martes, 30 de septiembre de 2008

Anécdota escolar LXIX: Los griegos son todos vigilantes

(Los alumnos diseñan portadas de periódicos en medio de un cierto tumulto relacionado con la tarea que los divierte)
Alumna 1: (Desde el fondo) ¡Profe! ¡Profe!
Profesora: ¿Qué querés?
Alumna 1: ¿Qué es una acrópolis?
Profesora: ¿Vos tenés historia?
Alumna 1: ¡Ay, profe, si yo soy re-joven...!
Profesora: (Se ríe) No, digo si vos tenés la materia historia...
Alumna 1: Sí.
Profesora: ¿Y no estás viendo Grecia?
Alumna 2: (Grita al lado) Sí, sí.
Profesora: ¿Sabés lo que es la polis?
Alumna 1: Sí, los vigilantes.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Se resquebraja el capital

¿Me quieren decir de qué se asombran todos ustedes? ¿Qué explican una y otra vez? Lo dijo hace 141 años un tal Karl... ¿lo tienen al tipo? Escribió un libro que harían bien en leer. Otra crisis más del capitalismo. Abramos los paraguas. Ya sabemos quiénes terminan pagando los platos rotos en estos casos.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Brothers and sister

¿Habrá sido igual el mundo para ellos? ¿Ese helado de Córdoba cuando teníamos 4, 6 y10 habrá tenido un sabor parecido? Abajo de las toallas de colores, ¿nos habremos secado a la par? ¿Qué seré yo para ellos? ¿Sabrán ellos lo que son para mí? ¿Estará todavía la piedra en la que nos sentamos en Capilla del Monte en el verano de 1969? ¿Los harán felices las mismas cosas que a mí? ¿Se entristecerán a menudo? ¿Pensarán las mismas cosas que pienso yo? ¿Nuestros padres habrán sido semejantes con cada uno de nosotros? ¿Los habremos entendido a la vez? ¿Sentiremos por nuestros respectivos hijos afectos que puedan compararse? ¿Sabrán ellos que son lo más valioso que tengo en este planeta por siempre? Sueño con un día de verano, sobre una hierba verde, a la orilla de un río de montaña y una mesa muy larga con manteles blancos que mueva el viento y todos juntos reunidos en un almuerzo familiar. Yo cocino, canté primero. Ustedes dos siéntense a comer.

Trituración

El tiempo se traga los instantes y los tritura en su enorme vientre combo. No queda nada. Todo se disuelve en la gran caldera de la historia. Hasta la anécdota más intrascendente. Después se siente el corazon hinchado y a punto de estallar. Sigo preguntándome cómo es posible que haya quedado sólo la llanura desierta de tamaña elucubración. Fuera de mí había un reino, pero su rey era transparente y ha dejado ya de existir ahogado en su propia digestión. Los pasos, las rutas y los caminos no han sido siquiera cortados, simplemente se esfumaron del mapa y yo misma los he visto desaparecer. Las geografías mutan como serpientes y cambian de color durante el breve lapso de un sueño. Lo que ayer era, hoy ya no está y nadie levantó, siquiera, la voz. Yo creía haber tenido algo, pero suelo equivocarme en mis intuitivas afirmaciones a las que llamo aseveraciones racionales. Vos no hablás. Nunca lo hacés. No puedo saber qué pensaste esa noche en que extendí los planos y el sendero se estaba borrando ante nuestros ojos atónitos. Creo que yo quise que se me quebrara la voz, pero no lo logré. Vos te levantaste porque se hacía tarde y saliste por un nuevo camino que se iba abriendo mientras lo empezabas a transitar. Alea iacta est, recuerdo que pensé y me dediqué a cerrar los postigos antes de que se declarara la tormenta. Decían que en el sur ya estaba granizando y recordé que mi patio tiene frágiles paredes de vidrio. Igualmente me rodean objetos que me aseguran la inmortalidad. El resto es otra anécdota que el tiempo ha comenzado a devorar.

sábado, 27 de septiembre de 2008

viernes, 26 de septiembre de 2008

La ensalada de berros y el romanticismo inglés

Como casi todos los viernes fui a la verdulería que está enfrente de mi casa y que atienden unas chicas. Tiene verdura fresca, buena y a un precio medianamente razonable. Compré (sí, Dani, obviamente) calabaza, zapallitos, albahaca, berenjenas, alcauciles, espinacas, cebollas, tomates, chauchas, remolachas, lechuga, zanahorias, manzanas, mandarinas, kiwis y frutillas. Casi al salir pregunté: "¿Tenés berro?" Meri me dijo que sí y me anotó un atado. Ahora tengo esos berros en la mesada de mi cocina. Me gusta comerlos en ensalada con aceite de oliva, limón y sal. Mi papá se ponía las hojitas sobre la lengua y hacía pasar el aire bajo la hoja que vibraba haciendo un trino como de pájaro. Nunca pude imitarlo porque de chica no comía berro, pero ahora me parece la más buena de las ensaladas. Tiene aspecto de silvestre, de que estuvo creciendo a orilla de algún río que corre entre montañas, con sus raíces hundidas en la tierra de las riberas. Es trabajosa su limpieza, pero compensa el esfuerzo y la paciencia. Esta noche y mañana me hartaré de ensalada de berro y recordaré ese poema de John Keats titulado "Lugares de verdes estancias hechos para los poetas que dice:
"The ripples seem right glad to reach those cresses,
And cool themselves among the em'rald tresses;
The while they cool themselves, they freshness gives,
And moisture, that the bowery green may live."*

*(Las ondas parecen muy alegres de alcanzar aquellos berros,
y refrescarse entre sus trenzas de esmeralda;
en el instante en que se refrescan, dan su frescor
y humedad para que el frondoso verde pueda vivir.)

