jueves, 29 de septiembre de 2011

La menina

Te miro.
Vuelvo a mirarte.
Hay algo de hilo que se tiende, algo sutil que se anuda y se escapa.
Hay un telar de bocas que se mojan y dicen lo que sopla en el aire.
Te miro.
Vuelvo a mirarte.
Veo que me mirás.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

La rueda de la Fortuna


A la larga o a la corta todo se sabe...ya salieron a la luz tus amores con Emilio, Gracielita.

Cuando una mujer da sexo a cambio de poder, debería venderse al inmutable dios de los panteones del ayer. Solo él -dicen- permanece idéntico a través de los tiempos. Solo para él son impunes las momentáneas consecuencias de su ira descargada sobre los débiles. Solo para él es la esencia que, desprendida de su materialidad, no trasmuta jamás y no hace ceniza de su propio y personal fuego. Pero, para el resto de los mortales - los que aún viven y los que no, pero no han sido cubiertos por el manto piadoso de la muerte que nos convierte en algo mejor de lo que supimos ser- para nosotros, el tiempo es un factor de peso. No en vano los antiguos representaron la Fortuna con una rueda para indicar el cambio de la suerte humana: los que antes estaban en la cima son raudamente precipitados al abismo.
Quienes vendieron sus favores (curioso vocablo que interpreta la sexualidad femenina como una dádiva utilitaria sumada a un servicio del que parece ausente el goce revolcado), quienes vendieron sus favores, decíamos, al poderoso de turno deberían haber previsto el giro de la rueda. No hay imperio que dure mil años y los que antes torturaban cuerpos ahora caminan a las cárceles.
Y tras ellos, las mujeres que vendieron su cuerpo a los asesinos a cambio de una magra porción de su poder temporal y perecedero dan explicaciones de sus actos: la falta de costumbre las atornilla al banquillo de los acusados ahora que el tiempo ha menguado los favores que tenían para ofrecer. Las palabras, los gestos y las excentricidades las enredan: nada les queda de sus cuerpos y sus favores; pero sus ideas no mutaron y las arrastran hacia su propio ocaso.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Frase

¿Quién soy? ¿Cuál es mi Predicativo subjetivo obligativisísimo? ¿Qué predico de mí? ¿Dónde coloco mis múltiples circunstanciales y el único OD que me permite el español? ¿Soy un sujeto tácito? ¿O abusivamente expreso? ¿Cuántas proposiciones incluidas soy capaz de tolerar? ¿Admito un complemento: agente, comparativo, preposicional...? ¿Me acechan mis objetos indirectos? ¿Prefiero coordinación o yuxtaposición? ¿Me veo como una construcción endo o exocéntrica? ¿Impersonales, bimembres o complejas, según el grado de involucramiento situacional? ¿Adversar, disyuntar, consecutar o, simplemente, copular?
¿ALGUIEN QUIERE SEGUIR PREGUNTANDO PARA QUÉ SIRVE LA SINTAXIS?

Ofelia

Tener o no una madre castradora...¿he ahí la cuestión?
La cuestión es tener una madre: esa es la cuestión.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Bro

Escuchame en esta hora temprana en que todos duermen y mis susurros se oyen mejor: no hay ninguna posibilidad. De tanto andar de verbo en verbo me cansé: levemente, como suelo fatigarme yo; en un gesto que parece que estoy tomando aire para continuar. Lo digo y ya sé que no podrías escuchar que, entre líneas, entremezclado, estoy diciéndotelo para que lo comprendas. Hay gestos de conciliación que se desvanecen tan pronto como fueron enunciados y nadie puede hacer para que los fantasmas se transformen en cuerpos cuando ya iniciaron la invasión los insectos y los gases de la descomposición. No digas luego que no te lo avisé, o que exagero, o que veo cosas que no son. Vos, que agrupás las palabras monosílabas y son las que usás, dormí en tus dos letritas monocordes, entregado al silencio oscuro de tu boca; que yo, aunque no lo sepas ahora ni nunca, me voy a desplegar por ahí la sintaxis desparramada y caótica de mis frases y no regresaré jamás. Amo los trenes iluminados como oraciones que serpentean en medio de la noche y no hay manera aún de que floten sobre las aguas de los ríos o los mares. Nos han matado los orígenes y esa fatal manía de exclusión. No creo en la reencarnación.

