viernes, 30 de abril de 2010

Manual de supervivencia

Hubo épocas en que tocaba el piano y otras en que bailé en puntas de pie.
Ahora intento asirme de imágenes y palabras para no naufragar.
Te he hecho en mi alma un nido de tibieza con colores y sustantivos que sólo saben de vos.
En mis fotos, la nostalgia del amor late con una punzada de dolor y felicidad.
En mis palabras, el corazón se reviste de felpa para soportar la noche de tu muerte otra vez más.
Sobrevivo con pequeñas acciones cotidianas y porque cada día te extraño mucho mejor.

Libro de artista: Encuentro/Desencuentro


Imagen 11
"Él le habla"
Julieta Pinasco
Abril de 20.10

Tu amor

Como agüita fresca
Como un río limpio
Como viento claro
Como lluvia mansa...
así tu amor en mí.

jueves, 29 de abril de 2010

Libro de artista: Encuentro/Desencuentro


Imagen 10
"Ella se acerca a buscarlo"
Julieta Pinasco
Abril de 20.10

La fonte


Aquesta viva fuente que deseo,
en este pan de vida yo la veo,

aunque es de noche
.
San Juan de la Cruz


Me cruzan las palabras como si fueran flechas.
Todas llevan una carga de luz y dan en el blanco rojo de mi corazón.
Estoy llena de vos como si fuera un cántaro al borde de la fuente que lo alberga.
Estoy llena del último soplido de tu vida y me alimento como si fuera un náufrago perdido.
Tan sólo yo conozco tu perfecta abundancia, tu sagrada ternura, tu dulce mansedumbre.
Y la fuente que mana en medio de las horas está ahora en mis manos, en mi alma serena.
Que bien sé yo la fonte que mana e corre.
Aunque sea en la noche de tu muerte.

Ad solitatem

Mi soledad no pide explicaciones porque está llena de vos.

miércoles, 28 de abril de 2010

Libro de artista: Encuentro/Desencuentro


Imagen 9
"Ella ve que él está allá"
Julieta Pinasco
Abril de 20.10

Anécdota escolar LXXXVII: .¿Lemon pie o torta de queso?

Profesora: En esta página hay una lista de sustantivos. Teniendo en cuentalas reglas que acabamos de aprender, escriben los respectivos plurales.
Alumna 1: Profe, tengo que hacerte una pregunta. (Hace el gesto de levantarse.)
Profesora: Desde el banco, así aprovechan todos la respuesta.
Alumna 1: Es que no me vas a entender si no leés.
Profesora: ¿Qué tal si hacés la prueba e intentás explicarte para que yo entienda?
Alumna 1: (Resopla) ¡Uff! ¿Viste la lista? (La profesora asiente.) Bueno, ahí hay una palabra...¿es pie o pai?
Profesora: (La mira sin comprender.)
Alumna1: ¿Ves? ¡No entendés! ¡Tengo que mostrarte! (Hace el gesto de levantarse.)
Profesora: (Se da cuenta que la alumna ha leído "pie" en inglés.) ¡Por favor, quedate en tu lugar! Pie, pie...¿cómo va a ser pai en una clase de lengua española? ¡Dios mío!

Mariano Levin: dos meses recordándote




Me quedo recordándote:
tu risa enamorada de mi boca y mi cuerpo, breve, derramado en tu abrazo;
tus palabras enredadas con las mías en la superficie profunda de la hoja;
tus tiempos de bordearme como fiera enjaulada;
tus regalos, pensados y buscados como ofrendas;
tu entropía angustiosa;
tu sueño de una vida diferente;
tus pasos en la orilla de todas las aguas que bordeamos;
tu brazo enroscado en mi cuello para apretarme cerca;
Me quedo recordándote,
hombre pantano que me despertaba empapándome,
hombre a(hu)mado de esta mujer pequeña que cabía en el hueco profundo de tu mano.
Me quedo recordándote guardada en tu maleta para rozar tu cuello, para aliviar tu espalda;
ovillada a tu lado mientras la noche corre con todo su bagaje de ruidos.
Me quedo recordándote debajo de la tierra, sólo, callado, muerto como se mueren todos cuando la sangre fluye como un río de miedo que no puede enfrentar los anhelos de aire.
Será verdad que soy yo y lo que vos querías que hiciera con mi alma; pero me muero de pena de tanto no tenerte, de que te hayas muerto sin decirme que me quedaba un tiempo de tristeza infinita en que el calor se hizo fresco, en que vendrá el frío y de nuevo el verano y no estarás sino con tu rostro de muerto repleto de luces de colores pero impalpable y lejos.
Aprenderé a estar en mí después de haber tenido la extensión de tu cuerpo que se comió tu vida con una sola dentellada de quietud silencio.

Sesenta

Durante sesenta días te he llevado y te llevo como una boca en medio de mi boca.
Tenemos todavía muchas copsas que perduran y tienen la contudente materia de los sueños.
Quizá si nuestros bienes compartidos hubieran sido casas o dinero ya se habrían disuelto como polvo en el aire,
pero tuvimos palabras y caricias y tazas de té y música y bailes y cientos de colores y abrazos que perduran como piedras, inamovibles, únicos.
Y vos, con tu pena de muerto, te acostás en la tarde en el sitio en que duermo -que era tu lado de la cama- y cuando llega la noche el lugar está tibio, esponjoso, abrigado.
Los días se suceden: en ciertas ocasiones asemejan montañas y en otras son planicies para dejar que mi cuerpo resbale.
Cuando comience mayo no iremos a París, pero el día que vuelva será contigo anudado en los ojos como mi propia vista.
La muerte es una estúpida costumbre que debería ser erradicada del calendario de la gente que se ama.

Herencia


Otro mes ha pasado: dos desde entonces.
La vida se ha tornado diferente.
Me veo como si fuera otra: extranjera de todo y de todos.
Hay una parte mía que se levanta, que se viste, que sale a trabrajar y regresa y otra que se extrema hasta el agotamiento por producir, por no dejarse morir.
Hoy pensaba que tus palabras, aquellas de la reja que pintábamos en enero en San Bernardo, se han hecho carne en mí y fulguran.
Yo sé lo que dijiste y recién ahora percibo cuán obediente soy con ello.
Es una misión sagrada la que vos me dejaste: la cumplo con paciencia y en ella me sostengo.
Todo dará sus frutos, Mariano, porque así debe ser, porque debía haberlo sido hace miles de años.
Sòlo quiero que sepas que no puedo dejar de pensarlo y que lo hago con obediencia y pasión de militante como todo lo nuestro.
Tu muerte me ha vaciado y ha llenado mi alma, mis dedos y mi boca.
Esa ha sido la herencia que me diste aquel día: la conservo y la nutro porque ella te nombra como mi misma sangre: siempre y en todos los instantes.

martes, 27 de abril de 2010

Libro de artista: Encuentro/Desencuentro

Imagen 8
"Él se acerca a buscarla"
Julieta Pinasco
Abril de 20.10

Libro de artista: Encuentro/Desencuentro

Imagen 7
"Él ve que ella está más allá."
Julieta Pinasco
Abril de 20.10

Fotografía Mariano Levin
Bahía Bustamante, Provincia de Chubut
Febrero 2010



Ha quedado la taza sin beber y el viento llena el líquido de polvo. Las hebras de té suspiran y las cucharas olvidan qué era eso llamado revolver. Nadie conoce ahora -yo al menos- a qué sabía el té a la hora en que el silencio es una honda oscuridad cerrada. Vos te marchaste y la mesa quedó tendida en casa. Y van desdibujándose los días mientras recuerdo tu voz como si hablaras en mi oído. En tan pocos instantes se alucinó de muerte nuestra vida y no tuvimos el tiempo suficiente para decir que no y presentar batalla. Que todo se hizo sangre vacía y te empecinaste en partir como si lo tuvieras decidido y fuera inevitable. Que pronto come el cuerpo lo que tuvo de alma, de corazón, de miedos y ocupa todo con su perenne sacrificio. Y te quedaste quieto, y te quedaste frío y te atrapó la muerte. El té estaba servido para nadie.

Víspera

El amor es una copa rota que quedó entre mis manos después de haber bebido. No tengo sed, pero me sangran las manos con los vidrios que mantengo en los manos para poder vivir.

lunes, 26 de abril de 2010

Trabajo de Biología

Thaís -de tercer año B- me envía un mensaje pidiéndome permiso para dedicarle un trabajo de Biología sobre el Mal de Chagas a Mariano. Le contesto que me emociona y me pongo a llorar.
Vos, desde el sitio en que hace dos meses estás, debés estar preguntándote cómo es posible que los pibes me quieran, torturándolos como se supone que los torturo con trabajos y exigencias imposibles. Es que mi ferocidad, Levin , debe tener aristas dulces y vos entraste dentro de ellas con facilidad. Bien lo dijiste aquel día en el auto mientras te desgranaba uvas: "Sos la maldad encarnadísima, pero tenés una dulzura que no me deja pensar."

La media

La tristeza es una manta suave que se adhiere a mi piel hasta hacerse con ella y me pregunto, lejana y tibiamente, por qué tuviste que morirte dos meses hacia atrás y dejarme tan sola que no sé cómo sacarme la agonía de adentro de la carne, de adentro de la sangre, de adentro de la vida que me quedó vacía como una media vieja.