Aguas



Fotografío aguas:
sobre las piedras,
entre las luces,
bajando de las alturas,
remansándose en las aceras,
hechas lluvia,
en baldes, tazas, platos, jarras, vasos.
Compulsiva y obsesiva fotografío aguas.
Quietas,
moviéndose,
profundas,
superficiales,
en todos sus estados.
Siempre mojada en las imágenes que atrapo.
Siempre inundada por la frescura de la luz que se ahoga en la liquidez de su instancia.
Siempre las aguas.

Sábado

Todos callamos.
Atrás mío se oyen unos susurros de hilanderas que tejen en el silencio.
Los hilos se desplazan como saetas cruzando el aire.
Yo deseo dormir.
Es tarde ya. Anduve mucho y se me cansaron las rodillas.
Sí, las rodillas y también el pliegue delgado del tobillo.
El agua hierve en la cocina y ellas hablan atrás.
El resto calla, inclusive yo.
Me recuesto en el vidrio de la cocina a ver los borbotones de agua cantando adentro de la pava.
El pan huele a horno sobre la tostadora.
Ellas se ríen mientras el hilo se hace grueso y azul en el huso.
La Bella Durmiente descansó cien años.
¡Quién pudiera!
Y después se despertó fresca como una rosa cuando el príncipe la besó.
Ni marca de la almohada tenía.
El agua se ha hecho vapor y apago el fuego.
Querría que ellas dejaran de hablar para poder dormir en el silencio absoluto de mi casa.
Los cuartos se suceden como estancias de colores brillantes donde vuelan mis hadas y unos ángeles que vinieron desde lejos para arrullarme.
Comienza a hacer calor en Buenos Aires, pero no aún.
Molesta época del año en que una pasa frío o a cierta hora se muere de calor.
No tengo mucho tiempo y quiero dormir.
Mañana la terraza estará llena de sol y mis dos Santa Rita explotan en flores moradas.
Subiré a recostarme en una reposera para leer.
Qué maravillosa puede ser la mañana de un sábado, ¿no es cierto, Alfonsina? Pero yo no esperaré como vos y así seré enormemente feliz.
Puedo pintar pájaros y mariposas en las paredes blancas repletas de plantas.
Mis enredaderas están desbordadas a rabiar y pronto cubrirán todos los muros como siempre lo deseé: Voy a ser la feliz poseedora de una terraza cubierta de enredaderas verdes, cosa que quise tanto como dormir.
Una vez arriba volaba un colibrí verde y cada tanto se llena de mariposas naranjas y amarillas.
Las hilanderas se callan. Ya no tienen nada más que decir.

jueves, 25 de septiembre de 2008

La verdad

En algún momento del día me detengo y miro a mi alrededor. Hay pedazos de estatuas que flotan como si me moviera en una masa gelatinosa y espesa. Hay palabras que quedan colgadas en las cuerdas de mi mente y continúan vibrando como látigos en el aire. Hay sensaciones detenidas en las moléculas dérmicas. Nunca del todo suelta. Nunca del todo libre en la pureza vertiginosa de mi pensamiento que desea alcanzar una lucidez esquiva. Nunca del todo expansiva en la densidad de mi corazón que quiere hacerse escarlata de luces cálidas y mullidas. Nunca del todo etérea en la transparencia de mi alma que ansía regiones que nunca ha visto para morar. Después el mundo rueda y el desasosiego desaparece como un mensaje breve estampado en el hueco de un cuarto para que alguien lo lea. Hablo, escribo, leo, hablo, escribo, leo y las palabras crean un cosmos en el que me sumerjo desde hace siglos para seguir viviendo con una tenacidad que se parece demasiado al empecinamiento. De esa pulsión de muerte que supo transmitirme mi madre desde la oscuridad de la placenta a la pulsión de vida que habitó mis más primitivas células media un abismo y ambas conviven en mí a cada paso. Aunque haya silencio puedo sentir mi agudo deseo de seguir y seguir y seguir como si allá, más allá, tan lejos que jamás puedo verlo, hubiera una verdad aguardándome y un futuro de plena felicidad reservado sólo para mí. En él seguramente estarán mis hermanos, mi padre, la madre que hubiera deseado tener, mi hijo, los hombres que me han querido bien, mis amigos y las palabras estampadas en los muros de la ciudadela que estarán hecha de páginas leídas y de páginas por escribir.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Las horas


Me levanté tan temprano que estaba oscuro. Me duché, tomé mate, controlé mi correo, me hice un licuado de frutillas, yogur y jugo de naranjas y una tostada de pan negro con mermelada de grosellas. Tomé una taza de café. Ya era de día cuando salí a la misma hora en que tres meses atrás todavía era noche cerrada. Me dio alegría caminar a esa hora en que nadie está en la calle y ya hay luz para que las cosas se vean diferentes. Las chicas de la verdulería de enfrente acomodaban mandarinas y tomates y todo parecía fresco. Observar cómo se ha adelantado el sol me deja ver que estoy en una ciudad enorme pero cerca del mismo amanecer de una laguna. El 71 venía vacío y me senté a leer. Cuando vi la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Guarda toqué el timbre para bajar. A veces una rutina puede ser perfecta y salvadora. Siempre lo mismo puede tener su encanto porque permite verificar las diferencias que, de otra forma, pasarían desapercibidas. Sé que he aprendido algo nuevo: las horas son sutilísimos hilos que se enredan en el vuelo del viento para hacer trepar a la cometa de la vida.

martes, 23 de septiembre de 2008

Así

¿Es así como se acaba el mundo?
No con un estallido,
sino así, apagadito,
disolviéndose en una línea de puntos que se esfuma.
Sin abrazos,
sin llantos,
y sin besos;
como si a nadie le importara demasiado,
como si no hubiera otra cosa para seguir diciendo.
¿Es así?
¡Qué poca cosa el mundo resultaba!

lunes, 22 de septiembre de 2008

Hôtel Saint-André, Carcasonne

Cuando termine de ascender esa escalera en enero de 2009, habré alcanzado el cielo de todas mis alegrías y me abrigará la primera y la última luz.

