martes, 31 de julio de 2007

Anécdota escolar XXIII: Queridos educandos, nos lanzamos al estrellato o nos estrellamos irremediablemente


A mis alumnos de 3ro Polimodal 2007 que se atreverán a representarlo el 12 de octubre.

Narrador: Esta es una historia harto repetida, pero no por ello conocida. Por eso, hoy, vamos a representar ante todos ustedes la verdadera, la única y verdadera historia del descubrimiento y conquista de América. Lo demás es puro invento. Hace muchos años, más de quinientos, en la portuaria ciudad italiana de Génova –dicen, aunque hay varias versiones- vivía un jovencito al que su madre llamaba Cristóforo
Madre
: ¡Cristóforo! ¡Cristóforo! Veni qui, Cristóforo… Mamma mia, questo ragazzo. No me van a creer, pero se pasa todo el día con un huevo (Entra Colón con un huevo de gallina) Y el muy pánfilo quiere convencernos de que la Tierra es redonda. ¡Redonda! ¡Flor de bobo este figlio mío! Como si en questa cittá nadie supiera que la Tierra es plana y con monstruos en los bordes. Cristóforo, mascalzone, lascia ese huevo que debo amasar la pasta.
Colón
: Mamma, no entendés, pero ya lo dijeron los sabios: es redonda, mamma. (Le muestra el huevo y traza el recorrido). Si salimos de acá y vamos para el occidente alcanzaremos los reinos de Marco Polo.
Madre
: ¿Marco Polo? ¿Y ése quién es?
Colón
: Un veneciano que escribió un libro, mamma.
Madre
: Cristóforo, fliglio mio, ese libro te ha estropeado la capocheta. Los venecianos son todos unos mentirosos. Eso lo sabe cualquier genovés que tenga dos dedos de sesera.
Colón
: Oriente, calles de oro, palacios de plata, el gran Kahn, las especias…
Madre
: Ma, cállate y dame ese huevo (Le arranca el huevo y sale)
Colón
: Nadie me comprende. Pero yo voy a conseguir unos barcos y, lanzado a la mar, llegaré a Oriente y el gran Kahn me recibirá … (Sale)
Narrador
: Bueh, un poco fantasioso el chico. La cuestión es que fantasioso o no, la obsesión por Oriente jamás abandonó a Cristóforo. (Ingresa Colón con una maletita y el huevo en la mano. Mientras el narrador habla va haciendo la pantomima de mostrar su recorrido a varios reyes imaginarios.) Ya crecido, empezó a recorrer los reinos de Europa en busca de alguien que le financiara los barcos para su viaje. Porque, como siempre, los que sueñan no suelen tener una moneda y los que tienen monedas, generalmente, no sueñan. Así que pasó por muchos palacios, visitó a muchos poderosos y, finalmente, llegó a España. (Colón sale e ingresan Isabel, Fernando y cortesanos) que por aquel entonces comenzaba a ser uno de los reinos más importantes de Europa.
Isabel
: Fernando…
Fernando
: Sí , querida.
Isabel
: ¿Qué año es?
Fernando
: 1492, querida.
Isabel
: Y, para este año, la agenda ¿qué dice?
Fernando
: 2 de enero, vencemos a los moros y nos entregan su último reino en Granada.
Isabel
: ¿El palacio de la Alhambra?
Fernando
: Sí, querida.
Isabel
: Ay, me encanta ese palacio. Tan bonito, con sus fuentes y jardines. ¿Y qué más?
Fernando
: 31 de marzo, expulsión del reino de todos los judíos que no hubieran adoptado la fe cristiana.
Isabel
: Y bueno, les debíamos mucha plata, ¿no es cierto?
Fernando
: Sí, querida, les debíamos.
Isabel
: ¿Y se quejan los expulsados?
Fernando
: Sí, querida.
Isabel
: Es ley lo que el rey quiere. Y que te quede claro, Fernando, que aquí el rey soy yo.
Fernando
: Pero, querida., vos sois la reina.
Isabel
: Error de la biología, Fernando. Acá queda claro que yo soy la que mando. ¿Algo que decir?
Fernando
: No, querida.
Isabel
: ¿Y qué más nos queda para 1492?
Fernando
: Nada, querida.
Isabel
: ¿Qué decís? ¿Desde marzo tengo la agenda vacía? ¿Y con qué solvento los gastos? Haced pasar a ese genovés ridículo que ya nos visitó y que dice que puede llegar a Oriente por los mares occidentales. ¿Cristóbal se llama?
Fernando
: Ay, querida, ése divaga. El comercio, dicen mis sabios, es la ruta de África o la de la seda por tierra.
Isabel:
Tus sabios aragoneses y catalanes son unos ignorantes. Ya todo el mundo sabe que la Tierra es redonda, darling. Lo que ellos quieren es seguir enriqueciendo el Mediterráneo a costa de Castilla, Asturias y Galicia. Además, dicen que los turcos se han instalado para siempre en ese mar tuyo. Y si queremos llegar bordeando África, los malditos portugueses no nos dejan. Y más allá de todo, ya sabes, Fernando, es ley lo que el rey quiere. Y aquí…
Fernando
: Sí, ya sé, aquí vos sois el rey… (Sale)
Isabel
: Me encanta que entienda tan rápido el rol que le cabe en esta historia. (Se mira en el espejo) Espejito, espejito… ¿Quién es la reina más poderosa de todo el universo?
Colón
: (Entra con el huevo seguido de Fernando) Su majestad, vos lo sois.
Isabel
: Cristóbal, me sorprende lo bienque comprendiste. Fernando, podéis iros.