Libro de artista: Encuentro/Desencuentro


Imagen 6
"Ella descubre su mundo interior"
Julieta Pinasco
Abril de 20.10

Libro de artista: Encuentro/Desencuentro


Imagen 5
"Él descubre su mundo interior."
Julieta Pinasco
Abril de 20.10

Estar sola

Al día siguiente viajabas a Brasil y, en Buenos Aires, hacía frío.
Los dos estábamos resfriados y la sombra de la gripe A volaba sobre la ciudad.
Tomamos sopa de zapallo y comimos lemon pie.
Hablamos sobre Sarmiento y su Facundo. Vos prometiste que lo ibas a leer (y, para mi asombro, cuando a los quince días me fui a la Patagonia, lo hiciste, maravillado por las claves futuras que el libro ofrecía).
A medianoche te preparaste porque tu avión salía muy temprano.
En el patio helado me abrazaste y me dijiste al oído que te daba tristeza irte.
Yo, con ese don de la oportunidad y de la amabilidad que suele caracterizarme, te dije: Andá tranquilo, a mí me encanta estar sola.
Te reíste mientras me besabas
"No me cabe la menor duda.", dijiste, "Pero igual a mí me da tristeza irme y dejarte acá."
A lo largo del tiempo que estuvimos juntos, este fue un tema constante de conversación: mis deseos de soledad y los tuyos de acompañamiento.
"No sé estar solo", decías a menudo.
"No sé estar con otros", decía yo.
"No puedo poblar mi silencio con la riqueza con que lo llenas."
"No puedo poblar de bienestar el estar en compañía como lo hacés vos."
"Tengo una compulsión por lo social."
"Soy una autista ineludibe"
"Quiero una familia que me acompañe siempre."
"Quiero una casa en la montaña sin nadie a 500 kilómetros a la redonda."
"Ayudame a disfrutar del silencio y la soledad."
"Ayudame a disfrutar de los demás."
"Te necesito.", me dijiste.
"Te necesito.", te dije yo.

Y ahora estoy aquí: poblando mi soledad con las imágenes de mi alma para no darme cuenta de que ya no estás.
Jean-Michel Adam sostiene que la narración parte de un estado de equilibrio que se mantiene hasta la aparición de un disparador narrativo al que llama complicación. El relato necesita, entonces, de otro disparador denominado resolución para arribar a una situación final que configura también como de equilibrio. Y dice: "La situación final es un estado de quietud nuevo porque el sujeto narrativo ha sido atravesado por la situación relatada y adquirió un nuevo conocimiento que transforma su estatus narrativo. "
Así me siento yo: como un relato que algún narrador ha finalizado de contar.

domingo, 25 de abril de 2010

Libro de artista: Encuentro/Desencuentro


Imagen 4
"Ella prueba hasta dónde se extiende su soledad."
Julieta Pinasco
Abril de 20.10

Libro de artista: Encuentro/Desencuentro


Imagen 3
"Él prueba hasta dónde se extiende su soledad."
Julieta Pinasco
Abril 20.10

Libro de artista: Encuentro/Desencuentro


Imagen 2
"Cada cual en su propia burbuja vacía..."
Julieta Pinasco
Abril 20.10

Caída frágil

Sos capaz de arrojarte de un piso cien para que me coloque abajo y ataje la caída; pero, tenés que ir sabiendo, que no retengo el calcio, que mis huesos están cada día más frágiles y para qué vamos a hablar del corazón -el metafórico- que ese ya está casi hecho polvo. Así que deberías empezar a pensar en otra forma de invocar mi colaboración en tu rescate o aprender a nadar en medio de tus miedos.

Pero...

Me diste todo el aire, pero no me enseñaste a respirar bajo el agua en que me dejaste.
Me diste todo tu tacto, pero te llevaste tus manos que me buscaban.
Me diste las palabras, pero me dejaste sin verbos que pudieran nombrarte.
Me diste desayunos bajo tilos, pero te llevaste las tazas donde beber el té.
Me diste vestidos de colores, pero me dejaste un invierno en el cuerpo donde siempre hace frío.
Me diste pececitos de colores, pero no me enseñaste a ver a través de sus escamas traslúcidas y blancas.
Me diste la ternura que estaba en mi alma, pero te llevaste el cántaro donde hacerla crecer entre las flores de cada primavera.
Me diste tu promesa de muchos días juntos, pero se te dio por morirte como si no importara la palabra empeñada.
Me diste todo, pero ahora tengo sólo una nada que crece en medio de mi pecho y me acuchilla con su filo de escarcha.
Y crecen los vacíos como agujeros sin tiempo ni mañana.


El lector



Foto de Mariano Levin

Que no te quería era casi evidente.
Gato ("¿Qué nombre es ese para un animal al que decís querer?", exclamaste. Ah, claro, repliqué, mi cariño domesticador se hubiera manifestado con mayor evidencia si le hubiera puesto Bigotito o López o San Agustín... Callate, Levin, que los gatos no construyen su personalidad a partir de un nombre. Aunque es ya de por sí curioso que hablemos de la personalidad de un gato cuando deberíamos decir su gatidad o siquiera su felinidad. Yo le digo gato y bien llamado está.) quiso ser siempre perro: sale a ver quién viene, se sube a los visitantes para que lo acaricien, te salta entre las piernas al caminar, te persigue por toda la casa cuando regresás...
Con el único ser humano que Gato se comportaba como tal era con vos: distante, ausente, sumido en una indiferencia que más sabía a sordo rencor que a otra cosa. En cuanto aparecías, se instalaba en el sillón y, desde allí, medía en qué residía el peligro de tu presencia en su reino y hasta donde le era dado desafiarte.
Ese domingo de primavera -el de la foto- estaba fresco y yo, en un sillón, y vos, en el otro, leíamos en silencio. De pronto, regresado de vaya a saber dónde, Gato hizo su aparición. Dio un rodeo al sitio en que vos estabas sentado, sin mirarte, y subió encima de mí que leía a Salman Rushdie acostada en mi lugar. Recuerdo que te observó con atención y luego se echó, dándote la espalda y, al rato, puso sus patas sobre mi libro.
"Dame la cámara", dijiste y yo te indiqué cómo encontrarla en mi cuarto.
Cuando volviste empezaste a fotografiarnos.
"Nadie va a creer que tu gato lee...pero este animal está leyendo."
Me reí y agregué:
Estoy empezando a enseñarle a corregir. En unos meses lo tengo listo y no tengo más trabajo para el hogar.

Anoche, antes de que Gato se ovillara junto a mí para domir, me preguntó por qué no habías vuelto más. Intenté explicarle lo que te había sucedido y sus ojos se llenaron de una humedad de selva que no supe bien a qué atribuir.

sábado, 24 de abril de 2010

Tus ojos


Trazo caminitos con piedras pequeñas.
Dibujo senderos con migas de pan seco.
Dejo que los pájaros hagan líneas con sus alas en el cielo.
Sigo las huellas del agua en la arena mojada.
Y todas las rutas me llevan a tus ojos que cada día me miran más.

La pena


A veces la pena es suave y acepto que duerma ovillada en mi cuello.
Otras es fiera como un zarpazo descomunal, un tarascón inevitable, un mordisco insolente y nada puedo hacer para ralearla: no he aprendido aún el arte de los domadores de circo y siempre salgo herida de la jaula en que me mido con ella.
Deberías haberme enseñado cómo endulzar a los leones de la desdicha cuando se ponen bravos y me mastican sin prisa ni piedad entre las rejas.

Alguien

Trato de definir el bien que me ha sido dado: debe existir alguien en la vida de un escritor que no deje pasar la frase inexacta o floja que no cambiamos por pereza; alguien que tome por nosotros los gruesos volúmenes de la biblioteca para que encontremos alguna información útil y se obstine en seguir consultándonos cuando ya hayamos renunciado a ello; alguien que nos apoye, que nos aliente, a veces que nos oponga algo; alguien que comparta con nosotros, con igual fervor, los goces del arte y de la vida, sus tareas siempre pesadas, jamás fáciles; alguien que no sea ni nuestra sombra, ni nuestro reflejo, ni siquiera nuestro complemento, sino alguien por sí mismo; alguien que nos deje en completa libertad y que nos obligue, sin embargo, a ser plenamente lo que somos. Hospes Comesque.
Marguerite Yourcenar

Ese alguien eras vos, Mariano.

Libro de artista: Encuentro/Desencuentro


Imagen 1
"Portada"
Julieta Pinasco
Abril 20.10

viernes, 23 de abril de 2010

Los vestiditos

Mis vestiditos cuelgan de sus perchas porque tienen miedo a la soledad.
Sus botones tiritan de frío en el silencio de la tarde sin hallar un ojal.
Las presillas se amontonan en un rincón para sentir calor.
Y los cierres se abren en busca de respuestas a lo que nadie se atreve a preguntar.
Pobres mis vestiditos vacíos en sus perchas de colores,
ya perdieron el fresco perfume del verano pasado,
ya se ajaron sus ruedos de puntillas y cintas que ninguno pudo enlazar.
Los frágiles cuellos, los inútiles canesúes no supieron albergar los corazones.
Nadie le dijo a las mangas cómo hacer para poder volar.
Solos de soledad están mis vestiditos,
arrinconados en sus fundas de lágrimas,
no quieren ni siquiera respirar.
Saben que al próximo verano le faltarán tus manos y ya mismo quieren morir de pena en el fondo de todos los roperos porque no van a tener con quién bailar.

Hoy

Me preocupás.
Pero hay un muro a tu alrededor
y doy vueltas una y otra vez sin hallar la puerta por donde entrar.
Qué lejano se hace todo cuando alguien no acepta dejarse ayudar.

Un punto insoslayable

Espero en esa esquina que vuelvas, que regreses, que me llames con mi nombre, que aparezcas y me sorprendas. Pero la muerte -tu muerte es la única muerte que me sigue aconteciendo a cada rato- ha dejado una ausencia que se hace enorme boca hambrienta y se lo traga todo, menos la sensación terrible de que te has ido para siempre.

Vigilia

Mi corazón es una piedra vacía donde guardo el color de tus ojos.
En la noche me iluminan para que yo pueda dormir.

Azul

Darse a la conciencia , titilar para ella, exigiría que el dato, previamente, se colocara en un horizonte iluminado; semejante a una palabra que, a partir de un contexto, recibe el don de ser comprendida.
Emmanuel Levinas, "La significación y el sentido".

