miércoles, 30 de junio de 2010

Las chicas Sicilia 2011

Las chicas Sicilia 2011 no nos conocemos los rostros (sabemos que no importa demasiado).
Compartimos espacios que fueron armándose casualmente: alguien murió y ese hecho, doloroso y fortuito, hizo que dos de ellas se unieran en un correo. Cada una fue aportando lo suyo a la ronda del fuego: palabras, colores, relatos, consuelos... ahora parece que siempre estuvimos en nuestros corazones.
Después las luces se prendieron y otras se fueron acercando desde latitudes distintas. Las chicas Sicilia 2011 vivimos en Estocolmo, en París, en Argel, en Alemania, en Miami, en tantos sitios desparramados por la emigración y el destino, tantos que algunas de ellas hasta quedaron varadas en la ciudad de origen llamada Buenos Aires.
Nos arrimamos en ronda para sostenernos en la adolescencia de nuestros hijos, nos enviamos alientos por el viento, festejamos los triunfos deportivos, nos acercamos libros, experiencias de vida, fotos de sitios donde fuimos felices.
No hay amistad más bella que la de los corazones encendidos y apasionados.
Me gusta que pensemos encontrarnos a la orilla de un mar que hizo historia en un viaje de ninfas, que eso somos.

Ausencia justificada

Escribo contra reloj una novela.

Ya volveré.

lunes, 28 de junio de 2010

Mariano Levin: Sueño


Hoy tocaste a mi puerta y yo estaba dormida con mi camisón con estrellitas lavandas. Me corrí a un costado para que pudieras caber, aunque, ahora, ocupás un lugar tan pequeño. Me pasaste tu mano por la cintura, como lo hiciste siempre, y nos volvimos a dormir. Yo soñé con una casa de paredes azules donde las sillas están pintadas con palabras en el respaldo. Soñé que ponías migas adentro de las macetas para que los pájaritos bajaran con sus alas de lluvia a comer, soñé que volvías a preparar tu café espantoso y lo servías en esas tazas chatas que no volví a sacar. Me pusiste frambuesas en todas las tostadas, me oliste la espalda como el perro perdido que siempre fuiste para mí, apoyaste tu boca en mi nuca desnuda y frotaste tus manos en el pliegue delgado de mis rodillas. Después te sumergiste en el pozo donde las clavículas se juntan con el esternón y sabe a sol. Al rato me desperté sobresaltada: estaba sola con mi camisón y una cama vacía donde hace 12o días que faltas. ¿Cómo es posible -me dije- que hayas muerto? ¿Cuál es la broma? ¿Cuándo llegará el sobre con la tarjeta que siempre me mandabas los 9 de cada mes? ¿Por qué no me disjste que ibas a morirte así yo preparaba mi maletita roja y me tomaba un avión que me hiciera desaparecer de toda esta tormenta de tristeza que a veces no me deja ni siquiera pensar? Alguien abrió la puerta: era una puerta de marfil y pasé.

domingo, 27 de junio de 2010

Mariano Levin: 120 días

Mariano:
Mañana van a hacer ciento veinte días. Tantos y tan pocos.
Si estuvieras ahora, estaríamos preparando el asado para ver a la tarde el partido; yo estaría diciendo que quiero que Alemania e Inglaterra pierdan los dos y vos que pido imposibles, como siempre.
Estaríamos terminando el mural en la pared de San Bernardo y ya habríamos instalado las dos salamandras para viajar en el invierno. Yo te habría llenado de colores, de verbos azules y fragantes sustantivos anaranjados, y habríamos bailado hasta la extenuación.
Ya habríamos regresado de nuestro mayo en París y estaríamos acomodando piedras, papeles, pececitos, tazas y cajas de té blanco recolectado con tijeritas de oro en el alba oriental.
Nuestro libro de las horas ya iría por la entrada dos mil y verías los dibujitos que ahora me he atrevido a mostrar.
Te pondría contento saber que empiezo mis clases de caligrafía, que sigo con el taller de foto y que colecciono los lugares donde queríamos viajar.
Escribo una novelita que tirarías a la basura por feminista y barroca exclamando, como siempre, que soy una trotskista del género; yo te acusaría de stalinista y nos reiríamos de nosotros mismos un buen rato, como lo hicimos siempre, como nos encantaba hacer.
Querría que vieras lo que veo, que sientas lo que siento, que escuches lo que oigo y nada de eso puede ser así.
Tu amor es una piedra intacta que brilla en medio de mi soledad, y, aunque a veces, me enojo con tu muerte; al rato te vuelvo a perdonar.