Fernando
: ¿Ir? ¿Adónde? (Isabel lo mira enfurecida con los brazos en jarra) Sí, querida, ya me estoy yendo. (Sale)
Isabel
: (Toma a Colón de brazo) A ver, Cristóbal, ¿qué tienes para ofrecerme?
Colón
: (Le muestra el huevo) La Tierra es como este huevo…
Isabel
: Ay, Cristóbal, déjate ya de idioteces. Ya todos sabemos que la Tierra es redonda, así que deja en paz al huevo y vayamos a los hechos. (Mientras habla Isabel le quita el huevo y se lo entrega a una dama)
Colón
: ¿Hechos?
Isabel
: (Al público) Este es un lento. Sí, Cristobalito, hechos. Dinero, la corona necesita dinero y dicen que Oriente lo posee.
Oriente
: (Entra por el fondo sobre el borde izquierdo del escenario) ¿Yo, señor?
Isabel
: Sí, señor, y yo lo necesito… para propagar la fe y esas cosas. ¿Entonces, Cristóbal, ¿qué necesitas para llegar a Oriente según tu sueño del huevo?
Colón
: Tres naves.
Isabel
: (Chasquea tres veces los dedos y una carabela entre por el lado derecho a cada chasquido)
Santa María
: Yo soy la Santa María.
La Pinta
: Yo soy la Pinta.
La Niña
: Y yo, obviamente, la Niña.
Isabel
: ¿Te alcanza?
Colón
: Tripulación.
Isabel
: (Chasquea los dedos y sobre la borda de las carabelas aparecen unos muñequitos de marineros desarrapados) Bueno, era lo único que había. Mejor estos tipos que nada. ¿Algo más?
Colón
: Quiero ser Almirante.
Isabel
: Hecho.
Colón
: Que sea un título hereditario.
Isabel
: Hecho
Colón
: Quiero ser Virrey de las tierras conquistadas.
Isabel
: Hecho.
Colón:
Quiero un veinte por ciento de la mercadería de mi Almirantazgo.
Isabel:
Un cinco.
Colón
: Un quince.
Isabel.:
Un diez.
Colón:
Hecho.
Isabel
: ¡Fernando!
Fernando
: (Entra apresurado) ¿Sí, querida?
Isabel
: Prepara las Capitulaciones de Santa Fe: firmamos el 30 de abril. Y todos felices.
Colón
. Ah, me olvidaba.
Isabel
: ¿Y ahora qué?
Colón
: Quiero que se me llame don.
Isabel:
Por supuesto, por supuesto… pero salid de una buena vez, don Cristóbal (En tono sarcástico.)
Colón:
Gracias, doña Isabel. (Salen. )
(Quedan en el escenario las tres carabelas y Oriente. Luego aparece Colón y se coloca tras una carabela)
Narrador:
Y un 3 de agosto Colón zarpó del puerto de Palos de la Frontera y, allá fue, suponiendo que Oriente estaba a unas 2400 millas marinas (Oriente se acerca a Colón con un cartelito que dice 2400); pero, en realidad, (Oriente se comienza a alejar de las carabelas) estaba a 10700 (Oriente cambia su cartel por otro que dice 10700 y saluda agitando la mano) y en el medio había otro continente. (Aparece América y se interpone entre Colón y Oriente) Entonces se produjo la gran confusión, porque Cristóbal llegó a lo que luego se llamaría América creyendo que era Oriente y a Oriente, en realidad, jamás lo visitó. (Sale Oriente empujado por América y entristecido)Larga fue la travesía y la gente se ponía inquieta porque Oriente, ya lo ven, no estaba por ninguna parte. (Se escuchan gritos mientras Colón pasea de una punta a otra de la carabela asomándose para mirar)
Gritos
: (Algunos en coro) ¿Y, Colón, cuándo llegamos? ¡Me aburro! ¡Colón, sos malo; te atamos en un palo! ¡Estoy mareado! ¡No quiero comer más pescado! ¡Colón, dejate de embromar o te tiramo' al mar! ¿Falta mucho? ¡Quiero bajar! ¡Colón, mentís, te crece la nariz!
Narrador
: Y un buen día, 12 de octubre de 1492, para más datos… (Se oye una música caribeña y tras América aparecen unos indígenas)
Rodrigo de Triana
: ¡Tierra! ¡Tierra! Tierra a la vista!
Colón
: (Incrédulo) ¿Tierra a la vista?
Rodrigo de Triana
: Sí, y unas mujeres… y unas palmeras… y unas mujeres… y una selva… y unas mujeres.
Gritos
: Colón, compadre, bendita sea tu madre.
Colón
: (Sale de atrás de las carabelas que se van por el fondo) Hemos llegado a las Indias Orientales. (Pone rodilla en tierra) Por la reina mi señora y la Santa Fe. (Se dirige a los indios que lo miran extrañados) ¿Esto es Japón?
Indios
: Guanahaní , guanahaní.
Narrador
: (Todos se quedan inmóviles mirándolo) Interrumpo para informarles que Colón llegó a las Bahamas y que en idioma caribe Guanahaní quiere decir, simplemente, “no entiendo”. Sigamos. (La escena vuelve a la movilidad.)
Colón
: ¿Es Japón?
Indios:
Guanahaní, guanahaní.
Colón
: (Al escriba que lo acompaña) Tomad nota, escribano, esta tierra se llama Guanahaní y estos habitantes como súbditos del Kahn se llaman caribes. (A los indios) ¿Están de acuerdo?
Indios
: Guanahaní, guanahaní.
Colón
: Quien calla, otorga… así que están de acuerdo, tomad nota. Y a ver, ¿qué teneís ahí? (Abre a la fuerza el puño de un indio) ¡Oro! ¿No tenéis más a cambio de esto? (Les entrega unos vidrios)
Indios
: Guanahaní, guanahaní. (Se sacan collares y adornos dorados y se los dan )
Colón.: ¿Y vais a obedecer a los reyes Isabel y Fernando?