martes, 20 de septiembre de 2011

Dos mujeres en el 113 de las diez

A ella la veo cada tanto en el 113 de las diez. Habla sola, gesticula, se sonríe con un pudor de colegiala, pese a sus largos sesenta y su cabeza casi blanca. Ayer me llamaron la atención su short, su remerón color coral y sus zapatillas deportivas. A la otra era la primera vez. Se sentó en un asiento individual : hábito gris, toca monjil, crucifijo en el pecho y gruesos anteojos a través de los que miraba una revista: Consolata. Eran una rara mixtura la monja consagrada y la otra que es capaz de hablar con quien se le coloca al lado en el colectivo lleno. Y le conversaba, sin parar, preguntándole cosas que yo no alcanzaba a distinguir. La monja apenas respondía, incómoda por la explosión de vitalidad medio desbordada que emanaba de la de short y remerón coral. Era un tour de force e incomodidad. De pronto la descocada sacó un billete de cien.
-Te la compro. -dijo señalando la revista- A mí me gusta leer. Dame cincuenta y te la compro.
La monja la miró.
-¿Cincuenta?
-Dame cincuenta y es mía.
Pensé que el billete era falso, pero no. La monjita era seria, pero no tarada y lo miró a trasluz. ¿Cincuenta pesos una revista parroquial? Es un robo. No lo va a aceptar. Pero la religiosa ya le tendía Consolata y el cambio. Y a la otra se la vio satisfecha.
-Ahora tengo para leer. -dijo guardando el billete de cincuenta.
El adolescente que estaba sentado a su lado se levantó en la estación de Belgrano R para bajar y la mujer le hizo un gesto a la monja para que se sentara a su lado. Ella dudó apenas un segundo; pero, finalmente, se cambió.
Las tenía enfrente, en un asiento doble, de espaldas al conductor, a la derecha la de short hojeaba la revista sin dejar de hablar, con sus medias sonrisas y sus mohines infantiles; a la izquierda la monjita, circunspecta y contenida, pudorosa de la extroversión de su compañera. Así recorrimos El Cano y, de pronto, la del remerón coral le estampó un beso en la mejilla a la circunspecta del hábito gris abotonado hasta el cuello. Fue sorpresivo, pero amorosamente agradecido. Después le tomó la mano izquierda con su derecha y le pasó su izquierda por el hombro mientras le decía:
-Gracias, a mí me gusta mucho leer.
Yo creo que la monjita se sintió feliz.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Viaje

Con los ojos cerrados podías decir dónde estaban cada una de mis cicatrices y uno por uno todos mis lunares infinitos. Después los barcos de tus ojos avizoraban las tormentas, los posibles tornados y la calma que era azul y soleada. En las yemas de tus dedos, las rutas se hacían paseos de donde regresábamos repletos de peces, caracolas y brillantes estrellas. Yo me dormía hecha un ovillo en tus redes que eran amplísimos secretos de pescador de historias y vos bebías la sal que había quedado en el pocito de mi esternón y mis calvículas mientras me acariciabas los cabellos. Hiciste una ruta de viajes en mi alma y ahora, a bordo de la nave de tu muerte, espero que regreses algún día para decirme que hago bien esto de continuar viviendo, pese a todo lo que faltaba de maletas y de velas en la brisa marina que soñábamos.

Dinner in the garden

Los pequeños gestos se aposentan en el borde de las pupilas y desde allí comandan una suerte de desfile con el que quedo absorta: pasan como en un vuelo raudo el tintineo de las copas de cristal sobre un mantel blanquísimo, salsas de texturas untuosas, frutas de colores abusivos y una fragancia que se instala en todos los rincones del jardín para abrazarse con la música que, suave, se desliza. Afuera, más alla de este espacio ancho y atrapado de azaleas, que se abre a la noche clara de una temprana primavera sin lluvias, pasan, como siempre lejanos, los ruidos de transportes y las voces de la gente, mientras los farolitos y las velas iluminan con ternura la medianoche frágil para evitar la oscuridad. En las manecillas del reloj se enredan de a poco los relatos, las palabras y sube una quietud parecida a la calma del mar en la madrugada. Una mariposa se posa sobre las fuentes vacíos y con ella la risa es una tibia oleada de placer.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Palabras de amor

Bordeemos la carretera en marcha lenta para poder ver el mar.
En el malecón de gastadas maderas besémonos como si fuera desde siempre aunque no tengamos nada para agregar.
Dejemos que pasen los segundos hasta que sean horas, días, meses, años y el sol salga por el mismo y exacto lugar.
Sintamos la arena como una lengua larga bajo las plantas de los pies.
Pensemos en la nada, en las palabras que no perduran y en que deseamos rescatar.
Miremos en las pupilas los resquicios por donde llaman las verdades.
Enredemos los brazos en la cintura con un tacto apurado de densidades.
Y despidámonos como si no tuviésemos ayer, como si no aguardásemos lo que trae el mañana.
Y no digamos palabras de amor: no hay para qué.

