miércoles, 31 de agosto de 2011

Las palabras


Querría tener alas y deshacerme en el aire, liviana como un soplo; alcanzar las alturas de mi propia sustancia y comprender cada una de las palabras que sembraste en mi día: recorridos pausados de planetas que apenas puedo desmenuzar y cada uno canta como un fragmento en la luz que los mece: quien dijiste haber sido, quien decís que querrías para las sucesivas mañanas que te habitan, el dolor que te ciñe y te deja volar entre los páramos de tu propia tristeza. Querría tener la transparencia de la llama que alumbra, que late, que permite calentarse a su vera e iluminar la noche en que el alma solloza. Querría ser el agua que sacia al borde del desierto y que entre las manos tuviera yo verdes enredaderas que dieran sombra fresca y ser el sol que todo lo entibia con sus brazos brillantes. Pero tengo tan solo palabras que son piedras de colores en medio de la tierra, tengo solo palabras que son delgados vidrios donde mirar reflejados los ojos. Tengo solo palabras que pudieras mirar porque te las estoy diciendo en esta tarde larga en que no sé qué hacer con tus propias palabras, esas que pensaste y fuiste sembrando en medio de este bosque para que yo creyera que era posible, algún día, hallar el camino de retorno a mi casa.

martes, 30 de agosto de 2011

Fieras

Aullan los animales con los ojos abiertos porque han dejado su conciencia de ser bestias sedientas y se entregaron a la perentoria marea del amor. Los vecinos murmuran qué cómo ha sido posible tanta barbarie en gente civilizada sin darse cuenta de que la envidia corroe su moral. Las fieras fieras somos, dicen ellos en los tejados de la noche mientran refriegan su pelaje a la luz de otra luna azul.

lunes, 29 de agosto de 2011

Último acto ( o algo así)


Gustave Klimt, Dánae

Dafne prefiere el laurel al amor divino de Apolo y se da a la fuga, como tantas.
Algo se desliza impalpable entre el deseo y su verbalización.
Hay tanto néctar en los besos y sin embargo mascamos el tasajo.
Ser Dafne, o Dánae: el laurel o la lluvia metálica de oro. O quizá Leda envuelta en plumas de edredones y picos. O Psiqué que se atreve a dejarse llevar por las palabras.
Ser el ayer y nunca el hoy y menos que menos el mañana.
La cómoda seguridad de lo que ata al suelo y nunca el vuelo de alas en el cielo.
Ser siempre ninfa huyendo, es decir, nada; porque el que huye de otro escapa de sí mismo y no puede encontrarse más que cubierto de corteza y pesaroso.
No desear tener hojas, ni palmípedas patas sino huesos y manos que buscan otras manos y la luz que se cuela en los poros desde adentro hacia afuera.
Ser Isolda a la que la casualidad hace beber el filtro ponzoñoso y se enamora, trágicamente trágica, pero en estado irreversible.
Tanta literatura para tan poca cosa: tu cuerpo en medio de mi cuerpo como una marca de territorio fértil, de huella que se lleva a través de los siglos.
Una puntada de sangre vuelta otro hilo adusto. Tus palabras exactas para acabar el cuento que se estaba acabando el día que te dije que durmieras. Vos no te diste cuenta y yo ahora te miro para decir lo que decía entonces: el desierto y el agua no han sido buena mezcla. Por más que lluevan los días infinitos en tu tierra no había solución para el problema.
La piel es una superficie que se escribe con tinta blanquecina y hay que saber leerla; si no se va cuarteando, deshace su premura y quedan los estambres lejanos de las flores que lo esperan.
Y Dafne se hace roca , Apolo se lamenta, mientras la triste Dánae, la de la piel dorada, navega en una caja sobre las aguas frías del océano.
Mitología exacta para decir okey y ponerse tacones que suenan en la noche como lanzas.
Una última vez, sabiendo a ciencia cierta que la función repite el texto que la alumbra.
Pero hay un día en que el telón se baja, los actores saludan y Dánae se queda en medio de las tablas, sin comprender qué ha sido de su húmeda lluvia.
Querida mía, dice la voz divina, era solo otro acto: el último antes que venga Nietszche y diga que nos hemos muerto todos de frío y de hambre. Mientras tanto abrázame esta noche y hagamos como si nada hubiera sucedido y lloveré cien días para que nada cambie.
Ingenuo Zeus, exclamó la muchacha, abrió un paraguas y se escapó del teatro como Dafne.

