lunes, 30 de marzo de 2009

Catulo et meus cor

MISER Catulle, desinas ineptire, et quod uides perisse perditum ducas. Fulsere quondam candidi tibi soles, cum uentitabas quo puella ducebat amata nobis quantum amabitur nulla. Ibi illa multa cum iocosa fiebant, quae tu uolebas nec puella nolebat, fulsere uere candidi tibi soles. Nunc iam illa non uult: tu quoque impotens noli, nec quae fugit sectare, nec miser uiue, sed obstinata mente perfer, obdura. Uale puella, iam Catullus obdurat, nec te requiret nec rogabit inuitam. at tu dolebis, cum rogaberis nulla. Scelesta, uae te, quae tibi manet uita? Quis nunc te adibit? Cui uideberis bella? Quem nunc amabis? Cuius esse diceris? Quem basiabis? Cui labella mordebis? At tu, Catulle, destinatus obdura.

El estómago

El estómago se frunce y se endurece, como si todo quedara allí: el año que pasó, los dolores en la nuca cuando se siente la locura galopar hacia una, el viaje que no pudo ser y el océano que es cada día más ancho, el trabajo a destajo, lo que no se comprende nunca, los pedazos de alma que quedan sin unir para siempre, el amor que no se tuvo y no se puede dar, el cuerpo exiguo, la maleza que se cierne y lo tapa todo, la punta del ovillo que se esconde, los monstruos que acuden en tropel a los sueños, lo que no quise hacer, pero hice; lo que sí quise hacer, pero no pude; las fallas, las gruesas y las imperceptibles; el almanaque que se vence cada día...Y una noche el estómago, que es elástico, que es estira, que cede, grita BASTA y empieza a vomitar lo que tenía y se contrae como un guante de fuego hasta quedar vacío y laxo y olvidado. La mente, en cambio, sigue repleta de tormentas que no cesan aunque lleguen los fríos a poblar mi horizonte con copos de escarcha. Así quedé, tendida y sola, esperando que mi cerebro fuera capaz de vomitar, él también, todo lo que le sobra.

domingo, 29 de marzo de 2009

Paz

No hay nunca paz para los que preguntan cómo hace el agua para tragarse todo en sus ondas azules.

Personas favoritas


Yo hubiera querido ser la persona favorita de mi padre, que me tomara la mano para cruzar la calle y me alzara en sus brazos fuertes para volar arriba de los charcos, que me leyera cuentos y me llevara todas las tardes a comprar helados. Quizá yo entonces sabría qué hacer con tantas cosas que me oprimen, quizá yo pudiera conmigo, quizá mi mundo sería ahora diferente y no estaría fragmentada y sin sitios exactos donde poner los pedazos que, como si fuera poco, ni siquiera encajan. Yo hubiera querido ser la persona favorita de mi padre y quedarme dormida entre sus brazos mientras cae la lluvia que arrasa con todas las siluetas conocidas. Yo hubiera querido ser la luz de sus ojos celestes para siempre porque entonces yo tendría mi propio peso específico en un ainfancia en que no di los golpes necesarios para aturdir toda la locura que me rodeaba como si afuera habitaran sólo fantasmas con el rostro enmascarado y oscuro de mi madre que se encerraba, que no me hablaba y que jamás alcanzó a decirme que estaba bien, que no temiera, que todo iba a pasar. Yo hubiera querido lo que no tuve y fue una fuerte brisa que lo borraba todo.

Marcel y la madeleine


Et des que j'eus reconnu le goût du morceau de madeleine trempé dans le tilleul que me donnait ma tante (quoique je ne susse pas encore et dusse remettre à bien plus tard de découvrir pourquoi ce souvenir me rendait si heureux), aussitôt la vieille
maison grise sur la rue, où était sa chambre, vint comme décor de théâtre s'appliquer au petit pavillon, donnant sur le jardin, qu'on avait construit pour mes parents sur ses derrières (ce pan tronqué que seul j'avais revu jusque-là); et avec la maison, la ville, depuis le matin jusqu'au soir et par tous les temps, la Place où on m'envoyait avant déjeuner, les rues où j'allais faire des courses, les chemins qu'on prenait si le temps était beau. Et comme dans ce jeu où les Japonais s'amusent à tremper dans un bol de porcelaine rempli d'eau, des petits morceaux de papier jusque-là indistincts qui, à peine y sont-ils plongés s'étirent, se contournent, se colorent, se différencient, deviennent des fleurs, des maisons, des personnages consistants et reconnoaissables, de même maintenant toutes les fleurs de notre jardin et celles du parc de M. Swann, et les nymphéas de la Vivonne, et les bonnes gens du village et leurs petits logis et l'église et tout Combray et ses environs, tout cela qui prend forme et solidité, est sorti, ville et jardins, de ma tasse de thé.

sábado, 28 de marzo de 2009

Todos nos vamos quedando suavemente dormidos, pero yo sueño con cataratas de colores azules y con gotas de añil que se expanden al filo de los verdes; yo sueño con aroma a café en tazas blancas y un poco de pan tostado apenas con cucharadas de chorreante mermelada de cerezas negras; yo sueño con la textura suave del algodón sin motas ni nada en que mis dedos se detengan; yo sueño con el sonido de los libros que se abren por vez primera y de la pluma que rasga la hoja gruesa del cuaderno; yo sueño con el sabor suave y ácido de los yogures frutados rozando mi garganta hasta llegar a mi violento estómago. Todos nos vamos quedando suavemente dormidos, pero yo corro hasta agotarme en mi mente donde las calles, todas, conducen sin fin hacia metas infinitas que coinciden prodigiosas con el punto de llegada y me caigo agotada sobre las plantas húmedas de mis pies y mi vientre se alisa en el mar de todos los perfumes que vaporizan el aire de la noche de otoño, calurosa y oscura. Estamos todos al borde del murallón, dispuestos a saltar para hundirnos en la frescura marina de las aguas y emerger con los cabellos llenos de algas verdes; pero yo sola salto y mis piernas me impulsan más abajo, adonde viven los corales brillantes que me olvidan en su cuna de oxígeno perfecto. Todos tenemos nombres, pero yo quedo anónima en todos los recuerdos que consigo para seguir viviendo.