Indios
: Guanahaní, guanahaní.
Colón
: Poned que dijeron que sí. Y que bautizo estas islas con los nombres de San Salvador, por Cristo Nuestro Señor; de Santa María de Concepción, por la Virgen, su madre ; a la tercera de más allá, Fernandina, por nuestro rey ; a la cuarta la Isabela, por nuestra reina y a la quinta la isla Juana, por la princesa, su hija. A otra que veo a lo lejos la llamaré la Española. (A los indios) ¿Les gustan los nombres de sus islas ahora que son súbditos de sus majestades los reyes?
Indios:
Guanahaní, guanahaní.
Colón
: ¿Juráis obedecerlos y convertiros a la Santa Fe?
Indios
: Guanahaní, guanahaní. (Los indios le ofrecen una bandeja con chocolate, tomates, papas, ajíes, berenjenas).
Colón
: Listo, ya podemos volver a España. Tomad todo esto que lo usaremos para crear la tan famosa cocina mediterránea. Agregad un par de indígenas para que la reina se entretenga y ¿el oro? Y… si no hay más oro, podrá tener esclavos (Señala a los indios) que se los ve fuertes y sanos para el trabajo. (Apresan a dos indios que se resisten mientras los demás salen corriendo.)
Narrador
: (Ingresan las carabelas y todos se colocan detrás y van saliendo.) Y Cristóbal reemprendió el viaje y avistó España el 15 de abril de 1493. Tres viajes más hizo a América, fue acusado de mal gobierno y se le quitaron las concesiones firmadas con la reina. Pero el verdadero drama para los americanos empezó después. (Entran dos conquistadores ensangrentados)
Cortés
: Soy Hernán Cortés, orgulloso destructor del imperio azteca.
Pizarro
: Yo me llamo Francisco Pizarro, impiadoso degollador del imperio inca.
Cortés y Pizarro
: (Se palmean las espaldas) Juntos acabamos con siglos de antiguas culturas que a nosotros no nos importaron en lo más mínimo.
Narrador
: ¿Y qué buscaban?
Cortés y Pizarro
: Oro. Y lo había por toneladas. Queríamos ser ricos y rápido.
Narrador
: ¿Y qué hicieron para lograrlo?
Cortés
: Yo destruí sus templos, enemisté a unos indígenas con otros, maté tantos que no se contaban, en Cholula, por ejemplo, asesiné a 5000 hombres en cinco horas. Todo un record, Pizarro. Traje la viruela que acabó con los que habían sobrevivido a mis armas. Engañé a Moctezuma, que me creyó un dios, torturé a su hermano rebelde y …
Pizarro
: Pues, déjame decirte, Hernán, que lo tuyo ha sido poco. Llegué a Perú precedido por la viruela.
Narrador
: Y después hablan de guerra bacteriológica.
Pizarro
: Arrasé con templos, terrazas de cultivos milenarios, ciudadelas enteras, puse prisionero al inca Atahualpa y me pagaron su rescate con mucho oro y mucha plata (Se frota las manos). Jamás lo liberé, busqué una excusa y lo hice ejecutar. Ocupé Cuzco asesinando a todo el que se me opusiera, indígena o español, y así logré dominar la cultura de los Andes.
Indios
(Entran con imágenes de las diversas culturas mientras los conquistadores retroceden) Guanahaní, guanahaní. Entonces no entendimos, pero ahora sí.
Indio
(Lee mientras comienza a oírse “Señor Matanza” de Mano Negra)
Hoy decimos:

Hermanos:
Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo.

Nuestro pedido es por hacernos escuchar, y nos gritaron soberbia y taparon con cañones sus oídos.

Nuestro pedido es por el hambre, y nos regalaron plomo y papel para los estómagos de nuestros hijos.

Nuestro pedido es por un techo digno, y nos destruyeron nuestra casa y nuestra historia.

Nuestro pedido es por el saber, y nos repartieron ignorancia y desprecio.

Nuestro pedido es por la tierra, y nos ofrecieron cementerios.

