viernes, 27 de febrero de 2009

Escribo un libro


Hay una montaña de papeles blancos que me llaman desde la pantalla luminosa de mi computadora. A decir verdad son 280. Entonan la seductora canción de la hoja en blanco y, cuando me acerco para llenarlos, son muchachas histéricas que no se dejan ni siquiera tocar. En mi mesa se mezclan sus versiones de celulosa y la página uno se completa con la página veinte porque dónde habré dejado la tres y la veintiséis. La calma se pierde cuando la cosa se pone esquiva y hay que sacar a Ortega y Gasset para que entre Ciro Alegría que encima grita que el mundo es ancho y ajeno y qué joder. Los comuneros de la rima consonantes abuchean cuando declama Maiakovski mientras doña Bárbara se pregunta qué hace la loca de Alfonsina sumergiéndose a los treinta y pico en el mar. Al lado gritan los predicados que los sujetos no son nada sin ellos y los sujetos le contestan que sin sujeto no hay nada de qué predicar. La be dice que se la respete y la ce algo así. Deambulan puntos, comas y a continuación un par de comillas sueltas que iban sobrando por allí. Textos argumentativos, instructivos, narrativos, descriptivos reclaman un lugar bajo el sol. Actividades, evaluaciones, páginas de apertura, de qué aprendés y de cómo carajo lo vas a aprender. Y mientras tanto, la pantalla titila como una nívea superficie inmóvil. Y sólo escribí hasta el capítulo 3.

jueves, 26 de febrero de 2009

La casa de Andrea

Yo tuve una infancia con una madre que deambulaba demente de un cuarto a otro, un padre que intentaba que aquello nos pareciera normal y dos hermanos a los que tuve que adoptar como hijos para no crecieran en medio del desierto de la tristeza y la soledad. Cuando se hicieron grandes se fueron lejos para sembrar su historia en otras tierras que no supieran a tragedia o que, al menos, desconocieran la que a nosotros nos habìa tocado atravesar. Y yo, más apegada a todo, me quedé acá: sin familia, sin origen, sin nadie a quien decirle si se acordaba de las tardes de verano en las veredas de Parque Chas. Y en mi corazón vacío, la familia ocupaba un idílico espacio que tenía siempre idénticas imágenes: niños corriendo, una mesa con mantel blanco en el patio y adultos conversando mientras el tiempo se endulzaba en una somnolencia que tenía el color de la felicidad. Con el correr de los años llegaron mis sobrinos; pero siempre tan lejos, tan imposibles que no puedo ser, sino de a ratos, la tía que a mí me hubiera gustado ser: la que llena de cuentos y golosinas, la que se queda una tarde de lluvia pintando con témperas o acuesta a los chicos cuando los papás no están. Y un buen día de enero, Andrea apareció en mi vida: con sus dos hijas que leen los cuentos que les empiezo a regalar, con su mesa de mantel blanco en el patio, con su perra que pasea, con sus fotos de vacaciones que son tan parecidas a las que yo supe tener en el sur, con su risa franca, con su conversación extendida hasta el borde de la medianoche. Y algo parecido a la ternura me recuerda lo que no tuve, lo que no fue nunca mío, lo que estaba ausente para mí y ella me acerca sin pedirme nada. Tan sólo porque sí.

lunes, 23 de febrero de 2009

Mariposa


No se trata de manuales ni tan sólo de textos instructivos en los que debe usarse el infinitivo o cualquier forma de imperativo en registro formal o informal. Se trata de no volver a atrás sobre mi misma ruta para intentar que esta vez la experiencia sea feliz. Yo, que soy fuerte y segura como una piedra, despierto sentimientos de terrible fragilidad. Es que, a veces y sólo a veces, suelo descansar si me ofrecen un hombro y hasta llego a dormirme apoyada sobre él. El asunto reside en cómo llegar hasta esa vez, Mientras tanto vuelo como una mariposa: veloz, en medio de las flores, apurada porque la vida se está acabando y se va, con la infinita tarea de libar todas las flores para siempre esté bello el jardín. Nadie puede seguirme hasta ese instante en que el aleteo se detiene y miro alrededor. En el jardín siempre queda algo por hacer y el día es corto como un soplo feroz. No hace falta instructivo que diga que la mariposa puede morirse si el viento es fuerte, que sus alas se quiebran debajo del granizo, que tanta flor ahoga con su aroma y que sólo hace falta un hombro en que anidar para descansar una vez.

