lunes, 29 de junio de 2009

Los libros


A veces el mundo se torna una amenaza y golpea mi frágil cuerpo. Entonces ellos abren sus páginas para ampararme con sus lomos de madre y me dan un reparo contra el dolor, contra la angustia, contra el silencio, contra los vientos que me arrasan de repente. Ellos me dan palabras, calman las aguas temblorosas de mi alma, susurran los historias que no inquietan, me muestran otros que temen lo que deseo y me enseñan. Siempre me aguardan como talismanes inequívocos que esperan que mis ojos los recorran en busca de los conjuros que me hagan olvidar lo erizado en lo aquietado, lo punzante en lo lisísimo, lo sombrío en la luz de las letras. Mientras yo leo son otros quienes sufren, son otros quienes gritan, son otros quienes mueren. Y los demás, los que están afuera de los libros, los que van por la vida lejos de mí, los que no están adentro de mi cuerpo, los que no me poseen, los que son ajenos a mi corazón y mi mente, no penetran en la muralla que ellos construyen para rodearme y dejarme flotar lamiendo con sus letras mis heridas.

Un trago hoy

Voy a tomarme un trago -uno rojo, rojísimo y profundo- en una copa de borde liso y tallo fino. Después voy a volver sobre mis pasos, es decir, hacia adelante y voy a pensar que no me importa nada, que no me importa nada más, que todo ya ha pasado y voy hacia el encuentro de lo que grita en el límite de mi memoria. Cuando te encuentre ahí, vas a decirme quién era yo entonces y cómo vine a esta que es tan parecida y sin embargo no lo es. Me vas a mirar, apretarás mi cintura con tu mano izquierda y dejarás caer tu mano derecha desde mi nuca para rozarme la espalda que quedará desnuda. Después, mientras me estás besando, me dirás qué debo hacer. Yo fingiré oírte, pero sólo voy a prestar atención a las voces que me nacen en medio del pecho como si fueran girasoles ardiendo en el viento caliente del verano. Caeremos enlazados en un suelo de hierba y crecerán enredaderas en nuestros poros húmedos hasta taparnos. Debajo de las hojas me escucharás reír como sólo me río después que bebo y la distancia se disuelve como arena en el agua. Entonces te hablaré para que vayas conociendo el color que tiene mi deseo y la textura perfumada de mis recuerdos inexistentes. Es sólo hoy -siempre - porque, deberías saber, siempre es hoy.

Amémonos en Bangkok


Agua en Bangkok
y tu piel en mi piel como una manta de tibieza.
Cae la lluvia como otra sombra líquida
y me río en el instante cristalino que se alarga.
Andemos por calzadas de cerámicas azules con los pies transparentes del amor.
Los arrozales se humedecen entre las ruedas de vidrio de las bicicletas.
En tus brazos mi cuerpo se deshace cada vez
y tus labios resbalan por mi cuello mojados en jazmines y té.
No hay nada más que para siempre.
Y nadie dice que deba ser igual.
Agua en Bangkok: ciudad de ángeles, la gran ciudad, de nueve gemas, ciudad feliz.
Sumergime en sus canales para que el agua sea parte de mi carne y pueda deshacerme en luz de estrellas orientales.
Fluyen los ríos de la sangre hacia mi corazón de luna blanca.
Y me desvanezco de plena transitoriedad.
¿Quiénes éramos ayer?
Ni sombra de estos que miran el horizonte mojado de Bangkok.

domingo, 28 de junio de 2009

Razones



Como siempre no puedo medir la dimensión del otro, tan sólo alcanzo a entrever entre la bruma las razones de mi propia acción. No alcanzo a saber qué te llevó a atacarme, a colgarte de mi cuello y apretarlo, a introducir tu mano ajena en el interior de mi ropa rozando mi cuerpo, a golpear cuando me viste caída en el piso. Menos aún podría darle motivos a tu deseo de lo que tengo yo. Lo que sí puedo, lo que sí debo, lo que sí necesito es vislumbrar por qué yo defendí un objeto como si fuera una vida, por qué me resistí a que te llevaras lo que estabas buscando: una simple y banal cosa. Presa en medio de mis objetos, ¿qué clase de felicidad alcanzaré? ¿Cómo llegará a ser mi mundo si tiene murallas de cosas que creo necesitar para vivir? ¿Cómo podré mirar los ojos de los otros con la confianza que brinda el desprendimiento? ¿Cómo llegaré a hablar aún de solidaridad, de un mundo mejor, de un mañana venturoso? En la vida elegí muchas veces y otras me eligieron a mí, he caído y me han dejado caer, he dado y me han obsequiado, he abierto corazones y me lo han abierto a mí, he sido herida y en mi mano hubo un cuchillo para lastimar ; pero algo es claro: sé que en el interior de las almas hay praderas -algunas más fértiles, otras más áridas; unas pobladas, otras inhóspitas- y hago esfuerzos cotidianos porque en cada parte crezcan los frutos peligrosos del lenguaje que prestan sus alas a la sangre del corazón. No sé por qué lo hiciste, pero necesito saber por qué lo hice yo para volver a creer que puedo sembrar.

sábado, 27 de junio de 2009

Hybris nomás

Hablé, pero antes de hacerlo yo debería haber consultado con Edipo. Me habría contado cómo los dioses se vengan de los humanos excesivos.