Nuestro pedido es por un trabajo justo y digno, y compraron y vendieron nuestros cuerpos.

Nuestro pedido es por la vida, y nos ofrecieron muerte como futuro.

Nuestro pedido es por nuestro derecho a gobernar y gobernarnos, y nos impusieron a los más la ley de los menos.

Nuestro pedido es por la historia, y nos propusieron olvido.

Nuestro pedido es por la paz, y nos anunciaron guerra y destrucción.

Techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, libertad, justicia y paz. Estas fueron nuestras demandas en la larga noche de los 500 años. Estas son, hoy, nuestras exigencias.

Nuestra sangre y la palabra nuestra encendieron un fuego pequeñito en la montaña. Hermanos y hermanas de otras razas y otras lenguas, de otro color y el mismo corazón protegieron nuestra luz y en ella bebieron sus respectivos fuegos.

Sueña el poderoso con apagar la luz primera. Es inútil, hay ya muchas luces y todas son primeras.

La luz que hoy tiene rostro moreno y lengua verdadera, no nació ahora. En muchas montañas y muchas historias ha caminado la luz contra la injusticia. La rebeldía no es cosa de lengua, es cosa de dignidad y de ser humanos. Haremos un mundo donde quepamos todos y todos vivamos sin muerte en la palabra. Nos quieren quitar la historia para que en el olvido se muera nuestra palabra. No nos quieren indios. Muertos nos quieren. Para el poderoso nuestro silencio fue su deseo. Callando nos moríamos, sin palabra no existíamos. Queremos hablar contra el olvido, contra la muerte, por la memoria y por la vida. Luchamos por el miedo a morir la muerte del olvido.

Hablando en su corazón indio, nosotros seguimos y con memoria.

sábado, 28 de julio de 2007

Lucía llora

Para Lucía Elisavetsky
que lloraba la noche del 27 de julio

Lucía es chiquita y llora porque sus amigas no quisieron jugar con ella. Llora porque la dejaron sola y no puede salir a la noche y gritar "quién quiere ser mi amigo". Llora porque tiene frío y la luna está gélida y lejana. No le importan mis abrazos porque no quiere ser fuerte ni sabia, no quiere ser mala ni loca. Lucía solo quiere que la abriguen por la noche cuando vuelve a casa y que le pregunten qué necesita. Lucía quiere que se den cuenta de que ella, también, necesita que la defiendan y la amparen. Y sus ojos se llenan de lágrimas en los bordes y son unos ojos muy negros y muy lindos. Como lagos de noche parecen sus ojos mojados. Lucía sube la escalerita, saluda con sus manitos envueltas en guantes celestes y entra en su casa que está iluminada por una tibia luz amarilla. Y yo me voy por San Martín cantando bajito... muy bajito para que Lucía se duerma feliz y abrigada y sepa que no es mala, que no está loca y que puede dejar de ser fuerte porque adentro de su corazón hay espejos de lana, paraísos de té, extraños señores que hacen ruidos graciosos y una carcajada de porcelana naranja que borra las lágrimas por todos los ratos.

martes, 24 de julio de 2007

24 de julio: el día después de mi cumpleaños

¿Y no sería fantástico que uno pudiera sentir
el centro exacto de la vida propia, [...] cuando
el mito menguante de la infancia coincide
con la leyenda creciente de la ancianidad?

Rodrigo Fresán, Jardines de Kensington.
Desde la distancia densa de la ignorancia contemplo lo que quedó del día y es una planicie verde repleta de raíces y sombras. Allá, más allá, late una primavera que no alcanzaré jamás a vislumbrar. Me rodean las mariposas violetas de los deseos, pero no tengo red para cazarlas. Todo es una narración que no halla su sentido final porque, tal vez, sea hora de darse cuenta de que ninguna narración es más que eso aunque nos empeñemos en descifrar una ulterior significación. Desde lejos, Mónica se ilusiona con la dilapidación de sus ahorros en los parques temáticos de Disney y en vista de los acontecimientos cambiamos París por Montevideo para el 2009. Cecilia remonta la tristeza de la mañana como quien sube un barrilete al cielo en un día sin brisa. Fernanda me regala una bandeja de coles de Bruselas y Alejandra parece preocupada en que no cene sola como si no comprendiera que la compañía no es más que la forma socialmente aceptada de la soledad . Una y otra vez suenan los teléfonos y narro el momento para los demás porque sé que las palabras lo visten de verdad. Hoy se acaba un mundo -sin explosión pero tampoco en un gemido- y no sé de qué carnadura será el que se gesta. Mi única dicha es el estante de libros que me queda por leer. Todos buscamos algo en que afirmarnos para no salir despedidos en pedazos. Nado en océanos de tinta negra sólo para sobrevivir.