La palabra azul evoca un significado: un cierto grado en la escala cromática. No es azul oscuro ni azul claro, no es azul de Prusia ni Francia, no es azul de metileno ni cobalto ni azul turquesa. Es tan sólo azul. Diferente de verde, de rojo, de negro. Sin embargo, como todas las palabras, al entrar en texto, al ser enunciadas, cobran su verdadera carnadura. No es igual piel azul que mar azul. No era lo mismo que cantaras como Christian Castro que escuchar a Ana Belén cuando íbamos a visitar a Lili y a Adolfo a Mar Azul.


jueves, 22 de abril de 2010

Una foto de Mariano Levin en boca de Roland Barthes


Mariano Levin
Bahía Bustamante, Chubut, Argentina
Febrero de 2010

¿Qué es lo que va a abolirse con esa foto que amarillea, se descolora, se borra, y que será echada un día a la basura, si no por mí mismo -soy demasiado supersticioso para ello-, pero por lo menos a mi muerte? No tan sólo la vida (esto estuvo vivo, fue puesto vivo ante el objetivo), sino también, a veces, -cómo decirlo-, el amor...
Cuando yo ya no esté aquí, nadie podrá testimoniar sobre aquel amor: no quedará más que la indiferente Naturaleza. Hay en ello una aflicción tan penetrante, tan intolerable, que Michelet, solo frente a su siglo, concibió la Historia como una protesta de amor: perpetuar no tan sólo la vida, sino lo que él llamaba en su vocabulario, hoy pasado de moda, Bien, Justicia, Unidad, etc...
Si una foto me gusta, si me trastorna, me entretengo contemplándola. ¿Qué hago durante todo el tiempo que permanezco ahí, ante ella? La miro, la escruto, como si quisiera saber más sobre la foto o la persona que la foto representa.
La fotografía no dice (forzosamente) lo que ya no es, sino tan sólo y sin duda alguna lo que ha sido. Tal sutileza es decisiva.
“La cámara Lúcida” Roland Barthes

Las puertas de su sangre

Te moriste con las puertas abiertas
y por ellas tu sangre se fue cayendo suelta como una ola blanca que no tenía fin.
Te moriste con un candado abierto y una llave perdida:
en el más hondo y brutal de los silencios.
Después los otros inundaron el aire
y yo me quedé en un rincón mientras pensaba en tus ojos de agua.
Vos te moriste y el hecho no tiene explicación que calme mi agonía:
no puedo comprender para qué están colgados todavía mis vestidos de colores ni para que me baño cada día ni cómo sigo hablando a los otros ni para qué desnudo mi breve cuerpo cada noche.
Vos te moriste con tu sangre poquita y apagada
y me decías en secreto en la oreja que te salvara.
Nadie puede salvarnos, Mariano, ni siquiera el amor que es un escudo verde de hojas y de raíces.
Cuando viene la muerte no hacemos otra cosa que morirnos.
Y no hay llave que trabe la salida.
Querría que volvieras: los ángeles me rondan sin tocarme.

Sin palabras.

Extraño, sobre todo, tus palabras.
Que vengas a decirme, superlativo, todo.
Que me llenen de luz tus adjetivos.
Extraño que me escribas la piel, el cuerpo, los cabellos.
Que me leas palabras mientras estoy cenando.
Que construyas torres tambaleantes de claros neologismos.
Que juegues con tus labios hablándome en la boca.
Sumida como estoy en tu silencio
extraño, sobre todo, que me hables.

Hueco vacío

Tiembla el aire alrededor del sitio donde crece tu nombre.
Voy y vengo ocupándome en suturar mis heridas, pero no puedo apartarte de mi memoria.
Tienen las cosas la pátina suave de tu presencia convertida en vacío.
Todavía me pregunto cómo es que ha sucedido tu muerte, así como el vuelo de un pájaro en la sombra.
No puedo contestarme con palabras que sepan a consuelo, y, sin embargo, vivo: es decir, me levanto, trabajo, escribo, viajo, duermo; pero todo es un hueco de donde falta el aire que alimenta la sangre.
Bebo en un cántaro que tiene un hueco por donde pierde el agua y me quedo con sed que no tiene principio.
Los párpados se pliegan y despliegan a esa nada que antes llamábamos el mundo,

miércoles, 21 de abril de 2010

Cajas

Tu recuerdo es una caja de piedritas que voy amontonando. Cuando se hace de noche, levanto la tapa y salen luces de colores que dan vueltas encendiendo mi vida. Después las guardo, cierro y pienso cómo será el peso de la tierra, la quietud, el silencio y el frío de estar muerto. Todos dicen que hay ángeles que cuidan a los vivos que van quedando solos. Yo no lo sé: pero hace un mes, me salen mariposas al paso como si hubieran abierto otra caja en otro territorio y volaran las luces de sus alas en mis ojos para alegrar la extensión tan suave de mi pena. Quiero que sepas que yo espero que algún día mis luces de colores tiñan de amor las mariposas que vuelan en mi cuerpo .

Resemantización


Dijo guerra y fueron mujeres embarazadas dando a luz esposadas, fueron cuerpos hundiéndose en las aguas cuando aún respiraban, fue carne lacerada en la tortura, fue robo, allanamiento, desmesura bestial. Dijo guerra y fueron bebés que quedaron sin nombre y sin fotos, fueron hombres enterrados en tumbas olvidadas, fueron balazos en medio de la nuca como flores abiertas, fue hambre y miedo. Dijo guerra y fue una adolescencia robada que no vuelve. Fue guerra dijo y morirá en la cárcel para siempre con todos sus fantasmas, si los tiene; porque no hubo batallas que asentar en los libros al lado de la suma de los muertos, los desaparecidos, los idos, los perdidos. Dijo guerra y abrieron detrás los calabozos: el último monarca de la muerte queda preso.

En el día de ayer R. Bignone fue condenado a 25 años de cárcel en una prisión común, pese a sus 82 años

martes, 20 de abril de 2010

Anécdota escolar LXXXVI: Alumno que tiene dificultades en lengua también las tiene en matemática.

Profesora: El morfema es la unidad mínima de significado. No se puede dividir la palabra en fragmentos más pequeños sin que pierdan significación. Por ejemplo en "mares" hay dos morfemas: "mar" significa "masa de agua salada" y "-es", plural. ¿Comprenden?
Alumnos: (a coro) Siiiiiiií.
Profesora: Bueno, a los morfemas que indican el significado básico de la palabra y no sus variaciones morfológicas se los denomina base.
Alumna 1: ¿También se les puede decir raíz?
Profesora: Sí.
Alumno 2: (súbitamente iluminado se golpea la frente) Ah, ya entendí, ya entendí.... Esto es lo mismo que en matemática: raíz y potencia, ¿no?

Otoñal

El otoño llega manso como un gato viejo. Se ovilla en las veredas con un pausado paso de neblina entre mis vértebras vacías. Tpiza las veredas con sus rastros de hojas amarillas y bosteza en el fondo de sus fauces de lluvia. Después vuelve al regazo a que mi mano triste repase su pelaje brillante. Lo dejo acurrucarse junto a mis pies durante la noche, cada día más larga, sólo por dormir acompañada.

A la mesa con Mariano Levin


El auto salió de Benito Juárez y lo dijiste:
"Si queremos seguir juntos, vamos a ponernos de acuerdo en algunas cosas."
Yo cebaba mate.
¿Acerca de...?
"La mesa. "
A mí me gustan redondas y de madera.
"No, los modales en la mesa."
Ay, Dios, otro no... Ya me tocó uno que usaba muchos cubiertos y pretendía educarme en el protocolo de la mesa. Te voy avisando que no funcionó; así que si querés dejame acá, me tomo un micro a Buenos Aires.
"No es eso.", te reíste, "Es que soy un maniático. Me vas a odiar."
¿Por tus manías? Puedo intentar odiarte por algo más contundente. Decí tranquilo, Levin, si no me pedís nada que atente contra mis principios tengo por conducta conceder. Ya sabés que tuve una casa con perros pese a aborrecerlos, sólo porque al otro lo hacían feliz.
"Bueno, en primer lugar, no tritures las pastillas de menta. Me enloquece."
Dejé el mate y abrí el cuaderno en el que anotábamos el diario de viaje.
"¿Qué hacés?"
Tomo nota. Me parece que viene para largo y no querría olvidarme de nada.
"Me da vergüenza."
Noooo, decí tranquilo.
"¿A vos no te molesta nada?"
Pensé.
Creo que no... así, a priori, no. En general, soy bastante adaptativa y tolerante. Me molestan un poco las personas; pero ya tengo mecanismos que me permiten poner el rostro y evadirme sin que nadie lo perciba.
"Bueno, las manos siempre deben estar sobre la mesa."
Ajá, anoté y empecé a dibujar.
"¿Vas a dibujar cada cosa que diga?"
Es que se me ocurrió lo siguiente: hago las ilustraciones y mandamos a hacer un instructivo autoadhesivo para poner en cada plato cuando invitemos a alguien a comer... así nos evitamos momentos incómodos y desagradables para los invitados cuando vos te brotes como el increíble Hulk porque alguien osó apoyar su manito en la silla fuera de tu vista.
"¡Como vos hoy en el desayuno!"
¡Qué horror! Hoy, cuando paremos en Sierra Grande, me azoto y hago penitencia. ¡Qué espanto, haber apoyado la mano en la silla en el desayuno... ves, tenía razón mamá y vos deberías haberme escuchado cuando yo te dije que ella dice que soy la peor de las peores.
"Con vos no se puede hablar. Sos la maldad personificada.
Como dice mamá. Seguí, Levín, seguí.
"Bueno, nada de ruidos con los cubiertos sobre el plato."
¿Nunca pensaste en vajilla de goma eva?
"¡Nena, te hablo en serio!"
Yo tambien. La goma eva soporta el raspado de cuchillos y tenedores sin el menor sonido. Voy a proponérselo a Rigolleau. ¿Qué más?
"Ay, te vas a reír..."
¿Yo? ¿Acaso me reí de todo lo que venís diciéndome. Noooo, vengo anotando todo con el respectivo dibujito como la chica juiciosa que soy. Dale, decí con libertad. Al lado de los delirios dementes con los que he convivido lo tuyo es hasta gracioso te diría.
"Bueno, nada de comer y tomar arrojado en la mesa."
No, claro, yo como sentada en mi silla, no me acuesto en la mesa. En general, los platos me impedirían hacerlo.
"¿Ves que no me tomás en serio?"
En mi vida, tomé a alguien tan en serio como a vos. Te lo juro. Decí que nos conocimos a esta altura porque si te hubiera encontrado a los veinte, digamos, ya te habría abandonado con la mesa tendida. Ahora, en la vejez, puedo respetar tus obsesiones.
"¿Sí?"
Por supuesto, mientras me dejes aislarme, no llamarte por días, estar sola o en silencio una quincena al mes, no tener que estar con gente, desaparecer en mi encierro interior, ponerme medio autista, no responder, saludar o cualquier otra maravilla de la interacción social, está todo bien.
"¿Tanto?"
No, a veces, querría irme en medio de la montaña sin nadie alrededor, pero después me civilizo y entiendo que los demás son necesarios y que la comunidad humana blablabla... El lema es "Hacé lo que quieras, pero no me molestes." Si sos capaz de tolerar y aceptar eso, yo puedo comer como si la porcelana fuera goma eva, sin tirarme en la mesa, con las manos arriba y hasta dejar mis pastillas.
"Podés chuparlas."
Cuánto te agradezco. No te preocupes cuando vaya a mi retiro espiritual, las mastico en soledad.
Te reíste.
Dejé el cuaderno y volví a cebar mate.
Nunca más volvimos a hablar de este tema y yo me empeñé en ser cuidadosa con todo lo que me habías pedido.
Ahora, cuando trituro mis pastillas, pienso que te molestaría: pero vos ya no estás.