También quiero que sepas que evito pensarte demasiado. No es olvido: es simple deseo de vivir.
besos besos besos (así, como siempre por tres)
Giulia

sábado, 26 de junio de 2010

Miedo



Hay una línea sutil en que la luz de la noche se puebla de repentinas bocas de colores y, suave, empieza a amanecer. Las cosas adquieren un contorno doble y se adensan en su objetividad inevitable. La respiración se acelera con el frío cortante con que la realidad se hace su propio recoveco y deja el pasado donde la subejtividad desenrrolló su melodía de efímeras figuras y soñadas presencias. Allí, en ese mismo sitio, en que el mundo vuelve a corporificarse delante de mis pupilas, debajo de mi cuello, atrás de mis omóplatos delgados como alas, cancelo las posiblidades infinitas y pienso en lo que es, en lo que el día tendrá para ofrecerme y me da tanto miedo, tanto perlado medio en medio del pecho donde una estrella roja tirita de silencio que desearía volver a la hora en que la vida se olvida, enredada en almohadas solitarias donde nada podría ya doler. Pero la luz trepa las medianeras, se instala como dueña entre las cosas, el mundo sacude las alfombras de los aromas y todo anda hacia donde se puede, pero anda y alguien, a lo lejos pone música y huele a pan la casa, pese a todo, y sabe a mañana de sábado en la que las palabras titilan bajo este vidrio azul. Es la vida: contundente, anhelante, perfecta como un globo contra la superficie dura del cielo que se puebla de voces que desconozco y me da miedo oír. Es tan bella la hora que temo que se quiebre como todo. No puedo evitar que los peces naveguen en un profundo mar de corrientes celestes. Después me ducho, hablo, bebo café y todo se desliza en su desmotonía de día que se llena, uno tras otro, de memorias que no creí tener. Me río de los temores matinales porque sé que la noche llegará otra vez.

jueves, 24 de junio de 2010

La Magna Grecia 2011

Invierno


Extraño tus brazos envolviendo mi cuerpo como una manta de viaje contra el frío y la humedad del invierno. En el mundo no hay edredones que puedan compensar tu ausencia y las almohadas suspiran de desolación porque no tienen sueños que puedan habitarlas, ni secretos que escuchar en la penumbra entibiecida de la noche. Afuera sopla el Austro y la tormenta intenta cuajarse mientras a tantas cuadras tus huesecitos se mueren una vez y otra vez de soledad irremediable y de silencio y yo tirito con mi pullover rojo que te extraña sobre la piel desnuda para siempre sin tus manos, sobre mi cuello llovido sin tu boca, sobre mi nuca sola sin tu aire. ¿Con quién hablaré cuando las cosas que tengo que decir me empujen las entrañas y no cesen ya de doler? ¿A quien acunaré para que no lamente las cosas que no fueron, la historia que se pudo, la vida que pasó? Desde tu muerte tan próxima le hablás a mi presente y yo siento el frío entre los dientes una vez más.

miércoles, 23 de junio de 2010

La puerta de marfil

Me he servido un té, en esta hora de la mañana en que todos duermen menos yo.
Lo he bebido en silencio, vacía de palabras que acudan a explicar la soledad y la pena.
Todo sigue su rumbo tachonado de pequeños instantes de alegría en medio de la desolación. Ya sé que es así siempre la vida aunque a veces parezca doler más.
Dicen todos que admiran mi fortaleza frente al viento que arrecia con frecuencia.
Sólo yo sé cuánto hay de coraza y cuánto de medular fragilidad.
El té se agota con rapidez y hay que volver a servirlo.
A mis pies hay una madeja de hilos deshilachados que ya no se puede anudar.
Las sábanas flotan tendidas en la brisa que sopla desde el mar.
Querría que estuvieras a mi lado, con tu taza en la mano, viendo subir el sol.
Pero -como Eneas- siempre me toca la puerta labrada en marfil.

