lunes, 28 de abril de 2008

El baño de Julio


Y conste que no me gusta el color gris con que pintaste las paredes

Hace tres meses que él hace su baño. Hace cuatro que habla de su baño. Dura como la gestación de un hijo, pero es sólo un baño: ya tuvo paredes de vidrio y juncos que se diluyeron cuando una carpintera gorda y taxativa dijo que eran imposibles, tuvo monocomandos, policomandos, colores diferentes, vidrios superpuestos, albañiles sucesivos y simultáneos, plomeros de mirada distinta. Y es sólo un baño que alberga en su construcción toallas blancas con vivos de colores enrolladas entre maderas, que estrena estantes que no llegan a hacerse cambiados en la marcha por otras repisas que pronto mutarán en otra cosa. Es sólo un baño: síntesis del tiempo que fluye hacia la eternidad inamovible de los días que se van devorando como fieras su inédita cola de segundos.

Amanecer


Allá lejos estaba amaneciendo
y la sangre pulsaba las fibras de mi cuerpo
hecho jirones de antiguas cosas.
Eran labios de arena,
perdidos en el agua de los tiempos,
en el ronco rodar de los tambores.
Después lloré.
Me era absoluto y necesario
y querías hablar:
ponerle palabras a mi agonía para que se hiciera delgada y transparente.
Yo me miré entonces al espejo
y mis pupilas pasaban del otro lado de mi carne, me agujereaban el espesor de la piel
y taladraban cada uno de los instantes en que quise quedarme.
Después el sol subió
y con él mi silencio entre las sábanas, dormido, se hizo ovillo de cristales
y el cielo se tiñó de aguas azules
y quise irme permaneciendo inmóvil en mi único sitio,
a miles de kilómetros de mis reinos de porcelana blanca.
Lo supe entonces.
Lo digo ahora.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos
y no sabemos todavía quiénes seremos :
si el papel de plata que arroja la niña en la chocolatería,
si el chocolate que se moja en la boca,
si la niña que tritura el chocolate,
si la moneda que quedó en la mano espesa del chocolatinero.

viernes, 25 de abril de 2008

Adolescer en el 133

Iban sentadas una junta a otra. Tenían la misma edad aproximada: no más de dieciséis. La del lado de la ventana abrió su mochila rosa con estrellitas apoyada sobre una carpeta celeste con tres mariposas de brillantina. La otra acomodó su MP3 arriba de una mochila negra con tachas y pins de colores con caras de manga japonés. La de la ventana con unos dedos largos de uñas cuidadas y esmaltadas y repletos de anillos sacó un espejito. La otra se mordió las puntas de unos dedos en los que ya ni uñas habían quedado. La primera sacó un labial de pincelito y mirándose en el espejo se aplicó brillo sobre unos labios abultados. Se retocó el pelo sujeto con una flor de tela fucsia y una cinta de cuerina del mismo color que fingía un moño que le caía sobre la frente. Después se acomodó un par de aros que colgaban cinco centímetros del lóbulo y guardó el espejito. La otra, pálida y con una gruesa línea de rimmel en el párpado inferior, mordisqueó el aro que le atravesaba el labio y se acomodó el flequillo renegrido que le nacía en una raya casi sobre la oreja izquierda y moría, cubriendo la línea de los ojos, en la oreja derecha. La primera se estiró la remera roja de pronunciado escote y el saco marrón ajustado a la cintura pequeña que se abría hacia una generosa cadera. Se puso de pie con unos jeans que tenían bordados una corona dorada en el bolsillo trasero y pasó taconeando. La otra le hizo lugar para que pasara y se puso de pie tras ella: desgarbada, siete kilos menos, una remera negra suelta con inscripciones rojas, pantalones finitos y unas all stars negrísimas. Bajaron una tras otra por la puerta delantera en compartida trasgresión de las reglas y caminaron por Olazábal sin mirarse hacia una escuela.
Yo me quedé con la vista clavada en el asiento vacío mientras pensaba en ese maremoto llamado adolescencia que precisa de tantos signos exteriores que lo contengan. Pensé en mis dieciséis que no fueron ni siquiera dulces: pensé en 1976 y en los amigos que no están.
-¿Se sienta?-preguntó una señora.
-¿Yo? ¡No, ni loca!- No fuera a ser que volvieran a mí los manes de esa época terrible.