lunes, 19 de abril de 2010

Cincuenta días sin hablar


En tu mundo de muerto, ¿qué cosa habrá que no sea silencio?
¿Dónde estarán ahí tus palabras de colores que volaban como pájaros en busca de las migas que yo les daba?
¿Dónde se esconderán tus superlativos que brillaban en las oraciones como piedras al borde de las aguas?
¿Qué será de tus pronombres, solitarios debajo de la lluvia sin nadie a quien llamar?
¿Por dónde se moverán tus verbos sujetos a tu pequeño cántaro de huesos blancos que no cesa de sacudirse como una calaca adornada con puntos y comas?
Y tus sustantivos ¿qué mundo traerán que no sea la tierra húmeda en que las semillas duermen hasta la primavera y mucho tiempo más?
Te moriste y hace cincuenta días que yo no tengo con quién hablar.
En esto consiste haber quedado sola de vos y para siempre.
Así era perderte en el río de las palabras con las que me inundabas cada día al volver.
No hay nada que pueda repetirse: el habla es una cinta que me envuelve con sus inéditos círculos de vocablos que aparecen y se van.
Yo estoy acá; vos estás en un traje vacío y las palabras no tiene ya donde anidar.

Imágenes en el espacio

El agua, la arena, la luz
y tu nombre prendido en mis labios como el borde de otra boca que debo suavizar.
Las calles te guardaron intacto.
En el negocio árabe, que ha sellado sus vidrios otoñales con papel, vos seguís comprando música para que yo baile.
En la Chispa se levanta la columna de humo de tu asado y estás de pie en la puerta mirándome subir.
El mundo te ha perdido... es cierto tanto como que llueve y luego sale el sol.
Sin embargo, los lugares retienen las veces que estuviste como imágenes grabadas en el fondo verde de mis pupilas a fuego y sangre.
Mariano, qué injusta es mi vida sin vos.

domingo, 18 de abril de 2010

Palabras

El que dice un secreto a otro, antes que nada se lo dice a sí mismo; saca del alma una historia en la que debe comenzar a creer. Las palabras son una magia que vuelve carne lo que antes era sombra. El aire se puebla de sonidos redondos, la hoja se cubre de dibujos diminutos como arañas en el blanco profuso del papel. Hablamos de cosas que eran importantes y tu boca decía lo que había callado y yo bebía tus labios para calmar mi sed.

Las condiciones del conocimiento

Los lugares guardan impresos a fuego los instantes. No hay conocimiento más allá del tiempo y el espacio como condiciones en que la percepción se desliza y alcanza el albor de un concepto para perdurar. Miro esa escalinata y te veo subiendo, te veo en ese patio hablándome de cosas secretísimas que yo juré guardar, te veo arreglando esas luces, lijando esas rejas, te veo en esa verdulería preguntando por un perro, te veo en ese Disco caminando por las góndolas en un paseo sin ninguna finalidad. La muerte es una ausencia que le queda a los vivos llenas de imágenes sujetas en el ruedo de la memoria como en otro tiempo y en otro lugar. Lo evidente ahora es que la casa está cerrada y vacía, que en el Disco no estabas en ningún recoveco y que yo me siento vacía junto al mar.

sábado, 17 de abril de 2010

Veranos pasados

Afuera canta el mar como si fuera nuevo, como si nunca hubiera su larga lengua de agua deslizado su espuma sobre la antigua arena y pienso en vos como si nunca te hubiera conocido en este sitio. Los mismos pasos que dimos en la calle traen la sombra de un verano que ha muerto junto con vos y nadie recuerda lo que yo veo ahora: tu brazo anudando mi cuello por la calle Querini como si fuera entonces y nada de lo que aconteció hubiera sucedido. Hay un viento de pena furibunda sobre el agua salada y en mis ojos se unen la tristeza y la muerte que me diste en herencia después de un verano que acaba de perderse en la vorágine profunda de las olas.

viernes, 16 de abril de 2010

Contentura

Mi pantalón de bolsillitos profundos está muy contento: va a regresar a San Bernardo...no para de cantar de ansiedad.

La voluntad

Me senté y enumeré una por una todas las cosas que vine haciendo desde que te moriste. La rúbrica fue un melodramático: "Y bueno, hago lo que puedo porque, a decir verdad, estoy muy desconcentrada y me salgo de sistema con facilidad...en fin, lo que puedo." Me miró y dijo: "Pues podés mucho para un mes y medio." Y enumeró: "Un libro de poemas, las clases, un proyecto editorial, un libro de artista, fotos, poemas, revisar una novela, evaluaciones... Yo diría que bastante es." Suspiré y pensé que sí, que era bastante; pero que todo era a fuerza de voluntad. Vos te reirías y dirías: "Meu deus, ¡cuánta organización!"

Viaje

Apenas en unas horas viajo a San Bernardo. Con amigas que me quieren, me valoran, me acunan y me respetan sin pedirme que esté de ninguna forma particular. Volveré a ver el mar, las calles por las que caminamos este verano, los lugares donde nos reímos y la plaza donde tantas cosas me contaste entre lágrimas. Sacaré, como siempre, muchas fotos, escribiré, leeré, dibujaré y trataré de que la vida transcurra como siempre: con altibajos, pero hacia adelante. Cada día aprendo a extrañarte mejor.

Curiosidades


Hace cosa de un mes, en mi correo, todos los días aparece un texto del I Ching a nombre de un o una tal Mari. En principio, no entendí bien de qué se trataba; después, me di cuenta de que alguien se había suscripto a algún sitio de esos que envían un mensaje diario y había puesto mal su dirección de correo de modo que yo estaba recibiendo lo que le correspondía a Mari.
A la tercera vez que cliqueé "eliminar", pensé que, quizá, la opción fuera desuscribirme y entonces leí por primera vez lo que el I Ching le decía a Mari o quizá lo que Mari me estaba diciendo a mí. Sé que los oráculos se caracterizan por una vaguedad tal que los convierten en aplicables a cualquier situación; pero a lo largo de este casi mes, el I Ching/Mari me ha dicho justo lo que yo necesitaba escuchar.
Conclusión; no me desuscribí y cada mañana veo lo que Mari tiene para decirme.
A ella o él (Mari es, también, un curioso diminutivo) le agradezco la contención inconciente de estos tiempos y vaya como muestra el post de hoy, viernes 16 de abril.
Heng: La Duración
No interrumpir ni modificar el camino que has iniciado. Todo evoluciona y los vientos se mueven continuamente hacia el objetivo final . Este movimiento es positivo, vívelo con conciencia y afrontarás fácilmente las pequeñas o grandes dificultades que se te presenten.

jueves, 15 de abril de 2010

Lluvia

Llueve
a veces suavemente
a veces con la furia de un tambor.
Acá, bajo el alero seguro de mi casa, recuerdo en la tierra que te cubre y pienso en tu mojada soledad de muertito y deseo que las semillas de mi amor te hagan un techito para que no te ahogue toda el agua que cae y tengas pajaritos con quienes conversar.

Secreto

En una maceta color azul planté un secreto, con esta lluvia y con el sol posterior dará una frondosa enramada y en el verano próximo me acostaré bajo sus frutos a descansar.

miércoles, 14 de abril de 2010

Cuerpo, corazón y alma


Yo te sembré primero en mi deseo y acudiste a hundirte en mí como si fueras tierra fértil.
Una noche despertaste el aroma del alba y me creció una enredadera cubriéndome el corazón.
Quise quitarte varias veces; decir que te marcharas; que, a esta altura, yo no necesitaba ni lluvias ni caricias y vos me desoíste, terco seguiste en mí hasta ocupar mi alma que temblaba asustada.
La hiciste toda tuya -independientemente de dónde pudiera localizarse, escribiste en octubre, yo penetro en tu alma como si hubiera sido siempre mía- y la llenaste de voces como si allí hubiera habido un desierto de verbos masculinos que vos debías habitar.
Te oí como jamás a nadie, como quien bebe agua después de una gran sed. Me entregué, finalmente, a lo ineludible con la pasión del miedoso que deja de temer.
Y entonces me llenaste de secretos, diste vuelta tu alma completa sobre mí.
Yo tomé tus temores y los abrigué como si fuera invierno, sembré tus alegrías para que dieran frutos, recuperé la ilusión de tus años primeros y alumbré tu deseo como si no hubieras entregado la llave de su secreto a nadie más.
Vos hablaste de casa, de hijos, de proyectos. Yo, más prudente, pregunté qué íbamos a cenar. Bailábamos debajo de los tilos, andábamos por la orilla del mar, supimos que la vida que elegíamos cabía en la luz que guardaban los cuerpos y en las palabras que nos regalábamos como si fueran piedras brillantes en nuestra historia.
Después vos te moriste y yo no sé qué hacer con tu imposible ausencia porque mi alma todavía te guarda, mi corazón sigue cubierto por tus hiedras frondosas y mi cuerpo persiste en su deseo como si estuvieras cada noche a punto de regresar.