lunes, 21 de junio de 2010

Los cielos de Magritte


Mariano, ¿dónde están ahora tus cielos de Magritte? ¿Dónde quedaron los azules transparentes en que nos dejábamos estar para hacer nada y el tiempo volaba mientras la hora se dormía debajo de los tilos? Vos servías un té y yo te hablaba; y las palabras trepaban a la terraza para poder distinguir la tersura de las nubes que viajaban sobre nuestras cabezas. Después, vos tuviste la idea de morirte en ese nefasto día en que hacía tanto calor y el cielo era más Magritte que nunca. Yo me quedé acá, buscando nubes que pasan para ver si vas en alguna con mi taza de té blanco comprado en Paris, ese que se corta al alba con unas tijeritas de oro y se bebe de a dos. Pero Magritte debe haber muerto el mismo día de febrero en que elegiste morirte vos. Mi corazón te llama entre fotografías y papeles y dibujitos de colores para que encuentres una ruta y empieces a volver al cuarto donde todo te nombra hasta los cielos transparentes de René.

domingo, 20 de junio de 2010

La señorita Cielo cumple años


Julieta Pinasco
Junio de 2010

Telémaco busca a su padre

Un día más en esta isla inhóspita donde sólo me rodean mujeres que no dejan de hablar de cosas que no puedo comprender. Debo armar una barca de tablas de flexible fresno y ninguna sabe cómo se untan con brea las tablas para que el mar de aguas púrpuras la haga flotar.
Querido padre, cuyo rostro ya no puedo retener, perdido como está en los agujeros que van creciendo en mi memoria; querido padre, el más amado de todos los hombres para mí: afuera está el mundo: es tan bello y me produce tanto dolor. ¿Dónde quedó tu mano suave que me había prometido el primer empujón? De todos los penares que me aquejan, vos sos el primero e inevitable, solo como estoy en este páramo rodeado de agua que no sé cómo navegar.
Mi íntimo nombre, el apelativo familiar que me aniña, necesita la fortaleza del oikos que me has dejado y desconozco cómo administrar. No es que Penélope sea una mala mujer; pero es tan solo mi madre: para ella siempre necesitaré papillas y mantas y una pelota con qué jugar. Yo preciso el ancho mar, las costas escarpadas y las planicies verdes más allá de estos mares de olas vinosas. Dicen que en el norte hay tierras donde el agua cae congelada del cielo y cubre la tierra como un manto blanco. Yo no lo puedo creer.
Necesito pensar que no te has muerto y que regresarás una tarde de mayo cuando el trigo esté en flor. Ese día, Odiseo, nos haremos juntos a la mar y seremos padre e hijo flotando en las aguas hacia el sitio donde nunca se pone el sol.

Querido papá, cuánto te extraño hoy.
Cuánto te necesito siempre.
Tu hija Julieta

sábado, 19 de junio de 2010

viernes, 18 de junio de 2010

Dibujos

Somos pedacitos incandescentes que brillan en la oscuridad de una noche sin sentido.
Nadie puede ver el dibujo definitivo en el que estamos insertos, pero todos creemos saber y comprender.
Somos fatalmente absurdos.