Después

En medio del silencio tengo una boca espesa y faltan los recuerdos.
No te comprendo.
No puedo comprenderte.
Afuera hace frío y está por llover.
No tengo remedios para el dolor.
Sólo manos salvajes que me asedian, me golpean, me atacan.
Y deseo llorar.

Un viaje en subte D

a Gustavo F.
Te acercás en medio de todos para abrazarme. Es un abrazo fuerte y sostenido. Igual de chiquitita, decís apoyando tu mentón en mi coronilla. Y te largás a reír. Me separo y te miro. Me dejaste entre Callao y Facultad de Medicina, aclarás. ¿Qué? No entiendo qué decís. El subte D. Era el año 1973, junio de 1973. Hacía un frío de cagarse y me dejaste apenas el subte salió de Callao. Te bajaste en Facultad de Medicina y yo lloré hasta Plaza Italia. Entonces te reíste y comencé a recordar. Me volviste a abrazar, diciéndome vení. Intenté soltarme. Siempre igual. ¿Igual qué, si pasaron ya 36 años y yo todavía tenía 13? Igual de peleadora, igual de terrible, igual de mágica. Ah, digo, ahora saco la galera...Igual de irónica, agregás y los ojos azules se te ponen tristes. Te sentabas al lado de la ventana y yo me pasaba las clases mirando cómo la luz te daba en la cabeza mientras discutías con quien se te cruzara. Sí, agrega otro atrás, te la pasabas en continuo plan de rebelión y andabas siempre con... Se hace un silencio del que yo misma prefiero olvidarme porque ella es una ausencia por la que lloré desde 1976. Pero ahora estoy más tranquila, digo y me largo a reír: el plan de batalla ya no es continuo porque admite ligerísimas intermitencias de serenidad. Vos seguís ahí, mirándome como si yo fuera una aparición. Me acerco y te agarro la mano. No sabés de lo que te libré, digo. Yo no estaría tan seguro, retrucás, me pasé llorándote toda la vida. Uno, desde un sillón exclama, che, ¿no será mucho? Sí, decís sonriendo, 36 años y te soltás. Me quedo parada en la puerta, con mi tapado gris y mi bufanda azul y un sentimiento de culpa que empieza en Callao y, ahora, dura hasta Congreso de Tucumán. Tengo dos hijas, me decís. La mayor se llama como vos. Creo que no puedo soportar semejante fidelidad. Sonrío forzadamente y me saludo con los demás.

Lo que quedó del mediodía



Me agarró del cuello, por atrás. Yo no podía pensar. Me metió la mano en el bolsillo y entonces me di cuenta de que quería mi celular. El pibe sólo quería mi celular y yo me resistí. Yo no se lo quise dar. ¿Te acordás? Ese teléfono que nos hacía jugar en la esquina de Los Incas y Triunvirato. ¡Cómo nos reímos siempre con el cartel cuando doblábamos en Rupert! Ese que compré cuando la tormenta había empezado a pasar. Ese que tenía la cabeza llena de mariposas y pajaritos. Ese que guardaba las fotos de la visita al Museo de Ana Frank. Yo no se lo le quise dar y me transformé en un ser horrible que peleó por un celular. Pero el pibe me llevaba dos cabezas y tres cuerpos porque yo soy breve y liviana. Entonces me pegó en la mandíbula y me tiró al piso sin que yo dejara de resistir. Y en el suelo me pateó el brazo mientras yo...¡yo gritaba por mi celular! Después me lo arrancó de los oídos y salió corriendo mientras yo le gritaba llorando que quería mis fotos, sólo mis fotos y nada más. Más tarde me puse a temblar como un pájaro debajo de la lluvia. Quiero tener la simplicidad de permitir que las cosas se vayan sin que yo tenga que sufrir. Quiero alguna vez ser sabia y no llorar de dolor por haber sido tan estúpida, tan ignorante, tan absurda, tan inútilmente superficial.

viernes, 26 de junio de 2009

Liviana y breve

Estábamos ahí, en el frío, junto al fuego. Tuve ganas de abrazarte y, sin embargo, había una distancia trazada milimétricamente mientras las horas se caían como tejas en medio de la noche que se iba poniendo. A veces soy extraña y carezco de sutilezas; en otras, soy un agua que se escurre por una alcantarilla...siempre liviana y breve.

miércoles, 24 de junio de 2009

Insomnio


Ha llegado la hora del insomnio.
Ha llegado la hora en que dormir es una tarea más.
Ha llegado la hora en que el cerebro se mueve por sí solo y no tolera la inmovilidad.
Ha llegado la hora en que el corazón no acepta el largo descanso.
Ha llegado la hora en que las imágenes se agolpan se atropellan se derraman.
Ha llegado la hora en que las palabras me rebasan la boca los besos se amontonan los párpados se abren.
Ha llegado la hora en que mejor levantarse y hacer que seguir pensando sintiendo imaginando.
Ha llegado la hora fatal de la perdición.
Ya no puedo dormir nunca más.