jueves, 24 de abril de 2008

Nuestra Señora de la Guardia



El 71 toma la Panamericana. Deja atrás la parada de Laprida y empieza un ascenso que me permite ver Florida desde cierta altura antes de que baje a hundirse en la salida de la calle Melo. He tomado por costumbre para tocar el timbre esperar a ver la torre de Nuestra Señora de la Guardia, porque, de repente, entre unos árboles, surge, en medio de los techos bajos del barrio, la torre como un dedo que señala el cielo, que marca el punto en un amanecer que comienza a levantarse. Entonces oprimo el timbre, después el colectivo va bajando y ya no puedo ver más que las copas de unos palos borrachos llenos de flores fucsias entre los que me sumerjo. La torre desaparece y ya no puedo distinguirla. Así habrá sido, pienso, cuando las catedrales eran una marca que se clavaba en el cielo y el caminante de las rutas medievales iba de pueblo en pueblo viéndolas. Pienso en mi hermano que allá, en Marsella, tiene su propia Notre Dame de la Garde. De una a otra iremos ambos, como peregrinos de nuestros propios recuerdos, viendo sus agujas finitas marcándonos el cielo azul, los lapachos rosados, el color turquesa de las aguas, los barrios. El 71 para en el fondo de la Panamericana y debo ascender una cuesta de cemento hasta ponerme nuevamente a la altura de la calle, bordeo la quinta Trabuco con sus paraísos amarillos de diciembre y por Melo llego a la escuela. Es otro día. Otro más tan sólo y entro.

lunes, 21 de abril de 2008

Margaritas blancas



















El sábado compré un cuaderno Rivadavia de tapa dura de esos que llevábamos a la escuela, pero de doscientas páginas. Además traje un papel azul con margaritas blancas de centro amarillo, como las verdaderas margaritas y no esas de todos los colores y tamaños imposibles que nos quieren hacer llevar en los puestos callejeros de flores. También compré unas lapiceras negras -mi único color de tinta- y unas letras azules autoadhesivas para formar mi nombre en la tapa. Lo forré como cuando tenía diez y lo cubrí con un plástico transparente para protegerlo. Después lo miré varias veces y me gustó mi cuaderno de margaritas. Entonces abrí la primer página con la emoción que solía tener en la escuela cuando empezaba un cuaderno nuevo y anoté la dirección de ese lugar en el 5me quartier al que iré porque quiero mi hotel del Barrio Latino donde el señor de enfrente de la rue Moufetard tomaba vino a la luz de una lámpara verde. Puse la calle, el teléfono y su sitio de Internet. Abajo, con letra prolija empecé a copiar los datos de los museos que quiero ver, con sus horarios y tarifas. Cuando terminé, lo cerré y alisé su tapa. El cuaderno de margaritas verdaderas es mi libro de viaje, la memoria que iré construyendo para consultar, es el revés detallado del mapa que he empezado a recorrer. Y está nuevo y con doscientas páginas. No me apuro. No vaya a ser cosa que las llene de un tirón.

Adversativos

Se han diluido los fermentos, ese lodo amoroso en el que crecen las especies exóticas capaces de trepar a los cielos. Ahora arden los pastizales en el silencio pegajoso y nos excusamos por no saber responder las cuestiones de último momento. Sin embargo, pero, no obstante son de matiz adversativo y coronan los días en cada uno de nuestros reinos. Tengo cartografías de recuerdos que despiertan al roce de las pieles y un perfume que crece en los pliegues ocultos de la almohada. Después llega la noche y la voz es metálica en el zumbido imbécil del teléfono. No hay nada más que esto y los adversativos que se montan en todo verbo para desmerecerlo. Yo tengo los ojos mirando hacia lo venidero ; pero alguien dirá que ya está todo dicho y llegarán los adversativos para plantear lo contrapuesto, lo que podría ser y termina no siendo. De nexos se hace el día y va creciendo.

