viernes, 4 de agosto de 2000

Las mujeres acarician a David (TSEliot dixit)


Esta es la historia del día en que las vísceras no participaron del evento y sólo se sentó la cabeza para conversar.
Esta es la historia del día en que fueron marcados los nuevos territorios en un alarde extremo de urbanidad y planificación.
Esta es la historia del día en que vencían los plazos que fueron renovados sin siquiera avisar.
Más tarde la mañana arderá como una uva en alcohol: morada y ácida.
Y las mujeres, en los viejos pasillos de Charlone, que tienen ahora salida al mar, acarician al David de Miguel Ángel y beben té con miel mientras se deslizan estantes que estallan en los pisos y el niño rubio gira en triciclo con paraguas bajo la lluvia.
Ya no lo haré otra vez más.
Lo vuelvo a prometer.
He hecho una larga lista de las razones sin ninguna falacia.
La he escrito con lapiz HB en la pared.
Juro, juro, juro que no la cumpliré.
Esta es la historia del día en que hablé por teléfono y después lo tiré para no hablar más.
Las mujeres en el pasillo se descuelgan de risa mientras David no logra comprender.
Semejante altura para tan poca cosa, David.
Esta es la historia del día que bordé con palabras la cerradura que clausura a los faunos.
Oh, sí, claro que sí.
Haré todo lo que me sea solicitado, pero no.
Esta es la historia del día en que volvieron a decirme que era cruel, egoísta, imposible, maleducada, irreverente, autista, despótica, trágica, llena de males y no recuerdo cuántas maravillas más.
(A qué tanta ira entonces, David. De buena peste te has librado. Deberías agradecer y brindar.)
Esta es la historia del día en que colgué el teléfono y no lloré.
Oh, no, claro que no.
Acabo de deletear la memoria y hay ciertos datos que no los puedo encontrar.
El niño rubio gira en triciclo con paraguas bajo la lluvia y para en la puerta por una cerealita con manteca que las mujeres, que acarician al David, le dan mientras los estantes se disuelven con la miel en el piso y los tres ríen hasta llorar.
Sí, mi vida, claro que sí.
A vos, claro que sí.
Pero no.
Esta es la historia de un lunes que supo ser azul.
Ahora sopla un viento sur detrás de los armarios donde no estás.
La Patagonia trae fuego y purificación.
Yo duermo en un costado de la cama así que es sencillo tenderla al salir.
Tenías que decir la última palabra.
Ya está.
Esta es la historia del domingo en que se dijo la última palabra y ya.
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