miércoles, 30 de septiembre de 2009

Algo cae en el lavabo

Hallar la voz que se revierta en el aire y estrene un vuelo de alas y escamas y todavía que suenen las flautas de cristal junto a los estanques dormidos donde la bruma se hace pez y se desmembra en sutiles colores contra las gotas. Yo pienso en vos y no puedo imaginar cómo es que ahora siento el otro lado, el que siempre estuvo entre nosotras pero nadie veía. Es tan difícil ahora remar contra el río que baja para alcanzar otra vez la naciente. Yo quiero estar en carne viva y vos sólo deseas sobrevolar por la superficie del mundo para que no se anegue demasiado lo que no podés ya sentir. Jamás pude abrazarte -y te lo dije- ni llorar en tus brazos ni decirte que te quería porque ofreciste muros de hielo a mi ternura que no necesita demasiado para ir naufragando y morirse de una muerte veloz. Quiero que el viento limpie el aire que respiramos de aquí en más y no sé cómo hacer para despertar los huracanes de tu corazón.

martes, 29 de septiembre de 2009

Lectus in lectus


No se puede no leer.
No se puede no leer lo legible/ilegible.
Como no se puede no decir lectus in lectus
escrito en la piel
y yo he dicho
hasta el hartazgo
hasta que me salieron cardenales en las caderas el pecho la cintura
y me quedó marcada la sangre para siempre.
Ojos de páginas que se amontonan in lectus porque he dicho que si no hay palabras no hay nada y la tristeza es una piedra que no late porque nadie la dice nadie la lee nadie la escucha.
Boca de tinta que resulta impermeable porque no hay ortografía si no es de saliva y de labios que no se pueden leer porque no hay lectus que perdure en el tiempo si no es escrito a cada rato en la piel que muta y se deslíe y vuelve a encerrarse en la densidad aromada de la hora en que la luna desea dormirse para que no digan que fue ella la responsable de los zurcidos al texto que se notan aunque intente ocultar que no se puede no leer lo que supura en la sutura donde los sustantivos se amontonan y gritan para que abra las puertas y penetren los verbos como si fueran árboles sangrando y alguien me diga que me calle, que ya me calle de una vez.
Como siempre, cuando deje de leer estaré muerta
para todos para los que creyeron que me tenían ceñida en el halo de luz de una simple vocal, pero yo me escapaba por puntos suspensivos e infinitas comillas hacia otra nota al pie.
Me quitaré la ropa y dormiré entre sábanas blancas como esta hoja sobre la que escribo que no se puede no leer que no se puede no leer.

Escrito en el cuerpo

Dijiste.
Tu nombre en mi cuerpo.
Y yo dije sí.
Y agregué .
Tu nombre en mi cuerpo.
Y vos dijiste sí.
Siete letras en tu piel con tinta indeleble.
Seis letras en mi piel con tinta imborrable.
Tan literarios nombres que sólo repetían la tinta con la que siglos atrás ya habían sido escritos y con la que otros habían vuelto a escribir sobre ellos.
Y nosotros entonces volvíamos a escribirlos para tatuarlos en nuestra piel que se enredaba superponía entremezclaba se perforaba se estremecía y sangraba
Porque nuestros menudos corazones, fuertes como tormentas, sólo sabían sangrar.
Después pasó la vida.
A mi nombre en tu cuerpo lo taparon las hiedras de la memoria.
Sobre tu nombre en mi cuerpo vuelan dos mariposas.
Pero ahí estarán
eternos
imperecederos
indelebles
imborrables
escritos en nuestro cuerpo.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Puertos inefables

En Singapur, a esta hora, los perros ladran en las veredas desamparadas de la noche mientras los mendigos merodean las sobras que se acumulan en los puertos vacíos.
Todavía llueve en Rotterdam y los barcos no pueden zarpar porque la tormenta arrecia y levanta olas oscuras contra los murallones del Europort.
En Marsella las embarcaciones se sacuden solitarias y tristes.
Yo miro las luces encendidas como vientres en los puertos: lámparas azules y blancas sacudidas por el vendaval y me despido de todos otra vez.
¿O no es despedirse lo que debe hacerse en los puertos cuando se hace de noche y no hay más carga que descender de los buques desiertos?
Camino pateando una lata que hace ruido en la soledad deshabitada de los mismísimos puertos que son felices bajo la luz hinchada de las velas.
Que nadie diga nada porque todo está dicho desde siempre.
¿Para qué agregar más palabras a lo inefable?

Sin compañía


Buenos Aires
Viernes 25 de septiembre

2009

No puedo acompañarte, dice...No puedo, me dice ella a mí.
Y yo siento que la soledad me rodea como una rosa estéril en la que naufrago.
Mi corazón de pájaro inquieto tirita en el espacio hondo donde todo lo siento.
Me atraviesan los vientos de lado a lado y ella queda en otro sitio que no es el que yo voy desplegando.
Siempre sucede igual:
tanta tormenta me moja como una selva de perfumes salvajes
y no encuentro quién comprenda el vendaval de pétalos que cae sobre mi piel en las noches de una fría primavera hecha más de lluvias que de soles partidos.
En mis pupilas se esconden los aleteos de mis brazos, el salir por arriba del viejo Marechal, el escozor del cerebro que habla en otro músculo y deja correr los líquidos azules de mi cuerpo.
De frente estoy ante otros fragmentos y no podés acompañarme.
Pero en la imposibilidad puedo encontrarte y sentir que todo lo que hemos dicho está allí, al resguardo, aunque yo llore de ternura y de pena.
Si vos pudieras saber cuánta blancura porta la luna en las noches y cuánta todavía la que yo imagino en la tibieza de mi alma: ríos de talco blanco aunque vos digas que nada te importa demasiado, que todo te da igual y te escondas de mis requerimientos oculta allí para que no te lleve la correntada que me arrastra y me obliga a nadar, siempre nadar.
He abierto una antigua compuerta y vuelo sola para llegar al cielo.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Baile

