lunes, 25 de enero de 2010

En viaje...

Comienza el Rally Buenos Aires/Santa Cruz.
2500 km de ida bordeando acantilados y atravesando desiertos enclavados en medio de las mesetas patagónicas.
Fauna salvaje de camélidos cruzándose por rutas de ripio.
Aves descomunales y abultados lobos marinos.
Aguas azules y heladas y, a sus orillas, aisladas poblaciones sacudidas por un viento feroz.
Bosques petrificados y cuevas de pinturas rupestres.
Y lo más grave: solos de soledad absoluta durante casi tres semanas.
Ni teléfono móvil para pedir auxilio cuando nos acorrale la adversidad de las neurosis respectivas.
¿Sobreviviremos a nuestras propias miserias para emprender los 2500 km de regreso o quedaremos como otro cuerpo helado en medio de la Patagonia?
Si sorteamos las inclemencias interiores, ¿que nos deparará "febrero mon amour"?
Ya tendrán novedades:
Supongo...
Caso contrario, qué bueno ha sido estar acá.
Buenos días a todos.
Correremos por unos días el telón.

PS: Llevamos un cuaderno de 200 hojas para escribir y dibujar... Y libros, ¡qué obviedad!


sábado, 23 de enero de 2010

Paliativos

Los que éramos antes ya no están acá.
Nadie los ha llamado a sentarse a la mesa y no deseo verlos.
Y aunque te empecines en vestir los trajes antiguos que colgaban en tu ropero, deberías darte cuenta que ya no te van, que no es bueno usar la ropa vieja, que sabe a un pasado amargo y evitable, que tiene rastros de sangre que han quedado secos y oxidados, que el cuerpo se renueva y no le sienta bien un cúmulo asfixiante de relatos.
Querría no haber visto cómo doblabas esa esquina, pero mi corazón sabía que la estabas bordeando y preferí detenerme y llorar por tantos mediodías inclementes de un verano pretérito, por tantos sueños que se hicieron añicos contra el piso como espejos perdidos, por tantos días en que estabas tan lejos y yo estaba tan sola.
Es cierto que fui una espectadora de una función que fue enteramente tuya; pero más cierto es que se puede poner otra vez en escena el mismo repertorio y los efectos serán devastadores para todos.
Tener confianza es no cerrar los ojos.
De ser de otra manera se llamaría estupidez y no nos sirve.
Pienso, a menudo, que desearía, como Penélope, destejer este sudario una y otra vez para observar cuál es la trama acorde a los acontecimientos.
Cuando estallan los mundos, una querría tener mil manos para que nada se precipite hacia ninguna parte... pero sólo hay dos y es necesario permitir que lo que cae se estrelle bien estrellado para que no renazca nunca más.
Todos tenemos huecos oscuros en el alma, dolores imposibles, soledades agudas, cortes tan hondos que parecen zanjones, estados que nos superan sin que podamos comprender.
La cuestión no es la herida, sino qué paliativos elegimos para sobrevivir.

viernes, 22 de enero de 2010

Bienvenida


En algún recodo me detuve y te vi.
Estabas entre tus papeles y sonreías. Era una noche algo fría y ventosa y llovía. Yo cocinaba unas pastas y la casa estaba calentita y luminosa como un nido.
Después hablamos de una historia: de tu historia y tu relato, de tu extenso acto de narrar.
Los álamos sacudían sus hojas dejándose traspasar.
Así me vi mientras te miraba: dejándome atravesar por tu lenguaje, por la suavidad inmensa de tu cuerpo que me horada, por los lazos que teje tu boca sobre mi corazón oculto, por tu risa magnífica, por los códigos que nos acercan, por los significados que nos completan.
Y entonces percibí que el amor es una bienvenida. Siempre.

domingo, 17 de enero de 2010

On the road: rumbo al sur...