lunes, 22 de junio de 2009

Bla bla bla

¿Qué hay?
¿Qué me vas a decir?
¿Qué te voy a decir?
Somos dos bocas que se abren para besar.
Ya no quiero escucharte.
No me hables más.
Tu lengua sabe a selva y llueve más allá.
Basta de hablar.

sábado, 20 de junio de 2009

Feliz día, papá


Papá:
Otro año más y mañana es tu día. A veces pienso cómo me abrazarías en estos días en que el mundo se torna extraño y complejo. Las cosas son cada vez más difíciles, papá, y me falta el brillo de tus ojos grises y tu silencio que me enseñó qué era eso de hacerse cargo y estar detrás, pero estando. Todos los días hay un instante en que te pienso y me digo qué mal que justo vos te moriste, que justo vos te entregaste a la tristeza, que justo vos no estás cuando yo todavía te necesito. Nada me gustaría más que poder volver a oprimir ese timbre de la calle Olleros para sentirme cuidada y protegida por tu abrazo, para que en medio de tu pecho el mundo cese de buscarme y llegue alguna especie de paz y de alegría. Te quiero más que nunca. Te seguiré queriendo eternamente, papá. Y desde acá, a vos que ya no estás, te envuelvo con mi corazón para entibiarte.

Tarde de sábado en la que ni siquiera llueve

Los días van rodando hacia las horas
las horas van rodando hacia la nada
y queda nada siempre como una sombra oscura.
Después pienso que debería haberme callado
si da lo mismo
todo se repite como una torre altísima de cubos en la que me dejo caer y se estrella en el piso.
Me planteás acertijos que no puedo resolver con los códigos que he aprendido
y me angustio porque yo siempre salgo airosa de todo desafío.
Afuera ni siquiera llueve
-lo cual, pensándolo bien, sería un consuelo eficiente ya que no depende de mí-.
Supongo que debo tomarme la fiebre, hacerme un té y decidirme a dormir.
Mañana es otro día y llega, aunque queramos evitarlo.
Los últimos son últimos todas las veces y no hay promesa redentora que los libere.
Los padres asesinaron a los reyes y nos mostraron la daga ensangrentada para decirnos alguna cosa incoherente acerca de la esperanza en sus múltiples versiones.
No sé bien quién podrías haber sido: creo que no deseo saberlo ya.
Lo que se imaginaba como un profundo territorio de felicidad es una avenida cubierta de buitres carroñeros. Y yo debo pasar.
Pensé en llamar, pero reflexioné y apagué todos los teléfonos e inclusive la luz.
Ahora enseguida comienza a llover.
Ya lo sé.
No me importa porque tengo piloto y paraguas.
Sólo me falta un par de botas de goma.
Ya mismo me las voy a comprar.

Pompa azul


Trato de volver a domir y me sumerjo en una pompa azul que me envuelve y me aleja del suelo bajo mis pies. Alrededor no hay nada exacto: sólo un fluir de sensaciones que no puedo catalogar. Aéreos huesos me sostienen en un fluir sin principio ni fin. Una corriente de agua fresca y salada mana desde algún sitio ignoto y me arrastra hasta cierta clase de orilla donde debería hacer pie. Nado en torrentes de luz mágica y pura y me deslizo como si fuera espuma de jabón tornasolada. Hay un calor solar, primaveral y, en medio, cae la lluvia como un sonoro mimbraveral. No atino a comprender, porque la sangre cae como torrente precipitado desde mi nuca y se desliza roja como uvas desprendidas del ramo por la línea curva de mi espalda. Debería detenerme a pensar, a observar cuánto pesan las cosas, cuál es su extraña estructura molecular; pero me invanden sustancias que huelen a profundísimo mar y tempestad. Y fue tan sólo un poco de champagne para brindar por los viajes, por los nombramientos, por la felicidad.

Anécdota escolar LXXIX: Yo soy la que piensa

(La profesora acaba de darles un trabajo para hacer sobre el cuento de Mario Vargas Llosa, "El hermano menor" y una de las integrantes del grupo colorea una tarea de biología a escasos veinte centímetros del escritorio de la docente, mientras el resto del grupo trabaja.)
Profesora: ¿Vos no vas a trabajar?
Alumna 1: No, profe, ella piensa.
Alumna 2: Sí, yo pienso y ella escribe.
Profesora: Ah, bueno...así que vos pensás y ella escribe.
Alumnas 1 y 2: (A coro) Sí, sí.
(La profesora resuelve una duda de otro alumno que se acerca)
Alumna 1: Profe, ¿qué querés decir con esto de "¿qué significa esta opción estilística?"
Profesora: (Con sorna y señalando a la alumna 2 que sigue pintando. ) No sé, preguntále a ella...¿No es la que piensa?