viernes, 27 de marzo de 2009

Materia inconmovible

Son miles de piedrecitas: encima y cayéndose.
Y las piedras,
ya saben,
son monolíticas sustancias,
que no se mezclan siquiera una milésima de instante.
Apenas se desmenuzan en el aire
y se alejan, estalladas como polvo.
Pero la piedra sigue piedra
y esta o aquella,
siempre idéntica a sí misma,
hecha de identidad inconmovible que no fluye.
Y yo no sé dónde poner las cosas,
qué sitio asignarles
y nunca la vida se me hace como agua,
siempre es piedra;
arena, pero piedra;
roca que lleva el viento.
Me canso del peso de las horas y
querría volverme tan pequeña que nadie pueda verme
y descansar siete día seguidos
y volver transformada en líquido, que no lo soy ni lo seré jamás.
Sigo andando que allá está la madrugada para verme.

jueves, 26 de marzo de 2009

Quiero verte bailar


Maïa baila en Marsella con su ropa brillante de princesa árabe.
Maïa baila y el aire se abre en círculos de alas rojas que van desparramándose hasta rebotar y volver hacia ella para abrazarla en giros suavísimos y lentos.
Maïa baila con los pies frescos en el suelo rozándola como si fuera un beso.
Maïa baila y la música se le mete entre los huesesitos pequeños y blancos y sacude su columna flexible para que las olas del sonido la conmuevan.
Maïa baila porque es un hada pequeñísima y todas las hadas bailan cuando están contentas para desparramar su magia de estrellas y de pájaros.
Maïa baila una y otra y otra vez hasta que resopla y se ríe porque bailar alegra.
Maïa baila y deja que el día se oscurezca mientras salta y mueve los brazos como alas.
Maïa baila y se duerme mecida por sus piernas de agua por su cara de luna por su corazoncito nuevo.
Y al día siguiente, después del chocolate y el pan con mermelada, Maïa baila: en el auto, en la escuela, en la playa. Siempre baila porque el mundo es redondo y cabe como danza en sus sueños.

Sombreros


Yo pienso ahora cómo ordenar todas las prendas para que quepan en el armario: una cosa acá, otra en aquel estante, otra más arriba o más abajo -según cómo venga lo otro- y siempre me sobran los sombreros. Nada qué hacer. No sé dónde poner a mis sombreros: me hartan, me fastiadian, me incomodan... Después de usados yo querría tirarlos porque son demasiados, porque tienen las alas muy anchas o muy finas o con flores o con pájaros y reclaman un sitio para que no se ajen. Entonces, aunque sean las doce y tenga sueño, vuelvo a sacar vestidos, blusas de gasa, zapatos de princesa, zapatillas de bailarina clásica, vaqueros gastadísimos, medias de seda. Todo sobre la cama. ¡Oh, Dios! ¿Puede alguien decirme qué hago con mis sombreros?

miércoles, 25 de marzo de 2009

Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia


La música no estaba dispuesta a dejarse oír. No había manera. Entonces cantamos el himno a capella y sonó como nunca, claro, fuerte, emocionado. Después hicimos memoria y, por primera vez, desde la llegada de la democracia, los nombres de los cuatro desaparecidos de la Escuela volvieron a sonar en el Salón de Actos donde un par de centenas de adolescentes de entre 12 y 17 años me oían en absoluto silencio. Por primera vez supieron que en sus mismas aulas habían estudiado tres chicos que estaban desaparecidos y que en sus pizarrones había escrito con tiza blanca una profesora que había sido fusilada. Los nombres de José Antonio, Cecilia Inés y María Esperanza Cacabelos y de Eduardo Degregori se oyeron y planearon hasta llegar a todos nuestros corazones. En la tercera fila, Pato, la Secretaria, que fue alumna de María Esperanza, lloraba con los ojos enrojecidos. Cada 24 siento con más claridad y fervor que si no logro sembrar en estos chicos la semilla de la memoria habré errado mi vocación y con mi palita todos los días cavo y cavo hasta que entre la luz por el otro lado del planeta. Después del acto nos abrazamos fuerte porque no todo está perdido, pese a lo que quiera decirse.

lunes, 23 de marzo de 2009

La reina de la Quema...¡Ups!

Irremediablemente

No hay una puerta allá.
Ninguna.
Sólo un par de ventanas por donde salir en caso de urgencia, pero dan a la cuna de los leopardos amarillos y a la selva de enredaderas salvajes.
Quienes lo saben esperan que dé el paso fatídico y mis tobillos se enreden para siempre en sus troncos inmensos o mi cintura caiga en sus fauces rosadas.
Pero yo también lo sé y huelo el perfume a jazmín de la noche detrás de los muros vecinos cuando la luna se yergue como un disco de estaño entre los tambores que llaman a silencio en la espesura.
En mi cuello cuelga un amuleto de jade que me protege de los helechos violentos y siniestros.
Nadie me atrapará con sus lanzas de marfil aunque brillen sus puntas de oro.
Seguiré mi sendero perdido entre los ríos subterráneos aunque la carne se me desgaje lastimada por los espinos y las lianas suspendidas entre gigantes baobabs sin sombra.
Al final del camino me espera la fuente de las aguas y en el frescor de los templos derruidos mojaré mi cuerpo hasta llegar a mi corazón caliente.
Unos simios amarillos y unas cobras de escamas rojas me observarán mientras devoran frutas perfumadas y semillas oscuras.
Luego, me sentaré a mirar la tarde que se muere irremediablemente.

sábado, 21 de marzo de 2009

Nena

Podés hacerte el ruedo prolijito, prolijito.
Podés usar el shampoo más caro del estante.
Podés tener los mejores zapatos, las carteras más finas, los vestidos más nuevos.
Podés ir y venir en limousine.
Pero a cierta hora de la vida
el ruedo se descose,
los cabellos se opacan,
los zapatos se ajan
y las limousines pinchan los neumáticos.
En ese instante, yo estaré ahí para ver cómo mostrás la hilacha.
Y vos ya lo sabés.
Me podés haber engañado algunos meses, es verdad;
pero, a la larga o a la corta, quien es como sos vos no sostiene la máscara con pulcritud.
Y ya vas derrapando.
Se te corre el rimmel.
Se te empasta el rouge.
Tu perfume se agria.
Y yo te estoy mirando.
Anoto tus fracasos.
Siento lo que antes me ocultaste.
Y vos, nena, ya lo sabés.

