jueves, 30 de septiembre de 2010

Apenas

Una pequeña línea.
Un color diminuto.
Una efímera pincelada.
Un punto imperceptible.
Un matiz instantáneo.
Después, todo vuelve a la normalidad.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Mañana de sol

Alejada de las palabras que me buscan para morderme los talones, deambulo en la emoción que escapa a las denotaciones y se sumerge plena en el océano connotativo de las dudas, los desasosiegos, las alegrías. A veces me detengo en el agua de los recuerdos que me mecen, pero el pasado es una cubeta de cristal que llevo en mis espaldas. Hacia adelante hay una mañana de sol y es toda mía.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Algún día

Algún día entornaré la puerta y te veré a trasluz y escucharás mi voz que dirá otras cosas y me dirás -bajito, como dicen los muertos- que ya era hora.
Algún día apoyaré las manos sobre otras superficies y sentiré la piel tiritar bajo la lluvia que me moja y me dirás -bajito, como dicen los muertos- que te olvide porque ya sabes que eso es imposible.
Algún día cerraré la humedad de mis ojos y volverán a crecer semillas en mi vientre y me dirás -bajito, como dicen los muertos- que el mundo se deshace si no se abre la boca para decir que es necesario estar en vida cada día, estar de pie cada mañana, tensar las piernas, la espalda, los largos brazos que parecen dos alas y volar hacia un cielo sin sombras a pura luz en medio de los días que se mojan de lágrimas, de risas, de recuerdos.
Algún día abriré tu cajita y saltará el perfume que tenía tu risa y podré cobijarte en medio de mis brazos y contarte cómo sigue la historia, por dónde me llevaron mis pasos, que hice de la dicha que me diste, cómo aprendí a vivir sin tenerte a mi lado y entonces sabremos que la vida se sostiene y perpetúa pese a todas las muertes y en mi casita azul, a orillas de otros mares, estará tu retrato porque todos habrán aprendido a quererte.

Rojo


Hay que limpiar los senderos.
Una no puede quedarse durmiendo en los recodos donde se está tan quietamente segura.
Afuera un auto pasa y su estela roja queda suspendida unos segundos en el aire.
Me miro las manos y empiezo a reconocerlas como mías.
He subido los siete escalones de la sabiduría y cada vez sé menos de lo que creía saber cuando estaba abajo.
Sé que los muertos se murieron.
Sé que los vivos queremos morirnos junto a ellos.
Sé que entendemos que es una parte nuestra la que ha muerto.
Sé que hay otros fragmentos que continúan vivos.
Sé que nada termina y todo sigue su curso lentamente.
Sé que el duelo puede ser un refugio redondo donde nada alcanza a rozarme.
Sé que el auto pasó y su estela me golpea en el rostro y su aroma de acero me estremece el olfato y arriba el sol se refleja en sus vidrios.
Y me pregunto cómo ha sido posible -qué otra cosa debería pensar en estas circunstancias-
La tercera persona para asumir que hace ya siete meses que la vida era otra y que ahora es esta: imperfecta, insegura, vacilante, dolorosa y aciaga; pero esta: la que tengo en las manos que vuelvo a observarme y que tocan la estela roja que ha dejado el auto como una reverberación bajo el sol de la tarde.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Película

Si en vez de haberte muerto, nos hubierámos gritado hasta el agotamiento y yo hubiera dado un portazo que todavía conmoviera los cimientos de los días, todo sería ahora más claro: lo llamaríamos revancha y nada más. Pero tuviste la genial ocurrencia de perderte para siempre y lo último que me dijiste fue tu risa -tu única y cristalina risa- y algo de una deuda sin saldar que yo tenía con tu cromosoma Y. Andá, te dije, y llamame cuando salgas así mis XX te pagan como saben pagar. Pero nunca me volviste a llamar. Y cuando yo te fui a buscar, dormías en esa blanca habitación helada de un canicular febrero que sólo tenía prisa por terminar. Todo es parte de una película que hace esfuerzos por continuar y aunque he apagado la pantalla, ella insiste en volver a titilar.

Inscripciones

Los inevitables jirones que el viento mueve todavía, y el aire se desagaja en los recodos de los paisajes en los que apenas me atrevo a caminar. Yo dije que decíamos algunas cosas -todas sin trascendencia- que se morían en unas tazas de té mientras la noche iba cuajando su superficie de estrellas diminutas. Ahora escribo y los pájaros arrastran el amananecer como una sábana limpia detrás de mi ventana. Querría tirarme a descansar en silencio, pero los abejorros de mis recuerdos zumban en el espacio que dejan mis orejas y allí hacen un nido tibio donde empollan un pasado que todavía era ayer. Mi cuerpo está inscripto con un tatuaje indeleble donde soplan las rápidas ráfagas del mar. Y nada más.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Verde


De todos los colores hoy elijo el verde.
Porque sí.
Porque aflora el oxígeno de la sabia nueva y el agua borra la pena.
Porque el horizonte no tiene ni fronteras allá.
Porque mi vestido verde cuelga en una percha donde el sol se demora para hacerlo brillar.
Y todo porque sí.