Quise quedar de ese lado del vidrio: tan exterior como me fuera posible.
No deseé dejar mi piel metida en ese baile; aunque, a decir verdad, me moría por bailar.
Pero las luces eran tan efímeras como bengalas en medio de una noche de noviembre: se encendían, estallaban y sólo quedaba la oscuridad total después de los agónicos chisporroteos del final.
Y pensar que yo había planchado mi vestido de gasa y lo imaginaba flotando en la fosforescencia de la noche, iluminado por una luna mórbida y pequeña, saturada de finos trozos de talco y miel.
Pero sonó la orquesta y la pista se abrió y yo, entonces, elegí:
de ese lado del vidrio se estaba mucho mejor.
Las mujeres que bailaban tenían gruesos muslos y una cintura ancha
y yo,
que soy mínima y liviana,
que adolesco de cierta brevedad,
que tengo una cintura para la que sobran las palmas y los dorsos,
que tengo brazos a los que se les aflora el hueso
y una muñeca que cabe en la vuelta de dos dedos,
yo no tenía demasiado que hacer ahí.
Ellas bailaban enredadas en cuerpos varoniles que nunca podrían lastimarlas,
y mi talle era casi como el de una copa de cristal y terminaba en un cuello que parecía morir de pura indecisión
A ellas la boca les ocupaba la cara,
a mí se me desbordaban ojos que se hacen verdes en la hora exacta del amor.
Del otro lado del espejo llovía suave y apenas
y mi vestido se mojaba pegado a mis caderas.
Todas bebían licores cristalinos y yo tomaba una botella de agua mineral.
Sin embargo, de ese lado del vidrio, hubo quien recordó mi voz ronca, la risa que me brota del centro de la carne, mis piernas largas, mi cuerpo que se enreda como una hiedra en medio de las sábanas, mi suavidad de felina imperfecta...
Y yo, que sólo tenía deseos de bailar, bailé.

Yo sé latín

Desde chiquitita me sentaron a practicar cómo declinar con certeza sustantivos de la primera. Después avancé con los neutros y masculinos de la segunda hasta llegar a la tercera y el misterioso universo de parisílabos e imparisílabos con sus falsos correspondientes. En un dos por tres acabé con la cuarta de tema en u y la quinta en e. Aprendí verbos de tema en "a", en "e", la tercera, la tercera mixta que ahora llaman quinta y la cuarta conjugación. Pronombres, adverbios, completivas de infinitivo, ablativos absolutos, gerundivos y vaya dios a saber qué se me pierde en la memoria... Leí a Iulius Caesar, a Suetonio, a Petronio, a Virgilio y al adorado Catulo junto con Cicerón. Un poco de Séneca, otro tanto de Lucrecio, Ovidio y Plauto y después llegué a Pompeya y me introduje en las piedras del prostíbulo, en los enormes falos dibujados en la pared y me pregunté por qué nadie me enseñó el lenguaje de las tabernas, los gritos de las calles, los alaridos latinos del amor.

Mariano Levin: Él antes

Él dice
que antes
que una página se cierra
que sus dedos pueden despegarse de su cabeza y andar.
El dice
qué suerte que yo estoy aquí
que suerte que me busca y me encuentra
que suerte que me tiene
y yo
me dejo ir por sus palabras como quien cae a un corcho y flota en medio del mar:
de ola en ola mojada por espuma,
de burbuja en burbuja ajena a la tormenta,
de brisa en brisa perfumada de yodo y sal.
A veces me desgajo y me pierdo.
A veces me acongojo y me lamento.
A veces me oculto y me lastimo.
No siempre estoy donde debería estar.
Yo también tengo antes
Yo también tengo paciencias que no sé ni aguardar.
Yo aullo envuelta en sílabas de sangre.
Yo tengo tiempos y jardines para cultivar.
Yo ofrezco mis palabras en ofrenda,
Yo dejo ver mi cintura de náufraga,
mi cuello de paloma,
mis caderas de arcilla,
mi pecho como una almohada tibia,
mi sexo húmedo de agua torrentosa,
mi espalda grabada con nombres y mariposas verdes.
Yo no soy una piedra alisada en el fondo de un río.
Yo muestro aristas, grietas, espinas y
algunas cosas más;
pero
qué suerte que te tengo
qué suerte que te busco y te encuentro,
qué suerte que vos también estás aquí.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Quererte


Museé Rodin
París, juillet 2009


Cuando te fragmentás así, en gotas de colores, y tu perfume se me queda en las manos desmayado; cuando te derramás así y voy oyendo tus palabras como una larga cinta de seda que me anuda a tu cuerpo y me vas encantando para que no pueda mirar otros paisajes que no sean los tuyos, tus ojos de claror vespertino, tus manos solitarias; cuando te reís en mi cuello y no puedo oír ninguna carcajada que no sea la de tu boca mía; cuando me tendés en la tierra y tu saliva me dibuja una flor de cristales creciendo en mis caderas y los tallos se enredan en mis piernas y trepan mi cintura hasta llenar de pétalos mojados el revés de mis párpados: : ese es el instante en que suelo quererte como si fuera siempre, como si el tiempo se hubiera deslizado al centro de una plaza una tarde de octubre cuando ni vos ni yo nos sabíamos existentes y sin embargo andábamos merodeándonos como fieras ajenas.