viernes, 19 de junio de 2009

Los puentes del Sena


Un vestido verde y turquesa, con breteles finitos en mis hombros desnudos y yo, apoyada en algún puente del Sena, viendo la mañana del domingo cinco de julio con la cintura apretada contra la baranda y nada más que el sol como un fuego en mi piel que, a esa altura, aún estará blanca. Las circunstancias se habrán disuelto en el aire estival y sólo seré un corazón que late acelerado y vivo. Nada más.

jueves, 18 de junio de 2009

miércoles, 17 de junio de 2009

Imperativo


Quedamos del otro lado del vidrio y espejos de colores giran sobre sí mismos proyectando relámpagos azules.
Escribo con tinta indeleble para que quede grabado en nuestras pieles.
Habláme hasta que yo me agote de escucharte.
Habláme de tu vida, de tus sueños, de tus oscuros miedos, del perfume profundo de tu cuello.
Contáme cómo era el mundo cuando yo no sabía todavía.
Adormecéme con palabras para que deje de pensar en las rutas que mueren en la nada.
Rozá mi piel para que crea que será para siempre aunque mi cerebro lata como una estrella en medio del vacío titilante.
Abrazáme para que no me toque el viento helado del invierno.
No me sueltes antes de que yo huya.
Hacéme bailar en el borde de mis propias cornisas, pero sujeta bien sujeta para que nunca me despeñe en las sombras.
Y decíme -en el oído para que yo sola lo oiga- que ya va a pasar, que no se me quemará la casa ni la historia, que me sobrevivirán las memorias de los días pasados, que debo nadar en contra de la corriente de los ríos estériles para llegar otra vez allá arriba, eterna y desnuda al sol.
Pintáme dibujos en el cuerpo delgado para que sepa recorrerlos cuando vuelve la hora de los miedos.
Cantáme en medio de la boca que me comiste a besos para que yo pueda entonar esa música cuando parece que no amanece nunca y la cara de la muerte es eterna.
Encendéme los ojos una vez más...
A mí no me importa ninguna otra cosa de verdad.

martes, 16 de junio de 2009

Luz


Ya entrará la luz
y todo irá bien.

Evitar

Voy a ir a levantarme.
Voy a ducharme.
Voy a desayunar mientras escribo.
Voy a vestirme.
Voy a tomar el 133.
Voy a entrar en la esceula.
Voy a enseñar poesía.
Voy a leer.
Voy a saltar el almuerzo.
Voy a llamar al plomero.
Voy a tratar de que 2°B haga alguna cosa.
Voy a comprar unos libros.
Voy a tomar el subte D.
Voy a sacar unas fotos.
Voy a hablar con José Luis.
Voy a tomar un té con leche.
Voy a tomar el subte B.
Voy a caminar por todas las calles menos por Llerena.
Voy a cenar una sopa.
Voy a darle de comer al gato.
Voy a dormir.
Y evitaré, concienzudamente, en algún hueco, ponerme a pensar.

Heridas

Las heridas son canaletas por donde sale el alma cada vez.

Exorcismo

No quiero volver a sentir que se me corta la respiración en medio del pecho como si un golpe helado me cuajara la sangre y un hachazo de pétalos de metal se me fuera clavando como una lluvia siniestra de pasados. Quiero practicar un antiguo exorcismo de tazas blancas y pan tostado, de sopa de zapallo en humareda naranja que me entibie en sus recuerdos. No es igual y debe suceder para que todo siga bien. Pero una cosa sabe mi memoria y otra palpita mi corazón.

lunes, 15 de junio de 2009

Otra vez

Había olvidado la casa vacía.
Había olvidado el eco de mi voz.
Había olvidado los pasos perdidos.
Y hoy recordé de golpe,
como si fuera el año 2007 otra vez.
Ya sé que no es igual.
Lo sé lo sé lo sé.
Pero mi corazón es un enorme negador.

Esperar un tiempo

No sé qué espera el tiempo...¿que yo me siente a verlo llegar? Vas frito, tiempo, yo ni pienso tejer y destejer hasta que se te dé por pasar. Ya lo sabés: tené cuidado...¡no vaya ser que se te pase a vos tu cuarto de hora! ¡Joder con el tiempo! No deja de abusar.

La mujer pájaro



Cuando rozó la línea de mi hombro con sus yemas redondas musitó que yo estaba muy delgada. Él tenía los ojos claros, tan azules que parecían de cielo abierto con unas líneas donde el sol se hundía en abismos sin nombre. Muy delgada, volvió a decir cuando su palma se asentó en mis caderas y mi vientre era una clara planicie de piel tibia. Él tenía la boca honda como un pozo húmedo de sombra y me gustaba perderme en el secreto sin fondo de sus besos. Delgada, susurró mientras sus manos asían mis piernas en el frágil perfil de las sábanas aún dormidas y se enredaban en un mundo de perfumes ansiosos. El tenía una nuca recta, como tienen los hombres, donde la luna salía escondida y perfecta. Muy delgada, repitió mientras sopesaba que yo cabía en el hueco de su pecho como hecha a medida para su cuerpo. Yo levanté mis ojos que tenían el color de la selva, el color de la tierra húmeda después de una tormenta y dije, ¿Muy delgada? Sí, indicó él. Me desprendí suave, frágil y delicada de su abrazo. Abrí los brazos y remonté vuelo por su ventana. Otro más que no podía entender que yo era un pájaro.