Nos estamos yendo...
Cuaderno en mano,
lapiceras con tinta nueva,
máquina lista para las fotos de rigor...
Ah, sí, claro, las maletas con las cosas imprescindibles.
Nos estamos yendo...

sábado, 16 de enero de 2010

Lluvia

Ahora llueve.
Yo estoy acá,
en la ventana de mi cuarto que da a un patio rebosante de plantas verdes.
El agua se evapora al rozar las baldosas calientes
y el ventilador, detrás de mí, mueve el aire pesado de este enero.
Llueve.
Vos estás allá,
en tu cama de un hotel de Sao Paulo,
donde llovió el jueves a la noche
después que volviste de cenar.
Qué milagro la lluvia,
mensajera de aromas distantes,
cocinera de nostalgias infinitas,
costurera de tactos imposibles,
niñera de texturas espaciosas.
La oigo caer sobre mi patio:
me dice cuán pronto regresarás.

Superlativos

Me encantan tus superlativos.
Me hablan y me enredan sus terminaciones que me buscan.
Me gusta la alegría que derraman y la que auguran.
Me mojan sus sílabas eufóricas con sus dedos de letras, con su boca de idioma imposible, con su lengua de mordedura tibia.
Me atraen sus sufijos que se extienden y me rozan la cintura con la inefable presión de tu cuerpo en mi cuerpo.
Me seducen con lo hiperbólico de su ternura, de dedos en mi pelo, de labios en mi cuello, de brotes que crecen fotosintéticamente debajo de antiguas cortezas que supieron a coraza y a miedo y ahora se despliegan pletóricos de vida para pasear sus hojas por mi vientre de tierra, por mis brazos de lluvia.
Me encantan tus superlativos profundos como agujas, sinuosos como cucharitas hundiéndose en las sopas, salados como aguas de mares olvidados, dulces como alas de pájaros que cantan en el bosque.
Me gustan con sus palotes de niño, con sus ojos entrecerrados, y sus susurros entregados en cestos al anochecer de cada mediodía cuando el sol se dobla a sí mismo para llamarse siesta.
Me dejo envolver con sus tonos de cántaro, y abro la boca para beberte y beberlos, y sentir que entran en mi carne umbría para habitar mi sangre y llenarme de luces.
Lindos superlativos que son piedras para cruzar los ríos y adosarse con su forma de besos ahí donde mi espalda se curva y se atormenta con rayos y centellas.
Después los pongo junto a mí
y tus superlativos y yo dormimos juntos, juntísimos.

miércoles, 13 de enero de 2010

Como un haiku 4

La lluvia se deshace en cortina pretérita.
y moja los cristales del cuarto.
Yo sueño tu respiración en mi pecho.