Palabras

Como siempre las palabras me rescatan de la sombra aguda de la pena y a ellas debo la sangre de mi alma. Las que escribieron otros, las que yo escribo. Las palabras. Ellas trazan una ruta hecha de tinta de colores y trazos fuertes, ellas titilan negras en la pantalla, ellas llenan mi boca y mis ojos. Las palabras. Los verbos, los pronombres, los nexos que unen y separan, los sustantivos con su carga de mundo, los adjetivos que juzgan, se emocionan y valoran, los adverbios que ubican lo que no tiene sitio. Las palabras. A ellas les debo el tener vida y la forma de mi alma. Son mi vaso y los líquidos que bebo cada día. Las palabras. No tengo más que ellas. Las tengo desde siempre y para siempre. Mis palabras.

Lo que faltaba

Eso faltaba, pienso. Y como todo neutro (Ego dixi meo amico Danieli) no dice nada más que su neutralidad indiferente. La familiaridad, el abrazo, el corazón de corazón a corazón incandescentes, las pantuflas que cuelgan de la silla, el vos hacé una cosa mientras yo hago otra, lo repentino, la cena improvisada, lo cotidiano, la charla sobre nada, el picnic cotidiano, los recuerdos, las rutinas, los tiempos desacompasados y los que se acompasan, el acompañamiento y las soledades, las risas y las lágrimas, el me voy s sentar a tu lado a escucharte con los ojos del alma, la nada, el todo, la amistad y el amor, la paciencia y la bronca, lo que no soy y lo que soy a cada hora, la entrega y el resguardo, la cuchara clavada en medio de la taza de sopa que queda sucia en la cocina y a nadie importa, el cuchillo con dulce que se chupa, la cama destendida y la cama estirada, los ojos que se entienden, el tiempo que puede fluir vacío porque sabe andar lleno, el servicio, lo que tenemos y todo lo que falta, el deseo de ser en común en ciertos días y las ganas de ser oruga en otros. No era mucho y sin embargo todo lo que faltaba. Los círculos son líneas que se cierran y el que se queda dentro muere atrapado. Yo otra vez esta vez me fui quedando fuera y camino hacia el día siguiente que sabe a día nuevo.

domingo, 21 de septiembre de 2008


Con pasos nuevos me internaré en una antigua Europa medieval. Atrás quedarán las modernas capitales luminosas que no volveré a ver esta vez. París sólo será el punto de partida de un peregrinaje que me retrotraerá mil años hacia atrás: Marseille, Avignon, Conques, Sainte Eulalie d'Olt, Montségur, Montauban, Castres, Cahors, Rocamadour, Cordes du Ciel, Figeac, Aix, Arles, Nîmes, Albi, Carcassone, Toulouse, Burgos, Santiago, San Esteban de Gormaz, Medinacelli, Estela, Santander, Oviedo, Salamanca y los pequeños poblados de ambos lados de los Pirineos donde me hundiré en la nieve en busca de algo que me revele aquella antigua pasión. Las rutas de los cátaros y las herejías aplastadas por los monarcas ambiciosos de tierras, el dulce mediodía de Leonor de Aquitania y su amor cortés que tanto mal nos ha hecho por no saberlo ficcional, los duques de Borgoña, Felipe el intrépido y el bello también. Viaje hacia atrás en el tiempo y en la sangre de mi padre cuando arribe a Jerez.

Derrotas












Después de todas las justas, de todos los torneos y batallas, de todos los caminos recorridos, regreso. El caballo, sudado y ennegrecido por el moho del tiempo, ya conoce la ruta. He sido derrotada varias veces y sólo debo susurrarle al oído "Regresamos"para que él enderece sus cascos. El bosque huele a lluvia y a matanza de humanos. Cae el sol filtrado como orejas de caracoles entre los árboles. En esa encrucijada , todos los acabados nos saludamos y vimos las espaldas alejarse mientras el pecho se desgarraba debajo de corazas. Siempre traen algo de angustia los cuerpos que se vuelven y se disuelven en la distancia para no regresar nunca jamás. La tierra está seca y desnuda, pero ya llegarán los tiempos de la siembra y el horizonte se llenará de trigo. Junto al sendero, en la distante lejanía de las colinas, se divisan las torres de los próximos castillos. Altas columnas circulares con techados violáceos a la luz de la mañana que se levanta mojada de rocío. Azuzo a mi caballo porque ha llegado la hora de empezar a batallar otra vez. El mundo es una colorida cometa que serpentea al viento y se deja llevar. Nada es irremediable ni para siempre y estoy decidida a sobrevivir. Cuento mis cicatrices de a millares y podría con ellas trazar el mapa de mis infortunios, pero prefiero leer allí la superficie de mis aprendizajes. "Otra vez cada vez "es el lema que ondea en mi insignia y queda mucho aún por cabalgar. El sol sabe a seguro y se filtra entre las rendijas de mi armadura vencida que irá disolviéndose en su calor. Al llegar saldrán mis compañeros a recibirme y eso tiene el gusto de la victoria otra vez cada vez. Pese a la amargura de la derrota aún puedo volver a pelear. Nada se pierde irremediablemente mientras las colinas estén verdes y húmedas y haya resto para andar.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Cuando