Versiones

La muerte fue para vos quietud y luego frío y luego fatal disolución.
Para mí es una ausencia que sigue como una herida que nunca fuera a cicatrizar.

martes, 13 de abril de 2010

Que sepas

Quiero que sepas que escribo un libro de poesía infantil, que debo hacer cincuenta ilustraciones para otro, que me espera la escritura de unos de literatura para una editorial internacional, que sigo dando clase, que como poco y duermo menos, que mi mundo se hecho algo lento, que desearía quedarme en casa todo el tiempo, que los chicos a veces me resultan excesivos, pero me rescatan siempre de ponerme a llorar; que algunos amigos me abrazan y me acunan y otros se ausentaron también; que mis hermanos me llaman desde lejos; que mis sobrinos reclaman que los vea; que tus Lilianas se han hecho también mías; que tu novela está sin escribir y la mía también; que se me están acabando las semillas que me hacías comer y no sé dónde volver a comprar.
Quiero que sepas que este viernes voy a volver a viajar, que Adriana y Majo me llevarán por la ruta, la misma que vos y yo transitamos este largo verano; que compraré pan y yerba en Villa Roch; que veré los puentes, las estaciones de tren abandonadas de Sevigné, su magnolia y tu piel; que andaré por la orilla del mar que caminamos y que un San Bernardo hoy vacío te traerá a mi memoria una y otra vez -la plaza donde lloraste de tristeza infinita, la calle donde los adolescentes te escucharon reír, el Disco, la verdulería de la esquina, el café donde yo te dejaba trabajar, la librería donde conseguí tu carpeta-.
Quiero que lo vayas sabiendo así organizás cómo estar.

Proteo, Mariano Levin y los últimos recuerdos


En la mitología griega, Proteo es un antiguo dios del mar. Podía predecir el futuro, aunque, para evitar hacerlo, cambiaba constantemente de forma, contestando sólo a quien era capaz de atraparlo. Dice Homero que su hogar estaba situado en la isla de Faros, frente al delta del Nilo. En la Odisea, es Menelao, rey de Esparta, quien le cuenta a Telémaco que, de regreso de la guerra, se había detenido en Faros. Con la ayuda de Eidotea, hija de Proteo, había conseguido capturar al dios, a pesar de que este había mutado en león, serpiente, leopardo, cerdo, agua y árbol. Así, el esposo de Helena logra saber que su hermano Agamenón había sido asesinado en Argos y que Odiseo, padre de Telémaco, no estaba muerto sino varado en la isla de Ogigia, retenido por la ninfa Calipso quien le había ofrecido la inmortalidad a cambio de su permanencia.
De alguna forma todos somos Proteos. Nadie posee una única forma e incurre en error quien pretenda encerrar en una línea la sustancia infinita de la especie.
Yo no seré quién diga cómo eras: tantos rostros se conjugaban en vos como fractales de sutil complejidad. Mis palabras son mías solamente: una etiqueta vana, un signo cuyo valor entra en contacto con todos los demás, un verbo en el devenir multiforme de una frase , un texto cuyas páginas enteras no me es dado leer.
De todas tus maneras yo tuve sólo una: la que vos elegiste darme a mí.
De todas mis maneras tuviste sólo una: la que elegí darte yo a vos:
La conjunción nació irrepetible; pero anclada en tus antes y mis antes que son tierras que jamás podremos conocer: vos, yo, todos seguimos siendo esos aunque tengamos sólo esto que nos supimos ofrecer.
Serás Summa cum Laude en algunos papeles y diplomas; algunas te pensarán como el hombre que ellas conocieron y quisieron, el que vos les dejaste poseer; serás padre, hermano, amigo. maestro. Yo me quedo con el que se ovillaba en mi cuerpo y me abrazaba, con el último que hablaba de una casa en el mar. Este Mariano Levin ni siquiera es mío, como nadie es de nadie jamás.
Los dos tuvimos la dicha de querernos, como pudimos, como quisimos, como supimos. Tus palabras, las que yo tengo escritas, no invalidan tus otras tan exactas. Yo prefiero quedarme en tu recuerdo: en la inexactitud de los dolores, de cada una de las inmensas alegrías, en el repaso certero de tu vida que hacías conmigo cada día, en los fragmentos que decías querer recuperar. Yo me quedo con todos los poemas que escribiste para que yo leyera y te creyera capaz de remontarte en el cielo de aquel pasado juvenil y perdido. Yo me quedo con tus dibujos de muñequitos pura cabeza y pies, con tu cuerpo de textura infinita, con tus últimos besos, tus últimas historias, tus últimos recuerdos, tus últimas miradas. Yo me quedo con tus últimos meses. No quiero nada más.

lunes, 12 de abril de 2010

Funciones vitales

Respiro.
Escribo.
Duermo.
Escribo.
Me alimento.
Escribo.
Trabajo.
Escribo.
Me circula la sangre.
Escribo.
Envejezco.
Escribo.

Si no existiera la escritura, yo ya me habría muerto.

Sin cuerpo

Pienso como si mis ideas fueran arañas cuyas telas se mezclan.
Caen las horas en mi regazo, una por una como las uvas que comía, para apurar la muerte, aquel personaje de García Márquez.
Después baja a mi corazón una tristeza vaporosa que me deja con las manos vacías.
Evito hablar, porque las palabras vienen a explicar lo que son sólo sutiles sensaciones que me invaden.
Intento descrifrar el acertijo en que ahora se dibuja mi vida.
Nadie puede decirme qué debo hacer o cómo resolverlo.
Nunca estuve tan radicalmente sola.
Nunca estuve tan multitudinalmente acompañada.
Afuera el munde bulle como si fuera nuevo.
Adentro me desgajo poco a poco.
Los vasos permanecen alineados como cuerpos en los anaqueles
Los platos se quedaron junto a ellos.
Quiero pensar que el tiempo cura todo
y sé, a priori, que nada borrará el dolor de tu muerte.
Los zapatos vacíos me miran desde el borde de la cama.
Yo también he perdido mi cuerpo.

Lo que de verdad importa



En el otoño pasado comimos una tarde en mi terraza. Estaba fresco y yo había subido las fuentes mientras vos abrías una botella de vino. Te gustaban mis plantas y me decías que yo debía tener pulgares verdes porque era cosa de cuento un olivo que diera aceitunas en maceta. Mis paredes estaban cubiertas de enredaderas, el ceibo en flor y el ciruelo ya había dado sus últimas ciruelas del verano. Las Santa Ritas explotaban de púrpura y la rosa china se mezclaba con un jazmín enredado en ella. Habíamos puesto música y nos contábamos esas cosas que se cuentan las personas y que son casi secretas. Parque Chas estaba silencioso y se oían unos lejanos pájaros en el jardín de al lado. Yo había hecho pan esa mañana y vos habías traído unos quesos que ponías en rodajas para que yo comiera. Al rato me dijiste que te sentías bien en mi casa. Yo dije una obviedad del estilo, es una casa cómoda. "No", dijiste, "es una casa." No te entendí. "Acá estás toda vos: tu ropero pintado con un inmenso sol, tus vidrios de color en las ventanas, tu baño con el techo lleno de mariposas de colores, el olor a pan del horno, tus palabras que nombran las cosas que de verdad importan. ¿Cuándo pensé que podía con todo y perdí así mi rumbo?" Se te llenaron de lágrimas los ojos. Te abracé y me dijiste que te ayudara. Después pasó el año y fuimos construyendo la idea de un futuro que tenía roperos de colores, vidrios y peces en el pasto, miles de cientos de millones de palabras; panes, mermeladas; canciones, bailes, viajes y el sueño de una casa amarilla cerca del mar donde íbamos a ver caer el sol escribiendo eso que vos decías que era importante. No pudo ser, Levin, porque te fuiste sin decirme siquiera que ibas a morirte para siempre. Ese sábado, tu voz en el teléfono fue la última vez; después vino la muerte y se llevó los sueños a la par de tu cuerpo. Mi alma sigue enredada en casas amarillas, en orillas de mares, en escrituras varias. A menudo siento tu voz nombrándome y creo que tus labios me bordean la nuca. Te busco cuando voy por la calle, te espero inútilmente en el borde de mis sábanas blancas. Me atrapa una tristeza infinita y azul como una mansa niebla que cae sobre mi alma. Hoy subí a la terraza: quité la enredadera que se quedó pegada; pero seca. Dicen que el mundo sigue: no me doy cuenta.

domingo, 11 de abril de 2010

A buen entendedor, varias palabras.

Hay una rama femenina,
una juventud maravillosa,
una patota sindical,
una viuda en Madrid
y un pueblo-música que se lleva en los oídos...
Y yo:
¡yo soy la resistencia peronista!
Paso paso paso, se viene el Cordobazo.
Ya van a ver, ya van a ver;
cuando venguemos los muertos de Trelew
¿Qué pasa, qué pasa, qué pasa, general,
que está lleno de gorilas el gobierno popular?
¡A la lata al latero, libertad a "este" compañero!
Porque sí, claro que sí,
ha sido una velada encantadora,
pero nunca, nunca, ha sido esta.
Así que me lo voy a pensar bien.
A mamá mona con bananas verdes, ¡qué joder!