domingo, 14 de junio de 2009

Up: lo que debo aprender


Cuando fue necesario, él solto la casa que venía arrastrando desde siempre y tiró por la ventana los cuadros, las mesas, los sillones, los frascos con monedas. Y la casa, sostenida por miles de centenas de globos de colores se perdió en el cielo. Ojalá yo aprenda a soltar, cuando es necesario, las casas que llevo amarradas desde siempre y agite las manos al verlas partir.

For once in my life

Por una vez en mi vida
quiero tener la mansedumbre que dan los años
para entender cómo puede ser esta vez
para no despeñarme siempre cuando creo que todo está a punto de morir
para hablar con la voz oscura y verde de las cuevas
para oír los ecos del manantial
para demorarme en tu piel sin perderme
para beber una copa de agua y sentir el líquido entrar en mi interior
para que no me importe demasiado lo que digo o dejo de decir
para que no espere los relojes de arena y su rito estéril
para que todo sea suave y doméstico
para que no haya costas escarpadas y congeladas
para que no haya simas profundas y gelatinosas
para que no haya cimas de lava ardorosa
Por una vez en mi vida
quiero no ser yo.

sábado, 13 de junio de 2009

La pregunta del millón

Somos madres, somos escritoras, somos amigas, somos hijas, somos hermanas, somos profesoras, somos amantes, somos esposas, somos compañeras, somos colegas, somos buenas, somos malas, somos amables, somos cocineras, somos costureras, somos odiosas, somos pasionales, somos paseadoras de perros, somos inteligentes, somos pacientes, somos seductoras, somos imbéciles, somos intolerantes, somos eficientes, somos histéricas, somos profundas, somos obsesivas, somos divertidísimas, somos frívolas, somos malhumoradas, somos irónicas, somos imposibles...y, un buen día, nos levantamos y nos preguntamos, desoladas, ¿quién carajo somos?

El otro: ese fantasma

Tenía los ojos más grandes y más verdes y más tristes mientras contaba como si no tomara nota de lo que iba diciendo y yo trataba, en un esfuerzo denodado por ser sabia, de no decir nada que fuera inapropiado. Después, unas horas más tarde, quise gritar recordando la pupila espejada y me largué a llorar. Era un desierto de dolor en aquella mirada solitaria y desnuda, un páramo en el que se anegaron todas las esperanzas esperables y las que aún ni siquiera existían. Quise tomarle la mano y para que fuera conmigo adonde nada pudiera hendir su corazón; pero sabía que no era aconsejable. Así es la vida: caer siete veces y levantarse ocho y nueve y diez si fuera necesario. No es cierto que nada se arregla y dura siempre. La verdad es que todo se arregla, pero nada dura lo suficiente. Uno se curte a fuerza de tristezas en los ojos más grandes y más verdes. No hay falta en esa magnitud de la agonía: la falta fue del otro.

viernes, 12 de junio de 2009

Un bondi hacia el final


Me voy a tomar un bondi vacío en Retiro que vaya lejos muy lejos tan lejos que ninguno sepa dónde es. Desde allí voy a comprar una postal de un lugar común y te voy a escribir con una letra deformada que ya llegué a destino, que espero que te encuentres bien de salud, que la paso bomba y que ya era hora de que me dejaras de joder. Después la voy a meter en un sobre, le voy a pegar una estampilla con un buen salivazo y la voy a meter en el primer buzón que encuentre en una esquina cualquiera. La vas a recibir tres meses después -nunca anduvo bien el correo por aquí- y vas a pensar qué fue una pena que yo me hubiera ido y llorarás. Yo, mientras tanto, en ese sitio lejanísimo estaré tomando un chocolate con churros y mirando los pájaros pasar.

jueves, 11 de junio de 2009

La madre de todas las batallas


Puse la valija en el piso y Troya, la de las altas torres, cayó quemada por los fuegos argivos.
De una esquina del cuarto salieron los frigios con sus refulgentes armas y sus largas glebas mientras los mirmidones hacían pie en mi cama. Por el aire arrojó Atenea mis peplos de colores delicados y le gritaba a Afrodita que se dejara de joder con su querido Anquises que acá, ahora, había una guerra. El Átrida aullaba a su costado trepado a mi montaña de almohadones y, en el borde helado de los vidrios, el Priámida Héctor era como una Erinia vagando en las tinieblas del recuerdo.
Alcancé a musitar, lo recuerdo, quiero irme de viaje, quiero armar la valija, comprar las cosas que me faltan, guardar los mapas. Pero el flechador divino me apuntaba el centro del cerebro mientras su hermana pretendía que yo le abonara, al contado o en cuotas, los ciervos sagrados que decía le venían faltando. El astuto Odiseo me contaba, acodado arriba del ropero, sobre un caballo hueco que pensaba que haría furor en la batalla y la divina Helena se revolcaba como una perra en celo en los brazos de Paris o Deifobo, no pude distinguirlo. Atrás Ayax Telamonio me explicaba que ya la guerra lo tenía harto mientras, disimuladamente, iba sacando de la valija cada cosa que yo había guardado.
¡Basta!, grité.
¡Basta! Y todos me miraron. ¡Es sólo un viaje pequeñito! Y me senté a sollozar en el borde del lecho. Los frigios se ovillaron a mi lado, el hijo de Peleo halló un sitio en mi cuello y todos se calmaron.
Pero yo no les creo. En cuanto me descuide, todos estos me incendian la valija para que no me vaya. Así que los vigilo como Argos, con cien ojos. No vaya a ser que encuentren el pasaje y lo extravíen a propósito.