Penélope no sabe

En casa y la luna reflejada en los vidrios del patio entre las plantas.
La luz blanca y fría es casi líquida y cae sobre mi piel desnuda.
Necesito que me beses y dormir en tu abrazo.
Hace días que mi cuerpo te extraña
y no puede suplir con palabras la falta.
Los tiempos se desenvuelven con sus propios rumores y en el límite de sus posibilidades,
pero la piel tiene otro ritmo que no desea comprender de racionalidades puras y exactas y de aceptaciones civilizadas
y se debate entre el deseo incumplido y la sublimación.
Las macetas regadas no hacen más que traer un olor que acrecienta la distancia.
La realidad es una estructura que se agrieta y por las rendijas se filtra un licor espeso y traslúcidamente rojo.
Preferiría no hablar
-nunca más hablar de nada-
y dejarme estar en el mar profundo de las sensaciones donde me sé abandonar y colmar para volver a vaciarme y abandonarme y llenarme hasta el límite de mi propia carnalidad.
Estuve tan lejos en esta noche
tan distante de mí misma
tan rodeada de colores y aromas que no podían pertenecerme
que empecé a sentir los pasos de insectos pequeños sobre la línea delgada de mi cadera.
Sólo yo los veía trepar por mis piernas, anidar en mi cintura, deslizarse por mi nuca desnuda y buscar mis cabellos desparramados.
Eran otros días otros animales que se desbocaban en un sábado de madrugada mientras la gente que me rodeaba hablaba y yo estaba ajena, envuelta en mi deseo y mi necesidad.
Todo está detenido a la espera de la fiera que salta sobre mi cuello y me desangra.
Las abejas beben agua en mis clavículas y sabe a líquido de sol.
Mi cabeza conoce y acepta la espera femenina de Penélope
pero mi cuerpo extraña la sombra que lo cubre lo penetra lo completa.

viernes, 25 de septiembre de 2009

La sirena y el pez espada


Hablar es hablarse
Julio Cortázar, Los Reyes


En el fondo del mar, una sirena de escamas plateadas está sentada entre burbujas de oxígeno verde que la sostienen. Un pez le roza el cuerpo suave que sabe a sal. En el agua, ella mira hacia la tierra que, sedienta, desea y que se halla lejos, muy lejos. La tierra tiene plantas azules por donde corre la brisa entre los bosques europeos. La sirena huele a menta marina y a estrellas y en sus cabellos crespos se enredan madréporas y ostras blancas. Tiene ojos en los que alberga sueños ligeros e inestables. Un pez la ronda con sus burbujas de aire y ella le ha entregado el corazón. Se dejan estar suspendidos en alguna molécula de arena donde quedan escritas infinitas palabras en la playa. Por el largo camino de las sílabas, la sirena busca la boca que la llama y el pez la recibe en sus brazos mientras se sumergen en una taza de té vespertino con besos crepusculares y relatos de mieles de colores perfectos. Después en la vereda del palacio marino, el pez debe partir no sin antes dejarle a la sirena un último relato en el umbral: las abejas son gotas de oro que se alejan de la colmena para volver, siempre volver. Soy una Penélope marina que prefiere escribir.

Porque la resina que me trajiste del mar cuelga de la ventana de mi cuarto.
Porque los regalos son los momentos en que estamos juntos en la distancia.
Te quiero.


Avispas


Blablablabla
las palabras me zumban en la cabeza como avispas insidiosas
y todos dicen que blablablabla...
sólo digo que hay una piel y es la misma que llevo desde hace muchos años
que mi boca no se va a abrir para decir ninguna cosa
excepto para besar y besar
lejos de las palabras de las avispas que revolotean enardecidas
Yo danzo en medio de sus zumbidos con mi cintura frágil
y mis brazos son alas que me sirven para bailar.
Las avispas tienen corta vida
y nunca supieron hacer miel.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Rehacer


tantas veces
tantas lágrimas
tantos gritos
tanta miseria hecha de recuerdos
tanta gente
tantas fotos
tantas cartas
tantos recuerdos hechos de miseria
tanta danza
tantos libros
tantas películas
tanta muerte y locura
tanta
y yo querría
que me perdonaras lo que yo desconozco
que supieras cuánto hay de vos en mí
que me mostraras las manos de tu propia desdicha
que me llamaras para acunarme
que me dieras la voz que me sostenga
que me ayudaras donde sea que fuera
que me envolvieras con tus caricias:
mamá.

Mapas infantiles

No hay nada que se parezca a una burbuja de jabón en el aire cuando ya está a punto de explotar.
Yo navego en mis propias palabras que me rodean y me sostienen antes de caer
despeñada.
Cuando se hace la hora
todos los fragmentos se dispersan y no sé por dónde comenzar.
Sólo una luz que reverbera en el filo de la ventana
me comunica el paso de las horas
y los encargos que debo cumplir.
Desearía estar sola en medio del mar
o caminando por ciudades antiguas cuyo lenguaje me fuera desconocido.
Pero estoy acá,
rodeada de gente que habla mi mismo idioma
y que intenta que le diga qué debe hacer para vivir mejor.
Justo a mí que extravié todos los mapas el día que nací.

martes, 22 de septiembre de 2009

Anécdota escolar LXXXII: Dioses eran los de Grecia

(En una evaluación)
Pregunta: En Las Troyanas de Eurípides, ¿por quién toma partido Poseidón?
Respuesta: Por los ateos.