sábado, 9 de enero de 2010

miércoles, 6 de enero de 2010

Vos y yo

El deseo y el amor.
La furia y la calma.
La soledad y la compañía.
La madeja imposible de lo que se perfila.
La simplicidad de lo que tememos entender.
Lo que no hay que entender.
Lo racional a ultranza.
La grieta irracional.
La perfección y los bordes irregulares.
El silencio y la palabra.
Tu boca en mi cuello.
Mi cuello en tu hombro.
Tu sueño y mis miedos.
Tu miedo y mis esperanzas.
El mundo que puede ser mejor y se resiste.
La frustrada agonía que canta como un balde cayendo en el aljibe.
Los pasados amontonados y los que quedaron desparramados.
Los insólitos barcos, los trenes, los aviones.
Las rutas bajo el implacable sol del verano que hace tiempo no tenés.
Tus mujeres.
Mis hombres.
Los que éramos antes.
Los que somos ahora.
Lo que nos preexistía.
Lo que nos sobrevivirá.
Tu mano en mi cabeza.
Mi cabeza perforada de sensaciones.
Las sensaciones derramándose por mi vientre hasta el pliegue mojado de mis rodillas.
El mar allá y la luna azul de la última noche del año.
Mi lapicera de tinta y tu bolígrafo.
Las almendras y el ajo.
La copa de vino y el vaso de agua fresca.
La lluvia que nos moja y el sol como una espada implacable.
Tus palabras medidas y mi borbotón imparable.
El mundo que se hace y se deshace desde siempre.
Lo que dicen los otros sobre nosotros mismos.
Lo que nosotros decimos sobre nosotros y sobre los otros.
Lo que callamos.
Los mapas y los viajes.
Tu increíble risa: la más viril de todas las que hay en la tierra.
Tus ojos que cambian de color y los míos de gata bajo el sol del invierno.
Tu frío, mi calor.
Tu intempestivo caos, mi obsesivo orden.
Yo que no sé llamarte y vos que me llamás con nombres que te crecen como hiedra en los labios.
La pausa en que nos vamos desprendiendo de los errores que fuimos cosechando.
La empecinada forma de no poder ser otros pese a todo.
La geografía y lo poco que nos queda de historia.
El carro que arrastramos, las pesadas mochilas.
Los que fuimos con otros.
Las tormentas que pasan y las que nos empapan desde siempre.
Los hijos que tuvimos, los que deseábamos tener y no pudimos.
La familia que nos dio la vida y la que hubiéramos deseado que fuera.
La que intentamos formar, la que no pudimos, la que queremos.
La música y los libros.
La cocina y el baño.
Tus abrazos y mis besos.
Los gozos y las sombras.
Las mieles y las sales.
Los papeles en blanco y las páginas saturadas.
Mis caminatas sin fin y la tarde que muere.
Los muelles y los faros.
Las frutas secas y las frutas frescas.
Las sábanas tan blancas y las de colores muy fuertes.
La enredadera que ahoga árboles y las flores encendidas.
El año que termina para que empiece otro.
El sitio en que estábamos hace unas horas y el que nos tiene ahora.
Las primeras vacaciones que compartimos.
Buenos Aires, París y los fósiles de los acantilados patagónicos.
Y todo recomienza cada día.

El sur también espera

Otra vez las maletas sobre la cama.
Otra vez los mapas desplegados.
Otra vez los recorridos trazados con los lápices.
Otra vez las páginas escritas para atrapar lugares.
Otra vez las fotografías dispersas en el aire
Pero esta vez es con vos.

domingo, 3 de enero de 2010

Párodos

Quién sos que te desconozco que te miro y no puedo alcanzarte que te escucho y no puedo creerte quién sos que así en medio de la tarde me clavás otra daga de sangre y allí en mis tripas se queda para siempre la esperanza.
El coro todavía no ha salido de la escena y a esta tragedia le quedan un par de episodios para alcanzar el éxodo.
Nadie percibe cuán mal ha gastado su vida hasta que no le queda ya nada por hacer.

sábado, 2 de enero de 2010

Novedades

Al borde de la desolación: la vida de los otros es de otros. El miedo es una masa pegajosa adherida a cada centímetro de mi piel. Nada puedo hacer más que sentarme a mirar cómo se desenvuelve un infierno conocido. La calle es una boca que se traga mis esperanzas. No podré soportar otra agonía. Sólo deseo dormir hasta que cese el mundo y fingir porque ya no hay más palabras en que confiar.

viernes, 1 de enero de 2010

Año Nuevo Veinte Diez





A las once y cuarto de la noche pusimos Submarillo amarillo y nos tiramos en el sillón. Paramos para atender teléfonos, comer algo más y brindar de pie en la cocina, que es un lugar perfecto para recibir el cambio de década.
El año cambió de número con la derrota de los azules en manos del Flower Power y el mundo lisérgico de un dibujo animado que yo no había visto antes.
En mi vida de madre, Pablo ha puesto en mi retina tres películas que me impactaron de alegría el corazón: El viaje de Chihiro, Mi vecino Totoro y, ayer, mientras todos hacían explotar sus fuegos artificiales, Yellow Submarine.
Quizá sea una manera atípica de terminar/comenzar el año.
Pero fue la mejor.
Estuvo llena de esperanza para el 20.10 y me dejó en el alma la colorida sensación de que el mundo puede ser mejor para todos.
Sólo se trata de ponerse a cantar.
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