Cuando transito en mi cabeza,
cuando le explico a mi cerebro,
cuando razono meticulosamente lo que ha sido,
cuando percibo tu silencio,
cuando digo palabras que llenan cada centímetro de grieta,
cuando puedo entenderlo y veo la dimensión de lo que pienso,
cuando relevo huellas y comprendo la ruta por donde he ido transitando,
siento que era esta la única puerta posible para todo;
pero cuando abro mi corazón y escarbo adentro,
cuando siento la pena de tu ausencia,
cuando tu silencio es una daga que me quema,
cuando mi espíritu se anega de tristezas,
cuando recuerdo cada hora,
me torno irracional y desearía que te murieras de una vez para siempre adentro mío
y expulsarte ya de mi pobre universo
y condenarte al odio que no siento
y pisotear mis ojos para no verte nunca
y decirte cada vez que me dejaste sola,
cada vez que fuiste un puerto lejanísimo en medio de todos mis naufragios,
cada vez que tomaste mi piel por territorio y me dejaste hueca de alma,
cada vez que no supiste la altura que requería mi estatura
y gritar que te vayas que no regreses nunca que me dejes llorarte en paz de una sola vez y para todos los días.
Quiero ver la mañana con una taza de té entre las manos.
Sola,
como lo estuve siempre.

El autodenominado bombón francés


Nadie puede decir que somos parecidos; sin embargo, entre mi hermano Pablo y yo corre ese aire fresco de familia que nos hace entrañablemente iguales: las tardes en Palermo con kartings alquilados y globos rojos, los libros robados con poemas de Spinetta, la casa de la calle Plaza con su escalera de madera donde nos disfrazábamos para jugar, aquel altillo de aquella Navidad, la tarta de manzanas y las berenjenas en escabeche en grandes frascos, los dibujos, los textos, la demencia destructora de nuestra madre y su culpa posterior, el sacrificio fantasioso de mi padre que nos ilustró un cuento que jamás existió, las largas proyecciones de cortometrajes checoslovacos en el Museo de Bellas Artes los domingos a la mañana, el Collegium Musicum, el cine Cosmos donde vimos "Crin blanca" y una película polaca donde un tren atravesaba un bosque que cambiaba de nieve a primavera sin cesar, las veces que fui su madre porque no había otra, su terror cuando Mariano estuvo a punto de morir, los hijos que tenemos y los padres que somos, las vacaciones felices en la península de San Pedro muy al sur, los ojos que vieron las mismas cosas con miradas diferentes, la ironía genética que nos permitió sobrevivir al huracán más pequeño del mundo, los títeres, los autitos en la vereda, lo que le debo de ternuras de hermano menor, lo que me debe de contención de hermana menor, la pena, la alegría, las fotos que nos acercan desde la lejanía de un océano, Buenos Aires y Marsella y siempre, pero siempre, el corazón.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Babilonia

Babilonia, la de los jardines colgantes y los vestidos dorados, cuando éramos tan jóvenes que podíamos ser frívolas y superfluas a nuestro pesar. Babilonia, el mercado de Abasto, el chico de la moto y Moni que bailaba con unas medias de encaje blanco mientras yo le prestaba mi regazo para que, a veces, pudiera pensar. Decime, Babilonia, la de la madrugada ardiente de un primero de enero, ¿cuántos años hace ya? Se murieron los Davides y las jugueterías llenas de chiches nuevos. Se murieron los vestidos dorados, la resaca con cocacola en la pizzería Santa María, la gran bestia pop y su amigo, el golpeador anónimo; se murió Raskolnikov y las gitanas de Charlone; se murieron nuestros padres y nuestras madres, mataron a algún hermano que no era y miles de hombres pasaron para partir. Quedaron atrás las Patagonias, las ciudades heladas, los vasos vacíos y las lágrimas, los libros escritos y leídos, las conjugaciones regulares y las que nosotras preferimos, irregulares todas. Babilonia se colgó una noche del cielo y la tiraron abajo en el doble fondo de un horno donde Emily guardaba no sé qué frascos, mientras ella que era yo o tú (curiosa imprecisión pronominal de referencia ocasional) bordaba una colcha rigurosamente medida para no desmayarse de dolor. Peter O. era un músico que observaba estrellas mientras los perros ladraban alrededor. Qué lejos Babilonia, la de los jardines colgantes, los recuerdos colgados y el pasado que no vuelve porque el presente siempre es un poco mejor.

In the road

De nuevo en casa. Todo viaje por el afuera es también un viaje por adentro. El sol, la nieve, los juegos y el ómnibus atravesando el país desde el sur. De nuevo en casa. Algo ha terminado definitivamente. Nunca se recupera lo que se perdió. Siempre es otra cosa distinta. En cuanto se deja algo y se vuelve luego, ya no es igual. Abrí la puerta de mi casa y entré. Y después de once días todo cambió. Cada cosa en su sitio y la luz rauda en la ruta al atardecer tras los árboles raquíticos del Neuquén. He regresado, pero nada es igual. In the road.

Un point. C'est tout

Quise subir este texto el lunes 15 de septiembre, pero la
tecnología se resistió. Por eso lo subo hoy.