sábado, 21 de julio de 2007

Esas personas: los padres

Jamás nos enteramos qué personas son nuestros padres. Para los hijos, ellos son sólo eso: padres: un parpadeo biológico que nos permite amasar la materia que nos cedieron. Nunca sabemos cuál es su cuerda más clara, de qué sustancia se componen sus deseos, dónde late grave la oscura caverna de sus miserias.
A veces pienso en mi propio padre, y mi pensamiento choca contra la superficie de una función: disfrazar la locura para que la infancia no se desintegrara como la pulpa vacía de una fruta que ya ha sido exprimida. No pienso -no puedo pensarlo- que ésa haya sido su máxima puesta en escena, pero no logro vislumbrar los motivos por los que ese hombre sacrificó su propia vida para que sus tres hijos pudieran creer que existía algo semejante a la felicidad en los globos rojos y los kartings de las tardes de domingo en Palermo. ¿Qué sentía mi padre cuando el día terminaba, el telón caía, los tres niños dormían y el monstruo de la demencia dormía en el lado izquierdo de su cama? ¿Qué razón -inescrutable para mí y mi memoria de los días- lo llevaba a prolongar ese rito como salvaguarda de su propia perpetuidad? ¿Dónde guardó sus deseos, la pulsión de estar vivo, su ternura de hombre que no podía ser?
Mi padre se entregó a la muerte en un caluroso diciembre de hace quince años. Nunca tan bien dicho. La suya no fue una larga agonía con la Parca sentada a la vera del lecho. Fue él quien le tocó el hombro y le pidió permiso para acompañarla. Ella lo aceptó, porque mi padre mantenía intacto, en sus ojos azules, el brillo de su seducción. Fue fácil para él ser admitido y se murió.
Los hijos nunca nos enteramos de quiénes son nuestros padres y, de pronto, nos hallamos con un diccionario bilingüe al que le falta la segunda lengua: un repertorio de significantes vacíos que ya no tienen la más remota posibilidad de recuperar su carnadura de signo y, de una vez para siempre, revelar el sentido de una existencia personal.

jueves, 19 de julio de 2007

Geometrías

Cuadriculada en mis propias agonías, intento salir y llegar al círculo de la perfecta felicidad. Doblo la esquina en una perpendicular, vectorizada cruzo la calle y a la vera de un viejo árbol me asalta una mandrágora de fauces amarillas e, instantes antes de ser destrozada por sus dientes triangulares y caer en las espirales de su sistema digestivo, pienso: ¡Tanto transportador para acabar así!

miércoles, 18 de julio de 2007

La sombra infantil

Quiero matar la sombra de ella que me habita, acabar con todos sus recuerdos, con su respiración que me atormenta. No tengo cuentos ni caricias ni palabras; sólo una espiral de humo denso que me envuelve en la placenta de la que nunca me dejó salir legándome su herencia de desdicha. Rugosa hiedra de veneno que finge no quererme, pero me necesita para una mímesis de siniestra perdición. De pie, contra un muro, proclamo al viento frío que ella no soy yo; que diminutas lentejuelas gotean por la herida que abrieron todos y cada uno de los cuchillos que se blandieron frente a mí. Yo no tuve un oso de peluche: tan sólo una muñeca negra a la que le faltó una pierna de trapo. Yo no tuve una vuelta más en calesita, sino gritos y llantos ahogados; mientras mi padre se esforzaba por demostrar que todo siempre estaba bien. Soplaban entonces los huracanes de la locura en las terrazas donde, con mis hermanos, solíamos refugiarnos para enseñarnos el uno al otro la misteriosa forma de sonreír. Ellos han olvidado para sobrevivir; y yo me empeño en una obsesiva memoria que aleja los fantasmas que nos habitan a los tres. Los niños se abrazan y sus ojos tienen el rito triste de la orfandad: amarga sombra que coronó nuestra infancia como una melodía tocada en un pífano de hueso y sal. Como una cinta roja arriba de un paquete de papel de seda, quedaron las lágrimas sujetas con delicados alfileres de cristal. Yo sólo deseaba una madre que me ofreciera su regazo para reposar, una madre cuyas manos fueran tibios edredones de lana dulce, una madre de cuya boca los besos se desgranaran como caramelos de cereza, una madre que se levantara a arroparme en la noche y acomodara el muñeco caído junto a la almohada, una madre que exprimiera naranjas y tostara pan cuando saliera el sol. Yo bebí hiel en dedales hasta que mi alma explotó de nostalgia y las garzas cruzaron el cielo llamando con sus garfios azules al silencio. Y, ahora, hace un frío eterno en el territorio de los hospitales donde las camas coronan el remedio de toda posible enfermedad.

lunes, 16 de julio de 2007

Anécdota escolar XXII: Feliz cumpleaños


Alumnos: (Golpean con timidez la puerta de la sala de profesores)
Profesora: (Adentro. No contesta) ...
Alumnos: (Abren e ingresan) Permiso, profe...Nosotros...
Profesora: (Sin levantar la vista) Ya saben: es mi recreo y no me gusta que me molesten cuando me toca descansar. Así que, la puerta y su ruta.
Alumna 1: (Pasa adelante con una porción de torta de chocolate) No, disculpe, veníamos a traerle esto.
Profesora: (Desconcertada) Ay, perdónenme...



PD. La profesora hace un mea culpa por su conducta descortés, impaciente y absolutamente fuera de lugar -sería importante aclarar que es un comportamiento usual en ella- y quiere desearle a Lucas Cardozo un muy feliz cumpleaños.

viernes, 13 de julio de 2007

Anécdota XXI: Marte ataca


Alumna: Y el lunes, ¿por qué es feriado?
Profesora: (Mientras devuelve unos trabajos) Porque es el día de la independencia.
Alumna: Ah, la de la película.