Té para dos

Tomábamos té, mucho té. De todos los colores, de todos los aromas, de todos los sabores. Nos deleitábamos con una taza después de la cena, generalmente yo sentada sobre tu regazo y oyendo música en la penumbra.
Cuando viajé a París, en julio pasado, me dijiste que buscara unas tazas que tenían un bolsillo en el cuerpo para dejar el saquito usado. Las habías visto la última vez que habías estado y pensaste que sería lindo tener un par.
Te aclaré que París es una ciudad laberíntica y que fueras más preciso en el dato. Me dijiste que no sabías con precisión, que era entre el Sena y la casa de alguien que no me podías precisar dónde quedaba. Me recorrí la rive droite, la rive gauche, el barrio de Saint-Paul, la calle de tu casa parisina y no di con las tazas.
En compensación pasé por Mariage Frères en el 30 de la rue du Bourg-Tibourg y compré por una buena cantidad de euros una caja de té blanco. El empleado me contó una historia que te encantó: hacía mucho siglos había habido en Ceylán un emperador enamorado del té blanco porque era de cuerpo ligero y frágiles hojas. Para conservar su delicadeza natural, el monarca hacía que sus más suaves hebras fueran recolectadas por muchachas al alba con tijeras de oro.
Un mes después de ese viaje, al regresar vos de Brasil, yo partí unos días a la Patagonia y, deambulando por las calles de una ciudad al pie de unos lagos, di con una taza de cerámica color grisácea que tenía un colador que se ajustaba en su abertura para colocar las hebras de nuestro té blanco y una tapa para mantener el calor mientras el líquido caliente hacía su tarea de desenhebrador de infusiones.
La taza venía en una caja cubo amarilla alrededor de la que te escribí como en una espiral: Este objeto es una síntesis. Tiene el color de un amanecer a punto de nevar, la textura suave de una piedra pulida por el lago y la superficie rugosa de una roca cortada por el viento, puede albergar la tibieza del agua de un torrente con hebras de perfume. Pero, por sobre todas las cosas, este objeto supe, de entrada, que era para vos y me puse feliz.
Ojalá que quien ahora sea dueño de esa taza sepa cuidarla y beba en ella el té blanco cortado con tijeras de oro que tanta alegría nos daba al anochecer.

Mariano Levin: no permitas que sea yo.


No permitas que sea yo quien tome el trozo de mármol y grabe en él tu imagen como si fuera un cuerpo fosilizado para el tiempo.
No permitas que sea yo quien diga cómo eras de una vez para siempre tallándote una máscara que permanezca inalterable sobre tu rostro.
Para que sigas vivo en mí tengo que protegerte como el río de Heráclito: siempre distinto, siempre incompleto, siempre repleto de cambiantes matices.
La esencia de la vida es movimiento y yo te quiero vivo todavía.
Lo que se queda inmóvil pierde calor y forma y se fija a la roca.
Quiero que seas piedra que se transforme en arena infinita que baile con el viento.
Quiero que seas agua y humedezcas la tierra de los campos lejanos.
Quiero que seas fuego y conviertas los troncos en calor en invierno.
Quiero que seas las miles de personas que vos fuiste y que nadie posea la llave para abrirte y colgar tu retrato para siempre.
Los imposibles rótulos olvidan el gesto que vos mismo gritabas que te estaba faltando.
Ni yo puedo decirte sin que carezcas de algo y tengo tus palabras más íntimas y últimas que guardo, por prudencia y respeto, como si fueran fragmentos de vidrio incandescente en la tormenta.
El río siempre corre y no lo alcanza a detener la mano de ninguno.
Sé río para mí y para todos.
Escapa.
Que no te atrapen los papeles sellados donde no hay nada que sea tuyo.
La memoria es un cántaro que cada uno llena y nunca se completa.
Que no caiga yo en la tentación de creer que sos este que digo porque estaré traicionando tu grandeza y amputando los rostros que fuiste para otros.
Nadie conoce completo a un individuo.
Somos los sucesivos cuerpos que mutan hasta que acaece la muerte y borra los contrastes y cancela con su luz cegadora el alud de perfumes que componen la vida.
No seré yo quien diga cómo eras porque ese es un saber del que sé que carezco.
Lo que era mío, lo que vos me entregaste, ese fragmento efímero de tu proteica sabia que confiaste en que amara es tan sólo un instante que se agita en ese sitio que llamabas mi alma y que vos penetrabas para habitar con tu boca de hombre.
El resto me es ajeno; pero es también fragmento.
Que no fosilicemos tu esperanza.
Que no sea yo quien traicione tu verbo tan privado y elija lo que vos no querías, lo que te sacudías como si fuera un manto.

sábado, 10 de abril de 2010

El ancho mundo que me diste

El sábado se acaba como otro día más. Las horas son piedritas que fui amontonando para parar el viento. Si pudieras verme, Levin, percibirías mis ojos cansados y me mandarías a dormir con una taza de sopa caliente. Al rato vendrías a leerme y yo me adormecería con la cabeza en tu pecho mientras los pájaros que habitaban nuestras casas se pararían para meter la cabeza bajo el ala hasta que, otra vez, saliera el sol. Pero ahora, en esta alta pila de piedras que ha terminado siendo este sábado, nadie me mandó ni una vez a dormir. Miro tus fotos, Mariano, repaso tus dibujos, leo tus cartas y trato de sentir el roce perdido de tus labios en mi boca. En un cántaro de agua fresca suenan tus huesos como si fueran músiquita para mí. Sin embargo, no hay más que eso: puras imaginerías que transcurren en el territorio de lo que ya no es. De todas las cosas con que inundaste mi alma extraño la tibieza de dormir entre tus brazos hasta el amanecer. No fuiste generoso conmigo: me diste un mundo anchísimo y pronto una muerte que se lo llevó.

Suspiros

Una vez Sofía -la única Sofía de lo que se deduce que no aclare de quién se trata- me mandó esto. Era el año 2007 y ahora lo releo.

-Murió -dije.
-¿Ya murió? ¿Y de qué?
-No supe de qué. Tal vez de tristeza. Suspiraba mucho.
-Eso es malo. Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace.

Juan Rulfo, Pedro Páramo

Un savon royale


"En esta casa se acaban los jabones como si fueran caramelos", dijiste enojado.
Y yo abrí mi cajita secreta y, al día siguiente, te llevé cinco jabones de "Le petit marseillais": uno blanco de lait, uno amarillo de vervein citron, otro lila de lavande, uno verdecito a l´huile d'amande douce y uno anaranjado a la fleur d'oranger.
Me miraste con ojos asombrados.
"¿Y esto?"
Hasta donde yo sé recibe el nombre de jabón.
"Ya sé...pero, ¿de dónde salió?
¿De Marsella? Viaje, hermano, jabones famosos de la Provenza...
Los oliste uno por uno.
"¡Qué maravilla! Los vamos a usar para bañarnos..."
Me reí como si hubiera otro uso posible para el jabón
Y, generosa, saqué la prenda mayor: le savon brut fabrication à l'ancienne...600 gr de un véritable savon, de origen vegetal y sin grasas animales en su fabricación. Un cubo 72% de aceites de oliva y palma.
"Le roi des savons!!!"
Oui, dije yo y recordé a mi hermano y Manette, Un savon royale!
Olimos a Mediterráneo esa noche al acostarnos en Ciudad de la Paz.


Pregunta

¿Quién soy ahora?
¿Quién soy ahora que te has ido?
¿Quién soy ahora que te has ido para siempre?
¿Quién soy ahora que te has ido para siempre y no planeas regresar?
¿Quién soy ahora que te has ido para siempre y no planeas regresar desde tu muerte?
¿Quién soy ahora que te has ido para siempre y no planeas regresar?
¿Quién soy ahora que te has ido para siempre?
¿Quién soy ahora que te has ido?
¿Quién soy ahora?
¿Quién soy?
¿Quién soy?
¿Quién?

Exposición

Una persona posee relieves, grietas, caras que ofrece en forma sucesiva y no son máscaras, claroscuros oscuros y otros relumbrantes, pedazos de historias que se calla, cuentos que narra todo el tiempo, palabras y silencios, deseos y rechazos. Una persona es miles de sueños que se clavan como dardos en medio de los ojos, caricias que se ofrecen, besos que se van a otro tiempo, miedos y pánico, alegrías, tristezas. Una persona es el amor que siente, el odio que lo asalta, los rechazos que habita, las ideas que caen como frutas en medio de las horas, la amistad que lo acuna, la infancia que lo hizo y deshizo, el futuro que hace como si fuera cerámica o barro. Luego viene la muerte, expone todo a su luz sin matices y caen los contrastes con la quietud del cuerpo, más tarde llega el frío y finalmente se va la forma que todo lo contiene. Queda un vacío superficial y liso y una soledad inhabitable.

viernes, 9 de abril de 2010

Tejido

Tejo y destejo como si fuera Penélope.
Dicen los aedas que la espera es el signo de la femeneidad.
Los hilos trazan figuras que no alcanzo a comprender, pero se mueven con vida que les es propia usando mi mano sólo para alcanzar la consistencia de la imagen en su intrincado ir y venir.
Algunos dibujos tienen una colorida oscuridad y me son ajenos; aunque, en algún lugar, reside su sustancia como una roca negra que hace de lastre a mi corazón: apenas logro a ver, entre ellas, tu rostro aquella madrugada de febrero y la luz blanca que llaga las pupilas y no permite el contraste que es la marca distintiva de la vida. Comprendo entonces que de eso se trata estar muerto: una luz cegadora que borra recovecos, que hace liso lo irregular, que revela los secretos, que anula los recodos y expone todo bajo su claridad irremediable.
Otros traen el recuerdo de mañanas marinas, de cafés bajo el tilo, de cuartos en penumbras, de abrazos en los que no cabía ni una hoja de papel. Tienen rastros de libros, de besos infinitos, de escritos en papeles, de fotos, de dibujos, de lluvia empapándonos los cuerpos, de platos y galletas con pasas , de viento, de desiertos, de fósiles y risas. Tienen las cosas que perdías todo el tiempo y las que yo tenía que encontrar, un calendario de dibujos que debe estar perdido, mapas de sitios imposibles, historias, tu novela que nadie ya escribirá y la que yo escribí y tiene tus palabras con lápiz grueso como una guarda alrededor. Tienen todas las palabras de nuestras cartas, nuestros escritos, tus dibujos pura cabeza y patas y el cuerpo que decías yo estaba haciéndote encontrar.
Yo soy Penélope en el telar y tejo para que el tiempo se detenga, la vida se serene aunque ningún regreso espera al borde de mi Ítaca: Odiseo ha muerto en una guerra antigua y sólo me queda el tejido que me permite respirar.