Sensaciones

El miedo es una sensación que pertenece al mundo animal y se siente en la nuca.

jueves, 17 de junio de 2010

Tejido

No hay forma para tejer la realidad que no sea esta: un ovillo de cosas y dos agujas en el cerebro que pasan los puntos para armar una trama. Hay punto Santa Clara, arroz, jersey. Hay quienes tejen liso, quienes con guardas de colores, otros con trenzas, calado, con bordados superpuestos. Algunos usan lana, o algodón o seda. La única verdad es que todos tejemos para no andar desnudos y que nos mate el frío: el resto es pura adrenalina.

domingo, 13 de junio de 2010

Mis mil y una noches

Yo conocí un hombre que cada noche escuchaba una historia y mis palabras lo rozaban como espejos azules hundiéndose en el oxígeno que respiraba en mi boca.
Yo conocí un hombre que pendía de mis finales como si fueran cristales perfumados en el borde del lecho y en la matriz profunda de mis cuentos se sumergía para recuperar el cuerpo que no había tenido.
Yo conocí un hombre que observaba mis labios y caía en ellos empapado en el agua violenta de mi lengua que todo lo decía.
Yo conocí un hombre que me pedía que le diera un palacio de verbos para pasear su alma tomada de la mía, enlazada en el aire como si fueran pájaros verdes y anaranjados sostenidos en tímidas campanas que sonaban suavísimas.
Yo era Scherezada, la que todo lo cuenta; pero no supe cómo cambiar su vida por un cuento.
Yo concoí un hombre que me dejó cuando vino la Muerte y le prometió relatos infinitos para siempre.

sábado, 12 de junio de 2010

Silencio

Evito decirte para que no te instales en mi tristeza como si fuera toda tuya y no quiseras compartir.

La señorita Anita

Rey rojo

Dice un poema sobre Inglaterra que Alicia es esa niña que fue soñada por un rey rojo a quien ha soñado un tal Lewis Carroll. Soy Alicia y un rey rojo ha dejado su foto tirada en una esquina para yo recuerde.

Shinto

Cuando nos anonada la desdicha,
durante un segundo nos salvan
las aventuras ínfimas
de la atención o de la memoria:
el sabor de una fruta, el sabor del agua,
esa cara que un sueño nos devuelve,
los primeros jazmines de noviembre,
el anhelo infinito de la brújula,
un libro que creíamos perdido,
el pulso de un hexámetro,
la breve llave que nos abre una casa,
el olor de una biblioteca o del sándalo,
el nombre antiguo de una calle,
los colores de un mapa,
una etimología imprevista,
la lisura de la uña limada,
la fecha que buscábamos,
contar las doce campanadas oscuras,
un brusco dolor físico.

Ocho millones son las divinidades del Shinto
que viajan por la tierra, secretas.
Esos modestos númenes nos tocan,
nos tocan y nos dejan.

Jorge Luis Borges

viernes, 11 de junio de 2010

Mademoiselle Papillon


Julieta Pinasco
Junio de 20.10

Musée du Moyen Age: La dame et le licorne



Me bajé en Cluny y caminé bordeando el parque medieval detrás de la abadía. Había algo sagrado en el momento que no quería apurar. La mañana ardía de calor. Me senté en el patio y esperé mirando las paredes, el aljibe, las gárgolas. Ella estaba allí, tras esas puertas, aguardando mi llegada después de tantos años. Era una cita programada a la distancia. Voy a París a verla, dije, Y su recuerdo apretaba mi corazón. Paseé por las salas, una tras otra, demorándome hasta lo infinito. Nada agudiza tanto el deseo como saber que está allí, al alcance de las manos, y podemos posponer el momento del placer con entera conciencia de la factibilidad de la felicidad. Finalmente, la escalera. Tuve en ese instante la sensación de una epifanía: allí arriba, después que yo subiera uno por uno esos escalones, estaba ella para hablarme de su sólo deseo, de los sentidos como única puerta de acceso al conocimiento. Lejos de cualquier alegoría propia del pensamiento medieval, el encuentro era mío con ella: con su fina figura, con sus manos delgadas que prueban las uvas y rozan al unicornio. Y al cabo del ascenso, la sala en penumbras, la gente en susurros y ella allí. Para mí, sólo para mí.

jueves, 10 de junio de 2010

Reparaciones

Esta escriba ha entrado al taller de reparaciones de ocasión de ser afectada por una laringitis que la ha dejado muda y que, prontamente, se complicó transformándola en una mezcla de musgo y ameba dubia. Antibióticos y demás pócimas mediantes saldrá en su estado cerokaeme.