Cogito ergo sum

El aire tiene burbujas azules donde el oxígeno estalla fosforescente.
Al respirar la carne se estremece y duele.
Tanto como estar viva.
Tanto como saber que, a cierta altura, las cosas son lo que una necesita.
Nada cambia demasiado en los paisajes oscurecidos del alma, excepto la memoria que permite afirmar por dónde van las rutas, los senderos, las huellas diminutas y perdidas en los bosques cerrados.
Quizá me queje mucho, quizá tenga poca paciencia, quizá no sepa demasiado.
Pero me acuerdo de muchos puentes, de mucha agua corriendo por debajo, de mucha tierra fértil, de muchas noches frescas.
Los lobos aúllan como fieras perdidas en medio de la niebla.
Yo no sé comprenderlos y nada tengo, excepto mi piel erizada de frío al borde del precipicio y el rocío cayendo.
No hay más cercos que los yo permito que se construyan y las fieras pasean sedientas de una sangre que está llena de burbujas azules.
Nadie sabe.
Nadie cree.
Nadie tiene certezas inconmovibles para seguir viviendo.
Yo soy la menos aconsejada para tenerlas.
La duda es un terreno donde crecen mil flores blancas.
Huelen a viento, a agua de torrente, a mañanas de invierno.
Allá o acá, todo da igual.
Los instantes son frágiles como la línea que se traza en mi nuca.
No tengo otra paz que la de estar viva y saberlo.

viernes, 20 de marzo de 2009

Soja otra vez

Otra vez soja
y yo con un cuchillo para comer porotos.
Y la gente que grita.
Otra vez campo.
Otra vez carpa.
Otra vez ruta.
Si me cansaron antes, ni qué decir lo que me hartan ahora.
La patria.
La nación.
La maldita polisemia de las ideologías que nos fundan.
Y yo que me levanto a las cinco y me acuesto a las doce y trabajo.
Otra vez soja
y yo con abrelatas.
Entre el yuyo nefasto y Susana que clama por la pena de muerte y Hebe que vomita insultos contra las vedettes que son putas, algo se nos está perdiendo irremediablemente.
Mejor vuelvo a Racine, a Baudelaire, a Rimbaud, a Éluard.
Cada uno se arregla como puede para seguir viviendo.

Merci beaucoup

jueves, 19 de marzo de 2009

La literatura

Siempre le digo a mis alumnos que la literatura es el único ejercicio del lenguaje donde no rige el criterio científico de verdad. Esto me ha llevado a sostener que, en mi terreno, no hay ninguna certeza a defender, lo que, en criollo, quiere decir: todo es según el cristal con que se mire. C'est fini.

Emma Bovary

Madame Bovary se desperezó cuando el sol apenas salía por el horizonte de Yonville y pensó que era una delicia despertarse así. Permaneció entre las sábanas y las mantas mientras su cabeza saltaba ya en el césped verde de la campiña cercana. Yo no pedí nada, se dijo y recordó que la primera cena fue un hecho comunicado a posteriori. Yo no me metí en ningún lugar donde no me abrieran la puerta, agregó. Yo continué diciendo tu casa, se repitió. Yo no tengo una existencia triste, murmuró en voz queda para no ser oída por nadie más que por ella. A ver si ahora yo vengo a ser la que se impuso ante una muralla infranqueable que resistió. Esa que había sido relatada la noche anterior no era la Emma que todos conocían. No era la que ella, al menos, sabía que era. Debajo de los acolchados, su corazón trémulo se estremeció y deseó desechar la sensación. El sol subía por los fríos cristales y afuera la nieve tapizaba las calles de la ciudad. Los copos eran una cortina blanca que aletargaba la tristeza de ser madame Bovary y confundía las pulsiones en la hondura profunda de su cuerpo: el cuello descansaba lánguido sobre las almohadas con fundas de plumetí azul. Estornudó y se sonó la nariz sin necesidad de fingir ningún resfrío, cosa que ella no había hecho nunca porque jamás tuvo necesidad: era tan fácil decir lo que deseaba. Lo que no podía, lo que nunca podría entender, era por qué siempre recibía un castigo por hacerlo. Parece ser que el deseo, o al menos su expresión, cuando no coincide con el de los otros, es algo, Emma, que no merece siquiera una nota al pie de página Y te quedaste sin postre hasta que termines todo tu plato de polenta. Ya sabés, nena: es relato de libro, Flaubert dixit, y te mató con veneno de ratas para no verte sufrir. Y después él mismo dejó de existir...porque, ya sabemos, madame Bovary, dijo él, soy yo.

miércoles, 18 de marzo de 2009

El jardín

Il faut cultiver son jardin, decía Voltaire.