Limones con atún

Cuando llegaste a casa, te pregunté si habías cenado.
"No"
Puedo preparar unos filetes de atún.
Viste un frasco con maníes y mientras me decías que sí, empezaste a comerlos.
Yo saqué el pescado del freezer y pelé unas papas que puse a hervir.
Vos comías maní y me hablabas de algo que debía ser probado en ratones. No puedo recordar qué era porque a las pocas palabras yo ya había dejado de entender.
Puse un poco de aceite de oliva en una sartén de hierro y exprimí cuatro limones.
Detuviste tu explicación sobre genes que yo ya ni escuchaba .
"¿No será demasiado?"
¿Qué cosa?
"La cantidad de limones que acabás de exprimir...Son dos atunes y ¡cuatro limones!"
Ah, bueno... ahora además de genetista molecular resulta que sos doña Petrona. ¿No querés cocinar vos y yo hablo?
"No, no, confío en vos. Lo que no sé es si lo hago porque te quiero o porque soy un inconciente que ..."
¿Alguna vez te di de comer algo horroroso?, interrumpí ofendida.
"No, al contrario...Yo decía nomás."
Mejor seguí hablando del cerebro de los ratones.
Piqué ajo mientras los atunes se doraban. Cuando estuvieron listos, les eché los cuatro limones exprimidos y una cucharada de maicena para espesar la salsa.
Saqué las papas y los cubrí con pimentón dulce.
Vos seguías hablando de ratones.
Poné la mesa, te dije.
"No escuchaste nada de lo que te conté."
A partir de la quinta palabra, no entendí nada más. Es como si yo me pusiera a hablarte de ablativos absolutos o de modalidades axiológicas de la enunciación. Andá, poné la mesa.
Coloqué los atunes con salsa de limón en mis platos amarillos, que tanto te gustaban, y las papas con pimentón.
Encima molí una pimienta que había traído de mi viaje por España.
"¿Ya está? ¡Qué buen aspecto! ¡Y qué olor! Pimienta, limón, ajo...", te deshiciste en halagos mientras cortabas el primer trozo de pescado y te lo llevabas a la boca.
El rostro se te transformó.
¿Qué pasa?, exclamé.
"Te lo dije, te lo dije; pero , claro, la señorita es doña Petrona y Juanita juntas. ¡Es puro limón!"
¡Qué exagerado!, dije con suficiencia, Me había olvidado que monsieur Levin sabe de todo y a toda hora...¡Qué va a ser mucho limón! Fue la dosis justa: dos limones por atún.
"Una bestialidad. Desmesurado, como todo lo que hacés."
Te fulminé con la mirada. Y me llevé un trozo de pescado a la boca. Vos me mirabas expectante.
"¿Y?"
Tragué el ácido con dificultad.
Perfecto, dije cuando me repuse, a mí me encanta el limón.
"¿No te parece acidísimo?"
Nooo, y comí con esfuerzo un segundo bocado, está justo. Me gusta así.
Te sonreíste con cierto dejo de maldad.
"Entonces no te va a enojar si yo le saco la salsa y te la doy a vos, ¿no?"
Claro que no, ponela en mi plato.
"Por supuesto, a vos te encanta el limón."
¡Me fascina!
"¿Mucho?"
Muchísimo, mastiqué mientras sentía esa punzada que el ácido excesivo produce en el borde del maxilar inferior.
"¿Y si traigo otro limón y se lo agregás?"
Te miré fijo y tragué.
Vos te largaste a reír.
"Dale, Giulina, admití que te equivocaste y es incomible. "
Hice silencio.
"¿Un poco incomible?"
Bueno, está un poco ácido. Es verdad. Pero sólo un poco.
"¿Un poco? ", gritaste, "Nena, es un atentado contra las papilas y la mucosa estomacal..."
Eso porque vos me hablabas de ratones y sabés que a mí los roedores me ponen nerviosa.
"¿Yo? ¿Es mía la culpa? Si yo te dije..."
Ay, nada peor que un Xy que no admite su responsabilidad en los hechos.
"Nada peor que una Xx terca y negadora. ¡Y caprichosa!"
Dale, si yo te encanto...
"Eso es cierto, pero no tiene nada que ver con esto.
Y vos también me gustás, Levin, deberías saberlo.
"Lo sé, lo sé; pero ahora tenemos un problema..."
¿Uno? Yo diría que tenemos uno sólo para comenzar.
"¿Qué cenamos?"
Ah, no...yo ya cumplí con mi parte en la tarea. Y me salió mal.
"¿Me dejás solo con este asunto?"
¿Acaso el gran Levin necesita, tal vez, ayuda? ¡Eso sí que es una gran novedad!
Te levantaste con los dos platos y volviste a los diez minutos de la cocina con dos sandwiches de atún sin salsa y con mayonesa, tomate, lechuga, rodajas de papa y ají.
Estaban fantásticos.
"¿Y?, me preguntaste cuando terminé el mío, "¿Lo solucionó el gran Levin o no?
Seeee, pero si no hubiera sido por mis atunes con limón, tu sandwich habría sido un fracaso.
"¿Tus atunes con limón?"
Si, mis atunes con limón.
Me agarraste de la cintura para sentarme arriba tuyo.
"Sos un fracaso, doña Petrona.", me sususrraste al oido, "Fueron tus limones con atún. ¡LIMONES CON ATÚN! Pero negociemos y digamos que hoy cocinamos los dos."
Bueh, lo acepto a regañadientes. Pero la proxima evitá la mención de los ratones.
Te empezaste a reír con esa risa que siempre me enamoró.
Y no te rías así, que no respondo de mí, te dije.
"Entonces me río más...", exclamaste a las carcajadas.
Y la casa se llenó de una tibia felicidad amarilla.

jueves, 8 de abril de 2010

El don

A lo largo de las murallas de la ciudad, dicen que los dioses me han ortorgado el don de la palabra.
Debo ser Orfeo con el rostro ya vuelto hacia Eurídice porque no consigo hacerte regresar.

Deseo imposible

Cuando estornudo tres veces
Cuando paso abajo de un puente por donde marcha un tren
Cuando me toca la parte mayor del hueso del pollo
Cuando me queda la pestaña en la yema del dedo
Cuando soplo una vela de cumpleaños
Pido el deseo más sencillo que tengo:
El que nunca se llegará a cumplir.

Regreso

Me plancharé el vestidito azul y verde que te gustaba tanto.
Lavaré los cabellos con agüita de flores y me quedarán los bucles perfumados y suaves.
Tendré zapatos nuevos que brillarán como espejos al sol.
Llevaré en un papel la lista de todo lo que quiero decirte para que nada se me vaya a olvidar si el corazón me salta como un pájaro en el medio del pecho.
Después me sentaré en esa plaza donde vos te acostaste en un banco con la cabeza sobre mi vestidito y me contaste, con los ojos cerrados, un collar de secretos. Yo te escuchaba con los ojos mojados mientras mis tibias manos rozaban tus cabellos.
Allí te esperaré el tiempo que sea necesario,
hasta que pase una brisa muy fresca, con aroma a tormenta, a pan tostado, a casa que tuvimos, a sábanas y besos, y me toque la nuca y me roce los labios.
Sé que entonces habrás venido a verme.
Yo juntaré mis cosas y volveré por la calle de tierra, segura de tu amparo como lo estuve siempre cuando te acurrucabas como un ovillo de lana en mi bolsillo para amarme.

Brillo en el agua


Me dejo estar como si fuera de agua.
Hay pequeñas estrellas flotando sobre el río y en ellas se reflejan como miniaturas iluminadas los rastros del recuerdo.
Quisiera que supieras que el amor tiene un sabor salado debajo de mis párpados,
que me sumerjo en el tiempo para tratar de detener la tristeza infinita que se moja en mis aguas.
que intento nadar en contra de la corriente de mi pena
pero siempre me ahogo antes de ver el fondo y que no sé cómo salir a flote.
Se me llenan los pulmones de líquenes azules, de musgos amarillos, de caracoles verdes.
Y tropiezo con piedras pequeñitas y con otras mayores
y no aprendo a bordearlas
y no encuentro caminos que me lleven lejos de todos, cerca de mi puro recuerdo.
A veces sopla un viento que sabe a medidodía
y yo solo me desnudo en el frío de tanta soledad amontonada
y fracaso en las formas con que resisto al embate del miedo.
Querría que vinieras a decirme
que el sol pega en el agua,
que salgamos a verlo,
que hay calor de otoño en todas las veredas,
pero le hablo al río en el que vos te fuiste y nadie me contesta.

miércoles, 7 de abril de 2010

Baile

Quizá la tristeza sea un vestido de gasa con el que voy a un baile en el que vos no estás.

Vientos


Mi boca habla bajito en un cono de luz donde revoletan las mariposas azules de toda mi memoria. En el hilo de mi voz cuelgo la ropa limpia, uno o dos pajaritos que tiritan de frío, un suave echarpe blanco, los cueros de cordero que habíamos traído, un mate con espumita verde, tres pedacitos de pan tostado con mermelada roja, una ola de mar que aún no tiene nombre, los zapatos vacíos al borde de la cama, los toallones sin dueño, dos tazas de té con bizcochos con olor a naranja. Y vos, desde esa ajena tierra que se llama tu muerte,me soplas un vientito que va secando todo. Querría que te esmeres y el aire sea un poquito más fuerte así se van muriendo mis ganas de tenerte y me resigno a que en mis sílabas sólo quepan mis cosas y en el baile de los álamos me lleves de la mano adonde nada sepa quién fui ni de donde venía cuando vos me dejaste parada en medio de este páramo y me dijiste chau y te llevó la Muerte.