Si de signos se trata,
si de signos aparte se trata,
podría dictaminar que hay un signo que poner delante y detrás de todo.
No quiero ver más con el revés de mis párpados.
Lo que pedí y no me fue dado,
lo que intenté y no fue logrado,
lo que desée y se murió,
lo que ya fue atrás muy tiempo atrás tan atrás que es como si áun no hubiera sucedido o no pudiera tan sólo recordarlo,
lo que tenías de único y de mío y se fue disolviendo,
lo que estaba plantado en medio de mi cuerpo y quedó sólo en el rastro perdido de tu aroma.
Será cierto quizá que todo tiene una distancia que atravesar para quedar tan lejos.
Los sueños que son sueños sólo míos,
los futuros que no puedo transitar a tu lado.
Nuevamente he quedado en mi propio camino.
Un point. C'est tout.
Y nada más que terminar la charla que hace un tiempo empezamos así sin más como si cesara de caer otra lluvia y cerráramos el paraguas sacudiéndolo para que no moje más de lo necesario.
Vos te quedaste y yo acá, en la Patagonia, me sumerjo en las aguas.
Un point. C'est tout.
Y nada quedará fuera de su lugar porque nunca lo hubo más inexacto que este que planteaste aquel día de agosto en que, Emma Bovary definitiva con algo de Gautier en cuentagotas, me dediqué a sufrir con tanto ahínco que se abrió a mis pies un abismo que llené con las canciones más tristes y comencé a enterrarte con lágrimas y penas y suspiros que te negaste a oír pero yo las dije una por una mientras cocinaba las uvas amargas de la desdicha que no eran de mi cosecha sino tuya, todita tuya esta vez y para siempre.
Un punto, eso es todo y todo es eso, un punto. Un punto sobre lo que alguna vez supe darte en presillas y finísimos encajes de algodón y de seda. Un punto sobre lo que te anticipé en ternuras y alegrías.
Un punto y ya, que eso es todo, mi vida.
Y a beber una copa de vino que hemos sido buena gente los dos para los dos. Lejos de cualquier agonía, lejos de cualquier desdicha, lejos de toda tormenta de pasiones porque nunca las hubo terminales y no supiste encontrar las rutas que te estaban reservadas. Porque te quise mucho y bien, como no he querido a nadie antes; pero puedo estar sin vos tan solitaria, porque quiero de a dos aunque sea cada cual en su sitio. No existen relaciones sin sueños de futuros ni aquellas en que el futuro es tan sólo un punto.
Nada más: que ahora vivirás en Llerena y, ya sabés, esa es una calle que yo no voy jamás a transitar. Atávicos presentimientos que no alcanzo a explicarme y a los que presto atención cada vez que la vida me enfrenta en esta disyuntiva.
Ya lo he resuelto: un point et c'est tout.
Afuera ya ha empezado a amanecer y tengo tanto que hacer por aún.
Tanto tantísimo de tanto que no me alcanza todo el tiempo.
Querido mío: un point, c'est tout que es lo mismo que decir ya o basta.

martes, 16 de septiembre de 2008

Madre e hija

Entre los pedazos de vida que se estrellan, mi madre llora. Yo la oigo y me pongo también a llorar

Bariloche bajo la nieve. Cuarta temporada. Episodio 8

Después de cenar, Ale entra a mi cuarto para que nos ríamos. Él viene a hacerlo conmigo. Me cuenta historias, como esa, magnífica, del día en que se le salió la mandíbula de lugar y se quedó esperando hasta que volviera el padre con la boca abierta porque no lo había podido entender cuando él, por teléfono, intentaba explicarle qué le había sucedido al bostezar. Después que nos reímos hasta llorar, se va y yo me pongo a leer. Sé que mi cuota de carcajadas tiene otra fecha para acreditar mañana. Si la vida fuera así de simple y de liviana yo podría vivir mucho mejor.

Migración


Pasan miles de hordas y la tierra queda plana de ternuras. Ni los pobres herbajos que solían consolarnos con sus tallos flexibles. No tengo calma ni remansos donde el agua vuelva como una sombra a perfumar el aire cristalino. Pasan los guerreros con sus corceles ensangrentados y arrasan los poblados con sus teas en los techos de finas maderas negras. Las pobres niñas se amontonan en el fondo oscuro de las chozas, pero no queda nada. Hasta ellas sucumben a los efectos hechizadores de la desdicha. Nada me pertenece de estas tierras humeantes. Nada me queda de lo que antes eran ciudadelas de barro sobre verdes colinas. No hay sino pedazos de bestias vueltas carroña para los buitres desplumados. Deambulo una y otra vez por los mismos sitios desolados donde esperan los brotes de una lejanísima primavera. Los lobos aúllan en las laderas nevadas de las montañas donde el aire gris se vuelve azul y melancólico. Ambiciono otros reinos -los que jamás alcancé a poseer, los que no tienen dueño- y cargo una valija de secretos con los mapas que me conducen hacia ese sitio que siempre está alejado y más allá de todo recorrido. Debo partir: de mi tierra ya no ha quedado nada y, como siempre, me he vuelto forastera.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Decisiones

Parcelas de tierra sin cultivar y dados de vidrio que vuelan por el aire sin caer jamás. No he pensado demasiado y, sin embargo, todo se torna claro en medio del frío y el sol que me bordean. Ya no espero que caiga la tormenta. Una escalera sube, lenta, hacia un cielo azul, tanto que parece de piedra. No hay mucho para decir, sólo algunas palabras. Tengo una larga ruta por delante: una maleta para construir un sueño, ciervos pequeños de juguete y cerámicas de vidrio ,entre risas que se me caen a los costados. Se me hace imposible construir la realidad que ambiciono, pero no quiero entregarme a la resignación. Sedas bordadas con paciencia de madre buena, perfumes a lavanda en las mañanas que se mezclan con el pan tostado y las naranjas, alguna cena y la valija que me lleva lejos se van llenando. Puedo aceptar tan sólo los términos de un contrato que me haga sentir bien y este tiene bastantes letras pequeñas que no alcanzo a distinguir. No hay tamaña felicidad que no quepa en el hueco de la mano y se derrame entre los dedos apenas separados para que creamos que nunca estuvo aquí.