Alrededor el desierto, alrededor las mareas, alrededor el ocaso -todo empurpurado, Juan Ramón-y una dale que dale en el jardín para cultivarlo, para que haya algo productivo y no se nos vayan los días sin nada más que horas. Yo, al menos, ya he conseguido un par de Santa Ritas, un rosal, un jazmín, algunas alegrías del hogar, un ciruelo, un olivo. Bastante bien, Voltaire, ¿o no? No vas a ir por ahí diciendo que yo no cultivo mi jardín. Voy a aclararte, Francois Marie,que es hora de que pasemos del jardín a la sala y nos sentemos a leer. Ahí nos está esperando Jorge Luis para proclamar que yo soy la que cultiva su jardín, como querías vos. Los tres podemos sentarnos a tomar café con bizcochitos de grasa y hablar sobre la literatura europeadel siglo XVII. ¡Cómo nos vamos a divertir! ¿Y el jardín? Cultivado, Voltaire...dejate de joder.

lunes, 16 de marzo de 2009

El club de las chicas de Letras

Las chicas de Letras tenemos una gran dificultad: no podemos distinguir entre la realidad y la literatura, lo que nos suele traer más de un inconveniente alguna vez. El trabajo y la vida se nos mezclan. Los días se tranforman en hojas de un libro que nunca dejamos de escribir. Somos Medea y blandimos un puñal vengativo o Ifigenia a la hora del cuchillo y la cierva. Querríamos mezclar a Galatea y a Elisa y que nos lloren pastores por igual. Ser Nené y Mabel y hasta Raba en su carro triunfal de verdulera. No sabemos si, al levantarnos ,éramos un personaje o un ser humano de sangre y piel. Al fin y al cabo, poco nos importa. Lo que nos pasa es tan intenso como un libro y revolvemos tomos buscando la palabra que nos diga cuál es el paso siguiente para dar. Lo que otros dijeron es como borra donde leer los antiguos oráculos que leyeron los clásicos y querríamos que nos amen Odiseos como si fuésemos Circe, Calipso, Nausicáa y la vieja Penélope en su lecho de olivo y sal. Las chicas de Letras no mentimos porque siempre nos reclama la coherencia textual. A veces las historias se nos chingan y no podemos imaginar ningún final feliz. A veces desearíamos hacer como Wakefield y desaparecer a la vuelta de nuestra propia casa para regresar veinte años después. Cuál sea el límite entre la verdad y la ficción es un duro problema que nos lleva a deambular por consultorios de analistas que se alimentan siempre de nuestra ansia irrefrenable de contar

Anécdota escolar LXXVII: Excusas

Profesora: ¿Por qué no copiás el cuadro que hice?
Alumna: Porque vos caminás todo el tiempo y no me dejás ver.

Profesora: ¿Dónde está tu guía?
Alumno: Yo te lo diría, pero no me vas a creer.
Profesora: Hacé el intento.
Alumno: No, no me vas a creer.
Profesora: Dale, quiero oírte.
Alumno: Bueno,ahí va. Yo estaba en Mac Donald en la fila para los conitos. Sin darme cuenta, tenía el morral abierto con la guía adentro. La chica que estaba adelante se dio vuelta y su conito se fue adentro de mi morral y quedó todo enchastrado.
Profesora:....?
Alumno: Es verdad, creeme, es verdad.
Profesora: ¡Andá!
Alumno: Si querés olé el helado en mi morral. Ups, lo lavé en el fin de semana.

¿Por qué?

Preguntarse el porqué de la entrada anterior es tan inútil como, por ejemplo, saber qué vino antes si el huevo o la gallina: el huevo está en el anaquel de las tartas en Carrefour y la gallina la atrapó Knorr. Eso es todo. Voy hacia mi etapa erizo. Simple, sencillo y cíclico erizo. Y si insisten en pasarme la mano para desanudarme los puedo pinchar. ¿Alguna vez se les clavó una espina de erizo? ¿No? Bueno, es mucho peor que la aguja en el pajar. Para los erizos no hay nada más enfermante que nos indiquen que tenemos que aflojar. Somos animales solitarios por naturaleza, como ya habrán podido saber. Hay que aprender a convivir con nosotros. No es tarea fácil, ni tierna, ni dulce, ni cálida. No es tarea siquiera. Es un simple dejarse estar. Para ello se requiere de una enorme paciencia que no todos estan dispuestos a sostener: es como saber que el chocolate está en la mesa y fingir todo el tiempo que no lo vamos a comer. Prudente distancia si nadie quiere amanecer con una espina clavada en el dorso del corazón.

El erizo


El erizo común (Erinaceus europaeus) es una especie de mamífero erinaceomorfo de la familia Erinaceidae . Al igual que el resto de erizos poseen una envoltura de pinchos formada por varios millares de púas rígidos, resultado de una modificación de la piel. Le gusta vivir en espacios abiertos cubiertos por matorrales, en terrenos cultivados o en dunas de arena. Puede encontrarse desde una altura a nivel del mar hasta los 2.400 metros. Se distribuye por la región Paleártica , a excepción del Himalaya. También aparece en las islas del Mediterráneo y ha sido introducido en Nueva Zelanda, donde ha tenido una buena adaptación. En Europa se encuentran además otra especie emparentada, el erizo moruno (Atelerix algirus), que se diferencia sobre todo en algunos detalles de la coloración. El erizo común pesa alrededor de 1 kg y mide de 130 a 250 mm de largo, siendo los machos ligeramente más grandes que las hembras. Viven hasta 5 años promedio, hasta 10 en cautividad. Son más bien rechonchos, con una silueta redondeada. Posee almohadillas en sus extremidades como el perro. Las extremidades posteriores son ligeramente más largas que las anteriores. Cada pata tiene cinco dedos con garras, de los cuales el primero y el quinto son más pequeños que el resto. Su morro es móvil y acaba en punta, sus ojos son pequeños y sus orejas son pequeñas, redondeadas y están recubiertas de piel. Su envoltura de pinchos está formada por varios millares (5000 aproximadamente) de púas (o espinas) rígidas, que cubren el dorso y las superficies laterales del cuerpo, excluyendo las extremidades y la cara. En la cara, vientre y extremidades presenta pelo de color marrón. Cada púa contiene espacios llenos de aire, separados entre sí por discos horizontales, que mantienen su estructura. En la base de cada espina hay un pequeño bulbo bajo la superficie de la piel que mantiene firme la púa en el cuerpo. Las púas desarraigadas durante la muda llevan consigo pequeñas porciones escamas de piel. Las espinas son blancas en su base y en la punta, con bandas de negro, marrón y blanco entre medias. Crecen a partir de folículos en la piel. Al igual que los pelos, cada púa presenta un músculo erector que permite erguirlas o relajarlas. Cuando están erectas se entrecruzan unas con otras formando una masa difícil de penetrar. Esto ocurre cuando el animal se ve amenazado, enrollándose para esconder sus partes más vulnerables (cabeza y extremidades) y dejando al descubierto sus afiladas púas. Es omnívoro. Consume grandes cantidades de bayas y bellotas. También le gustan los huevos , por lo cual no son bien vistos por los dueños de los gallineros. Sin embargo, en líneas generales, son útiles, pues destruyen gran número de insectos perjudiciales. El erizo común espera la caída del día para salir en busca de alimento, pero traiciona su paso con los ruidos que produce al andar y al rozar los objetos y, sobre todo, con su sonora respiración. Son animales solitarios por naturaleza, sin embargo cuando varios ejemplares se juntan en un mismo área existe algún tipo de comunicación mediante pequeños mordiscos con el morro. Los erizos pasan la estación invernal, de noviembre a marzo, bien protegidos en sus refugios, resguardados por una capa de hojas secas. Son excelentes nadadores y escaladores, y pueden llegar a recorrer 250 metros en una noche.