Germinación


Crecés como una nueva planta adentro mío: brote a brote.
Vas abriendo tus raíces entre la tierra negra que me forma y te instalás a beber mis humores.
Estás tan bello desplegando tus tallos entre los huecos por donde va la luz a llenarme de aromas.
Tus hojas son tan verdes, tan suaves, tan tempranas y ocupan el borde de mis ojos, de mi boca, de mis manos.
Mi estómago se llena de menudas mariposas azules que revolean inquietas por ver la floración que augurás en mi piel de mañana primera.
Miles de insectos se desperezan y trepan por mis brazos dibujando tus pasos en medio de mi cuerpo: hormigas, ciempiés, moscas de alas traslúcidas, orugas turquesas y dos o tres cascarudos de coraza plateada.
Una brisa de vuelcos veraniegos mueve las frondosidades con que anegás mi sangre que corre, ya clorofílica, en mis venas: desde mi corazón hacia sitios lejanos y perdidos en el tiempo: desde siempre raíces, tallos, hojas, lluvia en el bosque, en la selva, en los parques y húmedos jardines, olor a tierra removida en otoño, hojas caídas en pos de otras nuevas y una flor roja brotando en mi saliva con tus besos de planta bellamente invasora.
Estaba yo durmiendo y amanecí en medio de una selva tropical y cerrada.
Y te quise como si no tuviera más bioma en que hallarme que no fuera tus abrazos de hombre.


lunes, 21 de septiembre de 2009

Family game

Una familia es:
Duro de matar
Sensatez y sentimientos
Días extraños
La dolce vita
Pánico en el parque
Arma mortal
Desayuno en la hierba
El inocente
Infierno en la torre
Últimas imágenes del naufragio
Alas de libertad
Blair witch
Tiempos difíciles
Los vengadores
El amor en los tiempos del cólera
Pesadilla II
Los míos los tuyos los nuestros
Los sospechosos de siempre
2010 el año que hicimos contacto
Corazón valiente
...Y sin embargo, volvemos a empezar.

Printemps


Bandol
Côte d'Azur
Julio 2009

Voy a llenar mi corazón de luz amarilla
mientras en la selva las panteras se desperezan prontas a envolverse ,una y otra ,en sus mutuas pieles sedosas.
Dejaré que llueva agua fresca y mi nuca se inunde de mariposas blancas sedientas.
Hundiré mis pies en la arena mientras las enredaderas de la tierra me crecen en los dedos
y el cosmos se hace líquido y poroso para que pase el aire y vuele en mis cabellos.
Después me sentaré en las piedras y el cielo se pondrá azul y duro como el esmalte de las antiguas catedrales coronadas de misterio.
Vendrás a mi lado -sin hablarme- mientras me mancho los dedos con tinta
y la noche se hará un cuenco negro rebosante de estrellas coloradas.
Bailarán las luciérnagas entre mis brazos
y en la orilla del río alguien desguazará la melodía de un violín que se hunde en las barcas antiguas de la memoria.
Yo también danzaré con un vestido blanco que fosforecerá en la oscuridad suspendido de mis hombros delgados y tendré corales y algas azules en el fondo de mis pupilas saladas.
Brotarán peces suavísimos en mi boca y nadarán por mi saliva y por mi sangre mientras las tazas de porcelana duermen sobre la hierba húmeda en la que dejaré descansar mi cintura antes de que tus manos la bordeen en un viaje de pétalos.
Después despertará la tierra con su cofre de arena y pulirá nuestras manos prontas para los besos
y en la boca nos crecerán turbulentos arroyos bajando de la montaña con su canto de aguas.
Siempre estará comenzándose el tiempo aunque siempre parezca terminar.
Beberemos licores, comeremos frambuesas y el día será infinito mientras dure.


domingo, 20 de septiembre de 2009

Le palais des Papes


Avignon
Palais des Papes


Adentro.
Afuera.
Y una rendija por donde sólo pasa la mirada como un lazo de luz para corporificar el mundo.
Adentro, los Papas se paseaban por inmensos salones que nunca hubieran podido ser recorridos en su totalidad por los pasos de un hombre.
Y afuera la ciudad era un laberinto de tenderos, panaderos, costureras, niños...
Dicen que las cosas nacen cuando las pupilas las alumbran.
Sólo nace el objeto en el sujeto que lo observa.
Los Papas veían el mundo con forma de cruz.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Estación


El vacío me bordea como una pileta de gelatina de la que no puedo emerger.
Busco los ojos que podrían acompañarme, los soles que evitarían la noche, el perfume que desvestiría mi piel y no hay nada más que palabras palabras palabras palabras palabras...
Me cansé de hablar.
Hay ecos de tormentas pretéritas en el aire.
Hay humedades que huelen a lodo y trementina.
Hay papeles ajados de tanto tiempo sin resolver.
Y yo estornudo como si fuera una mariposa enferma de tanto afán de volar.
Sin cauce los ríos se desbordan e inundan la pradera hasta hacerla morir.
Voy a decirlo suavecito para que puedas comprenderlo: el tren se fue y vos... vos te quedaste en la estación.
Si te estirás un poco -no demasiado- me verás diciéndote adiós desde el vagón.

Nostos (regreso)

Cuentan que Odiseo divisó Ítaca y, desde lejos, empezó a llorar. Todos pensaron que lo sacudía la emoción de regresar. Sólo él sabía que sus lágrimas se debían a la pena que sentiría cuando comenzara a cotejar su recuerdo con la realidad.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Los que están lejos

Lejos, muy lejos, están las personas que más quiero. A veces me cuesta recordar con precisión sus rostros o su voz.
¿Cómo son los cabellos de Lucía, esa hija que me dejó el amor que se deshizo?
¿Cuán claros son los ojos de Mónica que fue madre tres veces sin que yo pudiera ir a verla al hospital?
¿Cómo es la voz de Luca siete meses después?
¿Seguirá Maïa llorando como aquel miércoles en Saint-Charles o sus lágrimas tendrán ahora otro color?
¿Qué estará leyendo en estos días Lou Gallard?
¿Pensará mi hermano Mariano esta noche en mí?
¿Hará mañana Vanessa la tarte Tatin que hizo ese día para mí?
¿Olga seguirá desayunando esas tostadas con aceite y tomate rallado?
¿Qué me diría África, su madre, si me tirara las cartas dos meses después?
¿Todavía le temerá al mar Miranda o ya se atreverá a nadar?
¿Recordará mi hermano Pablo la bebida rosada que me dio a probar en el cour Julien?
A todos ellos los extraño los necesito los reclamo los requiero,
A todos ellos desearía volver a verlos y abrazarlos .
Con todos ellos querría atravesar los días las tardes las mañanas las horas extensas en la nada.
A todos ellos que, de una u otra manera, están cerca de algún mar.
Pero a mi padre, más que a ningún otro, desearía volver a besar; pero él está tan lejos que ya nunca más lo voy a poder alcanzar.