La señorita Mailén y sus raros peinados


Julieta Pinasco
Junio de 2010

lunes, 7 de junio de 2010

Orígenes


Dicen que mi bisabuelo Manuel escribía poemas y los guardaba en el fondo de un ropero. Los hallaron, húmedos y con la tinta corrida, cuando él se murió. Mi tío Teo era un niño grande en medio de su encierro en España. Era grabadista, dicen que el más grande que dio el siglo pasado en la Península. Medalla de oro en la Bienal de Venecia, el tío Teo tenía ojos de asombro sempiterno y, dice el primo Jaime, sus manos eran suaves y lisas a causa de los ácidos. Mi padre hacía juguetes de madera y latón para mi hijo en los ratos en que se desentendía del teatro o de la fundición de metal. Uno de mis hermanos hace música; el otro diseña. Mi madre había conocido a mi padre en el escenario de un teatro en el que yo festejé mi cumpleaños de tres años. Vengo de donde vengo y sé hacia dónde voy.

domingo, 6 de junio de 2010

Escritura

Yo ya sé que te has muerto -cómo ignorar las noches como abismos, el frío que corrompe mi garganta, las lágrimas que agrietan mis mejillas, los silencios largos como un exilio-.
Lo que yo no sabía hasta hoy era que escribir podía ser tan solitario.
Pienso a quién darle mis libros para que los complete con comentarios hechos con lápiz negro en los bordes y sólo te veo a vos y mis libros se mueren de tristeza porque se fue quien los mecía, los despojaba, los liberaba...
Y nadie viene para decirme qué bello lo que digo con una voz suavísima en el túnel sin fin de mis orejas.
Así es estar sola.
Así es que hayas muerto.
Es escribir para nadie lea por vez primera y me diga que sí o me diga que no mientras pasa sus manos por mi cabeza que descansa en su pecho.
Entonces no sé para qué hago lo que hago si no encuentro en mis bordes tu lápiz que me amaba.

viernes, 4 de junio de 2010

jueves, 3 de junio de 2010

Los pájaros

En medio de mi cuerpo quedó tu nido, un pequeño resguardo en el que te alimento cada día y te pregunto cómo hiciste para pasarte tantos días hilando tu secreto. Leo en tus letras el color de tu miedo,y entonces pienso que tu corazón era una nave honda donde mis huesos se hacían transparentes y me llevabas en todos los bolsillos de tu cuerpo para oler mi perfume cuando ya no estuvieras, cuando te hubieras muerto para todos. Yo te beso en el aire y sirvo té en mis tazas de panzas achatadas mientras el día crece, mientras el día pasa, mientras llega otra hora, igual a la pasada, que dice que partiste, que nada puedo hacer sino pensarte para que estés aquí, para que pases tu mano por mi cuello que te aguarda. Y nada se supone, excepto que te has muerto y están aún los pájaros cantando.

miércoles, 2 de junio de 2010

Cena


Ha llegado el invierno a tocar a la puerta de mi pecho, pero en el resguardo de mi sangre está el calor de tu memoria para ampararme de todas las tristezas que guarda en su maleta de tormentas. Mis tazones de sopa se apenan con tu ausencia y las cucharas dejan caer sus lágrimas plateadas en la mesa. Solo se queda el pan y un vaso que naufraga, sola la servilleta y la hora nocturna que no encuentra el espacio para durar y se hace un ovillo pequeño que apenas me cabe entre dos dedos. Me miro hablarle a los espejos que no guardan tu imagen y se lamentan el vacío que pasa- uno tras otro- como si fuera una burbuja inédita de nada. Me duermo entonces; pero en las sábanas tu muerte se triplica para alcanzar la dimensión terrible de la falta.

martes, 1 de junio de 2010

Hienas y leones


Restos.
Las hienas comen restos.
Lo que no devoraron cuando la sangre iba bullendo.
Y se ríen.
Felices con los restos putefractos.
Yo soy una leona que ha cazado en la madrugada
y ahora cuida su guarida en la selva.
Ellas ríen.
Yo sola sé de qué color era la risa del león.
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