domingo, 15 de marzo de 2009

Cuentos infantiles

En todos los cuentos infantiles, los deseos de los niños los llevan a la perdición: en la casa de turrón vive la bruja, apartarse del camino termina en la boca del lobo... Conclusión: no hay que escuchar la voz del deseo que es mala y hace daño; hay que obedecer a papá, a mamá o a cualquier adulto que lo reemplace (sobre todo en los tiempos de la familia disfuncional); hay que ser ciego, sordo y mudo a otra cosa que no sea lo que quieren los demás. Si Blancanieves hubiera obedecido a sus enanos tutores, no habría abierto la puerta a la manzana envenenada de la bruja. Si la Bella Durmiente no hubiera andado revoloteando por ahí, no se habría dormido la más fenomenal de las siestas. Los niños, de una buena vez por todas, deberían rebelarse y hacerse con el deseo. Quizá el mundo sería mucho mejor. O al menos los cuentos.

sábado, 14 de marzo de 2009

Asfixia en mí misma

Anchos murallones me cercan y no me dejan respirar.
El aire se hace angosto y hay miles de puertas a las que debo prestar atención.
Allá lejos, el sol brilla en las colinas; pero la ansiedad no me permite ni siquiera mirar.
¡Hay tanto por hacer: la ropa se amontona en los canastos, los estantes claman sin comida, los papeles esperan en blanco para ser escritos, los amigos llaman para que los escuche, los hijos piden que los alimente, que los lleve, que los contenga, vos pedís tu tiempo y tu lugar!
Todos y todo tienen razón.
Pero yo me voy quedando apagada en un pequeño rincón y sólo tengo ganas de ponerme a gritar.
El día se estira con su vientre repleto de obligaciones.
La noche se abotarga de estrellas cargadas de peligros para los saltamontes que deben empezar a vivir.
Del antiguo patio de recreo sólo quedan hierbas que crecen sin ton ni son.
Los horarios ruedan indicándome que ya hay que salir, que ya hay que hacer, que ya hay que empezar, que ya hay que regresar.
Sólo quiero volver a ser una niña pequeña, que otros piensen por mí, que la mesa me espere tendida y que me manden temprano a dormir.
Pero soy esta que soy: adulta, exigente hasta la nublazón, agotadora y poderosa hasta la enfermedad.
Abro los ojos y espero que esta clase de mundo haya desaparecido y todo sea diferente para mí esta vez.
Abro los ojos y deseo que los muros se hayan extendido, que el aire sea grueso y que yo pueda respirar otra vez.

Tetris


Mi vida es como un Tetris. Pedacitos de colores que debo ir acoplando para que no se amontonen en caos incomprensible y game over. Puedo girarlos, a la derecha, a la izquierda, otra vez más y otra; pero hay una sola forma en que todo encaje y no se arme una pila monstruosa en que pierdo y me pierdo y ya no puedo regresar al punto de juego original. Un Tetris que cada vez va más rápido, más vertiginoso, más dificultoso y yo sólo deseo acostarme y dormir una noche bien.

jueves, 12 de marzo de 2009

Otras cuentas

La mandaron a dormir. A regañadientes dio abrazos y besos y subió la escalera que la llevaba a su cuarto. Dormir a esta hora, con gente abajo, aunque mañana hubiera que ir al colegio. ¡A quién se le puede ocurrir dormir así! Entonces se levantó de un salto y me trajo, como un brisa fresca, otra pulsera: de maderitas, con cuentas y flores verdes y fucsias. Y se volvió a la cama. A mí me quedó el corazón como un soplido de primavera.

Mis palabras

Mis palabras son el último rescoldo, el sitio en el que permanezco inconmutable.
Mis palabras son toda pertenencia, allí me arropo, me cuido, me protejo.
Mis palabras me rodean, me atrapan.
Mis palabras se enseñorean como si fueran dueñas de todos los surcos de mi vida.
Mis palabras me hacen, me amasan, me moldean.
Mis palabras son toda yo.
Puedo entregarlo todo.
Puedo aceptarlo todo.
Pero las palabras son parte de mi reino de secretos donde no ha entrado nadie.
Ellas están aguardando desde siempre para ser mi agonía, mi desgarrada sangre, mi frágil corazón, lo que yo soy para mí en silencio.
Después se abre el día y sale el sol y retornan las lluvias y todo permanece o va mutando mientras ellas esperan para saltar otra vez a mis brazos para que las acune, para que me atormenten, para que todo sea suavemente perfecto y vacíamente mío.
Mis palabras me condenan a un erizado mundo donde no cabe nadie y yo intento romperlas para que nazcan grietas por donde crezcan plantas y caigan las luces de la sombra.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Anécdota escolar LXXVI: ¡Oh, costumbres!