El hilo cortado

Todo se hila y se deshila como una larga madeja en un huso. De vez en cuando alguien toma la tijera y corta la lana. Y el hilo pende del aire como un fleco suelto. Todo es el hilo que cuelga y nada más. De pie, mirando por el vidrio, intento comprender cómo es que suceden estas cosas; pero mis bocas -las que hablan y las que callan- se oponen, confusas, a sí mismas y no termino de entender qué me quieren decir. Y el hilo flota cortado mientras la brisa lo sacude con levedad. Tengo la frente apoyada en la ventana fría y la calle pasa veloz por afuera. Yo permanezco, como siempre, a la espera de que todo encuentre su lugar. Pero el sitio rota despedido en el aire que lo destroza. Nunca vas a saberlo. Descuida, cariño, yo sé callar. Y vas diluído en la memoria de mis rastros como un hilo que flota desesperado por anudarse al cabo de donde fue arrancado por la tijera de mango azul. En definitiva, creo que no tengo nada para decir y mucho para hacer. Ok, empezá ya a desplazarte hacia el silencio: sólo espero una postal cada 30 de julio. Desde Marsella, juro que yo te la enviaré.

miércoles, 10 de junio de 2009

Una mujer Klimt


Una mujer de oro.
Transparente y llena de enredaderas de plata azul.
Una copa desnuda y mínima donde quepa la risa a la sombra de las higueras.
El cielo abierto entre las ramas de la espalda fina como un hilo de agua.
Una forma más verde y más suave que la luz.
Un sol que se desplaza sobre el vientre desnudo y plano como la lluvia que cae en la Piazza San Marcos durante las tardes de Carnaval.
Besos devorando la cabellera en crespa tempestad.
El deseo perdido en las piernas doradas.
El amor encendido en el arrebato del corazón.
La voluptuosidad en la fascinación de la belleza áspera y perfecta.
Un mundo femenino diferente con sus demonios de mediodía y sus malignas bocas que todo lo terminan por anudar.
Salir del mundo de los hechos para entrar en el de las formas donde habitan las más secretas realidades de la razón.
Sangre que lleva burbujas con olores salinos y viento dulce.
Una mujer de oro con triángulos de sombra oscura tatuados en la cadera breve en los brazos que conservan sus virtudes de alas
Un pabilo que titila en la noche mientras por los ojos abiertos desfilan los peces de la verdad.

Volver





Quiero volver a casa, a eso que llamo casa y huele a mí.
Quiero volver porque está caliente y los dioses familiares me amparan y protegen.
Quiero volver a mi mesa donde el día se teje con aroma de pan y tazas de porcelana intacta.
Quiero volver a mi fina ropa blanca que duerme en una caja de fondo azul: lazos presillas diminutos botones encajes y lazos.
Quiero volver a casa para que todo sepa a humedad a beso a caricia a mirada.
Quiero volver a casa y que me hables hasta que yo me duerma en tus manos.
Quiero volver a casa y descansar hasta que suba el sol y nada haya cambiado demasiado excepto los perfumes.
Quiero volver a casa en una noche larga y que haya luz y estés y yo sepa cómo es que me aguardes.
Quiero volver a casa para hablar y hablar para que el aire se llene de palabras y yo no sienta ya más vacíos por donde se cuele la desdicha otra vez.
Quiero volver a casa y caminar sobre la hierba fresca en pos de las huellas del rocío.
Quiero volver a casa para reír y ser un barco lanzado al mar en procura de una brisa.
Quiero volver a casa para ir despojándome de vientos tempestades y huracanes
y que lluevan mariposas de colores mientras queda en el suelo la fina ropa blanca otra vez.

Las palabras

Las palabras no son jamás locas -a lo sumo son perversas-;
es la sintaxis la que está loca.

