sábado, 31 de julio de 2010

Scherezada y el único cuento importante


"Ahora", dijo el príncipe. Pero, Scherezada, que no en vano era su madre y ya tenía larga experiencia en monarcas inmediatamentistas, lo miró con ternura y dijo, "Ahora no; mañana." "Para mañana falta mucho.", exclamó el niño. "Sí" , agregó ella, "pero siempre llega." Y al día siguiente cuando el príncipe volvió a decir ahora; ella volvió a aclarar que mañana. Y así se pasaron una larga temporada jugando con los adverbios de tiempo hasta que un buen día el que ya era un joven despertó, la halló dormida a su costado en un sillón, la abrigó con una manta y cuando ella entrebarió los ojos, agotada, susurró acariciandole el rostro avejentado: "Duerme, mamá, ahora yo te cuido. Ya veremos qué hacemos mañana."

miércoles, 28 de julio de 2010

Mariano Levin: ciento cincuenta desayunos de ausencia


Según se mire, cinco meses es un parpadeo o una eternidad. Para mí son ciento cincuenta desayunos sin vos, varios libros escritos que no leíste y un diálogo que se ha vuelto monólogo... así de ancha es tu ausencia, Mariano.

martes, 27 de julio de 2010

Deseos de julio

Querría que aprendieras a ver los caparazones transparentes de las tortugas que te rondan y que con un cuchillito de amapolas desterraras a los insectos que suben por tus tallos. Querría que el sol se abriera como una pulpa jugosa en las tardes del frío y te bañara, mientras cantás debajo de sus luces. Querría que juntaras tréboles frescos y caracolas de nácar para armar un refugio de náufrago y reposar allí de todas las tormentas. Querría que se abriera la tierra para depositar en el hueco de lava la montaña de penas y que el fuego quemara, irremediablemente, lo que el pasado posee de muerto. Querría que entendieras cómo viven el viento los álamos extensos y te dejaras mecer en el arrullo que los atraviesa.

Tristeza

No se va. Permanece como un espejo idéntico que me refleja y deforma. Cuando intento ocultarme, me persigue hasta los vértices del cuarto donde duermen las arñas de la desdicha desde siempre. A veces suelo interrogarla; pero, después, es peor porque me ataca con sueños dulces que me dejan vacía de todas mis memorias. Hablo e intento escapar en el torrente de palabras que me satura; pero ella es inmune a las palabras. Me las devuelve en una sedosa esquela que, junto a la firma, oculta un puñal para que yo abra mi carne y vea cuán desnuda he quedado de todo.

sábado, 24 de julio de 2010

Gracias por tanto afecto en el día de mi cumpleaños



No sé cuándo decidí enseñar. Quizá cuando tenía pocos años y mi papá me había hecho un mueble que tenía un pizarrón. Yo ponía a las muñecas y a mis hermanos en fila y les daba clase. Quizá haya sido entonces. Lo cierto es que pasaron muchos años y yo sigo jugando a lo mismo, pero, ahora, en vez de muñecas y hermanos, están ustedes. Ahora sé que, cuando una sigue de grande con los mismos juegos de la infancia, la vida tiene prolongados instantes de felicidad. Y yo, pese a todos los dolores y tristezas que me vienen dando tupido hace varios años, soy feliz dando clase. Me divierto con ustedes, aunque me enoje, aunque los rete, aunque sea antipática, maleducada, sarcástica y a veces más de uno desee despeñarme por la escalera.
Sepan que les doy lo mejor que tiene mi alma: los libros y la posibilidad de escribir para que lo que tienen en el corazón no se les pudra adentro y salga transformado. A mí, las palabras -las mías y las de los otros escritores- me permitieron sobrevivir: me sirvieron de flotador cuando me ahogaba, de caricia cuando me sentí sola, de explicación cuando no comprendía, de indicador cuando no sabía por dónde andar. Ojalá, desde el frente, pueda yo enseñarles eso: a sobrevivir con entereza y alegría. Las cosas malas y las buenas en la vida, pasan como el viento. No hay que aferrarse a nada, sólo dejarse atravesar. En medio del dolor más agudo y las istuaciones más terribles siempre alguien tiene la luz de su cocina prendida para mostrarnos que tenemos un lugar para llegar y descansar.

Gracias a todos - a los amigos de siempre, a los nuevos amigos, a los alumnos de ahora, a los de tiempos inmemoriales, a mis hermanos, a mis sobrinos, a mi hijo querido y a los hijos que he ido adoptando por ahí.
En un cumpleaños marcado por la ausencia me poblaron el vacío de mensajes y cariño y me gustaría poder abrazar uno por uno a los más de 400 que se acercaron a mí de una u otra forma para hacerme saber que están, que me valoran, me acompañan y me quieren.
Sólo deseo un poco de tranquilidad para los próximos 365 días que empezaron hoy.
Ojalá pudiésemos darnos todos cita en una plaza alrededor de un mantel de pic nic lleno de cosas ricas y charlar hasta que se oculte el sol.
Los quiero.
Juli