No juego más

No entiendo la vida así, de esta acéptica manera, de esta forma insípida y escuálida. He puesto miles de piezas en el tablero: de jade, de madera olorosa, de lágrimas y sangre, de peces sempiternos...y se me han ido las ganas de jugar. Mi cuerpo tiene fiebre en esta noche de septiembre y tiembla de tristeza bajo la luna que llueve polvo pálido. No puedo mirar alrededor sin ver otra cosa que vacío y ausencias que se acumulan en mi historia como cuchillos helados sobre mi piel escarchada. No alcanza con jugar así. Yo no sé hacer las cosas de otra manera que involucrada hasta la médula y dejándome arrastrar por el viento que sopla desde el río y amenaza con llevarme a volar. Nadie comprende lo que tengo de pájaro, de liana, de enredadera copiosa. Nadie entiende que el miedo me viene de tanto sentir y me quedo detenida debajo de la lluvia sin poder hablar. Ese es mi mal: no poder hablar. Nada que no se cure con una buena caja de pañuelos y una taza de té con miel y limón. Debo aprender a olvidar.

Mariano Pinasco


Mariano cumple 46 años. Hace siete meses que no lo veo porque vive lejos y no me he desplazado hacia su casa. Siempre hemos tenido una relación dificultosa: hecha con pocas palabras que cuesta sacar. Mariano es parco, lejano, erizado ante mis tímidas demostraciones de amor. Pero es un tipo bueno -con absoluta certeza, mucho más que yo-. No le ha de ser fácil vivir a mi hermano; pero no comparte conmigo sus dolores y penas. Hemos tenido años de infinita distancia y sus hijos han sido puentes que nos permitieron volver a hablar. A mí me gustaría que mi hermano supiera que lo quiero, que me gustaría acompañarlo en sus penas, que querría que descansara en mi hombro el corazón que a veces tanto le debe doler.

Soluciones

A saber:
Una taza de sopa de zapallo.
Unas cajas de lencería en papel de seda.
Un frasco de perfume Valentino o Dior.
Una crema avec des étincelles que me regaló Manette.
Una vieja charla suspendida.
Un libro.
Una libreta y una estilográfica.
Una estufa prendida.
Unas sábanas limpias.
Una almohada mullida.
Una siesta perfecta.
Un hada con las alas celeste nube.
Un hijo que regresa.
Un recuerdo que se ata entre cintas de raso azul.
Un padre que me falta.
Un llanto que comienza a salir.
Una casa que quiere regresar a su orden.
Un viaje que termina.
Una vida que debe comenzar a rodar.
Nada tan simple.
Nada tan bueno.
Nada tan así.

Sopa


El mundo -el mío, al menos- es un plato tambaleante y lleno hasta el borde de sopa. No deja de moverse la mesa en la que intento apoyarlo y el líquido se acerca peligrosamente a uno u otro borde. Trato de equilibrarlo, pero es inútil. Siempre algo, siempre alguien me hace trastabillar. Hasta esta madrugada no se me ha derramado una gota, pero veremos qué sucede de aquí en más.

jueves, 17 de septiembre de 2009

El piano

Cuando el mundo se empecina en ponerse en mi contra.
Cuando yo no entiendo bien cómo vienen las cosas y me pongo al revés de su fluir.
Cuando todo parece desmoronarse y cae, finalmente, haciendo ruido.
Cuando las grietas se hacen abismos infranqueables.
Cuando no veo las salidas de emergencia porque alguien cortó la luz.
Cuando se inunda todo y no soy Noé ni tengo una misérrima canoa.
Cuando no puedo dormir porque la gente grita en la casa de al lado.
Cuando no tengo hambre.
Cuando no salí abrigada y me duele ahora la garganta.
Cuando llueve con esta lluvia triste.
Cuando mañana es todavía viernes.
Cuando tengo ganas de mandar a todos a la mierda...
me siento en la banqueta y toco el piano.
Y a veces supongo que se pasa; pero no...

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Puentes


Digo, para que nadie escuche, que hay olas de agua que me mojan y que los peces blancos navegan en mi vientre a través de una larga noche en que las estrellas se lavan y brillan como anémonas nocturnas. Cuando apenas entreabro los ojos el mundo es nuevo y primavera. Todo está en su sitio, pero pronto empieza a girar en un tornasolado remolino de aires que se mueven y danzan. Alguien cocina lejos y el perfume de una cena temprana o tardía se cuela en las rendijas de mi cuarto. Tengo la piel cubierta de jazmines y brotan frambuesas en mis ojos. Todos deben dormir a esta hora y es bueno que así sea porque mi soledad se llena de cristales azules que tintinean para que yo sola los oiga. En otra casa él estará soñando. Lo pienso y crece en mi pecho una alegría cálida que tiene geografías muy distantes y puentes interminables de palabras.