domingo, 20 de abril de 2008

Mapas

Hoy estuve imprimiendo unos mapas. De a pedacitos y pegando entre sí los fragmentos para hacer el gran mapa que colgué en la pared. Después me detuve a mirar lo que había hecho. Ahí en ese pedazo de papel estaban cuarenta y cinco días futuros de mi vida. Ese papel era la representación de los caminos que mis pies iban a transitar, era la comida que yo iba a comer, las camas en las que iba a dormir, los sitios que me iban a inundar las retinas. Ese mapa lleno de rutas y ciudades, que desde Francia a Grecia, despertaban en mí recuerdos que todavía no puedo tener y que han ingresado en mi conciencia por otras vías que no son las de la experiencia inmediata. Pasé mis dedos por Avignon y pensé en el Papado (y en el puente de la canción infantil), rocé apenas San Esteban De Gormaz y Medinaceli y oí a los juglares de Menéndez Pidal, me demoré en Tesalónica, en Cnosos, en Esparta y en el cielo violeta de la Acrópolis y pensé qué cosas nuevas sentiré en ese preciso instante cuando mis ojos vean lo que mi cerebro y mi corazón conocen ya. Sé que la felicidad no es algo que los dioses permitan a los hombres, aunque esta vez hagan conmigo una excepción

sábado, 19 de abril de 2008

Anécdota escolar L: Mea culpa

La profesora viene concentrada en sus pensamientos por el pasillo y, a lo lejos, el aula, situada en un nivel superior, parece un ejambre de alumnos. La profesora entra y apoya sus cosas en la silla de espaldas al curso que es un murmullo con alguna que otra voz que sobresale.
Profesora: (Sin mirarlos) ¡A ver si se sientan! No me gusta que caminen por el aula. (Eleva sensiblemente el tono de voz) ¡SE SIENTAN!
Se hace un silencio absoluto y profundo, entonces la profesora gira y mira al curso que estuvo sentado desde que ella entró.
Alumna 1: Pero, Juli, estábamos sentados...
Profesora: Bueno, entonces... eh...eh... entonces ¡SE CALLAN! (carcajadas generales)

A mon seul désir







A mon seul désir... me dice ella desde la penumbrosa sala en que descansa desde hace siglos. Y yo, que ya lloré sola en medio de esa luz irreal que la rodea, iré a su reencuentro, bordeada de colores azules y rojizos. Ellas me esperan. La dame et la licorne están allí y saben que yo vuelvo para sentarme otra vez en ese banco, en la oscuridad con que la sala protege la perdurabilidad de sus colores para decirme, con la voz clara de las alegorías medievales, que los sentidos son la puerta por la que entran todos los deseos. Ella me dice que el deseo puebla los corazones de animales fantásticos, que el unicornio es una bestia etérea que apoya las patas en su falda y su cuerno es de suave marfil en la yema profunda de su tacto. Ella me dice que el deseo acerca los mundos familiares y los conejos, los perros, los pájaros se posan en los hombros y duermen con la templaza de una vida buena. Yo sé que, en las termas de Clunny, después de andar por jardines perfectos, de ver vitrinas con peines, con cofres, con rosas de oro, ella me aguarda arriba, en ese cuarto en que pende en tapices de gruesos hilos, para decirme "á mon désir" y volveré a llorar con la emoción con que mi alma reconoce la belleza y el pasado que consiguieron los hombres.

jueves, 17 de abril de 2008

Rajemos que se quema todo


Salí a las 6 y 30 de casa y se veía esto, es decir, no se veía un pomo. ¿Niebla? No, vulgar e irritante humo. Sí, humo. El sol subía por la Panamericana, naranja y encendido, detrás de una densa capa de HUMO. Hace tres días que alguien quema algo en las islas del Tigre y el humo llega a la ciudad, dicen. Y una tose, se le irritan los ojos y la garganta, hay olor a quemado por todas partes y cuando cae la noche parece Londres en plena temporada neblinosa. Cierran las rutas porque ya varios se reventaron cuando sólo se distinguía a cien metros, no salen micros ni aviones y en el patio de la escuela los chicos se frotaban los párpados. ¿Alguien quema algo en el Delta? ¿Qué encendieron, muchachos, que la humareda tapó a la ciudad? Es raro todo, sumamente raro. Yo creo que empezamos a arder en nuestras propias desdichas y todavía ni nos dimos cuenta. Pero ya llega y no va a haber cuerpo de bomberos que nos salve. Seguro le redujeron el presupuesto.

miércoles, 16 de abril de 2008

Incoherencias


Para Romina que ya no espera más
que la liberen de la incomprensión
Patti está en libertad y Romina Tejerina sigue presa. Para nuestros jueces es mucho más grave acabar con un bebé, producto de una violación y en estado de emoción violenta, después de haber parido sola y encerrada en un baño; que haber asesinado y torturado a prisioneros en pleno uso de sus facultades y su raciocinio. La pasión femenina siempre es violenta, desquiciada y merece el peor de los castigos per secula seculorum en un país donde la gran mayoría de las muchachas de bajos recursos mueren en medio del silencio y la desolación de los abortos sépticos. La vida de un no-nato, de un recién nacido pesa más que la de los inermes torturados. Romina Tejerina es una joven mujer jujeña presa , Patti es ahora un diputado de la Nación con los fueros correspondientes que le dicta la Constitución Nacional. Diganme, ¿no sienten un poquito - sólo un poquito- de vergüenza? Yo siento una profunda indignación.