La memoria de las cosas

Se alinean en filas. Largas filas. Uno tras otro. Cada uno atesorando su memoria: el eco repetido de una voz en el momento de entregarlo, el crujido de un papel en el instante de envolverlo, el brillo de una luz que reflejaba, el aroma preciso de la mano que lo rozó apenas, la textura de un canto, la finura de un cristal encendido, el sabor del licor que los llenó hasta el borde, el calor de una mano ya ausente. Cada uno de ellos rememora una historia, una anédocta, una mirada, un sitio donde supo hacerse, un traslado. Y están en filas, desparramados sobre los estantes en líneas que tejen el entramado de lo que fue una vida: se superponen en su actual condición de recuerdo vacío. Yo no poseo sus claves. Son para mí meros objetos y un punto repentino de tristeza. No poseo las palabras que los transformaron alguna vez en únicos y, entonces, los reintegro a su condición de serie. Los he privado de todo su pasado: son copas, tarjetas, dedales. No son ya historias porque las casas se quedan vacías de memoria y se mueren. Las casas se despojan de recuerdos y pasan sus cosas a otras casas donde son sólo eso: cosas que han muerto.

jueves, 12 de julio de 2007

Memorias

Todos vamos como si fuera para siempre. Distraídos. Olvidándonos. Y alguna cosa -evento, circunstancia, una gota que cae y la absorbe la tierra- nos recuerda que estábamos dormidos. Y todo se torna tan repentino y nimio que espanta. No se sabe para qué tanto dolor, tanta espiral ciñéndonos el cuello, tanta agonía de pronto y sin motivo aparente. Cada cuerpo es un mundo en el que brotan cataclismos diversos: la locura, la enfermedad... Y allá, sólo allá pensamos que hubo algún día de sol, alguna lluvia, un beso que cicatrizó una herida, una palabra. Y eso fue todo: historias que se quedan sin memoria.

martes, 10 de julio de 2007

La pasajera

Se subió con su maletita atada: nudos y moños para que no escaparan los tesoros -sus tesoros-: alguna foto que ya no recordaba de quién era, un monedero con monedas de diez, un boleto viejo a ninguna parte, una bufanda y unos libros cuya lectura no recordaba dónde había dejado. Caminó con pasos temblorosos. Otra vez era una novia yendo a su boda, pero no había ahora novio ni traje blanco. ¡Cuánta tristeza tengo en el costado! Haber dolido tanto este universo para nada. Una casa más queda vacía como quedó vacío el sitio en que estaban los recuerdos y ahora cae la lluvia del silencio. Siempre el silencio. Nunca estuvo en medio del aire que pasaba, no la mojó el tibio sol del medidodía, ni vio caer la nieve. La melancolía es una manta fuerte, ahoga el tiempo que se escurre mientras nadie lo nota. Y pasa y mata o enloquece. Y nadie dice nunca nada: sólo una estufa pequeña que nunca entibia y los hijos se arremolinaron para esperar un cuento que no se dijo y ya acabó.

viernes, 6 de julio de 2007

Anécdota escolar XX: Amores irregulares

Profesora: (Explicándolo por enésima vez) Entonces comparan la raíz de la forma que ustedes tienen escrita con la del infinitivo de ese mismo verbo. Si cambia, es una raíz irregular. Vamos empiecen.
Alumno 1: (A su compañera) ¿Y esta primera de qué verbo es? ¿Cuál es el infinitvo de "cupiéramos"?
Alumna 2: Sos una bestia. El infinitivo es cupir.
Alumno 1: (Mirándola incrédulo) ¿Cupir? ¿Y qué significa cupir?
Alumna 2: (Resoplando) Ay, no entendés nada. ¿Qué va a significar cupir? Enamorarse. Cupir significa enamorarse, estar con otro, en pareja. ¿Entendés ahora?

Catarsis

La foto
y nadie me sostuvo.
Estaba el manojo de carne lagrimeante
solo en la cuna vacía
como un nido que fuera
abandonado.
¿Quién quiso la existencia?

¿Quién mantuvo su boca cerrada para perder
el peso que hiciera
de aquel cuerpo una sede segura?

Hasta aquí la conmiseración a la recién nacida.
Después vino el terror.
Fue el nombre de mi madre.

Sol











En un tren que cubría Granada/Barcelona, habiendo dejado atrás el Islam y sus patios conjuradores de la arena; vi el sol brillante como una naranja emerger de las aguas como lo ha de haber visto el Africano cuando cercó Numancia. Días después con los ojos de Octavio y los del fiel Virgilio lo vi incendiar el Mediterráneo en un violento atardecer de Nápoles.
El mismo sol, ahora, como un cítrico rebosante de llamas sube hacia el paredón derruido y moderno de una estación de trenes sobre un país que se angosta a fuerza de desastres. Los ojos, angustiados
en quimeras de antiguas utopías de justicia, son espejos que no entienden las manos infantiles que hurgan la basura como si dibujaran el derrotero de futuros agravios.
Los ojos son espejos donde se ha visto el mundo: insólito, desnudo, despojado de cuentos. Siempre las mismas naves enfilan otra vez hacia Troya y Helena sonríe cuando el sol achicharra las arenas de Pérgamo sobre las que los griegos le hacen creer que están allí por ella cuando en sus ojos arden las agoreras entrañas de los frigios tendidas como puentes sobre los Dardanelos. Siempre los mismos gritos, siempre el mismo hambre, en distintos idiomas, en distintos lugares: en el acre lodazal de Morón, Balvanera y Matanza; junto a los altos parques helados del Sacre Coeur en enero o en esa multitud que invade por las noches Santa María Novella como una plaga arrastrando los cartones que les dejó la furia para tapar sus miedos. Siempre el mismo hambre inundando el silencio de los mosaicos de Siena, de los vitrales, del camino que lleva cada año a Luján, de las pirámides en medio de la selva mexicana... Y el sol, redondo, ardiente, a punto de quemarlo y esperando, desde hace siglos, esperando.