Erizo

A la larga o a la corta los erizos se ovilla y no hay panza para poder rascar.

domingo, 22 de febrero de 2009

Luca

Luca dice que no come vaca porque él no es un perro.
Luca dice que, cuando sea grande, él no quiere ser como Homero Simpson.
Luca canta todo el tiempo "Humo sobre el agua".
Luca camina por el borde del caminito y junta flores color amarillas.
Luca dice que los que se besan se están enamorando.
Luca juega a que es un pez y las sábanas son agua.
Luca dice que los peces no se pescan con redes o con anzuelos sino con caricias.
Luca dice mirá, tía Julieta, cómo nado.
Luca pide que lo alcen porque la arena quema.
Luca dice puta que lo parió y se ríe a carcajadas.
Luca se duerme y sueña desparramado en la cama.
Luca golpea la puerta y grita fuerte primo pablo despertáte.
Luca se va en el fusquita y yo lo veo irse y lloro,
porque estamos lejos,
porque habrá que aguardar otro verano,
y el tiempo es una boca que se devora uno a uno todos estos momentos.

jueves, 19 de febrero de 2009

La gota que rebasa el vaso

Se desborda.
Una gota y otra y otra y el vidrio se quiebra contra el borde afilado.
Alguien trae un trapo y seca.
Pone paños que absorben lo que sobra, lo que rebasa, lo que anega y ahoga y asfixia.
Respiro profundo y miro el calendario.
Demasiados pasos para una sola hora.
Respiro profundo y me quiero dormir.
Pero falta todavía un río torrentoso que me lleva sin que pueda saber qué hay más allá.
Son muchos instantes sumados al pie del amontonamiento.
Ya pasará.
Como todo.
Ya pasará y volverá el tiempo de la mansedumbre.
Vos lo entendés.

martes, 17 de febrero de 2009

Últimas imágenes de un paseo por la felicidad





El primero te lo regalan, pero...


Comunidad Movistar. Cada vez que suene esta frase será beneficiado con un 50% de descuento en su llamada, SMS o la puta que los parió. Yo sólo quiero que le den de baja a un celular que se perdió. Pero la simpática empleada "Señora, no me grite." no tiene la palabra "baja "anotada en el instructivo. Mejor ordenemos el relato.

Llamada 1: 16: 05
Opción 1:
Señorita Movistar 1: ¿En qué puedo ayudarla?
Yo: Mirá, a mi hijo se le perdió el celular y quiero darlo de baja.
Señorita Movistar 1: Bueno, ahora le tomo la denuncia por robo.
Yo: No, robo no. Lo perdimos, no nos lo robaron.
Señorita Movistar 1: Robo, extravío, es lo mismo. (Debería haberme puesto alerta... o avisar a la justicia, siquiera. Para Movistar es lo mismo el afano que la pérdida. ¡Mirá vos!) ¿Número? (¿Para qué me hacés ingresar el número al comienzo si me lo volvés a preguntar?)
Yo: 011 31....
Señorita Movistar 1: Bueno, ya está la suspensión del servicio. (Atención, dijo "suspensión". No dijo "baja")
Yo: (Ilusa, inocente, imbécil) Ah, qué fácil. ¿Ya está, entonces? (¡INGENUA!)
Señorita Movistar 1: Bueno, ahora usted tiene opciones para retener el número...
Yo: (Interrumpo y, sabiendo que no lo vamos a retener, trato de ser amable con la chica) Bueno, vamos a pensarlo y te llamamos.
Señorita Movistar 1: Perfecto, mientras lo deciden, le informo que la línea sigue siendo facturada y que usted debe abonar la factura.
Yo: Pero, oíme, ¿cómo me van a cobrar una línea que acabo de denunciar como extraviada? ¿Qué voy a pagar si no tengo nada? No tengo el teléfono, ¿qué querés que les pague? (Ya se me fue la cordialidad al carajo) Mirá, no es con vos; pero no le voy a dar dinero al señor Movistar por algo que no tengo más.
Señorita Movistar 1: Bueno, en ese caso llame a este número opción 4 y dé la baja de la línea.
Yo: Ok (Corto abruptamente con dos puntos más de presión)

Llamada 2: 16:20
Durante diez minutos llamé a la opción 4 y todas las opciones -como 6- que se abren en abanico desde ella terminan en un contestador telefónico donde te dicen que dejes sentado tu reclamo y que Movistar "podrá" contestar en tres días hábiles. ¡Ojo al piojo! No dice que Movistar te contestará sino que podrá contestarte. Sutil modalización de posibilidad no apta para ignaros. ¿Podrá o no podrá? ¿Quién lo sabe, eh? Ya me estoy sacando y, quienes me conocen, saben que sacada soy como Duro de matar 4.