Sueños

Estoy ahogada de trabajo: voy, vengo, corrijo, escribo, estudio, leo. Trato de comer cuando lo recuerdo y de dormir de vez en cuando. Y, entre la marea que me lleva, yo sueño: me imagino París con sus puentes cosiendo las dos rives, pienso en Londres y en el cielo violáceo de Atenas, dibujo las verdes orillas de Sicilia. Me levanto temprano con la idea de atravesar el Norte: Amsterdam, Copenhague, Berlín, Varsovia, Praga y a la mañana siguiente desisto, entusiamada por la ruta marítima del mar de las historias: Portugal, Andalucía, Provenza, Italia hasta llegar a Troya, rica en caballos. Otro día pienso cómo será volver a Pablo, encontrar a Juan Carlos, conocer a Olga y mi familia, leer los papeles de Jaime, brindar con Mónica el 31 en algún barcito perdido del 5me quartier. Me deleito sabiendo que tengo ocho largos meses para criar deseos, la parte más maravillosa de todo viaje, el momento en que se puede todo porque no hay aún elecciones definitivas. No me asustan ni los fríos, ni las lluvias y están todos los museos con sus bóvedas de memorias abiertas para que yo penetre. Volveré a ver los tapices de la dama y el unicornio en Clunny y las sutiles volutas del Museo de Orsay, pasearé entre los blancos mármoles de Rodin y entraré en El Prado como una reina. Seguramente lloraré en repetidas ocasiones porque el viaje estará teñido de encuentros y reencuentros emotivos. Veré la historia de los míos que en otros viajes supe desconocer y agradeceré a Olga que me la quiso acercar. Nadie me regala lo que yo tengo, lo consigo a fuerza de horas insomnes de las que no me quejo porque también constituyen mi felicidad y sé que cuando ponga mi pie en la portuaria ciudad de Marsella sentiré el aroma tibio de Maïa, la única cuenta que le falta a mi collar. Seré feliz como puede serlo mi corazón abierto, con una perfecta alegría por estar viva y poder ver y sentir.

jueves, 10 de abril de 2008

Anécdota escolar XLIX: Cállate, no me lastimes más

Alumno: (Aplicado, en silencio, hace rato, sobre una extensa evaluación de análisis sintáctico) Juli...
Profesora: (Sin levantar la vista de unas pruebas que está abrochando) ¿Qué necesitás?
Alumno: ¿Viste que dicen que hay palabras que hieren?
Profesora: (Deja las hojas y lo mira extrañada) ¿Qué?
Alumno: Bueno, las palabras de esta prueba tuya me están lastimando.

Lluvia


Aún no llueve. El aire está espeso y oscuro, con miles de mariposas violetas girando sin sentido en busca de una trascendencia que nunca tuvo el vuelo. Hay cientos de luces a lo lejos que parpadean enrojecidas, pero aún no llueve. El aire es una costra densa que se adhiere a la piel como una capa de tormentos. Hubo, sin embargo, un antes en el que los corpúsculos azules del oxígeno flotaban como pompas exactas de destellos fosforescentes en medio de la noche fresca, impalpable, etérea. Y sonaban entonces a lo lejos livianos sonidos de cristales movidos por el viento. Pero aún no llueve. En una esquina cualquiera de todos mis silencios aguardo con un paraguas rojo que comience, que el agua borre la faz de las desdichas, que limpie el mundo, que traiga talismanes de colores, que pueda yo pensar que lava las heridas, que refresque en medio de los ríos donde navegan las velas azules de la tarde. Pero aún no llueve y espero que acontezca y se llenen los charcos y rebalsen y se inunden las horas con todo sus minutos y segundos hasta que caiga la última gota, esa que sabe a transparencia. Y luego salga el sol como si fuera nuevo, como si fuera siempre, como si fuera ahora y yo pueda dormir a la espera de la tormenta siguiente que continúe el rito en que el mundo se limpia, se inaugura y recomienza: que sea otra vez la efímera alegría de los puros, la verdadera fiesta.