jueves, 5 de julio de 2007

Anécdota escolar XIX: Los gauchos caribeños

Profesora: (Explicando la literatura de la independencia) Es interesante ver cómo en medio de esa tensión entre la élite porteña europeizante y las masas va a surgir la literatura gauchesca en la que, ya lo vamos a trabajar más adelante, el grupo culto se apropia de la voz del gaucho porque necesita apropiarse de su cuerpo para la guerra de la independencia, en primer lugar, y las de la organización nacional, más tarde. Y así se traza el arco que culminará en el Martín Fierro...
Alumno 1: (Al fondo a la derecha, interrumpiendo) Ya que hablamos de la independencia me podés decir de qué trata ese libro que nos diste para leer porque, la verdad, es que empecé las primeras hojas y no entendí nada.
Profesora: ¿El reino de este mundo de Alejo Carpentier?
Alumno 1: Ése. No entiendo nada.
Profesora: Bueno, en la primera parte se juega la tragedia de la independencia de Haití y en la segunda la farsa del reino negro de Henri Christophe y los enviados de Napoleón.
Alumno 1: ¿Un poco más? Dale...
Profesora: La primera parte está atravesada por la figura del mandinga Mackandall y sus licantropías. El negro se transforma en diversos aninmales y así se pone al servicio de la liberación de los esclavos y su rebelión contra los amos blancos...
Alumno 2: (Al fondo a la izquierda, a los alaridos) ¡No! ¡No! ¡No! ¡Pará!
Profesora: (Sorprendida) ¿...?
Alumno 2: (Mira alrededor) ¿Qué? Es mentira, de eso no trata el Martín Fierro.

Ella y yo

Dicen en el teléfono que hace quince días que no come. Que se lleva a la boca la comida y le da náuseas.
-¿Por qué no comés?- le digo cuando estoy en su casa.
No me responde y me mira ovillada en su cama bajo dos acolchados.
-Tenés que comer porque si no te vas a enfermar.
Sigue sin decir nada y me mira. Pienso que, ahora, no quiero estar en esta situación. Que mejor sería estar paseando por un campo de lavanda celeste con miles de pajaritos cantando a mi alrededor mientras sopla una suave brisa del sur y devoro un cuenco repleto de frambuesas como cuando era niña.
-Si no comés te voy a llevar a mi casa... así que voy a ir preparando tus cosas.
Entonces habla. Grita como si yo fuera la Gestapo, ella portase una estrella amarilla, estuviésemos en 1942 y su destino final fuera Auschwitz.
-Entonces tenemos que hacer un trato.
-Bueno.-me dice.
-Vos comés, salís de la cama y me llamás por teléfono todas las noches.
-Bueno. -repite
-¿Queda claro?
Mueve la cabeza afirmativamente. Pienso que no puedo esta vez tolerar que haga lo que hizo siempre: que intente y logre manipular mi culpa. Me molesta actuar como si me importara. Sólo quiero que no me maneje, que no me joda, que me deje en paz, que no me traiga otro problema más cuando tengo la agenda llena. Como otras veces siento que la detesto, pero es una anciana diminuta, depositada por la vida en un lecho y empeñada en sufrir y en que todos los demás nos sintamos responsables de que ella lo pasa mal. Estoy harta de ser responsable de que no sea feliz, de saber que nada de lo que yo haga o diga podrá darle la alegría que, supongo, necesita. Sé que esto no termina acá y que recién comienza y me parece injusto. Terrible e injusto. No quiero ser la que está, la que no tiene otra posibilidad que estar, la que no puede elegir si quiere, la que debe cumplir. Deseo cerrar los ojos y que ella desaparezca, que jamás haya estado en mi vida. Yo sí quiero ser feliz o triste o angustiada o eufórica. Quiero poder saltear este momento y estar ya en otro lugar. Yo quiero elegir y que nadie decida por mí qué debo hacer. Es simple y ella sólo tiene que empezar a comer.