martes, 15 de septiembre de 2009

Jorge Pinasco

Papá:
Hoy hubiera sido tu cumpleaños 85.
En estos días pienso tanto en vos. Miro mis manos y trato de encontrar la ruta de las tuyas. Miro mis ojos y recuerdo el color de los tuyos. Leo mi letra y pienso en la tuya tan pareja. Huelo mis sopas y rememoro tus comidas.
La vida ha sido injusta con nosotros. Teníamos muchas cosas para decirnos aún.
Aquel 17 de diciembre, en aquel banco, en aquel patio, reposaste de la fatiga que te producía el próximo abrazo de la muerte y fui yo la última persona con la que pudiste hablar. Nunca vas a saber -no me diste tiempo a que te lo dijera- lo que para mí significa que te hayas muerto con mis palabras demorándose todavía en tu oído.
Es cierto que yo te llevo en el corazón, pero desearía que, en este preciso instante, tocaras la puerta de mi casa y te sentaras otra vez conmigo a conversar.
Te sigo queriendo, papá, a través de los velos de mi memoria que siempre te va a recordar.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Peces de colores


Yo lo estaba esperando en medio de la noche en que él venía y había preparado pescado en una sartén profunda de hierro para que cenásemos en el filo del fin de una larga semana. Y entonces, cuando llegó, él sumergió la mano en su bolsillo y sacó un pez de colores para mí: naranja, amarillo y púrpura nadó hacia mi heladera para vivir debajo de un sol brillante que traje del Caribe amistoso. Mi cocina se transformó en una pecera marítima y azul donde él y yo nos comenzamos a besar con gusto a sol y sal y yodo entre las manos. En sus brazos apenas pude moverme y en ellos me dejé atravesar por su luz. Le susurré palabras con estrellas y corales que salían del centro de mi carne hecha de espuma mientras bebí el agua inmensa de su saliva en medio de su boca. En la cocina, el pez nadó con su cola en las tres Gracias de Rubens y la cabeza buscando los pechos de la Libertad de Delacroix. De su boca salían burbujitas que eran retazos del Palais des Papes de Avignon. Hoy cuando regresé el pez seguía feliz en las aguas profundas de mi cocina y yo fui una sirena verde en las olas de su voz que reía sólo para mí.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Los años que me aguardan


Pensándolo con frialdad milimétrica, no me queda mucho tiempo o, al menos, me queda mucho menos de lo que he gastado. Aclarado este punto, tal vez este sea el momento de sentarse a reflexionar acerca de cómo espero pasar los años que todavía me aguardan y decirme que no deseo sufrir más que lo imprescindible, que quiero tocar el piano, dibujar bellas letras, escribir y leer mucho, sacar fotografías y, de vez en cuando, lavar ropa y cocinar. Son ambiciones modestas y, por ello, posibles. Además, si me fuera dado, desearía viajar. Me gustaría tener, hasta el fin, líquida mi alma y desprenderme de los estigmas con los que otros y yo misma he buscado vestirme. Querría ser sabia para saber esperar que la vida suceda y no vivir en la impaciencia de devorarla como un pan; estar en casa mucho sin nadie que me hable demasiado ni requiera de mi continua atención; tener días para dormir y despertar y volver a domir y despertar; caminar en las tardes de verano sin urgencias de ir a ninguna parte ni a ninguna ocasión. Pensándolo bien sólo deseo vivir.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Jeanne d'Arc


Saint-Rémy-de-Provence

Usada
Quemada
Santificada
Convertida en patrona de Francia,
Juana llora en Saint-Rémy.
Hace tanto calor à midi.
Y el aire huele a olivas pudriéndose en capas sucesivas.
Juana, si la guerra hubiera sido cosa de mujeres
nos habríamos enfrentado hilando tapices infinitos de batallas donde ninguna
fuera usada
quemada
santificada
convertida en patrona de Francia.
Qué calor, piensa Juana y recuerda la hoguera en Saint-Rémy à midi
y todas las iglesias donde en julio su estatua suda sangre carbonizada.
Juana podría haber sido otra mujer de haber nacido unos siglos después:
un médico austríaco hubiera diagnosticado esquizofrenia y la habría encerrado en un hospital de paredes altas altísimas mientras él se habría dedicado a escribir "El caso de Juana D." con el que se hubiera hecho famoso
mientras la pobre loca -sí, Juana-
también
habría sido usada
quemada subliminalmente
santificada en nombre del psicoanálisis
y convertida en patrona de todo diván palermitano.
Oh, Dios, ¿por qué te empeñás en no dejarnos ser de una buena vez?
¿Por qué?, repito mientras vos, varón al fin,  te morís de risa desde arriba
y Juana arde en la hoguera
y adorna la iglesía de Saint-Rémy à midi.

Alegría

Todo se vuelve índigo violento en cascada cayendo sobre mí que estoy mojada que me deshago que me disuelvo en oleadas de azules transparentes. Voy por ahí con mis huesos teñidos de añiles sutilísimos y con una pluma estilográfica con la que escribo palabras nuevecitas en mi piel. Nos hemos dicho cuadraditos de verbos para morirnos de risa cuando nos abrazamos después de tantas conjugaciones parpadeantes en este finísimo cristal. Nos lanzamos sustantivos que se desmoronan cuando se mezclan los enjambres de nuestras moléculas brillantes en eclosión bajo el sol nocturno que nos fija en el aire. Cada mañana vuelo en alas del color de tus ojos que me hablás me escribís me decís me invadís para ver con mis ojos cuáles son las texturas de mi mundo anegado de vos. No necesito nada más que tu mano en la que quepo como un ovillo de algodón ultramarino para desenlazarme con una cometa que vuela en entera libertad. Hay vueltas de nubes en el cielo que inaugurás para mí y yo me voy a sentar a beberlas en mi cama blanca donde ahora dormís.

La boda de Moni

Sólo vos, Volonteri, sabés cuánto me hubiera gustado estar ahí con vos.