sábado, 13 de septiembre de 2008

División

¿Por qué será que cuando los blancos, los que siempre tuvieron todo y no desean perder ni un gramo de lo que dicen que les pertenece, gobiernan para ellos cargándose a más de las tres cuartas partes de la población que es indígena o negra o simplemente pobre de pobreza milenaria, nadie va por ahí diciendo que no gobiernan para todos ni que dividen; pero basta con que aparezca uno solo que se ocupe durante un rato, un mísero rato, de las necesidades de la enorme masa indigente para que se alcen las voces que tronan y rugen y escupen hablando de pueblicidio, de guerra civil, de sangre de hermanos derramadas por las calles? ¿Será que la que se derrama en las minas, en los hospitales sin insumos, en los ranchos plagados de vinchucas, en el agua que no es potable, en las escuelas que se cierran siempre es menos sangre que la otra? ¿Será que nos dividen cuando alguien desde el norte empieza a pensar que estos sudacas ya basta de tanta justicia social (que ni a cuento ha empezado, por otra parte) y que es hora, otra vez, de que se abran las venas de América Latina para que vuelva a manar el gas, el oro, el petróleo, los granos a costo sangre, mucha sangre que a nadie importa porque no es blanca, no tiene dividendos y encima está subalimentada y sólo sirve para mano de obra barata, muy barata? ¿Será que ya debe tronar el escarmiento para los cholos porque piensan lento y peligroso y sólo tienen derechos los que piensan de la misma manera (quiero decir derecha)? ¿Será que esto nunca cambia y el mundo se disfraza de a momentos para seguir igual o peor a la última versión del desconsuelo? ¿Será que tengo bronca y una tristeza que me llena las venas por donde corre mi sangre que era de raíces europeas, pero vio luz aquí, en la ancha desmesura desahuciada de esta América?

Bariloche bajo la nieve. Cuarta temporada. Episodio 7

Nada tan azul, tan claramente azul, tan serenamente azul. Perfecto y a la distancia como deberían ser siempre las cosas para que sean perfectas. Anoche cuando brindamos pensé en mi hijo, pensé en mis hermanos y en Cecilia y supe entonces que todo es azul y perfecto a la distancia, que los años se amontonan en fragmentos que una va pegando como puede, que hay afectos que quedan y hay peleas que se libran y se ganan, que la vida siempre coloca puertos donde amainan las tormentas por inclementes que sean y que el azul es un vidrio mojado por la lluvia que se derrite entibiado.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Dificultades

Uno despega la hoja por los bordes donde otros la pegaron. Se encuentra con un papel de plata que cubre todo y tiene un claro recorrido de plegado. Primero un lado, luego el otro y, finalmente, los laterales. En el mientras tanto, la boca se llena de deseo y de saliva, se entorpecen los dedos, el hambre arrecia y apura lo inapurable, lo que requiere tiempo de despegado y desplegado. Los ojos miran para otro lado como si la conciencia que trepa hacia el cerebro no quisiera hacerse cargo ya de la ansiedad de la materia. Fútil disquisición que nada gana: ¿debo continuar o detenerme en este preciso instante? ¿Vale seguir hacia la nada que yace debajo de papeles plateados, que sólo es un momento de placer y más allá el vacío de lo que ya terminó de ser, efímero y desnudo? Entre el pulgar y el índice se apelotona la duda como una bola de fuego que arde y quema las neuronas una a una. Ellas están hechas para la progresión lógica que todo lo resuelve o aparenta. Pulgar e índice mancomunados, glándulas salivales, ojos abiertos y el papel desplegado. Chocolate o afectos, da igual. Cuesta lo mismo resolver qué vale la pena: si tanto esfuerzo tiene sus frutos o mejor atosigarse con almendras y naranjas en el siguiente kiosco de la próxima esquina.

Otra visita virtual


Todos esos silencios eran iguales a otros silencios anteriores y entonces comencé a pensar que ya era hora, lejos de la tragedia del abismo porque para qué estar cuando no se necesita la demora ni se desea la espera. Una lisa medianía en torno a los muros de la ciudadela que conquistaron antaño otros condes en medio del frío del invierno. Y yo miraba a ambos lados de la torre donde se cocinaban los caldos y los guisos y alguien asaba un pastel de faisán cazado hacía pocas horas en medio de la bruma de septiembre en un bosque de hojas oscuras y fogatas dormidas. ¿Para qué estamos acá?, me dije, si no hay ni enemigo o amigo a la vista y ninguna lanza lleva mi insigna prendida como un pañuelo en medio de la brisa. El foso era una boca ancha que iba abriéndose con el correr de los días y de un lado y otro de los muros las lizas eran tierras yermas donde nadie sembraba porque no era el sitio indicado para la fertilización sino espacio defensivos que no supimos transitar para allanarlos. Ni vos ni yo tenemos ya recuerdos. La memoria se circunscribe a escasos episodios en la nieve de enero, inexistente en nuestros hemisferios. Ha sido todo bueno, una cuestión de pretéritos perfectos. Podrán decir que emigro, es cierto. Pero mi alma está en continuo movimiento. En las torres de la ciudadela agito mis insignias: azules como lavandas en medio de la bruma de los bosques matinales. Soplan humaredas en medio de las ramas. Los ejércitos se retiran. Ha sido un torneo encantador, pero no ha sido este. Buenos días y hasta más verse.

Bariloche bajo la nieve. Cuarta temporada. Episodio 6


¡Feliz cumple, Flor!
Que pases uno de los mejores cumpleaños de tu vida.