Llamada 3: 16:30
Opción 1: (¿Qué te creías, Movistar? Yo no como vidrio. Te voy a romper las pelotas en el único lugar donde pusiste una persona a atender el teléfono.)
Señorita Movistar 2: ¿Sí?
Yo: Mirá, acabo de suspender un teléfono y quiero darlo de baja. Pero en la opción 4 me atienden máquinas. ¿Me comunicás con alguien que pueda resolver este asunto?
Señorita Movistar 2: La comunico.
Diez minutos de espera. Misteriosamente se corta. Ups, sí, como vidrio. Ellos son más vivos que yo. Dos puntos más de presión.

Llamada 3: 16:40
Opción 1:
Señorita Movistar 3: ¿Sí?
Yo: Mirá, acabo de suspender un teléfono y quiero darlo de baja. Pero acabo de llamar y me dejaron colgada en la línea. ¿Me comunicás con alguien que pueda resolver este asunto?
Señorita Movistar 3: La comunico.
Señorita Movistar 4: Movistar, buenas tardes. (Buenas serán para vos, tarada. Yo hace 40 minutos que peleo con ustedes. Recuerden que ya tengo 4 puntos más de presión y eso perdona todo)
Yo: Mirá, hace media hora suspendí un teléfono por extravío y me dicen que debo seguir pagándolo así que quiero darlo de baja.
Señorita Movistar 4: ¿Y por qué quiere darlo de baja?
Yo: ¿Podés tomarme la baja y ya?
Señorita Movistar 4: ¿Número?
Yo: (¡La puta que los parió!) 01131...
Señorita Movistar 4: le informo que si desea retener el número...
Yo: (Dos puntos más) No deseo nada. ¿Me podés dar la baja?
Señorita Movistar 4: Señora, no me grite.
Yo: ¡Y cómo hago para no gritarte! ¡Quiero la baja y nada más! ¿Puede ser?
Señorita Movistar 4: Un momento, por favor.
Cinco minutos en espera... ¡Cinco minutos, oh, Dios!
Señorita Movistar 5: Buenas tardes, ¿qué necesita?
Yo: ¿Otra vez? Mirá, quiero dar de baja a un celular. Por favor, ¿podrías dar de baja a un celular? NADA MÁS, ¿entendés?
Señorita Movistar 5: ¿Cuáles son las razones?
Yo: ¿De qué?
Señorita Movistar 5: De su pedido de baja, señora... obvio. (Ah, ¿me boludeás?)
Yo: Mis razones son que le quiero dar de baja. Hoy se me canta darlo de baja. Esas son mis razones. ¿Algún problema?
Señorita Movistar 5: Señora, no me falte el respeto.
Yo: ¿Y ustedes? Hace una hora que me tienen de acá para allá y no me dan lo que yo pido. Quiero la baja porque quiero la baja. No tengo por qué dar razones. ¿O ustedes me pidieron razones cuando compré el celular? Nadie me dijo por qué razones yo adquiría mi celular, ¿qué se les da ahora por saber por qué lo dejo? Lo dejo y ya. Por favor, dame la baja.
Señorita Movistar 5: No me hable mal.
Yo: Dale, dame la baja y no te hablo más.
Señorita Movistar 5: ¿Le informaron que tiene la posibilidad de adquirir un equipo nuevo en cuotas y que se lo mandamos a su casa...?
Yo. Nena, ¿vos no entendés español? QUIERO LA BAJA.
Señorita Movistar 5: Señora, yo debo hacerle todas las preguntas que...
Yo: Me importa tres rabanitos tu protocolo de trabajo. QUIERO QUE ME DES LA BAJA Y LISTO. ¡Tan difícil de entender es esto!
Señorita Movistar 5: ¿El titular?
Yo: ¡Pablo! Atendela.
Pablo: Quiero la baja.
Señorita Movistar 5: ¿DNI?
Pablo: 322... (¡Qué estúpidos! Ahorrabamos un paso y yo les decía el DNI de Pablo)
Señorita Movistar 5: ¿Y por qué querés darlo de baja?
Pablo: Porque quiero darlo de baja.
Señorita Movistar 5: ¿Y cuándo se te perdió?
Pablo: Ma, ¿cuándo se nos perdió?
Yo: (Arranco el teléfono de la mano de Pablo y con 20 puntos más de presión) Mirá, dame la baja y cortemos. No quiero que hables con mi hijo, él estuvo enfermo y...
Señorita Movistar 5: Si estuvo enfermo un celular le va a ser necesario.
Yo: No, un celular no le va a hacer bien. Los celulares no curan (Ay, Dios, qué digo.) Mirá, tengo muchos problemas, no me agregues uno más...
Señorita Movistar 5: Yo se los puedo solucionar con un celular.
Yo: ¡No me podés solucionar nada con un celular! Sólo dale la baja...
Señorita Movistar 5: ¿Le dijeron que también puede comprar en 24 cuotas con tarjeta el chip y usarlo con un celular viejo que usted tenga?
Yo: DAME LA BAJA.
Señorita Movistar 5: Entonces, ¿quiere la baja? (Volvé, Ionesco, esto es para vos.)
Yo: Sí, quiero la baja. LA BAJA; QUIERO LA BAJA.
Señorita Movistar 5: La línea 01131...ya no existe. La doy de baja.
Yo: (Comienzo a sentir culpa por haberle gritado) Mirá, vos no...
Señorita Movistar 5: Tuuu tuuu tuuu tuuu tuuu...