martes, 8 de abril de 2008

Anécdota escolar XLVIII: No entiendo

Profesora: Bueno, ahora vamos a hacer lo opuesto. Les doy la palabra derivada y escriben la primitiva. Por ejemplo, de cabellera es cabello.
Alumna: Esta palabra no la entiendo.
Profesora: La palabra es deshumanizar. ¿Cuál te parece que será la primitiva?
Alumna: (Lee y mira a la profesora) No entiendo esta palabra.
Profesora: (Lee fragmentando la palabra) Des- human- izar. Des- human -izar.
Alumna: Pero acá no dice eso.
Profesora: ¿No? ¿Qué dice?
Alumna: Deyumanizar. Está con "sh". Deyumanizar. No entiendo.

lunes, 7 de abril de 2008

Anécdota escolar XLVII: Tragedia descapotable

Gracias, María José...¡Impecable!
Hijo: Dale, mamá, me faltan dos páginas y termino. Las leo después.
Madre: De ninguna manera. Te sentás ahí y hasta que no termines no te levantás. ¿Me entendiste bien?
Hijo: Ufa... sí, te entendí.
Madre: (Toma el teléfono y disca el número de un compañero de su hijo) Hola.
Hermano: Hola.
Madre: Soy María José. ¿Está tu hermano?
Hermano: Sí, está; pero no creo que pueda atenderte.
Madre: ¿Por?
Hermano: Es que mi mamá le dijo que no se puede levantar hasta que no termine el libro ese que tienen que leer.
Madre: ¡Ah!
Hermano: Sí, está leyendo la tragedia de Alfa Romeo.


domingo, 6 de abril de 2008

Mis alumnos escriben

Mis alumnos de tercero escriben quiénes son. Indagan la historia de su familia y se ve cómo la existencia no es más que otra casualidad a la que le damos cierta coherencia en la escritura. Tienen 17 años y escriben quiénes fueron y de dónde vinieron tus tatarabuelos, sus bisabuelos, sus abuelos, sus padres. Tienen 17 años y escriben qué esperan del amor, de la vida, del país, de ellos mismos. Tienen 17 años y escriben ese ensayo porque yo les dije que lo hicieran y en ese discurrir sobre un papel retratan historias increíbles venidas de Hungría, del Líbano, de Italia: antepasados que se conocieron en barcos escapando a la guerra y que eslabón tras eslabon llegaron a estas tierras. Y de repente se me revela lo que siempre me sucede cuando, de golpe y por ajenas circunstancias, los adolescentes se confían: dejan ver que ni son frívolos ni despreocupados, que los animan sueños semejantes a los que yo tuve cuando tenía sus edades y me emociona ver cómo sienten, cómo se interrogan y cómo se responden. Me emociona, como siempre, ver que detrás de esos ojos que me miran desplegar cuadros y poemas en sucesivos pizarrones hay un alma aprendiendo a vivir. Y, de pronto, me siento responsable hasta las lágrimas. Nada nunca es en vano.

sábado, 5 de abril de 2008

Imposibilidad

Quedan sólo jirones y yo, que me empecino en ver los restos. Detrás de los párpados hay un amargo gusto a desencanto. Tengo frío y ya no puedo hablar. Huele a invierno y el sol es veraniego, pese a todo. Si pudiera decirlo... pero no puedo.