viernes, 23 de julio de 2010

Frambuesas


Mi hermano Pablo tenía ocho años, Mariano diez y yo catorce. Los tres juntábamos frutillas silvestres en la costita de la Península de San Pedro a quince kilómetros de Bariloche, en la cordillera patagónica: fuentes y fuentes de frutillas que lavábamos en el lago heladísimo y comíamos mientras hablábamos... vaya a saber uno de qué. Pero las frambuesas tenían eran otra cosa.
Buscábamos en la cocina -que tenía uno de esos artefactos a leña- una fuente enlozada y caminábamos, los tres, cuatro kilómetros por un camino de tierra juntando piedritas y flores en la vera hasta llegar a la Estafeta que quedaba casi casi al borde de la ruta de asfalto que llevaba a Bariloche. Era la Estafeta de la señorita Cathy adonde llegaban todas las cartas de la Península y tenías que pasar a buscarlas porque no había cartero. Cathy era una vieja inglesa, muy flaca, muy traslúcida, de ojos claros, muy solterona y muy inglesa. Contaban que el día que tuvo que sacrificar su vaca lechera, se calzó unos guantes de raso largos y le disparó enguantada con una pistoletita de cachas de nácar. Le dejábamos la fuente a Cathy y teníamos que volver a las dos horas. Cathy nos la daba rebosante de frambuesas, una montaña de frambuesas que le pagábamos con unas monedas y retornábamos comiéndolas y manchándonos los dedos y la ropa con su jugo violáceo. No sé cuántas monedas le dejamos a Cathy en los veranos de la Península, pero, a veces, íbamos varias veces en un mismo día y, como buenos hermanos, nos peléabamos por ver quién comía más o menos frambuesas. Quizá sea la fruta que me retrotrae a los escasos momentos de infantil alegría que tuvo mi infancia y, por eso, cada vez que veo bandejas las compro para volver a mancharme, para volver a ver los flacos dedos de Cathy tendiéndonos la montaña rosada ante nuestros tres pares de ojos extasiados, para que mis hermanos vuelvan a estar cerca mío y los tres nos miremos la cara rebosante de jugos violáceos.

Para Pablo y Mariano Pinasco que podrían vivir más cerca, carajo.

martes, 20 de julio de 2010

Camino

oTodos los días caminamos: con pequeños pasos para adelantarnos sólo un tanto así. Pero ese tanto es una gran zancada, que nos deja cada día más cerca del río por donde el agua fresca corre. A veces nos quedamos detenidos, otras nos desgarramos de dolor y cansancio; pero ya vamos aprendiendo a engañar a nuestras propias trampas para que no nos ganen. Hemos pasado siete largos, oscuros y luminosos días. Ya sabemos que para rozar el día quince, hay que pasar el ocho, el nueve y así... Tiendo mi mano para tomar la tuya cada vez que me necesités.

sábado, 17 de julio de 2010

Faro


La vida- esa que nos ha maltratado tantas veces- nos está dando otra oportunidad.
Es que lo que creíamos perdido quizá siempre ha estado en su lugar.
Éramos nosotros los humanos imprudentes que hacíamos rodeos para no dar con él.
A la vuelta de un camino aguardaba la esperanza para envolvernos con su abrazo suave.
Acá estoy -como estuve cada uno de los días anteriores-.
Ahí estás -como estuviste desde el primer día que supe de vos-.
Lo demás, lo que nos ha sucedido en olas sucesivas de pena y felicidad, es una historia para contar en las noches oscuras cuando nos sentamos frente al fuego porque la hora es larga y hay que transitar su desvelo imperioso.
Nada ha cambiado en esencia, aunque sea tan diferente esta vez.
De todas las lecciones que recibo, la tuya es la que aprendo cada día con mayor dedicación.

La próxima Navidad

¿Y cómo haré la próxima Navidad cuando se hagan las doce y vos no estés y yo esté comiendo sola sin tu regalo y en medio del silencio en que quedan los que tienen una parte del alma que se ha muerto , pero siguen acá?
¿Qué cosas deberé, entonces, decirme para que el día pase y no suene hueco ni áspero ni roto?
¿Cómo esperaré que se acaben los fuegos artificiales y el verano se ahogue en la mesa deshabitada del festejo que yo ya no tendré?
Nadie podrá reemplazar tu lugar en la mesa y es una pena profunda como un beso que tu sitio haya quedado vacío y exista aún la Navidad.

sábado, 10 de julio de 2010

Anécdota escolar LXXXIX: El diario de Yrigoyen.