martes, 13 de septiembre de 2011

Lengua

Para llegar a vos debí atravesar los muros de la ciudad dormida y en medio de la noche trepar las puertas que estaban cerradas como piedras. He deslizado mi cuerpo brevísimo entre las rendijas por donde pasa el viento y susurré a las aves que me han dicho dónde quedaba el sitio donde dormís acompañado de toda tu fatiga. He visto entonces el borde de tu cuerpo, he sentido el perfume de jengibre que emana de tu cuarto y me he sentado en tu umbral a esperarte mientras las horas se fueron deshaciendo entre mis palmas. Cuando te despertaste, al alba, como siempre, me viste dormida en el borde del lecho y me alzaste en tus manos. Hasta que el sol subió he dormido en tus brazos y al despertar amanecí en tu boca para que me nombraras con aquel viejo nombre que yo tenía entonces. Cuando me hice palabra, pude reír y nos sumergimos en el agua tempranísima de los verbos que nos pertenecieron desde siempre. Esto era el amor: añejado silencio que poblaron tus perfectas vocales y mis antiguas consonantes.

Tacto

Deslizo mi mano: apenas la rugosa superficie de la hoja y un par de glóbulos que se anegan como vasos en el licor sorpresivo de la madrugada. Después la lisura del mármol y su frialdad intempestiva de témpano, alguna que otra grieta por donde emana la música de las raíces y la salada temperatura del océano. Mis dedos se acurrucan mecidos por las ondas descalzas del sonido, entre las vaporosas telas que se deslizan sin colores agudos. Los animales huyen por los caminos en sombra y el bosque desnuda su silueta azul por las mañanas antes de sumergirse en las aguas del río. Yo deslizo mi mano en la piel que se aclara de tanto mediodía de luz y de fragancia. Después cierro los vidrios bajo la luna redonda y amarilla y me duermo mientras flamean los estandartes perfectos del recuerdo.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Zetas

Hay que escucharte hablar: tu voz es una cuna donde se mecen limoneros movidos por el viento, y el silencio se puebla de luciérnagas. Brilla la oscuridad con el susurro de tus zetas y el cántaro se llena de agua en la profundidad del pozo verdinegro en el que mojo hasta ahogarlo el filo de mi sed. Es solo aire que pasa entre nosotros y un mar extensísimo y hondo donde navegan las palabras hasta alcanzar mi nuca y hacerla florecer.

Metonimia, metonimia...¿entendés?


Septiembre 12 , Luis Paredes

Descubrimiento

Alguna mano sobre la mejilla y el frescor de un cántaro de barro en una tarde soleada de verano.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Azar de azahares

Azahares blancos de puro azar -podrían haber quedado rojos después de que manara la herida y su perfume dulzático y selvón-.
Azahares azabaches y azulinos que se derraman por las alcantarillas hasta caer en bañeras enlozadas donde se pone un agua tibia y vos te sumergís.
Azahares en azafates de mimbre que crujen cuando los llevan las doncellas entregadas al roce de plumas y organdí.
Azahares y azafranes por los azarbes donde cae la tarde reflejada en el agua que se quema de sol.
Azahares por los azagadores de los campos donde gritan los insectos al verse tachonados por la sombra en todas las azancas.
Azahares en recipientes de azófar donde la luz se quiebra y se repite fragmentada en los cristales azulgrana de la noche.
Azahares azogados por el frío, azurados de hielo y muertos ya.
Azahares de limón en medio de las piernas al pie de la alfaguara y llegando la mora con los alfileres de azar enterrados en medio de los ojos: verdes azogues sus nítricas pupilas de cítrico perfume.
Y yo que me callé.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Nocturnitancia

Como una línea delicada rozando apenas la columna vertebral.
Dientes.
Burbujas de agua jabonosa.
Unas yemas de árboles acuáticos que viven bajo el mar.
Así se pasa el sol.
De boca en boca.
De lengua en lengua.
¿Y después?
Después susurran las alondras en el oscuro reparo de la intimidad.
Secretos.
Tazas de té azul.
Voladitos de azúcar.
Después llega la noche, pero mucho después.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Larga tarde