viernes, 4 de abril de 2008

Conversación telefónica

Ayer hablo con mi hermano. Me llama desde Marsella una vez que Maïa está dormida. Nos reímos porque con la llegada de las sobrinas, el apelativo "gorda" se ha vuelto problemático. Miranda es la gorda, Maïa es la gorda, yo soy la gorda... Como siempre hace su comentario sarcástico: "Che, gorda, vos tuviste la desgracia de que nosotros fuéramos tus hermanos menores ese mes de tu adolescencia en que echaste algo de grasa. Fue un mes que te quedó para siempre". El muy turro se olvida de que me decían Sebonilla. Con precisión milimétrica, analiza el lugar que cada uno de nosotros tres ocupó en la vida de nuestros padres y llegamos a la conclusión de que fue él el que la sacó más barata. Me comenta que este blog se ha transformado en un panfleto y tiene razón. Me cuenta cómo se emocionó cuando en diciembre vio las fotos de Cristina con la banda. Me pregunta cuánto tiene que ver en esto que sea una mujer. Hablamos después de Sarkozy y los zapatos bajos de Bruni. "No es cuestión de que quede más alta que el enano derechista", me dice. Me comenta que Mitterrand mantuvo oculta una hija extramatrimonial a raíz de un acuerdo con la prensa. Pensamos en lo público y lo privado, en la mezcla infernal. Me dice que Francia es, irremediablemente, de derechas y que Sarkozy maneja el "tempo" televisivo como nadie. Hablamos y hablamos, como si estuviera acá a la vuelta, como si mañana pudiera ir a despertarlo con unas cerealitas y un termo de mate (lo que me pidió que le lleve cuando vaya a visitarlo). Y cuando corto me doy cuenta de que no está acá, de que hace seis años que no lo veo, de que en enero voy a estar con él y con mi sobrina sólo unos días y de que después me voy a tener que volver. A veces la distancia sirve para atenuar el desgaste, pero mi ser tía y hermana está hecho de puras nostalgias, cuando lo que yo querría sería que mis tres sobrinos vinieran a casa todos los fines de semana a dormir en mi cama, a comer golosinas , a ir al cine conmigo y a jugar en la plaza. A esta hora Pablo ya debe haber llevado a la gorda a la escuela y Mariano debe estar levantando a la suya y a Luca. Esta es la vida. Nada más que retazos de colores que se secan al sol.

Anécdota escolar XLVI: Sintaxis zen

Profesora: (Sentada en el escritorio) Está bien. ¿Ahora entendiste?
Alumno 1: (De pie con el cuaderno en la mano se queda con la mirada perdida) Aaaah...
Profesora: (Lo mira extrañada) ¿Qué te pasa?
Alumno 2: (Deja el análisis que está haciendo en el escritorio) Che, Marquitos, ¿qué te pasa?
Alumno 1: Es que Juli acaba de decirme algo que me cambió la vida. (Se va para el fondo del aula)
Profesora: Esperá, esperá. ¿Qué te enseñé que te cambió la vida?
Alumno 1: (Se da vuelta con la misma mirada) Que en una oración todo lo que no es sujeto, es predicado.
Profesora y alumno 2: (Se miran y estallan en carcajadas)

miércoles, 2 de abril de 2008

Hoy ondean en el otro lado



Me canso de verlas. Me canso de oír los acordes de la canción patria. Me canso de que cada uno que habla sea "el" pueblo. Y ahora me espanto de ver cómo pelean para ver quién ofrendó más desaparecidos a la pelea por la democracia. Me espanto de oír decir que se acabe el poder unitario de la Casa Rosada. Me espanto de oír que quienes reclaman cortando caminos ahora rezan el Padrenuestro como si esto fuera una cruzada medieval para recuparar el Santo Sepulcro. Me canso, me espanto, me entristezco. Más de lo mismo siempre: nosotros y ellos -de uno y otro lado-. Y yo me quedo parada en medio de la nada, sin país, sin pertenencia, sin ser ni nosotros ni ellos, sin carne ni poroto ni leche ni ruta ni esperanza. Si nada.... como siempre sucedió en esta tierra. Nosotros, los de entonces, siempre quedamos en lo mismo. Dice T. S. Elliot en sus "Miércoles de ceniza": "No nos consientas que nos burlemos de nosotros mismos con falsedades, enséñanos a que nos importe y a que no nos importe, [...] no me consientas quedar separado." El horizonte cotidiano está cargado de signos nefastos y en cualquier momento se larga una tormenta de dimensiones infernales. Y será tarde para lágrimas, lo intuyo.

martes, 1 de abril de 2008

Anécdota escolar XLV: Más vale brócoli en mano que coliflor volando

Profesora: Bueno, ahora van a agregarle a esos sustantivos un artículo y un adjetivo.
Alumna 1: (Lee la primera palabra de la lista) ¿Coliflor? ¿Qué es eso?
Alumno 2: Es un brócoli.
Alumna 1: ¿Un brócoli?
Alumno 3
: ¡Ay, qué bestia que sos! Coliflor es un pájaro. Es verde y vuela muy rápido de flor en flor.
Profesora
: (Escucha atónita) Eso es un colibrí. La coliflor es una verdura color blanca.
Alumnos 1 y 3
: (A coro) ¡Ah!

