endulzan las palabras.
Una casa es un mundo y una historia en la que estás.

lunes, 1 de abril de 2013

IIsakki Knife for fish & other things

Papá:
Hoy voy a contarte algo.
El jueves fue el cumpleaños de tu nieto. Por esas cosas de los festejos, una emprolija a fondo la casa. un poco más que habitualmente. Así que cuando me metí en la cocina, abrí cajones que vaya a saber desde cuando no se abrían y ahí estaba tu cuchillo en su estuche de madera, con su mango de madera y su hoja de acero finlandés. Y me dije que qué hacía yo con eso que había sido tuyo y nadie usaba. Ya sabés, viejo, cómo son los objetos bellos: si no se los emplea para lo que fueron creados, se mueren de tristeza, pierden brillo y se ponen opacos y olvidados. Tu cuchillo hacía veinte años ya que estaba envejeciendo. 
Entonces, papá, lo saqué del cajón y pensé en regalárselo. A vos te hubiera encantado lo que yo estaba haciendo. Porque él también tiene una mesa de trabajo como la tuya, alinea las pinzas y tornillos como vos con los tuyos, y hasta hay en su taller una garlopa como la que usabas cuando yo era pequeña y vos serruchabas cuando a mí me tocaba sostener la madera. Igual que vos, él a veces huele a nafta o aguarrás y eso me gusta. Así que ahora tu cuchillo, papá, tiene un filo nuevo (ya lo probé y se lo nota cortar muy contento), está feliz en un cajón del que ya lo sacamos varias veces y, por sobre todas las cosas, vos vas a decir que yo exagero, tiene brillo y color de satisfecho.

Territorio

En mi quinta sembré un limonero. Los primeros años no daba ni una flor. Al poco tiempo comenzó a llenarse de limones amarillos. Yo sacaba una silla y me sentaba a verlos crecer: primero los azahares que se abrieron como relámpagos blancos en la noche; después las gemas amarillas. Eso fue en las paredes de mi casa: día a día, semilla por semilla. 
Ahora el limonero crece solo.
Yo quedé extramuros.
Y añoro por momentos su viva luz.
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