domingo, 28 de agosto de 2011

Pájaros en busca de su vuelo propio

Allí, en la bandada, hay dos aves primeras. Tienen las plumas suavísimas y blancas y su vuelo es liviano, perfumado e incierto. Cada tanto se miran, de lejos, mientras el aire se les cuela en el pecho y sus alas se rozan, apenas suficiente para verse los ojos. Y hay cielos profundos detrás de sus pupilas, el color de unos mares salados, casi verdes; hay praderas de flores diminutas, restos de pinos caídos en un bosque y, sobre todo, palabras en idioma de pájaros, de nido, de pastito olvidado, de memorias tremendas.; palabras que se dicen, palabras que se callan, palabras que se vuelan en el aire que surca la bandada y ellas, las dos aves primeras, se miran y guardan su distancia como una promesa en pos de otras mañanas color de mate amargo.

Un año y medio

La muerte es ese cristal que se rompe en fragmentos y permanecen todos clavados en la carne. Lo que intento decir es que, a veces, te extraño y querría morder el piedra que te cubre para decirte que no fue una buena idea lo que hiciste; que, cuanto menos, deberías haberme avisado para que yo supiera qué vestido ponerme, qué libros incendiarme, qué palabras prohibirme. No fue una buena idea irte así, de madrugada, como quien cierra la puerta para siempre, pero se quedan sus perfumes en el viento y sopla un huracán los días 28, así un domingo soleado y de brutal calor sobre mi nuca. No fue una buena idea que lloviera en mi vida y te llevaras de golpe los paraguas y yo quedara, desnuda, adelgazada, debajo del agua que me moja. No fue una buena idea que ni siquiera tuvieras la decencia de enseñarme a convivir contigo yo que siempre deseaba permanecer en casa; porque, al fin, te instalaste, saliste con la tuya y habitás mis paredes. No fue una una buena idea que te murieras siempre, cada dia y yo no hicera nada por intentar salvarte porque la muerte es eso: un cristal que se rompe y duele cuando extraño y duele cuando pienso y duele cuando siento. No fue una buena idea que febrero tuviera ese día hace ya un año y medio y que volaran patos sobre el agua del lago. Estoy cansada de tus buenas ideas: a ver qué hacés con eso para que esté contenta en este día largo.

18 meses

Un domingo 28 hace un año y medio hoy tuviste una idea repentina: morirte, así como así. Recién fui al mercado y una bandada de pájaros volaba casi al ras del suelo. Fue una lástima que no estuvieras para verla remontar hacia el cielo azul. Coincidirás conmigo -aunque te daría rabia darme la razón- que te equivocaste de rabo a cabo ese 28 de febrero de 2010.



sábado, 27 de agosto de 2011

Diez respuestas a una sola pregunta.


  1. Porque un gato es un animal que no se impone.
  2. Porque un gato reflexiona con vos hasta altas horas de la noche y no llega -como vos- a ninguna conclusión.
  3. Porque cuando estás mal, un gato busca que lo acaricies para que recuerdes que siempre hay una posibilidad.
  4. Porque un gato no reclama afecto, lo provoca y lo concede.
  5. Porque un gato deambula por tu desorden como si cada cosa estuviera en su justo lugar.
  6. Porque un gato está sin hacerse notar.
  7. Porque un gato, cuando leés, solo quiere que le hagas un sitio en tu regazo y lo dejes dormir.
  8. Porque un gato se va cuando quiere y regresa si le dejás la ventana abierta.
  9. Porque cuando volvés agotado/a no te está esperando para que te ocupes de él.
  10. Porque son suavecitos acolchados invernales.

jueves, 25 de agosto de 2011

Pensar

El agua lleva mansa la tarde, la va arrastrando hacia su hondura nocturna y estrellada. Yo me quedo pensando arropada en la luz y en el pensar la emoción se atraviesa, se llena de brotes diminutos, germinaciones de días venideros, pequeños cántaros donde saciar la sed. Una brisa de colores pretéritos corre desde la orilla de lo que fuera un río y en la arena se rizan las palabras sus cabelleras de largas sílabas violetas. Llevo el pasado en una cajita de vidrio y canta su melodía con sonido de flautas y de huesos. La tristeza se duerme y nadie la quiere despertar.