Gracias, Majo

(La madre asistió a un curso donde se insistió hasta el cansancio que no debe abordarse el análisis sintáctico haciendo preguntas sino apelando a procedimeintos sintácticos. El hijo menor tendrá al día siguiente una evaluación diagnóstica de lengua.)
Madre: Vos tenés que buscar el verbo. Acá, ¿lo ves?
Hijo: Sí.
Madre: Fijate en qué persona y número está.
Hijo: Tercera persona plural.
Madre: ¿Y cuál es el pronombre personal que está en tercera plural?
Hijo: Ellos.
Madre: Bien. ¿Y qué parte de esta oración podés reemplazar por ellos?
Hijo: Esta, los alumnos.
Madre: Bien. Ahora cambiá de número el verbo para comprobar. Pasalo al singular y decí toda la oración, aunque esté mal.
Hijo: Los alumnos estudia en el aula.
Madre: Bueno, fijate qué más tenés que cambiar de número para que la oración quede bien. Eso es el sujeto porque...
Hijo: Sujeto y predicado concuerdan en número y persona.
Madre: Bien, ¿a ver?
Hijo: El alumno estudia en el aula.
Madre: Bien, así debe hacerse. ¿Entendiste?
Hijo: (Piensa) Ma, hay algo que no entendí.
Madre: ¿Qué cosa?
Hijo: Y la pregunta al verbo, ¿cuándo carajo se la hago?

Anécdota escolar LXXV: Y todo porque era sabio

Profesora: Y entonces Alfonso crea la Escuela de Traductores de Toledo.
Alumno 1: Alfonso, ¿que?
Profesora: (Escribe en el pizarrón "Alfonso X el Sabio" mientras va diciendo) Alfonso décimo el sabio.
(Mientras esto sucede la alumna 2 mira a un compañero del año superior por el reflejo del vidrio de la puerta y no deja de decir: ¡Qué lindo! ¡Qué lindo!)
Profesora: Che, copiá lo que escribí en el pizarrón.
Alumna 2: (Mira por primera vez en la clase al frente) Pero, ¿qué dice ahí? ¿Alfonso por el sabio?

Anécdota escolar LXXIV: Artes plásticas

Profesora: Después de leer este texto, van a hacer una tarea. Busquen en el relato todas las diferencias que el personaje enuncia entre el colegio y las vacaciones y, para compararlos, hagan un cuadro.
Alumno 1: (Levanta la mano) Profe...
Profesora: ¿Sí?
Alumno 1: ¿Tenemos que dibujar?

martes, 10 de marzo de 2009

El club de las chicas de Letras

Lululi posa en el DF

Sólo una chica de Letras puede sacarse una foto en México con don Quijote y Sancho Panza de fondo con la única y exclusiva finalidad de mandársela a otra chica de Letras.

lunes, 9 de marzo de 2009

Anécdota escolar LXXIII: Vox populi

(Los alumnos comentan un cuadro de Renoir en el que un grupo conversa en una hostería. Uno de los hombres lleva un sombrero.)
Profesora: ¿Y de qué hablarán?
Alumna: Para mí están criticándole el sombrero al campestre.
Profesora: ¿Qué?
Alumna: A este, al campestre. (Señala en el cuadro)
Profesora: Campestre es un adjetivo, no es un sustantivo.
Alumna: Ah, yo sabía que estaba mal. Le están criticando el sombrero al campiente.
Profesora: ¿No será campesino?
Alumna: ¿Sí? ¿Estás segura que se dice campesino? A mí me parece que no.

Again

De nuevo la madrugada.
De nuevo el desayuno de pie.
De nuevo el colectivo lleno y las cuadras corridas para llegar a horario.
De nuevo la incógnita del aula.
De nuevo "Y esto, ¿para qué sirve?"
De nuevo la batalla perdida desde ahora por la lectura.
De nuevo el jeroglífico de las pruebas y la carencia de Piedra Roseta para saber qué pusieron.
De nuevo el recreo y los gritos.
De nuevo los niños perdidos, Wendy y Tinker Bell.
De nuevo ser Garfio.
De nuevo mis cachorros y un viaje al sur.
De nuevo no lo hice, no lo traje, me olvidé, me tomás mañana, no me tomes, se rompió la impresora, el perro se comió el libro y siguen los grandes éxitos.
De nuevo la prehora, la poshora y el día que parece no acabarse.
De nuevo la alegría de estar ahí, al frente, y que ustedes estén allí, en la trinchera de enfrente.
De nuevo y hasta noviembre juntos.
De nuevo los trabajos.
De nuevo las oraciones que no tienen fin y ni pienso justificar más por qué hay que hacerlas.
De nuevo los libros cada quince días.
De nuevo el Martín Fierro todo entero, sí, todo entero.
De nuevo que yo les grite, que ustedes me taladren el oído.
De nuevo hace lo que quieras pero no me molestes.
De nuevo los goles de Huracán para que me pregunten y se burlen.
De nuevo lo hacés porque te lo digo yo y basta.
De nuevo no vengo acá para quererte sino para enseñarte.
De nuevo quererlos y que me quieran.
De nuevo aborrecerlos y que me aborrezcan.
De nuevo ser seño o profe o Juli o Pinu o Pini.
De nuevo reírnos, reírnos y reírnos hasta las lágrimas.
De nuevo otro año en la escuela.
De nuevo estar feliz de encontrarlos.
Y allá vamos.