Profesora: El título del capítulo, "La hija de Pasifae" es una clara alusión a la cultura dominante en la colonia haitiana. ¿Cuál es esa cultura?
Alumno 1: La francesa.
Profesora: Bien. ¿Y por qué el título es una alusión a esa cultura?
Alumnos: ....
Profesora: ¿Recuerdan la obra de Racine que leímos hace dos años?
Alumnos: ...
Profesora: La de la madrastra que se enamoraba...
Alumno 1: (Interrumpiendo) Yo me acuerdo de uno al que mataban en el baño.
Profesora: ¿En el baño?
Alumno 1: Sí, que la mina le cortaba la cabeza en la bañadera.
Profesora: ¿Agamenón?
Alumno 1: Sí, ese, ese..
Alumno 2: Yo me acuerdo de la del tipo que envenenaba el balneario.
Alumno 3: Un enemigo del pueblo.
Profesora: Ibsen, eso era de Ibsen.
Alumno 2: Y una de un profesor que mataba a la alumna.
Profesora: La lección, de Ionesco. Pero, no, ¿no se acuerdan de Racine?
Alumnos: (A coro.) No.
Profesora: Fedra era la hija de Pasifae y se se enamora del hijo de su marido, de Hipólito...
Alumno 1: ¿Yrigoyen?

Milagritos


Para Andrea L., Eleonora I., Samia D., Alicia B., Diana P., Laura K,
Liliana S., Lucía E., Liliana Ch, Majo G, Mónica V., Adri B. y Adri F. .

Nadie sabe cómo, pero suceden. Vienen orlados con puntillitas macramé color cielo y unas alitas de mariposa para posarse en nuestros hombros. A veces un movimiento brusco puede espantarlos y por eso es preciso ser cuidadosas. Tienen aromas varios: a pan amasado y cocido en horno de barro, a hierbabuena, a página de libro finita de tanto ser leída, a perfumes en frascos de coloridos vidrios. Saben a moras, a frambuesas, a una ronda de mates que nunca se terminan y tienen el color de la esperanza que a veces es muy verde y otras de un oscuro violeta. Son hilos lanzados por el aire que se entrecruzan, se enganchan, suben, bajan, se anudan, se desatan. Y de pronto miramos y vemos un dibujo: cabezas de mujeres por el mundo alrededor de un fuego que alguien prendió para hacerme un regalo que yo venía necesitando hace rato.

(La imagen pertenece a un libro llamado Bouqala que yo compré en el Museo de culturas mediterráneas de Marsella. Cuenta Samia que en Argelia las mujeres se reúnen en el Bouqala a escribir pequeños poemas que les sireven para sujetar el presente e imaginar el futuro. Ese es mi libro.)


jueves, 8 de julio de 2010

martes, 6 de julio de 2010

domingo, 4 de julio de 2010

Nosotros


En este país siempre hay culpables que se señalan con el dedo después.
En este país siempre hay que doblar las rodillas y agacharse.
En este país siempre hay dueños de cada cosa: de la tierra, del sudor ajeno, de las palabras, de los triunfos.
En este país los que ganaron siempre marcan la piel de los que siempre pierden.
En este país hay quienes creen que la verdad también tuvo y tendrá dueño.
En este país hay quienes callan y esperan que caigan los que hacen para matarlos.
En este país hay quienes fueron videlistas y se volvieron demócratas, peronistas y se hicieron gorilas, comunistas y luego liberales, galtieristas y después vengadores.
No puedo hablar de fútbol (a duras penas entiendo la posición adelantada): hablo de historia.
La palabra patria les queda grande a los trajeados de la tele que la invocan antes de cada verbo.
Esos que no se bancan el sudor de un par de negritos que tienen la arrogancia de decir quiénes somos, de sostener una identidad con la que los "patriotas" no comulgan porque no va a venir nadie a decirnos cómo jugar al fútbol y cuando las cosas salen mal, brotan como vampiros a sorber la sangre que pisotearon antes.
Y nosotros gritamos porque no estuvimos en los aviones del 55 ni molimos a palos a nadie con los Bastones Largos ni agujereamos cuerpos aquel mediodía en Ezeiza. Nosotros fuimos torturados con cada secuestrado, tenemos desaparecidos y exilados que nos parten el alma, acumulamos muertos, golpeados, chicos asesinados en una guerra ilógica. Nosotros no firmamos puntos finales ni obediencias debidas, no multiplicamos vinchucas en los ranchos ni quemamos los libros, nosotros no firmamos pactos avergonzantes, indultos lamentables.
Nosotros somos los que ahora lloramos no porque tengamos que volvernos, sino porque ya prendieron la hoguera y acercan los carbones de sus frases para quemarte, Diego. No te preocupes, Gordo, nosotros resistimos a cosas más difíciles y seguimos cantando.
¡Vamos, putos, canten!
¡Diegó, Diegó!

Hay una clase de hombres que siguen conmoviéndome: los que hacen de su hacer lo que son.
Maradona es uno de ellos: porque salió de la nada, porque es arrogante y nadie lo perdona, porque atravesó infiernos, porque tiene el alma quebrada por sus sueños, porque dice lo que todos se callan, porque es soberbio, porque tiene el tupé de reivindicar su origen y mezclarse con todos los indeseables que siguen habitando este planeta, porque se contradice, se enoja, se fragmenta: no te vayas a ningun lado, Diego, no te vayas: vos sos esto que hacés, si no lo hacés vas a morir de pena. Nosotros te seguimos bancando y la sabemos larga de resistir tormentos, vendavales, gente que dice "patria" y se vendió hace siglos al que le puso plata. No te vayas, Diego, no te vayas.
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