martes, 23 de agosto de 2011

Será


Será que la hora va llegando y en un rincón del día amanecen los pájaros del tiempo.
Será que la ropa se pliega y guarece el silencio la lluvia de palabras.
Será que todo acaba y ocupa la maleta del pasado.
Será que el alba fue un escalón oculto, inexacto, acerado.
Será que en la ventana se observan las luces azuladas del mañana
y en mi boca se esconden los besos que no he dado.
Será que están tus ojos reflejados en nada.
Será que ya pasó lo que sentí que era.
Será que no era más que otra fría garúa en el patio empapado.
Será que no quisimos rescatar lo que tal vez sí hubo.
Será que el día crece con nervadura de aire, de luz, de primavera.
Será que se estremecen las ventanas del fuego y el pasado se quema para dar su tibieza.
Será que te despido porque así son las cosas.
Será que los manteles se mueven desnudos en la brisa.
Será que no eras vos y espero en el anden otra vez otro día.
Que el tiempo tiene rostro de promesa: es esa la verdad, isla desconocida de esperanza en mi carne.
Y nada más.

lunes, 22 de agosto de 2011

22 de agosto: la masacre de Trelew



¿A vos te contaron que en Trelew murió gente? Nena, vos sos tonta, ¿no? En Trelew y en todas las ciudades muere gente. No, boba, ya sé eso. No soy tan tarada. Lo que yo te quiero decir es que ahí hubo unas personas a las que las mataron. ¿En Trelew? Sí, no sé, una vez mi mamá me contó que ahí unos tipos se habían querido escapar de una cárcel o algo así y que los habían fusilado. ¿Eso fue cuando vos vivías ahí? No, creo que no. Yo no me acuerdo. Eso ya lo sé, de nada te acordás vos. Debés tener alguna deficiencia mental. Dejá de decir gansadas y contestáme. ¿Qué? Y esa gente estaba en la cárcel, ¿por qué? No sé bien, pero mi mamá me dijo que no eran presos comunes. ¿Comunes? ¿Qué son presos comunes? Los que roban o los que matan. También los que estafan. Pero hay otros que se llaman, ¿cómo es que dice mi mamá?. Ah, sí, presos políticos, que los ponen presos por pensar. ¿Por pensar? ¿Cómo van a poner preso a alguien por pensar si todos pensamos? Ahora vos no entendés, los ponen presos por pensar distinto. ¿Distinto a quién? A los que los ponen presos. Pero, cada uno puede pensar como quiere, si total el pensamiento está adentro... No se nota. Claro, pero los presos políticos, dice mi mamá, además de pensar hacen cosas para que el mundo sea mejor. No sé, para que los pobres coman y esas cosas. ¿Y por eso van a la cárcel? Claro, porque a los otros no les gusta que todos coman y vayan a la escuela. Pero entonces está mal que los pongan presos. Claro que está mal y dice mi mamá que eran muy jovencitos y unos soldados, no me acuerdo bien.... ¿Viste que vos también te olvidás? Sí, por supuesto, yo no me acuerdo de esto; pero vos no te acordás de nada. Bueno, el caso es que esos chicos... ¿Eran chicos? Bueno, no chicos, pero no eran viejos de treinta. Tenían como dieciocho o veinte. Ah, entonces eran grandes. Claro, pero no tanto; bueno, ellos se quisieron escapar y los atraparon y los fusilaron ahí, en Trelew. Yo vi una foto que tiene mi papá. ¿Una foto? Sí, están todos como paraditos y hay unas armas en el piso y hay una que está embarazada. ¿Y fusilaron a una embarazada? Sí, y por eso mi mamá dice que eran mártires y que yo me calle la boca. Eso dice, que no le diga a nadie. Así que vos no le decís a nadie lo que te dije. ¿Ni a ella? Ni a ella le decís lo que te conté de Trelew. ¿Y si me pregunta? Ay, nena, mirá si te va a preguntar. Si en nueve años no te dijo nada por qué te va a preguntar ahora. Tenés razón, ella no me va a preguntar. ¿Me traés la foto? ¿Qué foto? Ésa que tiene tu papá de la señora embarazada que mataron. No era una señora, era una chica te dije y no sé si me van a dejar. Bueno, yo voy a tu casa y me la mostrás. Bueno, eso sí y ahora sigamos que si no nos van a poner un aplazo y mi vieja me mata. Sí, a las dos nos matan.

sábado, 20 de agosto de 2011

Transparencias

En los fríos surtidores de la mañana helada, el sol penetra como una fina aguja y zurce los retazos que quedaron. Hay una calma placentera en el silencio que no hiere, una quietud de lago debajo del cielo diáfano y ligero. Hablo conmigo misma, me digo las palabras que me faltan, me acuno en la tibieza y canto a la dicha que deberá llegar, aunque no sepa.