Cuestiones


¿Dónde, en qué libro, en qué hoja ajada por el tiempo está escrito el lapso exacto de los duelos, la proporción directa entre los bellos días y el tiempo en que debe lamentarse una partida? ¿Cuál es el metro patrón que dictamina que la cicatriz se abre, se cierra y se supera? ¿Cuál es el tiempo en que los velos negros deben caer o ser llevados por una brisa fresca? ¿Quién puede decir si este es el día, la hora, el minuto en que la sangre se limpia y no es traición ni olvido ni siquiera angustia? ¿Quién sabe en qué consiste la extensa pena de la muerte que nos sucede a los que nos quedamos y vimos morir los nombres que teníamos, los secretos a medias murmurados, los lugares vividos, las caricias sentidas? ¿Quién recuerda - si no yo- las hojas de los tilos que caían sobre los desayunos, las palabras pausadas, las risas de domingos? ¿Hay otro sitio donde eso perdure que no sea la memoria que guardo? ¿Hay otro sitio adonde esté ese tiempo, larvado pero muerto? ¿Quién puede decir cómo sigue la vida, qué rutas son las que deben transitarse para no plegar los mapas para siempre en un cajón que huele a tristeza y congoja? ¿Qué debería saber para que el tiempo siga desgranando sus segundos hacia adelante y caigan en las playas las olas de una insólita alegría? ¿Qué trae la primavera -otra- de flores y de brotes que sean para mí que en ese afán de la palabra lo digo tantas veces? ¿Qué frases quedaron subrayadas, escritas en los bordes a dos letras y perdurarán eternas y nada las reeemplaza por que el alma -lo decía santa Teresa- tiene muchas moradas y entodas se abren nuevos cuartos y pasillos y el sol da en mañanas que serán diferentes, sin que nadie intente cuantificar el calificativo? ¿Quién puede decir que esto que digo no deba repetírmelo mañana cuando abra los ojos y sea lunes y se acabe el invierno y vuelvan los días a tornarse livianos como médulas nuevas? ¿Quién puede asegurarme que la vida no es abrir las ventanas, sacudir los armarios, cerrar viejas maletas y ver qué pasa coin los tickets del viaje? ¿Es tan sólo escribir, dibujar y envolverme para que pase el tiempo y yo me desteja al lado de una estufa?
Como siempre, las respuestas se conocen andando.


Como el mar, mi amor es de profundo; pues cuanto más doy, más tengo.
W. Shakespeare, La tragedia de Romeo y Julieta

domingo, 12 de septiembre de 2010

Los árboles del recuerdo

De pronto los árboles son largos gigantes que rozan con facilidad el cielo y yo los miro desde abajo. Mi corazón bombea sangre roja y me disuelvo en las horas que pasan junto a las nubes que se enredan en las ramas. Hay días, como estos, en que no sé de qué sustancia están hechos mis recuerdos: algo de piedra, de viento, de olas congeladas y el tiempo que no se lleva nunca nada. Vos me mirás desde la orilla de tu muerte que fue aquí nomás.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Anécdota escolar XCII: Cuando Martín Lutero tuvo un sueño


Profesora: Vamos a ubicarnos en el contexto histórico del siglo XVII para poder empezar con el Barroco. El mapa del predominio europeo cambia: la Armada invencible de Felipe II es derrotada, España pierde el dominio de los mares y el Imperio donde no se ponía el sol comienza a mostrar sus grietas. ¿Recuerdan el personaje del escudero del Lazarillo? Así vive la nobleza española su propia decadencia. Además los Habsburgo, como casa reinante, muestra sus peores frutos: Carlos II, Felipe IV... ¿Alguien sabe qué pasa con la religión en toda Europa?
Alumnos: ...
Profesora: ¿Reforma? ¿Contrarreforma?
Alumnos: ...
Profesora: ¿Pueden decirme quiénes eran los protestantes?
Alumnos: ...
Profesora: ¿Saben quién fue Lutero?
Alumnos: ...
Profesora: Vamos, chicos, Martín Lutero. ¿No saben quién fue Martín Lutero?
Alumno 1: (Desde el fondo) Ah, ese sí...un norteamericano fue. Martin Luther King. Uno que decía algo sobre un sueño.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Anécdota escolar XCI: En una evaluación de sintaxis

Profesora: (Mira al alumno que tiene el ceño fruncido ante la hoja.) Te veo cara de sufrimiento.
Alumno 1: Y sí...ni te imaginás cuánto estoy sufriendo.
Profesora: Se te nota, se te nota.
Alumna 2: ¿Y yo? ¿No ves también mi cara? ¿A mí no me decís? Yo estoy sufriendo con esto.
Alumno1: ¡Callate la boca, piba, estamos hablando de mi sufrimiento!

(Al rato.)
Alumno 1: ¿Viste eso que dijiste el otro día?
Profesora: ¿Qué cosa?
Alumno 1: Ese consejo.
Profesora: ¿Qué consejo?
Alumno1: Ese de que uno tiene que predisponerse bien porque así ya tiene el 50% de la evaluación hecha.
Profesora: Sí.
Alumno: Bueno, quiero decirte que tu consejo no sirve para nada. (Risas generales)
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