Temor

Voy pegando el día por pedacitos para llegar fragmentada al final: sin corazón, sin fuerza, sin nada que no sea sentir abierta mi carne doliente. Me fastidia la sombra y no sé cómo hacer para andar por el sol. Pienso en vos todo el tiempo que me resta después de los esfuerzos por que las frases me salgan coherentes. Es una ola de barro pegajoso que me aplasta y no sé cómo hacer.
¿Qué dimensión tiene la calma que no llega jamás?
A veces siento miedo, un temor reverencial a quedarme por siempre encerrada en el muro que traza mi memoria y sin poder salir.

martes, 6 de abril de 2010

Los pájaros y yo


El día era cristales adentro de una caja.
Iban subiendo las horas hacia una aurora que traía los dedos todos negros.
Me asomé a la puerta del cuarto
y una enfermera hizo un gesto para que yo ingresara.
¿Dónde iba a entrar yo en ese espacio frío
si sólo estabas vos, dormido y esperando la muerte;
si sólo estaba el fin teñido de lamentos?
Tu sangre, tu honda sangre mía, era una ola blanca y no tenía llaves para cerrar el río de vida que fluía hacia el suelo.
Después, cuando el día intentaba cumplir con su destino de fines de febrero, la médica lo dijo.
Menos de doce horas que le llevó a la muerte convencer a tu cuerpo.
Yo me quedé apoyada contra esa pared, inmóvil, sin poder entender qué había sucedido.
La médica acarició mis manos: Cuánto lo siento, dijo.
Pero yo no creí, entonces... cómo que estabas muerto si había tantas cosas que estaban inconclusas.
¿Quién comería ahora el pastel de manzanas y azúcar negra que estaba en la heladera?
¿Quién me diría mis nombres secretísimos?
¿Quién sembraría los girasoles en cientos de macetas?
¿Quién pintaría puertos donde llegar a fuerza de canciones y besos?
Abrí la caja del día 28, pero hasta la esperanza se había amortajado.
Te miré entonces: tenías el rostro sereno del que se ha entregado a su destino: una página de diario te informaba; pero lo que yo tuve, lo que de vos me diste, no estaba en ningún matutino. Es mío, sólo mío y habita en la caja repleta de cristales que yo llevo en el pecho.
La Muerte que llegó atrapó tu perdurable rostro de mármol, pero no tiene nada.
Yo poseo una casa amarilla y caliente y, si no abro la puerta, nadie ingresará a ver cómo reías cuando estábamos juntos.
Allí los pajaritos comen las migas del dolor y cantan seguros sobre mis brazos flacos.
Ellos y yo sabemos qué color tuvo tu abrazo en la penumbra luminosa del cuarto.
Ellos y yo sabemos la fiesta de palabras que titilan escritas.
Ellos y yo sabemos cómo te habías rendido a la inefable ritualidad del cuerpo.
Los pajaritos vuelan y regresan al alba a dormir en el hueco feliz de mi memoria.

Diálogo con la muerte

BRUNANBURH, 937 A. D. (Habla la muerte)

Nadie a tu lado.
Es ancho y largo el lado que vaciaste.
Anoche maté a un hombre en la batalla.
Me lo robaste como se saca algo sin que nadie lo vea y ya no queda nada.
Era animoso y alto, de la clara estirpe de Anlaf.
Era el más bello hombre: aquel en quien mis palabras tenían un eco infinito y profuso, mi risa un amparo y mi alma, un reino.
La espada entró en el pecho, un poco a la izquierda.
Y mojaste con sangre el regazo florido de mi falda y no cesaba de correr esa vida hacia tu nada que es oscura y eterna.
Rodó por tierra y fue una cosa,
una cosa del cuervo.
No pudieron asirlo los jóvenes ojos de la médica porque lo hiciste caer en una pendiente repentina que nadie había mirado todavía.
En vano lo esperarás, mujer que no he visto.
En vano, que vuelvan sus claras manos tibias.
No lo traerán las naves que huyeron
sobre el agua amarilla.
Ni vuelve con el agua, ni vuelve con el fuego, ni vuelve con el aire porque tu tierra lo oprime para que no me vea, para que quede lejos enredado en tus huesos.
En la hora del alba,
tu mano desde el sueño lo buscará.
Y no hallará su carne, su piel, su misteriosa boca que tiene mis secretos.
Tu lecho está frío.
Llanura pretérita y helada en la que todos abandonaron los poblados del sueño y se marcharon lejos.
Anoche maté a un hombre en Brunanburh.
y mi hombre en Buenos Aires.

Jorge Luis Borges

Pececitos azules


En medio del segundo que no pasa, hago un túnel con ladrillos de días que se fueron: amontono el ladrillo en el que vos me hablabas de familia, un par donde se oye tu risa desgranada, otros pintados con los dibujitos que me hiciste, varios con una cena debajo de tu tilo. Los voy uniendo, uno tras otro, para llegar al sitio donde el sol se hace agua y nadan pececitos azules. Nos sumergimos juntos en las aguas espesas que tiene la memoria y son de líquidos tibios donde el calor se rompe en lentejuelas rojas. En ese mar nadamos de frente, de costado, boca abajo. Escupimos burbujas hacia arriba mirando el cielo que brilla a lo lejos, encima de la espuma. Bajamos vertiginosos a la profunda arena y dejamos que nos ondeen medusas de trajes vaporosos. Después, cuando la noche se enciende con todas sus innúmeras estrellas, cierro la boca de mi túnel y vos te venís conmigo caminando sin prisa por la playa.

Los dos

Éramos dos: cuatro ojos, dos corazones, dos bocas, cuatro manos.
Yo sigo acá. Vos ya no estás.
Al lado de tu muerte yo debo seguir ahora con mi vida: segundo por segundo, noche a noche.
Debo ser yo y todo lo que vos me dejaste.
Tengo que cultivar sin pausa tu memoria para que crezca fértil como un valle lleno de grandes árboles y pájaros de plumas muy azules.
De lo que viene a resultar que yo ya no soy yo porque ando por todas partes llevando una valija con todas las palabras, la música y los besos que me diste.
Cada hora que pasa yo soy los dos y me veo en el espejo, delgada como un lápiz, pero llena de todos los rostros de luz con que vos me habitaste.

lunes, 5 de abril de 2010

Escrito está en mi alma...

Sobre la pared de La chispa había una imagen de la sinagoga Santa María la Blanca.
Te dije cuánto me había gustado la ciudad de Toledo.
Y, como siempre, empecé a recitar a Garcilaso, poeta toledano del siglo XVI.
Cerrando los ojos para que la memoria fluyera concentrada fui dejando en tus oídos un soneto:

Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribiste, yo lo leo
tan solo, que aún de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;

cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir y por vos muero.

"¡Qué bello!", me dijiste, "Recitalo otra vez"
Esa noche, mientras cenábamos, lo repetí cinco veces.

Pancho Ibañez y el tango griego

Era, creo, principios de diciembre.
Hacía calor. Bastante.
Yo me duchaba y vos hacías ese brebaje que te empeñabas en llamar café. Nunca entendí por qué guardabas el paquete en el freezer.
Pusiste las tazas en la mesa debajo del tilo y me esperaste con unas semillas de girasol en el yogur.
-"Son buenas para aumentar de peso."
-¿Me estás diciendo flaca? -te dije secándome.
-"Noooo, flaca no...directamente desnutrida. Tengo que hacerte aumentar unos kilos. Parecés recién salida de Bergen-Belsen."
-Y después la exagerada soy yo...
-"No, vos sos la mesura en persona. Un poco atropellada, acelerada, desbocada y desnutrida por sobre todas las cosas, así que te comés esas semillas y empezás a alimentarte como el ser humano normal que no sos."
-Sí, doctor, contesté metiendo una cucharada de girasol en el yogur.
-"Hoy es el cumpleaños de Estebanus, mi germanus"- dijiste.
-Germánico,-comenté con la boca llena-, era el posible sucesor de Tiberio al mando del Imperio Romano de no haber muerto en circunstancias sospechosas que posibilitaron la llegada de Calígula quien fuera -después de muchos descalabros- reemplazado a la cabeza de Roma por el hermano idiota de Germánico llamado Claudio...
-"¿Quién sos?- exclamaste riéndote- "¿Pancho Ibañez?
-¿Por?
-"Todo tiene que ver con todo."
-Debe ser el Yogurísimo.- te dije señalando el frasco de yogur saturado de semillas, rodajas de banana y pasas de uva que le habías agregado.
-"Dale, Panchito"- me acariciaste el brazo-, "¿y Claudio?"
-Claudio era el hermano del rey de Dinamarca a quien asesinara para quedarse con el trono y con la reina, a saber su cuñada Gertrudis...el tal Claudio tuvo un final trágico cuando fue atravesado por una espada blandida por su sobrino Hamlet quien así asesinaba a su padre adoptivo...
-"Y Edipo, en cambio, mata su papá biológico."- dijiste.
-Exacto, en una encrucijada y después, en un deseo descomedido de poder, desposa a la reina viuda; de lo que resulta que es padre y hermano de sus propios hijos hermanos de los que Yocasta es madre y abuela, desmesura que conduce a Edipo al ostracismo de la polis, entidad sacrosanta de la democracia griega a la que hay que venerar más que a la propia vieja...
Te reíste.
-"El tango hubiera estado condenado al fracaso en la Grecia clásica."
-No, miles de griegos cantarían "Volver" con el lagrimón mirando la polis perdida.
-"Sur, Partenón y después"
-Sí, el exilio de la polis después y, me reí, en el exilio fue escrito el texto inaugural de nuestra bienamada literatura nacional -"El matadero"- cuyo autor, casualmente, se llamaba Esteban... como tu hermano.
-"Chan Chan. Terminate eso y te llevo."
-Sólo hasta el 60. Ya sabés...
-"Sí, ya sé: ¡no te gusta que te lleven!"
-Exactly, darling.
-"Mirá que sos rara."
-Pero bien. Los chicos dicen que soy rara bien.
-"Rara, bien ¡¡¡¡¡y desnutrida!!!!! Ya te voy a engordar yo, Pancho Ibañez, así empiezo a dormir con algo más que un cuarto de mujer."
-Dale, -me re-í, se me hace tarde... ¡Un cuarto de mujer, por favor! Che, Cormillot, imaginate esto multiplicado proporcionalmente por cuatro.
-"Noooo, de terror. Mejor dejá las semillas y no comas nada más en toda tu vida. Así al menos te tengo controlada."
-Al final, resultaste un Xy cualquiera.
Te abracé, quebrada de risa.
-"Xy sí, cualquiera no."
-No, claro que no... todo menos cualquiera...
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