Bariloche bajo la nieve. Cuarta temporada. Episodio 5


Yo les había dicho que tratar de esquiar en veinte minutos es un sueño imposible, casi tanto como leer el Martín Fierro en un día. Estábamos allá arriba, eran las dos de la tarde. El instructor era un español que gritaba: "¡Pero no me entendéis!" No, no te entienden. Que relajen el cuerpo, que se esquía con los pies y no con el torso. "Pero, relájate, chaval, que lo que pones en los brazos se te quita de las piernas." Y el pibe agarrado a los bastones como a un salvavidas en pleno hundimiento del Titanic. El español les grita y a los chicos se les agarrota la espalda mientras de las piernas sobre los esquíes ni noticia. Al lado, nenes que aprendieron a caminar la semana pasada bajan raudamente agregándoles un par de kilos a las espaldas que parecen flotar en el aire porque de las piernas del español ni noticias. Yo, del otro lado de la pista, me acomodé para mirar. El sol da de lleno sobre mí; estoy, por ahora, sola y sopla un airecito frío que mitiga el calor sobre la nieve que tiene un grosor de casi cinco metros y si caminás de hundís hasta la cadera. La montaña es todo silencio interrumpido apenas por los gritos de los chicos. En media hora los tengo alrededor protestando contra el esquí. Como siempre se creyeron que era soplar y hacer botellas. El español sigue gritando que nadie lo entiende. No, chaval, nadie te entiende ni a mí que hace cinco años que vengo diciéndoles las mismas cosas.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Bariloche bajo la nieve. Cuarta temporada. Episodio 4




10 de septiembre de 2008
Base del cerro López.
Bariloche.

Bariloche bajo la nieve. Cuarta temporada. Episodio 3

Corre el agua en la base del cerro López y hay un sol brillante en medio de un cielo azul apenas moteado de nubes blancas. El aire es limpio junto al sendero que se abre como una picada para subir hacia la cima donde debe todavía estar aquel refugio donde hace ya más de veinte años mis dos hermanos y yo hicimos aquel pernocte. Me recuerdo hundida en la nieve hasta la cintura y muriéndome de risa y de tristeza por partes equivalentes. Pablo tenía unos pelos lacios y castaños que se le volvían rubios y enrulados en las puntas y Mariano era un atrás silencioso que tocaba la guitarra al sol. Fuimos felices aquel verano que fue nuestro último verano juntos en el sur. siempre lo digo pero la Patagonia me trae un aire de familia que me fortalece, que me limpia como el agua que brota desde la cima y baja veloz barriendo todo, cristalina y fresca como las últimas vacaciones que tuvimos para la alegría y la felicidad de los tres. Ahora ellos dos están lejos, a miles de kilómetros, siempre después de aguas que hay que sortear para alcanzarlos; pero yo siempre los tengo conmigo y los busco como si fueran para mí la imagen de la familia que deseo y extraño, los mediodías de mesas extensas que no tuve, los cumpleños con los miles de chicos que no tenemos, las pastas con tuco y los manteles blancos, los sábados de globos y de kartiongs en Saavedra, el cerro López que sigue allí como si estuviera esperándonos para otro pernocte.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Bariloche bajo la nieve. Cuarta temporada. Episodio 2



Suena Jijiji y se desata. A mí se me da por el pensamiento. Y pienso, como siempre, en Grecia. Y adviene a mi mente el furor dionisíaco al ver a los adolescentes enfurecerse con el sonido de Los Redondos. En medio del tumulto arman rondas con la superficie circular vacía que alguno cruza en un alarde de coraje individual, como si debiera mostrar al grupo cuán valeroso es en su desafío al transgredir el espacio perfecto como todo lo que está para ser llenado. Y de repente ante una orden que nadie da, todos se lanzan al centro para chocar sus cuerpos unos contra otros en un ritual que me hace pensar en sátiros y bacantes en las verdes colinas del Peloponeso. Pero mientras aquellos buscaban la posesión divina, el contacto con el dios que había sido despedazado y vuelto a la vida (mi pensamiento ahora se dispara para aquel medio fraile que por el camino de la tensión corporal -que si no hacen estos chicos alcoholizándose- buscaba desprenderse del lastre que era su carne para hallar en su vuelo lo que su alma tenía de sagrado), estos chicos buscan una satisfacción inmediata que los exalta, que los estremece. Hay sudor, gritos, risas y no puedo dejar de imaginar qué poca cosa ha de resultar para ellos un libro que requiere silencio, concentración, esfuerzo por conquistar un sentido siempre esquivo que no da gozos inmediatos y completos. Pienso que no tengo ninguna chance porque yo les marco un camino que posee meandros, sitios para demorarse en el contacto con uno mismo. Nada más solitario y aislado que la imagen de una persona que lee, encerrada en un universo en el que sólo caben él y su texto. Aquí todo es hacia afuera, roce superficial con los otros cuerpos, nada que perdure demasiado, nada que los conecte de verdad con nadie, sólo puro estremecimiento de superficies y furores sin ninguna trascendencia posterior. Ninguna senda que lleve hacia ningún sitio que yo pueda, al menos, reconocer. Creo que yo permanezco aún inmersa en los relatos de la modernidad en los que el esfuerzo y la superación intelectual eran la senda mística para alcanzar la meta del progreso individual y social. ¡Qué lejos he quedado de estos chicos que viven en un eterno carpe diem de piezas inconexas no porque lo sean sino porque nadie siente la necesidad de darle una coherencia intelectiva! Yo miro desde la orilla cuando antes estaba sumergida en la corriente de las aguas y cada tanto solía emerger. Ahora ellos duermen y yo escribo. ¿Quién será más feliz?

