martes, 27 de marzo de 2012

De cumpleaños

Querido mío: No puedo evitarte la pena de la indiferencia de quien debería tener tu mano entre las suyas, pero puedo contarte uno por uno los hechos que dibujaron la trama de tu infancia. Puedo decirte lo que vos ya supiste cuando caminábamos por las frías madrugadas de julio para calmar lo que debía ser calmado. Quizá la vida sea eso: estar. Quizá; pero nunca se sabe. Solo se trata de seguir andando. En los abrazos queda el palacio de las respuestas.

domingo, 25 de marzo de 2012

Querer quererte

Todos los peces acaban de desnudarse en el filo de la noche que ya está por caer.
Y yo, con los ojos abiertos, te miro llegar al centro de mi mundo -que es decir a mi alma- y hablar de cosas que se quedan y construyen ciudades en mis glóbulos rojos, y en medio de mi carne hay un cielo profundo, lento e inacabable, que traen tus palabras a mis frescas orillas. Vuelvo a ser niña tan solo para oirte: me recuesto en el hueco que me hacen los recuerdos y pájaros de plumas transparentes surcan el aire claro. Oigo el agua tejer una ruta de canales en medio del desierto y tu voz asesina una a una las hojas de mis miedos. Es tan simple querer quererte entonces que vuelvo a adormecerme: te escucho respirar.

Fuera posible


Quizá fuera posible que después del silencio haya otra vez la voz.
Quizá fuera posible que después del vacío haya otra vez el tacto que busca los espacios y los abre.
Quizá fuera posible que después de la boca cosida haya otra vez el beso y la calma en el aire que entra en los pulmones para llevar la luz.
Quizá fuera posible que después de la muerte -de esta, de otras, de todos los pasados que se fueron- haya otra vez el amor.
Quizá fuera posible que me llegue tu nombre, que me habite y me llame y que haya mañanas como si fueran siempres que no alcanzo a pensar.
Quizá fuera posible que haya otro ojalá.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Theoria & praxis

Pido permiso. No entro si no me abren. No llamo si creo que puedo interrumpir. Me arreglo con casi cualquier cosa. No me creo en derecho de reclamar nada. No hablo demasiado de mis deseos porque los llevo adentro y solo yo los sé. Lo que me dan siempre resulta suficiente. Y si elijo la soledad es porque creo que nadie podría preferir mi compañía. Quizá sea hora de parar y ponerme a pensar. Aunque tal vez sea hora de comenzar a actuar.

domingo, 18 de marzo de 2012

Lo que resta del tiempo

Quiero que sepas algo. No sé muy bien de qué se trata estar y suelo irme: de mí, de la vida doméstica, de las mesas tendidas que deseo como jamás otra cosa en el mundo, de las pequeñas gentilezas. Mi cuerda son las grandes confesiones, los momentos terribles, las emociones fuertes, la paz que nunca llega. Puedo cuidar, pero no tolero bien que me cuiden. Últimamente siento que el tiempo no dura para siempre y quiero tener la voluntad de cambiarme, de la compañía que está, de las palabras casuales -no los grandes discursos-, de la siesta, del silencio. Estoy harta de las desmesuradas tragedias, de los dramas que finalizan con una miríada de muertos, de los héroes que se entregan al sacrificio. Quiero el susurro de los cuartos en un relato costumbrista donde la gente ríe - a veces-; llora otro día -un rato apenas; no tiene profundas cosas que decir todo el tiempo; hace el amor y se duerme; cocina si tiene ganas y si no no cocina. Quiero sentirme viva los días que me quedan

sábado, 17 de marzo de 2012

Personae dramaticae

La función siempre termina. Se produce la catarsis según el grado de compromiso del espectador y luego, en ese infinito que se denomina vida, queda el vacío después de la función que es tan triste como el que acontece después de hacer el amor. En el borde del escenario, los actores se quitan los ropajes que los hicieron reyes, magos o desdichadas diosas y vuelven a ser Pedro, Susana, Roberto y deben pensar cómo pagar el pan, cuándo lavar las sábanas, por qué a sus hijos no les entra la matemática, cuánto deberán trabajar para llegar a fin de mes. Las luces se apagan una por una y en la penumbra los ojos humanos no alcanzan a distinguir bien. A veces, en las sombras, surge un ramalazo de luz; pero es tan fugaz que no alcanza a iluminar más allá de la distancia de las manos que palpan el aire para avanzar a tientas, siempre a tientas. Y Pedro, Susana y Roberto saben que aunque sea necesario un destino con el que pelear para transformarse en héroes, la vida no tiene ninguna significación más que la que dan los relatos que se cuentan para sentir que, cuando salgan a la calle, algo de la marquesina perdura aún. Se despiden con abrazos y caminan por las calles arrastrando los pies y apurando el último cigarro antes de echarse a dormir para no pensar.

domingo, 4 de marzo de 2012

La llave y los miedos

Una llave es eso: una llave. Un instrumento metálico que abre o cierra puertas, ventanas, cofres, diarios íntimos, maletas. Por eso cuando él puso la llave sobre la mesa en la que estábamos cenando así, como si nada, mi pregunta ("¿Qué es esto?") sonó, cuanto menos, algo idiota. Era una llave. Y eso fue lo que dijo.Yo me hice la viva (como siempre cuando las cosas se me escurren de la mano), es decir, puse distancia, hablé como si fuera una mona sabia ejercitando el sutilísimo oficio de la ironía que todo lo distancia y encapsula. "A mí no me vengas con la transparencia del signo", dije, "ya sabés que los símbolos, los íconos, los indicios..." "Después hablamos", dijo él. Y yo me llamé a silencio.
Debería tener -yo, porque a mí me refiero- cierta honestidad intelectual y afectiva para decir que ciertas ¿llaves? que abren y cierran, que marcan un afuera y un adentro, la libertad y la pertenencia me aterrorizan porque me enfrentan con lo que siempre temo: el cumplimiento del deseo. Una llave abre secretos, cierra temores, es un círculo mágico para que entre el viento y limpie los dolores y las penas. Después se hizo la noche, dormimos y llegó la mañana del domingo. Charlamos al alba con su hija, hicimos compras, almorzamos, él durmió una siesta y yo estuve leyendo: en fin, la mansedumbre que desconozco, que es doméstica con lo que domus tiene de cálido y de bueno. A veces tengo miedo.
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