Moni fue a su tercera boda con un vestido liviano como el mar del Caribe. Seguro que tenía peces adheridos y estrellas saladas y era transparente como sus ojos claros que ya no ven como antes, sino mucho más.
Moni fue a su nueva boda como la novia que siempre quiso ser: guisando en una olla de barro su poderoso deseo de vivir.
En la oficina de la jueza, la esperaba un novio que habla en el francés que se dice en Santo Domingo y tiene los ojos y la boca cargados de poemas; y le llevaban un velo inexistente de corales y nácar sus tres hijas: Milena, Micaela y Mía -tan chiquita que todavía no puede sentir la emoción que hace volar el corazón de su mamá.
Esa noche, cuando todos regresaron a casa, Manuel tendió a Moni en su cama y entre las olas marinas de la ternura se rehizo la virginidad.

Hada

En japonés, hada quiere decir piel.
Hada/piel.
Extrema superficie de contacto más allá de la cual nadie puede avanzar.
Límite satinado entre el afuera (las galaxias enteras) y el adentro (eso que es recóndito, oculto, denso y secreto).
Hada es piel y todavía flotan las vocales anclándose en los poros donde duermen las manos y se deslizan en un frotarse que es ruido de torrentes.
Hada ni najimu quiere decir familiarizarse a través de la piel.
No hay posibilidad de que sea más cerca, excepto si rasgaran las hadas y manara sangre roja como la miel.
Dicen los japoneses que najimu es la mayor intimidad y que sólo puede concretarse a través de la distancia moderada entre dos personas y la conciencia de que están indisolublemente fusionadas.
En la distancia entre vos y yo, en ese hiato espacial entre tu hada y mi hada, ellos creen que habita Dios.

viernes, 11 de septiembre de 2009

El collar de colores

Blancas, marrones, azules, rojas, amarillas, verdes, violetas...
las cuentas se suceden como gotas de color en mi collar.
Desde Brasil -adonde él se fue a hablar de anticuerpos envuelto en una fiebre que lo acosaba y a la que dio batalla con una marea furiosa de antibióticos violentos- me trajo un larguísimo collar que canta con colorcitos en mi cuello delgado de sirena antigua.
Cierro los ojos y lo imagino caminando por la costa de Buzios entre miles de puestos donde mulatas enhebran cuentas coloridas en sus manos oscuras y eligiendo la sucesión de semillas para enredar en mi cuello a la par de sus besos.
Cierro los ojos y lo recuerdo poniendo el collar en mis manos como si fueran gotas de agua de color en mi piel que duerme pegada a la de él en la larga o corta noche que nos envuelve.
Me gustan los regalos de los viajes: los que hago, los que me dan.
Me gustan porque pienso en el instante en que el pensamiento se detiene en medio de la maravilla de un paisaje, o en el devenir de una charla, piensa en el otro que está ausente, que está lejos, que quedó en otro sitio y el pensamiento lo trae, lo instala en el sitio en que estamos, lo hace ver con nuestros ojos lo que vemos, oír lo que oímos, sentir lo que sentimos.
Y el objeto elegido vuelve con un mensaje: Pensé en vos, te busqué en ese sitio en que no estabas, te quise allí y tu ausencia fue una presencia que está en esto que te traje.
Ahora, cuando él venga y me abrace después de mi viaje, cuando él me devuelva mis besos y yo le dé ese único que me dio para que durmiese conmigo, yo le daré su regalo en una caja amarilla donde escribí cada sentimiento que creció en su ausencia, que brotó de mi boca y fue a germinar en la suya.
Y ese objeto que supe que era para él le dirá lo que vi, lo que deseé, lo que quise mientras yo estaba lejos y lo quería como si fuera siempre.

Mi casa



Nuevamente el regreso:
la llave en la puerta,
el ingreso en la casa solitaria,
los perfumes conocidos,
los sonidos oídos,
los sabores comidos,
los tactos recorridos,
los colores pintados,
las palabras enunciadas,
los recuerdos.
Sobre mí,
alrededor mío,
debajo de mis pies,
mi casa es un hilo que me envuelve y protege
y yo he vuelto.
No quiero partir ya nunca más.
Quiero estar entre mis cosas.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Tus manos

Entre tus manos de hombre hay un espacio azul en el que bailo, mínima y desnuda, envuelta en una gasa que flota como espuma de jazmines pequeños. Entre tus dedos me deslizo como si fueran senderos que se abren en mi piel para aspirar mi aroma. Nada más me ofrecés que tus manos, que tus dedos y entre ellos yo armo un universo donde suena una música antigua y olvidada y yo giro desde la punta de mis cabellos hacia mi nuca desvestida a besos, bajando en remolinos por mi espalda y mis brazos hilados en madejas de algodonales tibios hacia mi cadera de cuenco y mis piernas de tormenta perdida. Y tu boca me sopla un hálito de fuego para encender mi danza que no tiene comienzo y es sólo un giro de aire tornasolado entre tus palmas, junto a tus yemas que coronan un hueco de luces bamboleantes. Al cabo me adormezco hecha un brevísimo ovillo porque te quiero tanto que tan sólo tus dedos y tus manos me protegen del silencio densísimo de la noche en que dormimos lejos acunados por el deseo de un domingo nocturno y abrazos y caricias y regalos perfectos.