Roland Barthes

La única solución es desnudarse y que el agua caiga por la piel hasta hacer un río en que flotar a la deriva y olvidarse de todo con los poros abiertos a la tibieza del abrazo que inunda de color la madrugada. Después...no habrá después, no debería haberlo: sólo moléculas azules derivando en el oxígeno verde de la mañana y el sol arriba, trepando el murallón que ya han pasado las húmedas enredaderas. La única solución es dejar de hablar porque las palabras se encadenan en construcciones que anudan la ingenuidad de sus primeros constituyentes. Por eso hay que dejar la piel expuesta al frío para que tirite y se llene de estrellas en ese pliegue del lenguaje que anula todo porque no puede ya decirse. Me dejaré caer por el horizonte hasta alcanzar el círculo donde comienzan a cantar las alondras.

martes, 9 de junio de 2009

Perder la memoria

Cuando pasan los minutos y van cargados de segundos que explotan como párpados abiertos
Cuando pasan las horas y son planicies donde asoman los restos del naufragio que nunca fue
Cuando pasan los días y se suma su delgada silueta y afuera llueve
Cuando pasan semanas meses temporadas y años
y todo queda dibujado en un mapa que nadie lee
ha sido en vano decir lo que dijimos
hacer lo que no hicimos
pensar lo que pensamos.
Yo ya no quiero la agonía del tiempo que es relativa sombra que se traga a sí misma
Yo ya no quiero los platos vacíos de la madrugada porque duermo como si fuera adentro el frío
Yo ya no quiero las voces que se anudan a mis tobillos para atarme mientras detrás de los cristales crece la madrugada
Yo ya no quiero que nadie exclame piedra libre y permanezca detrás de una columna sin salir
Quiero ser vista con los ojos alertas a la luz que se abre
Quiero que el tiempo sea una cinta de niebla liviana con moléculas de agua suspendidas en el hilo del aire que respiro y me inunda
Quiero ser liviana ingrávida y dormir con las alas plegadas en el hueco de una mano tibia que me ampare debajo de la lluvia
Deshago los nudos que me anudan la cadera al borde de la palabras porque no hay nada que deba ser dicho cuando ya murieron de pie las perfectas palabras que se prenden a la boca que desea besar sin verbos que se incendien.
Nada se sabe nunca -sólo los ritos que se inauguran otra vez cada vez-
Yo tenderé un mantel en el filo de los segundos
y olerá la mañana a ternura y a risa mientras quedan las páginas escritas perdidas en una vuelta del sendero
No es sabiduría sino prudencia
El calendario se gasta de pasarlo: llega el verano y pierdo la memoria, como siempre.

lunes, 8 de junio de 2009

Moyen Age

Hay tanto silencio. Huecos entre mis células donde no cabe ni siquiera un ruido pequeño. Algunas reverberancias de luz se filtran y nacen por las yemas de mis dedos a esta hora en que todos duermen, excepto yo. Hay tiempo hacia adelante y tiempo para atrás: es un círculo que me envuelve y se duplica y crece y me atraviesa. En el agua me vuelvo sirena de escamas brillantes y largos cabellos violetas y nado en las ondas oscuras de mi propia mitificación. Junto a la orilla escarpada las olas transparentes crecen en una orla de espuma perfumada. En medio del silencio nadie se atreve a escuchar lo que oigo yo: apenas se sienten las alas de los insectos frotarse contra sí mismas y un polvo girante se despega para mojar el aire. Tengo los ojos húmedos de té verde y un corazón de mapa donde caben todos los mundos que están a punto de sucumbir. Mis pies cruzan todos los puentes que se lanzan de orilla a orilla del Sena y me detengo a mirar lo que nadie puede ver en París: una luz azul que cae sobre las calles de piedra del Cinquième Quartier y me conduce, otra vez, a las amplias superficies de La Dame à la licorne. À mon seul désir. Me escurro el agua de mis piernas de pies antes de entrar. Ella hace un sitio para mi corazón que vuelve a latir en las penumbras de ese cuarto y yo la veo sonreír.

domingo, 7 de junio de 2009

Otro amanecer

Por el aire, como cuerdas de luz, se mueven los hilos sorprendentes del destino y tejen una red que sostiene mi tibio corazón abultado de sangre con piedras de colores que giran brillando bajo el sol. La frase se hace larga, se pausa, se hincha de peces, de ramas, de pequeñas estrellas y me dejo caer, convencida de que floto como una mariposa en medio de la oscuridad. Huele a menta imperceptible y a pétalos de anémonas submarinas y a tinta negra mientras en ramalazos el agua inunda mi cerebro que se empecina cada día en nacer. Alargo mis piernas como cintas en la nada, arqueo mi columna como una larga serpiente de marfil que se anuda a mi cintura pequeña y trepa por mi cuello hasta morir en mi nuca llena de serpentinas. Veo la luna por la ventana abierta de mi cuarto y los gatos que gritan en el filo de la medianera su canto de jardín. Salgo descalza al suelo frío de la terraza y empiezo a comprender: se acerca el tiempo de la felicidad.

viernes, 5 de junio de 2009

Para vagar por Asia


Porque dijiste que conmigo querías todo, hasta vagar por Asia, y te largaste a reír.