Bariloche bajo la nieve. Cuarta temporada. Episodio 1


Hemos llegado.
Bienvenidos a la Patagonia argentina.
Este año: mucha nieve, mucho sol y un frío soportable.
Cuánta tierra vacía hay por aquí...

domingo, 7 de septiembre de 2008

Parque Chas según rep


Ahora entendí por qué se me da por esta manía obsesiva por el orden.
¿Dónde iba a vivir yo si no era en Parque Chas donde la calle Bauness se cruza dos veces consigo misma?

sábado, 6 de septiembre de 2008

Sal de frutas

Lo que no termino de resolver me pesa en el estómago como una cena demasiado grasosa y me oprime las sienes. ¿Por qué no busco un alka selzer y ya?

miércoles, 3 de septiembre de 2008

A ver si entendés de una buena vez...

Todos los caminos conducen a Roma o a Burzaco que es otra Roma del conurbano.
Hace frío o fresco. No da ya para corpiño calado.
Sin embargo no llueve sobre mojado.
Quiero dormir y que nadie me hable más.
Tantas palabras.
Tantas tantísimas palabras.
¿Y atrás?
Atrás el melodrama de la siesta.
¿Para qué ver televisión si lo tenemos en vivo y en directo?
Más vale pájaro debajo del colchón que gavilán pollero, dice el gallo Claudio.
¿Alguien más va a llamar para que corra a sacar otras papas del fuego?
Me recuesto al sol y, rayos, amaneció nublado.
De tanto ir a la fuente se me rajó el cántaro y me muero de sed.
Cuando lo piense
Cuando lo diga
Cuando lo escuchen
se habrá acabado todo y bajará el telón.
A veces me desconozco detrás de tantas máscaras.
En casa de herrero mejor quedarse silencioso
porque al que madruga Dios no le dice ni esta boca es mía.
Dicen que yo comía sandwiches de calditos Knorr mientras hablaba por teléfono. Debe haber sido eso, sin duda. Se amontonaron gránulos en mis glóbulos. Las palabras lindas siempre son esdrújulas.
Pero sobre gustos todo está por verse, decía la vieja y me obligaba a comer polenta diez horas sentada frente al mismo plato. y no me mandaba a Siberia porque eso eran patrañas de los que odiaban al socialismo ruso.
Yo, mientras tanto, festejaba sola los dos años en Mendoza y los tres yendo sola a la farmacia a que me pusieran una inyección. El farmacéutico me acompañaba hasta la puerta de su negocio. gesto que apreciaré de por vida porque el cariño con sangre entra.
A rey muerto, funerales de proporciones desmesuradas y reina en cancha de bochas.
No voy a ir a Versalles. ¿O sí? Yo no soy María Antonieta y a Luis XVI lo estrangularon en Varennes cuando quiso dar una propina. Imbécil rey tacaño que sólo tenía un Luis. Porque el que a Luis mata, a Luis muere.
¿La cazás?
Si no andá que te cure Lola que está haciendo un curso de enfermería en el Argerich.
Que te garúe finito que si no es tormenta.
Andá por la sombra que siempre está en la vereda de enfrente por si no la ves.
Me harté de tanta ceremonia propia y ajena, creo. Siempre creo o pienso o siento. ahí hay una pequeña confusión mayor. Oxímoron, dice mamá gansa en su rima número veintidós y se va con la oca a jugar toda la tarde. Dichosas ellas, yo tengo que corregir.


martes, 2 de septiembre de 2008

El hombre que lee



Colectivo 111, seis de la tarde, voy sentada en el asiento de atrás. Acabo de tener terapia y la cabeza se me mueve un poco de lugar. En Palermo sube un señor, sesenta años, mochila a la espalda que apoya en el piso y manos de obrero de la construcción. Tiene la piel del rostro curtida por el aire y la espalda ancha y vencida. Se apoya contra el caño de la puerta para descender e inclina el cuerpo para abrir su bolso que quedó entre sus pies. Saca un librito rectangular de tapa lustrosa que ilustra una imagen del foro romano. Cierra el cierre y se vuelve a erguir. Abre su libro que se titula Roma y acaricia la imagen de unos vasos votivos y la archifamosa de la Loba Capitolina. El hombre lee sobre una lejana ciudad, que quizá jamás llegue a conocer, lee con dedicación amorosa, sujetándose como puede para no caer, lee pacientemente y pasa sus dedos curtidos sobre las imágenes de sitios fantasmagóricos donde otros viven y vivieron hace miles de años, lee sobre un imperio que le dio forma al mundo y sobre un mar que hizo la historia, lee sobre el sueño incommensurable de un poder. El 111 frena y él debe cerrar su libro para no caer. Siento tanta ternura que le cedo el asiento para que pueda leer sumergido en esa abstracción que siempre hace de alguien un buen lector. Me agradece asombrado y yo no lo vuelvo a mirar. No deseo perturbar su intimidad.

lunes, 1 de septiembre de 2008

La muñeca que es un hada con corona de princesa

























Maïa ya sabe que voy a su casa a festejar el Año Nuevo y tomó nota de que no debe preguntar todos los días cuánto falta para que pase la Navidad. Ella sólo desea saber ahora a qué hora voy a llegar. Hoy, a exactos 114 días de esa hora, yo le compré su primer regalo para un mundo infantil que imagino repleto de hadas y princesas. Así que, caminando por la avenida Cabildo, en un lugar de ensueño, encontré esta hada que lleva una corona de princesa y huele a lavandas azules. Maïa, en estos 114 días que yo cuento con precisión de obsesiva, voy a ir por estas calles buscándote tesoros de esta ciudad en la que alguna vez estarás y cuando ponga mi pie en Marsella, en esa hora, que las dos empezamos a querer que llegue ya, voy a darte uno por uno lo que he conseguido para vos en todas mis travesías, como la tía que viene de muy lejos, a la que nunca viste, pero ya conocés. Hasta esa hora que sólo vos y yo sabemos cuándo llegará.

El eterno retorno


Llegó septiembre otra vez
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