A esta hora del día, exacta y precisa, el cansancio me sube como una serpientita por la nuca y pienso en vos, en haberte nombrado con la voz quebrada en algún momento de esta larga tarde que ha pasado. Hacía mucho tiempo, habían pasado tantísimos días sin que yo te nombrara con la tristezade tus huesitos durmiendo bajo tierra. Será que llega el sol y tu risa se ha ido para siempre. Será que hay un vidrio que separa mi vida de tu muerte y no puedo tocarte. Será que pasa el tiempo, que se pasan los días y el amor es una maleta donde pliego tu cuerpo humedecido en hierbas con pañuelos y lágrimas y no se va la pena para nunca. Será que el tiempo no ha sido reversible y las migas que comían tus pajaritos suenan como piedras con las que es imposible poder volver a casa. Qué dolor más tristísimo, más lejano, más hondo y más distante; pero cuán cierto es que jamás se regresa al sitio donde aquella médica tan jovencita ella me apretó estas manos y yo te vi en ese cuarto blando mientras me despedías con tus ojos cerrados y te llevabas en tus brazos mi maleta. Para siempre.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Tiempo y espacio

A veces el tiempo se hace un pequeño bollo en un rincón de la exietncia y se demora, estirado en todos sus minutos. Miro a los otros y ellos no perciben que ha empezado a correr de otra manera en el espacio. Siguen andando como si alguien los siguiera en medio de la frágil mañana. Yo, en cambio, veo los puesto repletos de gerberas, el sol que cae a pico rompiendo simetrías en los frentes, la sonrisa de alguien que se escapa, los hombres que no saben estar solos y atormentan, una voz que se tiñen de perfumes perdidos, alguien que te sujeta por un brazo y te ayuda, las lágrimas que caen sin poder detenerlas. Y entonces sé que vivo mientras los tallos crecen y los veo. No hay perfección más ardua que ver el tiempo como si fuera un espacio lento y conocer lo que tiene la vida de finito.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Julián: se lo fueron

Para Julian S., en un oscuro día de principios de abril de 1976



Julián tenía ojos azules. Tan azules que a veces se le veían las nubes pasando por detrás. Julián decía "nena" y yo me ovillaba como lana sedosa en el hueco perfecto de su abrazo. Julián daba besos que eran pasos de pajaritos en mi cuello y dormía su boca en mi vientre de raíces y tallos. Julián me llevaba de la mano por las calles soleadas de los setenta y pico e íbamos los dos como se iba entonces: con sueños en los brazos, con los pies en el barro profundo de la historia, con el viento en el pelo, con la risa en la sangre. Julián decía "nena" y su piel me rozaba e imprimía su huella en toda la textura de la mía, nos latían a la par los corazones y sabíamos que el amor es infinito mientras dura, sumergidos como estábamos, en plena adolescencia, en el mar de sentidos que se abría en la tarde cuando sobraban horas con que bordar el mundo que era nuevo y justo y, sobre todo, nuestro. Se lo fueron un día: sintaxis imposible, incorrecta, infamante porque a él se lo fueron los lobos en la noche y aullaba la luna, pero nadie la oía; y gritaban los árboles, pero las puertas se habían cerrado para siempre. Se lo fueron a golpes de mis brazos y me quedó el cuerpo manchado con su sangre y en la cabeza me martillaba el fuego de un lamento que debía callarse para seguir con vida. Y el amor se hizo odio, se hizo dolor agudo, se convirtió en pena, melancolía y más tarde nostalgia, eso que tiene el "nostos" de regreso imposible. Julián tenía ojos azules: tanto que los peces nadaban en sus tibias pupilas cuando yo lo besaba. Seguir con vida o no, regresar o perderse, enterrar huesos inexistentes mientras los lobos masticaban su cuerpo que había sido mío y su boca infinita. La vida fue la única forma que tuve para decir estoy.


viernes, 2 de septiembre de 2011

Mundo verbal


Tejo con silencios la construcción de un mundo. Siento las bases en el vacío de un sitio con praderas en donde engarzo una por una las palabras y las veo crecer como flores fantásticas de perfumes perfectos: parvas de sustantivos que se mueven atravesados por el viento, tantos verbos hondísimos de raíces profundas, dos o tres adjetivos (hay que dejar que los hechos hablen sin adornarlos), adverbios, los que fueran apenas necesarios; y luego los pronombres: personales, nada de posesivos, algunos relativos (porque no deseo repetir los fracasos vitales de otros días), pocos demostrativos (el mundo se argumenta a sí mismo y alcanza), ciertos indefinidos (le dan misterio y asombro a la aventura), muchos enfáticos (siempre queda la duda). Y entre toda la flora de palabras andan las conjunciones sumando, separando, oponiendo la luz de la mañana y la noche; preposiciones que traen, llevan, levantan, precipitan. Así adviene la belleza del día que construyo porque quiero rodearme de todo lo que abunda y no daña: las palabras.
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