martes, 16 de agosto de 2011

El pincel


Bajo, tan bajo que nadie oiga y se resbalen los sonidos como el pincel arriba del papel. Después queda la marca, pero en la piel y, entintada, el alma se estremece de tristezas. No era necesario que se posara la alondra para cantar con su voz suave en otra madrugada de silencios. Lo que se fue, lo que se anda diluyendo por el aire tiene sabor a lágrima y en los colores del papel queda una sombra, figura diminuta que no se atreve a ser. Después cae una lluvia: fina, helada, transparente. Moja el papel que se adelgaza y cae deshecho por el tiempo sin haber alcanzado su destino de barco. La tempestad arrecia y se hace nudo agudo en la carne que no dice, que no habla, que enmudeció de miedo.
Yo hubiera querido un cuarto de palabras y solo tengo hojas que el viento se empeña en embarrar.

lunes, 15 de agosto de 2011

Las tres llaves

En una vasija hay guardadas tres llaves: una es de vidrio color de viento, otra de piedra color de mar y la última tiene el color de mi alma guardada en la vasija que no pudiste encontrar.

Mañana de lunes


Junto al olivo canta un pájaro.
Y atrás la higuera consume su porción de muro cotidiano.
Es un día nuevo,
como una hoja en blanco para llenar con horas.
Hoja a hoja los árboles se desperezan sobre mi corazón fragante.
Y cae el agua al cántaro con melodías antiguas.
En la cocina se tuesta el pan
y el café desenrolla su encantamiento perfumado.
Hablo como un susurro,
aquietada en el aire perfecto, transparente.
Se oye una ducha lejos y alguien que canta en el jardín de al lado.
Mis ojos se deslumbran
y mi alma llama al bosque de los álamos altísimos.
Voy a decirte con palabras hiladas como cuentas de vidrio
que el amor es algo que se siembra para que dé sus frutos en otros mundos.
Hay que abonar la tierra: lo demás es una suerte de lluvias y tormentas.

martes, 9 de agosto de 2011

El lagarto azul


Hay una casa desde donde me llama un lagarto de piel azul.
Paso con mi ramo de margaritas cada mañana y sigo sin detenerme.
Nunca se sabe qué esconden los lagartos entre sus bellas escamas.
Nunca se sabe cuán venenosa es su larga lengua ensalivada.
Por eso, niñas, un consejo para recordar:
desconfíen de los lagartos de piel azul y curvas pestañas doradas.

sábado, 6 de agosto de 2011

La loca de la casa


Las palabras se precipitan, se juntan, se resbalan. Mojan los intersticios con sílabas viscosas, se clavan en el cuello con colmillos de sangre, se alzan las polleras en las escalinatas, apuran un trago en el confesionario, mientras rezan algún Ave María. Las palabras insultan, acarician, suspiran, escriben sus guarradas personales en la puerta de un baño. Andan sobre la ruta en autos descapotables, fuman hasta enfermarse, se ponen portaligas con batones, amasan con harina unos panes monstruosos que untan con manteca mientras suena algún tango. Las palabras se bañan y las cercan las algas: alguna que otra vez se sintieron amadas y creyeron morirse debajo de los párpados; pero se despertaron luego y era una resaca andar pasando el día. Las palabras quisieron ser honestas y decir que no había sido ni siquiera una noche mejor que alguna otra, que no era tan bueno y qué tal si te callás y te dormís, cariño. Las palabras dijeron lo que era necesario que se dijera entonces, cerraron la maleta y se marcharon sin regalar, siquiera, la dicha de un portazo. Cuando el frío del día les pegó en las mejillas, dijeron estoy viva, abrieron su boca de sirena y se rieron.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Arquitecturas


Ante las circunstancias de la existencia (esos eventos que la componen minuciosa y completamente) sólo se esperan dos actitudes: llorar desconsolada con el pecho apoyado en el murallón de una costanera cualquiera mientras el viento -más o menos violento- despeina los cabellos o emplear los restos para la construcción de un edificio. Soy dueña de incontables viviendas junto al río.

martes, 2 de agosto de 2011

Irremediable

Yo tenía un corazón adentro de una nuez, envuelta en un tul bordado con margaritas, que un pajarito llevaba en su pico; pero no lo viste: el pájarito se enfermó, el tul se deshizo, la nuez se secó y mi corazón quedó llorando sentado en el cordón de la vereda de una calle por la que nunca vas a pasar.
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