Sí, la muy turra me cortó. Es que ya no formo parte de la Comunidad Movistar.
Son las 16:58 y toca el timbre un alumno para que le enseñe el Poema de Mio Cid.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Dejar en claro

Mamá bailaba
y entre plié y demiplié
se ocupaba de dejar en claro
que no me quería.

Yo escribo
y entre palabra y palabra
me ocupo de dejar en claro
que no me importa.

martes, 3 de febrero de 2009

Presente de indicativo

Hace miles de millones de años que Pablo y yo no estamos juntos vacacionando. Si no me equivoco desde febrero de 2002. Es placentero verlo sumergirse en el mar y volver por unos mates mientras lee a Miguel de Unamuno. A mí se me dio por Flaubert y por Manuel Puig. Anoche cenamos e hicimos una caminata hasta el mar a oscuras. A medianoche el cielo se vino abajo y ahora sale un sol tímido entre una capa de veraniegas nubes grises. No le pido nada a la vida porque, a su manera y en cuentagotas, me va dando lo que necesito. Quiero tener una existencia plácida, lejos de las turbulencias en que mi corazón se ahoga a menudo; quiero vivir así, en presente de indicativo. Quiero que ese presente sea el de la enunciación: que las cosas transcurran mientras las digo y las hago. Afuera de esta casa hay un pájaro saltando entre el césped que todavía debe estar húmedo. Pablo duerme. Yo escribo y tomo mate. Las cosas suceden mientras las digo y no hay ni una historia que observar ni un mañana que resolver. Si tuviera la posibilidad de volver atrás, viviría mi vida con esta sabiduría tan elemental de la que me doy cuenta demasiado tarde. Hay, sin embargo, tanto por hacer aún: por ejemplo, preparar comidas, abrazar seres queridos, leer y escribir, caminar hasta agotarse, tenderse al sol, sumergirse en las aguas, dormirse, despertar. Todavía tengo tiempo de darle a Pablo lo que, tal vez, siempre le faltó: una familia. Me emociona descubrirle una sombra amorosa cuando está con los primos. No supe hacerlo antes, pero tengo la oportunidad de reescribir esa parte de la historia. Nadie borra con el codo lo que escribe con la mano, pero siempre quedan miles de páginas para intentar nuevos textos, nuevos relatos, nuevos pedazos de palabras para completar. Somos muñecos de barro a medio hacer que fraguamos al sol y en cada golpe de calor algo se modifica, algo se cuece, algo se transforma. Nunca estamos del todo hechos y cada vez, otra vez, podemos intentarlo para vivir mejor. La experiencia del último trimestre del 2008 me enseña que hay que ablandarse hasta la liquidez porque sólo lo líquido se escurre entre las grietas y del otro lado las gotas se reúnen y vuelven a formarse. Yo necesito aprender a pasarla bien. Nada más.
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