¡A la pelota!



La cosa era por las retenciones. ¿O no? Después salieron las señores de Barrio Norte, los chicos de las Universidades privadas y los que gritaron que volviera Videla. Ellos clamaron al ritmo de las cacerolas pidiendo por la caída del gobierno. Después D'Ellia los echó a patadas y se adueñó de la Plaza de Mayo. Al día siguiente, Cristina habló en nombre de su investidura y trató de calmar los ánimos. Durante el fin de semana, los ruralistas le redoblaron la apuesta y sostuvieron el paro. Ella volvió a pedirles cordura como Presidenta de los argentinos. Y hoy, sí, sí, ahora mismo, les llena la Plaza con una multitud impresionante. Y recalco el pronombre objetivo porque se las llena a ellos, a los que cortan las rutas. Y, como siempre, todos invocan representar al pueblo, ese enorme sema que abarca tantos significados y que tiene tantos dueños. Che, digo yo, ¿esto no era por las ganancias de ese poroto insignificante? A ver si todos nos calmamos un poco, muchachos...Miren que de ciertos símbolos es muy difícil volver.

La Soja no termina en la General Paz

Verdura en mal estado
Mercado Central, sábado 29 a la mañana

  • Al comenzar esta campaña los cuatro mil productores que representan más de la mitad de la producción nacional de la oleaginosa tenía como perspectiva facturar 5800 millones de dólares, pero por la variación del precio, incluso descontando el nuevo nivel de retenciones a la exportación, están obteniendo 1000 millones más. En el otro extremo del espectro, se encuentran 62.500 productores, el 80 por ciento del total, que apenas suman el 20 por ciento de la producción.
  • ¿Cuál era el precio que tenía el productor cuando decidió sembrar soja? 237 dólares la tonelada. El precio de hoy, aun con la resolución del 11 de marzo, es de 279 dólares. Quiere decir que la totalidad de los productores, pequeños, medianos y grandes, aun con retención, no tiene pérdida.
  • La dirigencia rural no se tomó tiempo de meditar la propuesta que anoche hizo el gobierno. Esperaba el fin del discurso oficial ya con la conferencia de prensa convocada y reunida para plantear que “no se modificó en esencia” la situación planteada al convocar al lockout.
  • Desde que comenzó el "paro del campo", se perdieron más de 6 millones de litros de leche y 2 millones de kilos en frutas y verduras.
  • En el puerto de Rosario hay entre 70 y 75 buques de carga con destino a plazas externas que están varados debido a la falta de granos. La permanencia de los barcos vacíos en los puertos representa pérdidas por unos 40.000 dólares por cada día de espera.
  • La planta de Córdoba de la automotriz Volkswagen informó que está contratando aviones Hércules de la Fuerza Aérea Argentina para trasladar su producción hasta Buenos Aires, debido al bloqueo de los productores rurales en distintas zonas del país.El costo de envío pasó de los 2000 dólares por tierra a los 70.000 dólares por aire.
  • A raíz del lockout agropecuario, representantes de la Federación de la Carne están negociando en el Ministerio de Trabajo conseguir un subsidio para poder completar el salario de los trabajadores del sector, que frente a la imposibilidad de trabajar porque no llega la materia prima, sólo tienen garantizado por convenio el 70 por ciento de su sueldo, bajo el concepto de garantía horaria.
  • La entidad que nuclea a los supermercadistas chinos solicitó ante la cartera laboral un procedimiento de crisis para conseguir un subsidio que les permita pagar el 50 por ciento de los sueldos de los trabajadores que deban suspender. A su vez, la entidad presentará el jueves una acción patrimonial por daños y perjuicios contra las cuatro organizaciones agrarias.
  • La provincia de Córdoba anunció ayer que otorgará subsidios de 20 pesos diarios, con un tope de 400 pesos mensuales, por cada trabajador suspendido en las pequeñas y medianas empresas industriales.
  • La Cámara de Comercio de La Plata reconoció ayer que muchos comercios ya cerraron sus puertas ante la falta de carne y pollos, lo que conllevó una suspensión de trabajadores.

¿Y, muchachos, qué hacemos?

Dice T. S. Elliot

Abril es el mes más cruel, criando
lilas de la tierra muerta, mezclando
memoria y deseo, removiendo
turbias raíces con lluvia de primavera.
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