domingo, 8 de marzo de 2009

El club de las chicas de Letras

Las chicas de Letras -estas al menos- son casos bastante especiales. Ellas no tienen sangre sino tinta, no transpiran sudor sino versos, se ríen de las sesudas teorías y análisis literarios porque saben que no hay mejor teoría que la praxis ni más análisis que una buena síntesis un domingo de lluvia sin salir. Las chicas de Letras creen que son Antígona y Desdémona y a veces hasta Wendy sin Peter Pan. Para algunos están dementes como Ofelia, para otros son Lizzy Bennet a la hora del té. Ellas viven como jeune filles en fleurs a fuerza de puras madalenas en Combray y en ciertas oportunidades más que Albertine desearían ser Odette y, en realidad, sólo le llegan a los talones a Emma Bovary. Las chicas de Letras se aburren como ostras en las clases de literatura renacentista, pero gozan cuando se trata de latín o medieval. Las chicas de Letras leen literatura francesa, italiana, alemana, portuguesa, española, inglesa y un poco más de latinoamericana y argentina. Son vistosas, pero inconvenientes; tienen un humor sutil y una dureza nacida en aulas pretéritas y en las de Puán. Lloran a mares cuando se muere por vez número mil el Quijote y se ríen junto a Rabelais. A veces lamentan no ser ya jóvenes y andar criando hijos, otras querrían tener la sabia vejez de Yourcenar. Han usado medias de encaje en las largas trasnoches de los 80 cuando solían recalar en oscuros tugurios paraculturales y Batato les decía que escribían igual a Pizarnik. Ellas fueron a Cemento, ganaron alguna Bienal, fueron partícipes de centros culturales y desearon alguna tarde morir de amor en Chacarita. Tomaron mate con amigos en un patio y fueron casi domésticas por vocación. Pegaron estantes que luego se caían y amanecieron con vestidos dorados en Babilonia sin medialuna ni tierra fértil y con un brutal dolor en medio del corazón. Hoy las chicas de Letras se sonríen y en secreto recuerdan descoloridas fotos, antiguos cuadros, viejas canciones; insólitos recuerdos de quienes siempre tienen algo para contar. Cierran las tapas de su memoria porque ahora tienen libros que deben editar. Las chicas de Letras son encantadoramente complicadas a la hora de dejarse vivir. Si te has topado con una de ellas, deberías saberlo: crean una suerte de sutil adicción.

viernes, 6 de marzo de 2009

Lululi me regaló su diario

Linda, hermosa y ya mexicana, Lucía cumple años.
En unas sucesión de fotos me ha enviado su diario colorido, lleno de dibujitos y palabras.
Nada tuyo ha quedado conmigo, Lululi.
Lo que creés que tenías acá, en mi casa, entre mis libros, con mis mates, está adentro tuyo, tan adentro que no me pertenece: es parte de tu sangre, de tus ojos, de tu pelo, de tus burbujas y de perfumes.
Ahora, me gustaría sumergirme en el océano y nadar por mares fríos que van entibiándose para llegar al Golfo mexicano y salir a la península de Yucatán con miles de corales enredados en mis rulos, caminar a través de la selva para ir juntando plantas verdes y llegar a tu casa blanca y celeste y golpearte la puerta y decirte suavecito en la oreja que te quiero, que te extraño, que vos sí te llevaste la posibilidad que yo tenía de tener una hija, que nadie nunca me va a dar lo que vos me diste, que te protejo aunque sea a la distancia y que, mientras te escribo esto, lloro como una tonta porque la verdad es que estás lejos y mi casa de colores y cenas de viernes está vacía de vos desde que te fuiste.
Feliz cumple, Lululi.
Que sean los mejores 23 de tu vida.
Que estés feliz.
Que te cuiden mucho.
Que recibas muchos regalos.
Gracias por el diario.
Gracias por las palabras.
Gracias por los recuerdos.
Gracias a tu papá que me dio una hija que nació desde mi corazón.
Gracias a vos que me dejaste tanto amor.
Gracias a Juan Rulfo que nos hace estar cerca. (Podés leer a Carlos Fuentes o a Elena Poniatowska)
Te amo hasta el cielo mexicano lleno de colores de Frida.
Un beso enorme de 23 perfumes
Jujuli

jueves, 5 de marzo de 2009

Hizo frío en Marsella

Hizo frío en Marsella, el invierno más gélido de los últimos treinta años.
Tanto frío que, a orillas del Mediterráneo, nevó.
Tanto frío que, en las casas, los tazones de sopa levantaban nubes de vapor que se congelaban en el aire.
Tanto frío que, bajo los guantes, los dedos se ponían azules y había que desentumecerlos junto al fuego.
Tanto frío que, tras los vidrios, todos los interiores parecían tibios y esperanzadores.
Hizo frío en Marsella y todos tiritaron.
Menos Maïa que tenía su gorrito nuevo
y ciervos patagónicos rosados la protegían con cariño de tía.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Gotas

La vida se deslíe en agua como una uva exprimida. Hay dos o tres gotas que no pueden retenerse y otras quedan pegoteadas en el borde de los labios y no hay jabón que las pueda limpiar

Anécdota escolar LXXII: ¿Para qué hablo?

Profesora: Bueno, ahora decime qué es el caso.
Alumno: ¿El caso? Algo que pasa. Un caso...
Profesora: Esto es un examen de lengua. Te estoy pidiendo que definas la categoría morfológica "caso".
Alumno: ¿Y eso?
Profesora: "Eso" es tu pregunta de examen.
Alumno: Ah, pero "eso" es una pregunta de quinto año.
Profesora: No, es una pregunta de segundo. En segundo te enseñamos pronombres, en quinto te van a pedir, por ejemplo, que digas la función de las digresiones en Facundo de Sarmiento.
Alumno: Ese no lo leí.
Profesora: (Hartísima) Dale, decime qué es el caso. Yo lo expliqué en clase.
Alumno: Ah, ¿y vos querés que yo me acuerde de lo que dijiste en clase?


(Para todos los que las esperaban...¡Sí, volvieron las anécdotas escolares!)

Soy...