Té de jengibre en los arrozales de Indonesia.
Con el agua hasta el cuello, hundidos en humedad.
Y un aire pétreo e inmemorial en los palacios reales de Bangkok.
Oscuro viento en las calles clarísimas de Brunei con el mar que se pega contra la piel.
Y siempre quise estar en Singapur cuando los perros le ladran a la luna oriental.
Y perderme en las aguas estremecidas del Japón donde nacen los peces plateados de nombres repentinos.
Un elefante se abraza con otro en las playas doradas de Vietnam.
Y beberemos té mientras nos mojan las lluvias en Bangladesh.
Y diremos palabras en idiomas imposibles mientras la jungla de Camboya nos hunde en la ausencia del tiempo.
Y reiremos hasta llorar y lloraremos para reír después.
Y nos invadirá el silencio mientras bebemos té de jengibre con el arrozal en el agua del alma.
Volveremos a andar en bicicleta y naceremos mil años hacia atrás.

Corazón en la selva

Los corazones son territorios de selva donde es arduo entrar: No hay hacha ni machete que abra una senda si las plantas se cierran, impenetrables y profundas. Todos los caminos terminan perdidos cuando, en el abrazo, huye la sangre y queda un vacío de sombra. Miro hacia atrás y veo las fosforescencias del pasado y la selva que crece crece crece crece en una trama de lianas y de hojas. Bajo la lluvia tirito de silencio, las plantas crecen desde mis piernas y me cubren en un cerco de densa vegetación donde no hay palabras. Nunca las hay si late el corazón y se abren caminos en medio de los mapas. Pero esa es una calma plena con perfume de tierra mojada de humedad profunda de vacíos completos. Yo ahora hablo para cruzar la hora que me impondrá silencio y nada más.

jueves, 4 de junio de 2009

Ayerahora


¿Quién era yo hace años? ¿Y vos, quién eras? ¿Quiénes somos ahora? Pensándolo fríamente, dos extraños que no sabemos cómo somos. No te conozco, pero puedo reconocerte en el color de tu voz, en tus ojos que tiemblan al hablar de tu padre, al pensar en tu madre. Intento descubrir qué cosas me traés de ese pasado, cómo era que yo sentía el mundo entonces, qué cosas me alegraban, cuál era el color exacto de mi pena. No te conozco, es cierto. Vos no me conocés. Pero hay un aire familiar que nos acerca, que nos sumerge, que nos abraza, que nos hace cercanos. En tu mundo, en mi mundo, en la textura exacta de nuestras mutuas tramas, no hay nada que debamos explicarnos. No hay tiempo que sea diferente o impreciso. Sólo será otra tarde en la hierba bajo el sol del invierno.

miércoles, 3 de junio de 2009

A pasos

Paso a paso de hormiguita sobre mi piel que tiene frío y se ríe.
Paso a paso un caminito de saliva suavecita sobre mi cuello largo.
Después sale la luna y explota el cielo con estrellas como harina de luz.
Paso a paso sobre la hierba brilla el sol en mis labios.
Kiss me again!
Embrasse-moi une autre fois!
Merci à tous!

martes, 2 de junio de 2009

Para Gaspar


Hay personas que, sin que entendamos las razones, se ponen cerca de nuestro corazón desde el primer momento. Vos sos una de ellas, Gaspar, y no me importa saber por qué. Me alcanza con que nos abracemos en los pasillos.
Te quiero.
Y a Male también.

Infinito

El tiempo ha dejado de existir porque perdió la carne sucesiva que lo alimenta.
Y se mezclan los hechos como si hoy fuera ayer y mañana, un día remontado hace mil siglos.
Se abren las bocas y laten los corazones sacudidos con emoción idéntica.
¿Cuántos días tuvimos?, me pregunto y la pregunta cae porque fue siempre.
Decís, te quise desde hace mil años y los días son una medida disuelta que ya no sirve que ya no alcanza que ya no basta.
La vida, que es discontinua y fragmentada, se torna -por momentos- superficie espejada hacia el infinito y, sobre ella, se puede danzar.


lunes, 1 de junio de 2009

Pactos

El amor -eso que vos y yo llamanos el amor- se interpone con mucha facilidad en su propio camino y nos hace tropezar con nosotros mismos y nuestras flaquezas. Cuando la ternura nos falla, como siempre, recurrimos a la ferocidad y quedan las carnes desgarradas y rotas. Sólo te pedí que me dieras una palabra insumergible para que yo me mantuviera a flote y pudiera nadar hasta la orilla. Pero vos te empeñás en jugar una partida suicida en la que no sólo morís vos: yo ya no puedo flotar más y el agua me llena los pulmones. Sólo te dije que me dieras un día, un único y jodido día, pero después de ese día habré cambiado una docena de veces en medio de la lluvia. Cada día hay menos que tomar. Tus brazos eran los únicos que me podían mantener unida en medio de todos los jirones del dolor y cuando quise darme cuenta nuestro amor era una lona de playa extendida sobre arenas movedizas. La paz pactada fue tan frágil que no pudo resistir.

Morir de risa.

Dice Galeano: "No nos da risa el amor cuando llega a los más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces del dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele, culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza."
Eso dice Galeano. Yo disiento: a mí, en medio del abrazo, se me da siempre por morirme de risa.
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