martes, 8 de septiembre de 2009

Árido

Él se decía árido y estepario y era un aljibe lleno de agua fresca en una tarde violenta de verano, era un arroyo corriendo entre las piedras secas por el sol de febrero, era un río que baja de la nieve a la tierra de los valles, era un ancho estuario después de una corriente torrentosa, era un delta de islas numerosas y verdes, era un sistema hidrográfico con diez mil afluentes, era un mar de profundísimos azules con arrecifes de coral entre los que nadaban peces de insólitos colores, era un océano entre dos orillas alejadas y próximas que surcaban vapores con las luces prendidas y música de violines y pianos. Y él era, además, un vaso para calmar la sed y acrecentarla hasta hacerla infinita y era el húmedo aroma que dejaban sus peces en mi vientre…y se decía árido, vacío, estepario, desierto. Él era lluvia sobre la tierra fértil, era tenue garúa y un feroz aguacero, era un diluvio de dimensiones bíblicas para mi corazón deseante y era el amor mojado sobre mi cuerpo líquido

domingo, 6 de septiembre de 2009

Ausencia

Me sumerjo en la red de palabras que me enviás y nado desnuda bajo las aguas frías del lago hasta llegar a esa orilla donde estás esperando que regrese a tus brazos otra vez. No hay noches más largas, no hay días más inmensos, no hay mañana que esté más alejado que este que paso ahora, tan ausente de vos. Cada mañana que amanece y el viento patagónico sacude la ventana, me bordean tus palabras y me anuncian lo que debo hacer para sobrevivir. Hundo mi boca en tu copa para beber tus perfumes de maderas de Francia y el aroma perfecto del cielo azul de México una vez. Quiero ser un ovillo azul enredado en tus dedos y ver tu corazón brillando en la oscuridad de mis párpados, que me hagas las tostadas mientras yo hablo y vos sigas mis relatos buscándome en las páginas afiebradas que suelo mencionar. Llevo tu alma adentro de mi cuerpo y vos llevás mis ojos en los tuyos para poder mirar. La sed es una sed que crece si bebemos y la extensión es nuestro mal menor. De todos los pasados en que sobrevivimos, podemos recortarnos con las manos y darnos el cobijo que calme por un instante todas las agudezas del dolor. Dicen algunos que eso se llama amor.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Viajes y paisajes

Mi cuerpo viaja de un sitio a otro como si no tuviera un espacio donde estacionar su vapor azulado, mientras pienso en paisajes diferentes: he pasado de una geografía humana donde la cultura ha labrado cada centímetro a un paisaje donde no hay escritura siquiera visible; de las ciudades donde todo es inscripción de la historia de los hombres a desiertos y montañas y lagos y bosques donde el viento sopla como si nunca hubiera habido nada que desplazar que no fueran piedras, arenas, aguas y siglos que se amontonan al costado como tiempo consumido, desguazado, abrasado, incendiado. Allá llueve y siento los recuerdos de Voltaire cuando escribía Cándido en París, acá la tormenta arrecia con su aroma de tierra que se estremece sacudida. Nada es igual para mi cuerpo se desplaza y devora miles de kilómetros en cortos lapsos que podrían encerrarse en el parpadeo de una historia desolada. Pero mi corazón no se acostumbra a las distancias ni a los siglos pretéritos ni a los vientos helados del desierto que todo lo queman y desplazan. Se resiste a moverse de eso que denomina hogar y no son más que unas pocas paredes donde mora mi vida. Se rebela contra toda civilización y todo resabio de barbarie y desea meterse debajo de las mantas de mi cama blanca para que el mundo siga rotando de espacios y de tiempos. Sabe mi corazón que todo se sucede vertiginoso, cierra sus ojos de pobre corazón desprotegido siempre e imagina la luz amarilla de una casa muy tibia donde alguien escribe mientras otro cocina y se sonríe, una casa donde alguien lee mientras suena una llave en la cerradura y otro entra. Mi corazón suspira entristecido porque no sabe de casas ni de alguienes ni de otros, sólo de cuerpos que deambulan cambiando de paisajes sin poder afincarse y le dan infinitas ganas de echarse a llorar; pero, como siempre, no sabe bien dónde está.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Roma


Cuando todos los caminos llevan a Roma, la cuestión es preguntarse entonces dónde queda la ciudad porque no se la ve en mil cuadras a la redonda. Yo me paseo como una bendita entre mercados somnolientos, y a mi paso crecen los laureles y los limoneros; pero de Roma ni noticias. Nada se sabe de su imperturbable cielo azul de esmalte y vidrio frío donde los pájaros vuelan dejando rojos y amarillos mosaicos bizantinos. Vos sos el habitante del aljibe, y desde allí mirás con tus ojos de agua fresca, y en el balde se cazan las estrellas de tus pupilas, mientras yo me duermo en un lecho de sábanas blancas que huelen a menta y a hierbabuena. Pero íbamos a Roma por una senda que daba vueltas hacia el mar, y nos atajaba Nápoles con su bahía en la que el sol se muere en el atardecer como un racimo de uvas fosforescentes que chisporrotean al hundirse en el agua. Escribo mejor cuando dejo de pensar en hallar la palabra precisa, y permito que ella llegue hasta mí como una muchacha nueva. Querría besarte los párpados en el Palatino cuando los jóvenes se retiren para decir la oración . Ni vos ni yo sabemos de secretos enterrados en un frasco de sal, y es una pena que el aire se llame aire y no Roma porque entonces sí, estaríamos siempre llegando a la ciudad eterna y a su isla Tiberina que parece un escenario teatral en medio del río cuando es invierno y el camino terminó. Ahora mismo pienso que me voy a dormir y vendrás a buscarme y se hará tarde en esta otra ciudad desde la que Roma se llama París y yo estoy sumergida en las cúpulas de la tristeza misérrima e infinita y no quise decirlo otra vez para no aburrir. Si todos fuéramos en peregrinación hacia la Piazza del Popolo estaríamos en otro sitio, bebiendo café americano con helado de limón. Hablame hasta que me duerma y nada más; antes de que yo me vaya y quién sabe si alguna tarde pueda regresar a ser la que fui. La cúpula azul con mosaiquitos se desintegra contra la arena y no queda nada, no queda nadie, excepto vos, yo y Roma para ir hacia allá y morir de ternura disuelta y soledad.
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