Emilie Chollat, ilustrateur

Soy la niña mariposa y ando de rosa en rosa.
Llueve un poco y sale el sol.
Entonces se nubla un rato y vuelve a brillar la luz.
Soy la niña mariposa y vivo llena de cosas.

lunes, 2 de marzo de 2009

Julieta va a aprender a leer



Para Julieta
Julieta julietea julieteando en el patio de su escuela.
Julieta abre sus brazos para cargar su julietimochila.
Forma en una julietilínea fina con su delantal azul-julieta.
y se ríe como se ríen las Julietas con sus julietarcajadas.
Este año va a aprender a leer julietamente,
como aprenden todas las Julietas cada julietivez:
Mirará con deseo sus julietilibros llenos de brillantes julietibujos
y pintará maravillosas julietiletras con julicrayones azules,
como a ella y a mí, otra Julieta más, nos suele gustar.

Dos chicas de Letras

Voy cerrando ventanas en esta máquina infernal que prendí a las 5:00 AM, nadé en aguas profundas y salí mojada al calor. Moni me habla del otro lado de una línea y nos reímos de las cosas de las que se ríen dos chicas de Letras. Este año hace veinte que no podemos dejar de reír. Me acuerdo de sus medias de encaje blanco y sus zapatos rojos y de mi aspecto de Emma Peel con medias negras. Me recuerdo -a mí misma- que hoy he hecho justicia cuando Onganía me entregó su hoja en blanco y, con mi lapicera roja, le estampé un uno grande como una bandera desplegada en una azotea del 66. Sólo me quedan seis páginas por hacer de la unidad cinco y los poetas dominicanos saltan vanguardísticamente a mi costado pidiendo ya su lugar. Mañana volveré a levantarme a la madrugada en medio del vaho del sopor veraniego que no cesa, prenderé esta máquina otra vez, escribiré por el vendrismo y la poesía sorprendida (¿Qué habrá estado haciendo que la agarraron in fraganti?, me pregunto yo.) y la semana irá devorándose las páginas de este libro mientras siento que no voy a poder, como lo siento siempre, aunque, más tarde todo se cumpla como lo habíamos planeado. Las otras son las doñas, dice Volonteri. Nosotras, las dos, no podemos dejar de ser dos chicas de Letras, encantadoras a más no poder.

La vida es sueño


Otra vez suena el reloj y no logro comprender qué día es. ¿Debo ir a dar clase? No, todavía falta para eso. ¿Exámenes? ¿O es sábado? A medianoche, mientras el cielo parecía deshacerse en agua, el gato se asustó y se subió a mi cama. Eran las dos de la madrugada y me desperté. Miré el teléfono y pensé que faltaban tres horas. ¿Debo escribir el libro? ¿A qué hora salgo? ¿A las siete? No logro comprender. Debo bañarme. Debo tomar mate y desayunar. ¿Tengo alumnos? ¿Debo ir a algún lugar? ¿Pagar cuentas? ¿Es marzo ya? ¿A qué hora termino? ¿Es lunes? ¿O martes? Nada afuera me dice qué sucede. La fábrica ha vuelto a funcionar porque siento sus motores andar. Hace calor. Sí, mucho calor. Una compota de calor y yo soy una pera que nada en medio de un almíbar tibio. Ah, sí lo recordé: tengo miles de alumnos a los cuales aprobar o desaprobar y un libro que escribir y un hijo a quien buscar de su primera clase y un pago que hacer y un alumno al que preparar y una casa a la que ordenar y...¡ay, mi Dios, sólo querría poder levantarme a la hora en que todos se levantan y volver a dormirme porque no tengo nada que hacer! ¿Qué es la vida? ¿Un frenesí? ¿Una sombra? ¿Una ilusión? Que el mayor bien es pequeño, que la vida sólo es sueño, y los sueños, sueños son.

domingo, 1 de marzo de 2009

Brazaletes azules


para Luciana.
Cuentitas de colores.
Brillantes.
Una tras otra.
Azules.
Celestes.
Turquesas.
Añiles.
Cuentitas de colores.
En un hilo engarzadas.
En un hilo anudadas.
En un hilo en filas.
Cuentitas de colores
que me cantan
que me abrazan
que me llaman.
Cuentitas de colores
que relatan un cuento
en hojas de tonos amarillos
con árboles bordados de violeta.
Cuentitas de colores
con corazones rosas
y un plato que permanece lleno
porque a nosotras,
a nosotras sólo nos gusta el pan.

Catulo y Lesbia


John Watherhouse, Una sirena
Odi et amo.
Quare id faciam, fortasse requiris.
Nescio, sed fieri sentio et excrucior.*
Carmen 85.
Catulo

Diciendo obviedades, no querría que camines para atrás.
Porque lo que quedó atrás es sólo un abismo de serpientes negras que te comían.
Moni y yo decíamos que no íbamos a permitir que nadie nos arruinara la vida, cuando habíamos tenido progenitores que, empeñados fervorosamente en ello y con muchos más derechos, no lo habían logrado.
Odiseo se ató al poste y taponó con cera los oídos de sus marinos. Y las sirenas cantaron en vano.
Dice Kafka que, en realidad, hicieron silencio porque las desconcertó el griego. Y él pasó, astuto y libre entre ellas, convencido de que las había vencido, mientras ellas desplegaban sus húmedos cabellos enceguecidas por la mirada ausente del marino.Algunos agregan que, en masa, las sirenas se ahogaron hasta que vinieron Andersen y Disney a rescatarlas for ever.
Siempre deberías recordar que la única belleza es que la que nace de los ojos que aman. Desaparecido el amor, se esfuma la belleza y se transforma en fealdad.
Catulo lo sabía y por eso cantó a Lesbia mientras la amaba.
Y ella sólo subsiste entre nosotros porque tuvo el amor del poeta. Otro gallo cantaría para Lesbia y los gusanos que de ella se alimentaron si el poeta no le hubiera cantado.
Recuerda a cada hora que no hay Lesbia sin Catulo, pero igual hubiera habido Catulo con Livia, Octavia o con cualquier otra dama latina.

*Odio y amo.
A menudo preguntas por qué hago esto.
No lo sé, pero lo siento y sufro.

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