miércoles, 4 de julio de 2007

Sopa de zapallo y pollo


Cocinar en una cacerola media calabaza grande, cuatro zanahorias, un cuarto de pollo sin piel, dos cebollas, tres dientes de ajo y un ramito de de apio y otro de perejil. Cuando las zanahorias estén tiernas, procesar todo junto, distribuirlo en dos ollas medianas con agua y sal y dejar hervir un largo rato. Enfriar el caldo, colocar en tuppers y guardar en la heladera o freezer. A las ocho de la noche echar la porción del día en un recipiente, llevar al fuego y servir en un tazón de sopa. Sentarse a la mesa, hundir la cuchara en el líquido anaranjado y beber. Primero sentirá que la sopa ingresa en su garganta, desciende por su esófago y entibia como una ola el centro exacto de su vientre. Déjese estar en la sensación. A la tercer cucharada podrá percibir cómo su cuerpo ha ido adquiriendo consistencia anaranjada y flota en el cálido perfume a apio que llena la habitación. El milagro y la contemplación sucederán por añadidura y, entonces, llegará la perfección. Si los pasos se repiten en forma cotidiana, se alcanza el nirvana a las pocas semanas y no se regresa jamás.

martes, 3 de julio de 2007

Pasaje a Katmandú

Espero mi 133 de la mañana con mis botitas de Mary Poppins (Alexandra dixit), mi tapadito colorado y mi mochila llena de lápices, libros, un cuaderno, un yogurth de frutillas, una manzana y una gaseosa sabor pomelo. Voy a Belgrano, pero podría irme con lo mismo a Katmandú, Madrid o Mozambique. No necesito más: ése es mi extenso y comprimido mundo. Las cosas están quietas hasta que aparece el Gotzila de turno. A veces viene del espacio exterior; a veces, de las curvas de mi complicado cerebro. El 133 es rojo y tarda en venir o está muy lleno y pasa de largo. Y yo me quedo como Mary Poppins, pero no tengo maleta de gobelino . No voy a Katmandú, pero podría porque sería igual que ir a Belgrano. En todas partes se necesitan las mismas cosas y pueden descartarse idénticos elementos. A veces me gustaría agregar un termo con café caliente para tomar. Belgrano está tan lejos o tan cerca como Katmandú, Madrid o Mozambique y yo tengo mis botitas de Mary Poppins, mi tapadito colorado y mi mochila llena de lápices, libros, un cuaderno, un yogurth de frutillas, una manzana y una gaseosa sabor pomelo.

lunes, 2 de julio de 2007

Anécdota escolar XVIII: Las crisis viajan en ejecutiva

Con el aporte de M.M., profesora de geografía
Profesora: Analizá ese artículo que trajiste sobre la crisis financiera de Tailandia.
Alumno: ¿Y qué pongo?
Profesora: Explicá cómo se trasladó la crisis a otros mercados.
Alumno: ¿En avión?

domingo, 1 de julio de 2007

Teatro épico

Hago construcciones para edificar mi vida de ahora en más. La maternidad es una carne de la que nunca podré ni deseo despojarme. Se trata de ver la evolución de mi propia especie. Así que, por ahora, hago construcciones con lo que sé, con lo que soy, con lo que siempre alimentó mi fe: las palabras. Mi casa es un tibio mundo dulce. En mi mesa se apilan las traducciones de latín, los trabajos sobre La Celestina: un universo antiguo, claro y contundente donde todo encaja a la perfección; a diferencia de mi alma a la que siempre le está sobrando alguna cuestión. Todos debemos acomodarnos, hallar el sitio ahora que la pieza ha cambiado. Ya no daremos más La vida es sueño, esta vez se trata de El círculo de tiza caucasiano. Y sale Brecht a decirme que intente con la épica, con el distanciamiento que trae la conciencia. Basta ya de Aristóteles. Basta ya de piedad y terror. Basta ya de cartasis. Esa escena, dice Bertold, no sos vos. ¿Y quién soy yo ahora? Se baja el telón, los espectadores salen, Grusha cedió a su hijo y lo ganó. Quizá haya que correrse a un costado del círculo para estar. Siempre gana la racionalidad, que es otra manera de ejercer la catarsis. Curiosa reflexión: siglos para pasar del oscuro corazón a la clara conciencia. O viceversa: del claro corazón a la oscura conciencia. No sienta bien al alma griega lo que entusiasma al espíritu alemán. Voy a terminar suponiendo -pese a mí y mis irracionales resistencias- que la única literatura de verdad era la dramática. Lo demás es solaz complaciente para el cuerpo, que, al ser social, siente que algo le falta y que sólo -voilá- está en las tablas. O sea que mi vida debe transitar ahora este pasaje de géneros. Aún creo en dioses y estoy en la infancia menuda de la lírica. El teatro será la madurez que dan los otros, abrirse a un entramado complejo donde soy parte de un grupo que sólo vive si son varios. Quiero ser muchos personajes, a la vez o en forma sucesiva, y no sólo el poeta que escribe a la luz de una vela en una húmeda buhardilla de París. Épica y catarsis. El absurdo del lenguaje que no dice nada y sólo finge significar. Soy clásica y me sostienen los hexámetros perfectos de Virgilio que suenan como ecos de un remoto universo que ya no está. No sé nada y permanezco incólume a mi propia ignorancia insatisfecha. Después llegan albas añiles y ya no puedo dormir. Bebo café, cuento manchas en la pared y las horas pasan sin que yo pueda develar si será tragedia o comedia la última página del drama. Épica. Todo contra la identificación. La distancia despierta la conciencia. Sé que Bertold tiene razón.
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